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Original subtitles

una tragicomedia histórica

O

una tragedia histórica cómica

O

Lo que consideren...

que es la verdadera historia del

Sr. G.F. HAENDEL...

...en algunos momentos.

Y se titula...

¡MALDITO

SEA

TUNBRiDGE

WELLS!

Esta noche, esta misma noche,

he acudido a la interpretación de El MesÍas,

mi MesÍas, si es que asÍ puedo considerarlo,

y creo que sÍ,

por el Club Amateur de Música de Tunbridge Wells,

Ante semejante reunión

de total y absoluta banalidad,

hubiera fingido mi propia muerte si no fuera porque, al estar tan cercana,

el engaño habrÍa resultado irrelevante,

La mediocridad es un gran consuelo

asÍ que, ¿por qué iba a ser yo el que los privara de tal placer?

Nada los habrÍa sacado, ni a ellos ni a los de su especie,

de su absurda indolencia,

¡Rabia! Vuelvo a someter la palabra a la consideración del pueblo inglés,

¡Maldito sea Tunbridge Wells!

Maldita sea su agua y sus asesinos de violines,

que no logran sino perjudicarme.

Desde pequeño,

en la corte de Weissenfels, mi polÍtica siempre ha sido

nunca tirarme pedos a propósito delante de las damas.

Ahora eso sólo puede ofenderme a mÍ mismo.

Bueno, me voy a la cama,

mi tan desierta como apestosa,

sin duda, cama.

No era mi intención arrastrarme hasta ella con tal precipitación,

pero los acontecimientos han sido tan absurdos

que han acabado con mi buen humor

que, como muchos podrán testimoniar, he mantenido casi toda mi vida.

¿La peluca? Descartada.

Los tirabuzones están pasados de moda.

Los jóvenes de ahora llevan pelucas cortas y coleta,

y yo ya no estoy para ponerme eso.

Tengo un lecho rico pero, ¿quién va entrar en él a estas alturas?

Aunque muchas antes lo hicieron.

Las más hermosas de todas. Lo recuerdo bien.

Se metían en mi apestosa cama.

Ya no hay ángeles, salvo en mi cabeza... Pero que así sea.

Cosa buena es.

Sólo pido que me quede como estoy.

Oh, armonía, armonía celestial.

"Si Dios está con nosotros, ¿quién está en nuestra contra?"

No creo haberme prestado jamás a la corrupción,

Puede que sí que haya sido pagano de espíritu,

pero siempre he sabido que hay más sinceridad en la religión que en la política,

Y más verdad,

"Confió en que Dios lo salvara, "

El viejo Weissenfels,

El duque, Su palacio, Sus sirvientes,

Sus sacerdotes, Mi padre, el cirujano de la corte,

Fui afortunado, nunca lo he ocultado,

Todos mis amigos lo pueden decir,

¿Y quién les reprocharía su amable sinceridad?

El mulo, Así me llamaban, Ya por aquel entonces,

El pequeño mulo,

Pero, amigos míos, no tenía mucho encanto ser presentado

sin peluca y con los ojos vendados,

Allí íbamos a cambiar,

Y así fue, ¿o no?

El duque y sus doncellas adoraban tanto al pequeño mulo,

que decidieron... Decidieron que debía tocar el órgano de Halle,

¡Halle! Aquél sí que era un lugar del que sólo quería irme,

Ni el ruido ni los sacerdotes ni el duque lo habían conseguido,

Pero, por todos los santos, ¿dónde estaba Halle?

Ése, amigos míos, era el problema,

¿Halle del mar? ¿Bognor Halle?

¿Halle de Wychwood?

Nací en Halle, el 23 de febrero de 1685,

Morí en Halle unos años después,

Logré convertirme en un ciudadano eminente de Halle,

Escribí las Sonatas en trío en Halle,

Viajaba a menudo a Dresde, a unos 30 km,

y luego volvía a Halle,

Lo extraordinario era que mi padre ya tenía 60 años

cuando me engendró, prueba de que fui un maldito milagro desde el principio,

Cada uno hemos tomado nuestro propio camino,

Nunca olvidé Halle ni Alemania,

pero siempre me convino más ser inglés,

Me sentaba mejor,

Por lo que he oído, aún conservan mi clavicordio en algún museo,

¿Me embalsamarán a mí también?

