All language subtitles for Time is my Enemy (Don Chaffey, 1954)

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¡Policía!

Se va a recuperar.

¡Lleváoslo y quitad a esa gente de en medio!

Gracias, Doug. Iré al hospital cuando pueda.

- Lista de testigos. - ¿Y el coche?

- Berlina azul, matrícula desconocida. - Robado, claro.

Lo abandonarán y esconderán

hasta que les digan que puedan sacarlo.

DISPARAN A UN JOYERO AL OESTE DE LONDRES

Brompton 1424.

La Sra. Everton aún no ha llegado.

Me dijo que volvería a las 16:30.

Ah.

No encontraba la llave, Betty.

- ¿Está la Sra. Wescott? - Sí, en el salón.

Gracias.

- ¡Caray! - ¡Tía Laura!

Me alegró recibir tu telegrama.

¿Qué te trae por Londres?

Van a exponer una obra de tu tío.

¿Cómo?

La acuarela de la abadía de Rosedale. Es muy buena.

¿La van a exponer en la Real Academia?

Así es, querida.

Lleva 20 años intentándolo. Está feliz.

Seguro que lo está.

Yo también. Me gusta venir a Londres a ver tiendas.

Las tiendas que hay en Hensley son diferentes.

Espero que no te importe que me ponga cómoda.

Me molestaría si no lo hicieras.

- ¿Dónde te alojas? - En el Imperial.