Desde mi juventud en Lübeck,

mi política siempre ha sido

Ia de nunca aprovecharme a propósito de una dama,

Era un joven buscando su camino,

En Hamburgo, la ópera italiana se dedicaba a adormecer nuestros sentidos,

pero fue en Lübeck donde empecé a disfrutar de la vida,

"¡Abrid camino en el desierto!" Había caído,

Fui herido en mi juventud, ¡El mulo está malherido!

¡El mulo está malherido! ¡El mulo! ¡El mulo!

¡El mulo! ¡El mulo!

Ahora me dicen mulo viejo.

"Su voz gritaba en el desierto: '¡Preparad el camino!"'

Ahí está, padeciendo de gota,

una enfermedad ante la que ningún hombre se sonríe.

Un mulo viejo ulceroso, febril, dos veces paralizado,

aunque sólo en parte, y ciego desde hace diez años,

sin ver nada.

Aunque dudo que nada reciba más atención que mi corpulencia,

que es la causa de que me consideren de complexión amplia e inusual.

Los gusanos están destruyendo este cuerpo.

Impetuoso, tosco y autoritario.

¿He sido todo eso?

Sí, claro que sí, incluso ahora.

Buxtehude, el organista, estaba en Lübeck,

Era famoso, gordo y famoso por ser gordo,

Muchos se habían retirado y Buxtehude deseaba hacer lo mismo,

Ese canalla de Leipzig, ese Bach de los mil preludios

con sus cien hijos, se dedicaba a estafar con su armonía

sin pensar ni un solo momento en Dios,

Había oído que J,S, Bach se había ofrecido

para aliviar al anciano Buxtehude y elevar a Dios sus plegarias con el órgano,

tan mecánicamente como el maldito reloj de un comerciante,

Así que, con un amigo, me presenté ante Buxtehude

y rebajé mi talento y a mí mismo

para ofrecerle mis servicios,

"No está mal", dijo pomposamente el gran Buxtehude en medio del coro,

Y a ese órgano con todos sus tubos se le unió el regalo celestial

de la gorda hija del gordo Buxtehude,

¡Ten lo uno y tendrás lo otro!

Con un tremendo pedo, o algo por el estilo,

a punto estuve de meterme en un buen aprieto,

pero al final no tuve ni la inclinación ni la energía,

y me retiré cortésmente por donde había venido,

¡Rompa mis coyundas, Sr. Buxtehude!

Lübeck. Alemania.

¿Y ahora qué? Aquí estoy, en Brook Street, sin ver nada.

Ni siquiera el Dr. Sharp, el ilustre cirujano del hospital Guy y su horrible matadero,

puede devolverme la vista.

Pero sigo teniendo la claridad ante mí a todas horas,

aunque no sirva para alumbrar nada.

Qué monstruosa interpretación.

¿Cómo se atreven a hacerme eso a mí?

Y luego vienen corriendo para que los alabe, qué desfachatez.

Y para que los alaben los príncipes.

Malditos deberían ser por su arrogancia y su desdeñosa piedad.

Florencia, Ésa fue la encarnación de la corrupción,

Florencia era luz, alegría y sol,

Y mi propio teatro,

Siempre he sentido la luz, ¿Es que no la ven?

Incluso ahora que no puedo verla,

No, exagero, Las trompetas me confunden,

Burney, un buen amigo del teatro, dijo de mí una cosa encantadora,

"Cuando sonreía", y se refiere a Haendel, a mí,

"era como si el sol, su señor, se alzara tras una nube negra, "

Casi todos veían sólo la nube negra, pero Burney veía el sol,

"Una luz repentina que a duras penas encontraba en los demás, "

Los Médicis, Conocí al príncipe en Hamburgo,

Maldito sea Hamburgo,

Y Florencia,

¿Por qué estoy tan furioso?

Es una empresa infructuosa,

Ellos me volvieron grosero, No es que lo deseara,

Se molestaron mucho en complacerme, y todo para nada,

Fui despreciado y rechazado,

Alababan mi talento y criticaban mis groserías,

¡Tenía talento pero era grosero!

Pero lo que he dejado no tiene nada de grosero,

Está pulido y bien pertrechado,

"Levántate y resplandece, pues ha llegado tu luz, "

Ah, qué ansia por la queja inofensiva,

"Dios no hacía diferencias entre la obra del hombre o su propio talento,

"los que mejor soportan su leve carga, mejor le sirven, "

¡Sandeces! No es leve la carga de estar ciego en Pantiles,

No para mí,

Aun así, siempre he sido una persona agradable,

especialmente cuando mis bolsillos vacíos así lo exigían,

El Mesías. Dios, en qué horror monumental lo han convertido,

"Es normal que se preocupe por su música, Sr, Haendel, " Tales cosas me dicen,

como si no hubiera salido de mis tripas y mis entrañas,

Su presunción me destrozaría,

si no fuera por lo poco que entienden todo por lo que pasé.

La ignorancia de los estudiosos, o eso me parece,

hace que los caprichos de los príncipes resulten divinos.

Al menos puedo estarles agradecido. Siempre lo he estado.

Y lo he necesitado. Malditos sean.

Florencia no era Roma, claro,

Roma era rica y rebosaba música,

El príncipe Ruspoli me invitó a participar

en un concurso de piano con el maestro Scarlatti,

Había damas y cortesanos,

y aunque no apruebe esos absurdos concursos,

gané,

O al menos, eso creo,

Gané, y los aplausos que recibí fueron bien merecidos,

He vivido con mi música como con mis amigos, príncipes incluidos,

He tenido que adaptarme,

como todos hemos necesitado hacerlo en algún momento,

A los príncipes y los prelados, aun cuando se los tolere, se les debe resistir.

Los hay que no oirían ni las trompetas del día del juicio,

y mucho menos las de esta noche.

Ni siquiera la música puede superar su intransigencia,

aunque sea ante los ojos del mismísimo Dios.

Todas las pasiones del corazón

pueden concentrarse en una simple armonía,

sin necesidad de palabras.

Sí, su armonía, unidad y orden deben prevalecer.

Aunque esté ciego, puedo ver.

Ningún cura ni nadie igualmente pestilente me hará creer otra cosa.

Pero no puedo fingir que no me alegré

cuando el príncipe Ruspoli pagó por mis óperas en Venecia...

...ni cuando después me invitó a ir de caza con halcones y caballos,

El deporte, la persecución, todo era como la música, Un placer,

Extraño sería el hombre que renegara del lugar donde nació, Halle Wells,

Pero sin duda era aburrido,

Luego Berlín, Aburrido,

Hamburgo, ltalia, Roma,

Y al final, Düsseldorf en calidad de Kapellmeister

del gran Elector, George Frederick,

Se llamaba como yo, pero a mí me sentaba mejor el nombre,

Pero lnglaterra, lnglaterra, ése era el lugar,

Para el comercio, la política y, sobre todo, la libertad,

Se sentía en el aire, y no se trata de una deformación de mis recuerdos,

Sé que era así,

La libertad me fue dada aquí, en este país extranjero...

Mi propia tierra y mar,

"Oh, Señor, cuán oscuras son tus decisiones.

"A escondidas de los ojos de los mortales,

"Nuestras alegrías se tornan penas,

"Nuestras trompetas, duelos,

"lgual que la noche sucede al día.

"No hay felicidad segura ni paz sólida,

"Los mortales sabemos que en la tierra

"Debemos obedecer esta máxima: 'Lo que sea, estará bien."'

La compañía de los predicadores fue algo estupendo.

Y Londres, San Pablo,

Qué abundancia, qué marco para la armonía de los hombres,

Allí se allanan las cuestas y se nivelan los declives,

Elevándonos por encima del hedor, la corrupción,

Ias humillaciones e incluso la gota,

Sí, los caprichos de la moda, el borrón de la bancarrota,

Ia insolvencia y la enfermedad, una cirugía que ni alivió ni dio esperanzas,

Ios antojos de los corredores de bolsa, el público y los gerentes de los teatros,

y la desesperanza de los niños sin hogar,

Los jardines de Vauxhall, Ranelagh y Rotunda, El Jardín Chino,

Londres,

Era el centro y el objetivo de todo,

Así ha sido y así es, hasta nuestros días,

"Pero, oh, qué arte puedo enseñar."

Eso es, "Oh,

"¿qué voz humana puede lograr la perfección del órgano sagrado?

"Notas que inspiran un amor santo,

"Notas que prosiguen su senda celestial hacia los hombres

"Para unirse a los coros celestiales."

"Que quita el..."

"Que quita el pecado del mundo."

Y luego los chupatintas,

Ese Addison, del maldito The Spectator, era un ignorante envidioso,

Su ópera, Rosamunda. ¿Ése era el título? ¡Menudo desastre!

Daré un ejemplo, Un crítico sabelotodo

se me acercó una vez con gran arrogancia en Vauxhall:

"Qué música tan espantosa están tocando",

"Tiene razón, señor", le dije,

"Es poca cosa, Eso mismo pensé mientras la escribía, "

Los críticos son como las pulgas

que salen de las alcantarillas, donde deberían permanecer,

Y así hacen, cuando sus escritos dan fe del lugar de donde vienen,

Pero he sido bendecido por la enorme magnanimidad de otros,

No voy a negarlo,

No puedo quejarme tontamente y soy de los que asumen sus errores,

siempre y cuando me demuestren que me equivoco,

Juro que ningún niño, y seguro estoy de no haber dejado ninguno,

Ningún niño, como digo, es tan ingrato como tu crítico,

ni tan vano y lleno de avaricia y ginebra, Son muy astutos,

Daré un ejemplo de The Spectator, del 6 de marzo de 1711,

"La ópera del Sr, Haendel, Rinaldo,

"está llena de truenos y centellas,

"algo que el público pudo apreciar sin necesidad de resfriarse,

"aunque se corrió el riesgo de sufrir quemaduras,

"a la vista de las bombas de agua que había,

"listas para ser usadas en cualquier momento, "

Y en cuanto al público, caballeros ociosos sin ningún tipo de modales,

debo decir,

que estaban acostumbrados a sentarse en el escenario entre los cantantes,

"¡Largo, señores!", dije a los granujas,

Dijeron que era despótico y que me enfurecía con facilidad,

Puede que sí, sobre todo en lo que a mi valía se refiere,

Siempre he sido consciente de eso

ante las garras de mercenarios y criminales, como MacSwiney,

que era gerente del Teatro de la Reina de Haymarket,

¡Malditos sean sus yámbicos! ¡Todos!

Ahora mismo puedo contar un cuento en cuatro idiomas,

aunque no veo la utilidad.

Puedo jurar, comer y beber en todos ellos,

Io que no es moco de pavo.

A pesar de todo, escribí unas 40 óperas,

La mayoría han sido olvidadas,

Mi favorita, Rinaldo, la primera que escribí en Londres,

fue popular en su época,

aunque los castrati no eran muy del gusto de los ingleses,

Al menos atraían a las mujeres,

He amado lnglaterra,

aunque no he vivido siempre aquí ni en esta apestosa cama,

Seguí las rutas de los carruajes y vi... Vi todo esto,

Vi el amanecer en el Bosque Epping,

el jardín de Kent,

Ios grandes espacios de la llanura de Salisbury,

He visto las joyas reales de Chester, York y Durham,

Hampshire, paraíso de la pesca con caña,

Todo era varonil, magnífico,

y permitía ahondar en la contemplación del hombre,

He sido... Sí, soy un hombre orgulloso,

pero me he inclinado ante poetas, paisajes,

Ia vida del campo y la de este pueblo,

Aún lo hago,

No puede haber mucho orgullo en eso,

He contemplado al hombre y sus dones,

y he quedado asombrado, Aún me ocurre,

Inglaterra, mi lnglaterra.

"Entonces se abrirán los ojos de los ciegos

"y se destaparán los oídos de los sordos."

Es cierto, no me fue tan bien con su idioma

como con sus mujeres,

pero puse todo mi interés en lograrlo.

Congreve,

Dryden,

Milton.

Les serví a todos,

y sobre todo, a la Biblia.

Isaías, Corintios,

todos han sido grandes regalos.

Londres era una gran tentación para un joven,

Las jóvenes, la pequeña Mary Granville y sus encantadores hijos,

¿Cómo iba a volver al aburrido Hanover?

Puede que estuviese dotado de un corazón pagano,

bebía desmesuradamente y sentía debilidad por las jovencitas,

pero me he entregado a Dios a través del piano, el órgano

y otros instrumentos, más que muchos hombres, creedme,

Pero me importan poco los prelados presuntuosos,

Me enviaron sus textos, fijaos,

para los Himnos de la coronación de mis pagadores reales,

¡Rastreros!

Les dije: "He olvidado más alemán que aprendido inglés,

"y me basta mi propia Biblia

"para escribir sus himnos",

Y eso hice,

Más tarde, para Jorge ll,

recuerdo que hubo 47 cantantes y 160 músicos,

El arzobispo de Canterbury observó

que era más una ocasión de ceremonia que de esplendor artístico,

Ése es el problema,

La ceremonia estaba en el esplendor, y el arte en ambos,

Pero él no veía ni lo uno ni lo otro,

Durante mucho tiempo me pareció

que los clérigos y académicos odiaban el arte,

Ia vida, la literatura y, sobre todo, la música,

Cierta vez, había ido a Oxford a dar una serie de conciertos,

que no sólo disfrutaron

Ias personas honestas o abiertas a los dones de la vida,

sino que también me fueron de gran provecho.

Pero pasó lo que tenía que pasar,

y un famoso maestro de una famosa universidad me denunció

a mí y a mis músicos, con toda su clásica ignorancia,

y nos llamó "Haendel y su detestable pandilla

"de violinistas extranjeros".

Soy un violinista de Hanover,

así que me resultó natural y no vi mayor grandeza

en mi Música del agua.

La muerte de la buena reina me dejó en una situación difícil,

Al haber abandonado a mi elector y empleador, George Frederick de Hanover,

imaginad la vergüenza cuando el mismo George Frederick

Ia sucedió en el trono de lnglaterra bajo el nombre de Jorge l,

¿Acaso me haría colgar de los dedos de los pies?

¿Mi deserción sería castigada con la muerte?

Fue mi viejo amigo de confianza, el barón Kielmansegge,

Caballerizo Mayor del Elector, quien sugirió que me rebajara

para restaurar mi buen nombre,

aunque dudo que fuera consciente de cómo terminaría aquello,

Mi música resultó bastante húmeda,

Había 50 músicos

que se hundieron con bastante buen humor,

¡Los ingleses!

Me convertí, por encima de todo, en un londinense.

El mayor de todos, podría decirse,

el músico laureado de la ciudad.

Pero amaba a los ingleses.

Todo lo que he cogido a otros,

Io he restituido con intereses.

La nueva reina, por ejemplo,

me dio una merecida pensión de 600 libras al año

a cambio de instruir a sus hijas,

La mayor, la princesa de Gales, era muy amable conmigo,

Cuando las damas de honor hablaban mientras tocaba,

yo las insultaba

y las llamaba de todos los nombres,

pero la princesa siempre intervenía,

"Silencio", decía, "Silencio, Que Haendel se apasiona, "

Haendel se apasiona,

Como si fuera posible no hacerlo,

ya fuera por desolación o vana comicidad,

Era indulgente con las princesas

y ellas me sonreían, como les habían enseñado,

Hazte reproches, por supuesto, pero no demasiados.

Aún queda camino por delante.

En mis tiempos,

cuando llegué a estas costas hace 40 ó 50 años,

Ios ingleses aún estaban aprendiendo a ser ingleses,

a ver el mundo como suyo.

Marlborough, poetas y comerciantes,

así como milicia, jardineros y constructores de elegantes casas y plazas de pueblos...

Había oportunidades

e incluso riqueza, aunque, como en el caso de mi gran patrón, Chandos,

se consiguiera ilegalmente,

La casa del duque, la iglesia y el teatro privado

me mantenían en forma,

Era como si no hubiera otro mundo,

Y si bien yo estaba agradecido, él era exigente,

Música y más música, y sin nada de tiempo,

Así que cogía prestado a otros... No, saqueaba,

porque no tenía tiempo,

Siempre he trabajado rápidamente,

Mi pequeña ópera, Acis y Galatea, la escribí en dos semanas,

O al menos, eso le dije al duque,

El Mesías, más tarde, en 21 días,

No tiene mayor mérito ni tampoco se aleja de la verdad,

Así es y así debe hacerse,

El cielo no puede esperar demasiado a ninguno de nosotros, incluyéndome a mí,

Si el duque pedía una pieza de órgano cada domingo,

el duque debía tener su pieza de órgano,

Pero el cielo no podía hacer nada

cuando los gerentes de los teatros huían con los beneficios que yo les reportaba

ni predecir la congelación del Támesis con el nuevo cierre de los teatros

ni el estallido de la guerra con España

ni los terremotos, conmociones o rumores,

"Entonces se cumplirá lo que está escrito,

"La muerte ha sido absorbida por la victoria, "

¿El Mesías? Sí, es El Mesías.

"¿Dónde está, muerte, tu victoria?"

Con agradecimiento he aceptado la fe

y me he negado la certeza,

La fe no tiene nada que ver con la certeza,

pero eso no pueden comprenderlo

Ios charlatanes sabelotodos de los balnearios,

¡Ni de los cantantes podía protegerme el cielo!

La peor fue sin duda Cuzzoni,

esa horrible veneciana marimandona

que se tenía en tan alta estima como poca era la que sentía por mí,

¡Cuzzoni!

¿Quién recordará su nombre cuando me muera?

Y Faustina,

Faustina, su inútil adversaria en Admeto, mi gran éxito,

Cometí el error de escribir dos papeles de igual importancia,

La vida disoluta se acaba pagando, igual que el pobre que debe pedir prestado,

Yo presenté a Cuzzoni en Londres,

No era necesario,

Nadie podría ser capaz de pavonearse con mayor facilidad,

¡Cantantes!

Escribir sus papeles fue también como servir a un actor engreído,

Acostarse con una mujer más por amabilidad que por lujuria

sólo aumenta su furia y deseo de venganza,

¡Brujas repugnantes!

Mi estado de depresión no hacía más que empeorar,

Nadie sabía que se había negado a cantar el primer aria en los ensayos,

Al final, dije:

"Señora, sé que es una auténtica diablesa pendenciera,

"pero yo soy Belcebú",

No tenía nada en su contra,

sólo que era avariciosa y egoísta,

como la mayoría de las mujeres,

Con Cuzzoni y Faustina

todo eran peleas y camarillas en el pequeño teatro del duque,

Insultos y abucheos, como entre whigs y torys,

Las dos terribles gorgonas se peleaban en el escenario

y en presencia de la mismísima princesa de Gales,

¿Quién lo recordará?

Todo ha sido ya olvidado,

"Como fue en un principio,

"es

"y siempre será

"un mundo sin fin."

Hasta en Tunbridge Wells.

Qué vergüenza.

Qué terrible vergüenza

que me llevaran ante los tribunales

para proteger mi obra.

Editores pendencieros, piratas mercenarios

e inútiles leyes de derechos de autor, ¿Qué posibilidades tenía?

Pero lo intenté,

Lo intenté y en ocasiones triunfé,

publicando con títulos como "Mis canciones favoritas",

en la Pocket Companion for Gentlemen and Ladies,

para damas y caballeros que no estaban dispuestos a pagar

o que habitualmente las tocaban sin pagar ni pedir permiso,

¡Malditos sean!

A ellos no les hará ningún bien, aunque a mí sí me hizo mucho daño,

Lo más duro

fue que me acusaron de robar la obra de un tal Stradella, un oscuro italiano,

Recuerdo haber conocido de pasada

a un tal Signor Stradella,

aunque no sé si era el mismo,

Me acusaron de robar la obra de ese Stradella

en mi lsrael en Egipto.

Si a alguien robé, y lo hice con gloria, fue a mí mismo,

a diferencia de moscardones, políticos y demás,

¿Para qué voy a mentir?

¡Usaba la misma música una y otra vez!

En mi querida Deborah: "Despierta el ardor de tu seno", "Que la envidia no lo disimule",

es el allegro de mi Concerto Grosso, N° 3.

¡Metía la misma melodía una y otra vez,

como si fuera la minga de un actor!

Mi música soporta la repetición en el marco adecuado,

Sólo los lectores tontos de partituras y los estudiosos lo recuerdan,

Se lo dije,

Debido a la Burbuja del Mar del Sur y la pérdida de mi inversión,

en la primera representación de Deborah

doblé el precio de las entradas en un intento por salvarme...

Y lo creáis o no, en ese momento Walpole sacó el impuesto del tabaco

que todo el mundo aborrece,

El resultado fue que mi pobre Deborah fue rechazada por el público,

no por mi culpa sino por la maldita política,

El Primer Ministro y el resto del mundo se llenaron los bolsillos,

pero yo no,

¡No había dinero para gastar o malgastar en ese maldito mausoleo de la ópera italiana

que era la Real Academia de Música!

Pronto estaré muerto y sólo seré un nombre sobre una puerta.

Se saca poco provecho de los excesos de la excelencia.

Mi sonido ha llegado a todos los países.

Y mis palabras a los confines del mundo.

¡Pero han pensado peor de mí que de Bononcini,

y a él y a Stradella sí los han alabado!

Seguí mi paseo por los tribunales

y gané, Así mi obra quedó protegida,

Entonces me sobrevino un desfallecimiento mortal,

Me dijeron que un cuerpo más débil no habría soportado

Ia virulencia de los medicamentos,

Mi brazo derecho me era ahora inútil

por la parálisis provocada por la apoplejía,

además del pequeño problema a causa del duelo en mi juventud,

Fui a los baños de vapor de Aquisgrán durante seis semanas,

Estaba siempre acostado,

pero me negaba a seguir en esa posición

y volví a Londres bastante recuperado,

Y fue en un invernadero

donde vi la luz, esa bendita luz,

La ópera era demasiado cara,

o al menos no daba dinero, no la ópera italiana,

Además, todo el mundo insistía en que todo fuera malditamente inglés,

Aunque yo también he sido inglés, a mi manera,

Además, para evitar a las cantantes, ¿por qué no hacer ópera sin ópera?

Oratorio y ópera,

Era una guerra absurda,

En Roma, recuerdo que el Papa había prohibido la ópera,

En Londres, al público de ópera no le gustaban mis oratorios,

En Dublín fue donde primero quedaron patentes

mis mareos en el mar,

¡Dublín!

Estuve sólo 21 días,

Incluso una ópera costaba tres semanas,

Pero el resto...

Enfermo, estaba muy enfermo,

Pero fue un triunfo,

Mujeres hermosas,

El representante de la Corona, entre lágrimas, me pidió

una interpretación privada,

Una melodía encantadora.

Pero Londres... ¡Qué regreso!

Hubo una convocatoria especial del obispo para denunciarme. ¡Malditos sean!

Sé que mi redentor me redimirá al final.

¡Malditos sean los obispos!

"Andaba en tinieblas, el pueblo... "

"El pueblo que andaba en tinieblas, "

"Voy a declararos un misterio,

"No todos dormiremos, pero todos seremos transformados,

"En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al último toque de la trompeta,

"pues la trompeta tocará y los muertos resucitarán incorruptos, "

"Blasfemo", dijeron, "Blasfemo, "

Buen Dios, que traes buenas noticias,

Un acto de religión no apto para el teatro, si me permitís,

El mejor servicio que jamás hice a Dios fue mi obra,

Se interpretó con honestidad,

Y con fe,

Nunca esperé a nadie, ni siquiera a los príncipes,

y no veo razón para hacerlo por Dios,

¡Un eclipse total!

¡Sin sol ni luna!

"Oscuridad total entre el resplandor de mediodía."

Mi voluntad... Mi última voluntad,

es tener el permiso del Deán y del Capítulo

para ser enterrado no en San Jorge, en Hanover Square,

una extraña coincidencia de nombres,

sino en la Abadía de Westminster, de manera privada.

Les escribí, se lo pedí, lo supliqué.

Lástima que su órgano sea un instrumento tan curioso.

No importa.

Veinte mil libras,

casi todo ganado con los oratorios de la pasada temporada.

Para mi sobrina de Alemania, 9.000 libras.

Para mis sirvientes, mi cocinero Waltz

y otros amigos y obras de caridad...

Lego al Sr. John Smith el órgano de mi casa,

mis libros de música y 800 libras.

Para mi sirviente, Peter le Blond, mis vestidos y ropa de cama, y 300 libras.

A mis otros sirvientes, el salario de un año.

He intentado ser generoso con los pobres,

Siempre será así, siempre,

Como con mis niños sin hogar, de cuyo hospital era director,

Esperaba que fuera un pequeño remedio contra la ginebra,

que llevaba a las mujeres a una vida depravada

y condenaba a sus pobres vástagos...

Gané siete mil libras con El Mesías.

Pero luego... Luego, me demandaron por...

Por derechos exclusivos, fijaos,

Los detuve, pero tendrán una copia de la partitura,

Solo,

pero sólo en apariencia,

Unos viejos amigos, los Shaftesbury...

Fui...

Fui a Bath,

Las aguas...

Demasiado tarde,

Demasiado tarde,

No queda tiempo,

Los lugares...

Qué lugares,

Debo intentar ser magnánimo con Tunbridge Wells,

malditos sean,

y benditos sean,

Siempre intenté ser de espíritu alegre,

No, no lo intenté,

sino que creo que ciertamente lo fui,

Igual que mostraba mi rabia e irritación,

también había un clamor de paz,

Algún día llegará,

Lo sé,

¿Todo esto para esto?

¿Todo esto para esto?

Me crié yo solo, solo,

con las alabanzas del gran duque de Cumberland,

Cumberland el Carnicero,

"Los ingleses tardan en asumir lo que les gusta", dije,

Como Judas Macabeo, que me parecía bastante mediocre,

Los hijos de Levi,

Ios hijos de Walpole:

"Los que habitan en la tierra de sombras de muerte",

Pero desde la armonía,

con toda esta anterior falta de armonía,

amistades hechas jirones.

Algunos, Smith...

Pero eso se arreglará solo. Ya me ocuparé yo.

El disimulo, la desfachatez, el engaño y las trampas.

He conocido la amistad

e incluso el don del amor en algunos momentos.

Aunque ese gran organista,

el maestro Buxtegordo...

Una gran oportunidad que tuve siendo joven.

Me obligaba a olvidarme por contrato de la amistad y la admiración

uniéndome en matrimonio con su hija.

Ésas eran empresas que no podía emprender ni siendo un mulo joven.

Al menos, los niños del hospital

no tienen motivos de queja contra mí.

¡Cuánto he hecho por los Jorges de lnglaterra!

Para los fuegos reales, en los jardines de Vauxhall

se reunió una multitud de 12,000 personas,

Fue algo increíble,

Teníamos una sección de 30 instrumentos de viento y 18 de metal,

tres timbales y tres tambores,

Los fuegos fueron un fracaso,

No puedo decir que me divirtiera,

Pero la música era buena,

¡Qué esfuerzo!

Mi ojo izquierdo casi me abandonó,

"Sr, Sharp", le dije,

"¿ha leído alguna vez las escrituras?

"¿No recuerda

"que si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán al hoyo?"

Había cumplido 66 años, pero me sentía un poco mejor,

El mulo viejo está bastante bien,

Mi último oratorio fue Jephtha.

Hubo un tiempo en el que estaba rodeado de gente,

pero luego sólo hubo paredes vacías,

Mis amigos eran leales,

"No importa", dije, "La música sonará mejor,

"Y si pasas el próximo viernes por la noche,

"tocaré yo mismo para ti, "

Sin embargo, tenía de mi parte, si puede decirse,

a los evangelistas, metodistas y otros

que, sincera y fundamentalmente, odian el placer,

¡Menudos mercenarios!

Mi alma, mi corazón,

se sienten muy pesados a esta hora,

antes del amanecer,

Nadie ha encontrado nada para reconfortarlo,

¿Todo esto para esto?

La luz, la luz...

Calvo, ciego y lisiado.

Y desde hace mucho tiempo.

O eso parece.

Lo parece.

Tengo parálisis en la cabeza.

La amable Lady Shaftesbury escribió a un amigo

y luego me dijo:

"Ha sido un placer melancólico,

"como llorar lágrimas de pena

"al ver al grande aunque infeliz Haendel

"abatido, triste y oscuro,

"sentado, sin poder tocar su clavicordio.

"Y pensar que su luz se ha consumido

"trabajando por la causa de la música".

Siempre he tenido tendencia a la teatralidad,

pero no a expensas de la verdad, No,

¡Los críticos!

¿Quién los recordará a ellos?

Bononcini, Galuppi o Lampugnan

eran los maestros, o eso decían.

Eran gente de éxito en mi lado

y aristócratas en el suyo.

No.

Prefiero estar sin peluca,

como me conocen en Vauxhall y Ranelagh.

Me estoy repitiendo,

como hacemos todos los músicos, como las estaciones.

Oh, retazos de mis recuerdos,

retazos de mis recuerdos...

Dicen que tengo un sentido del humor sarcástico,

con lo que quieren decir que no lo comprenden,

Qué lugares,

Halle, Ése sí que era un lugar del que quería marcharme,

Las cortes continentales, Berlín, incluso Florencia.

¿Ya lo he dicho? Sí.

Maldito sea Tunbridge Wells.

El Mesías,

Santo Dios, qué partitura tan moderna...

La gente, Sir Willcocks y el maestro Sargent...

He hecho que los reyes se pusieran en pie,

pero, ¿y sus sirvientes? El ciego puede abrirles los ojos.

He hecho todo lo posible y he ayudado, un poco,

a dar a los ingleses su gloriosa e insaciable religión.

No habrá otra igual.

Ésa ha sido siempre mi política,

incluso cuando...

Nunca...

Nunca...

¡No delante de las damas!

¡No!

¿No oyes

ese sonido rabioso y estruendoso,

que trasciende el tiempo,

que trasciende nuestro tiempo?

¡Para siempre!

Vine a lnglaterra, como juré que haría, por mis propios medios,

Pero al cielo,

el diapasón al que tiende el hombre, es la brújula de las notas la que me guía,

No lo sé, nadie lo sabe,

pero la trompeta debe sonar sin duda, Debe hacerlo,

Lo hace,

La he escuchado, Yo mismo la he incluido en la partitura,

"La trompeta... Se escuchará en lo alto,

"El muerto vivirá, el vivo morirá,

"Y la música desafinará el cielo"

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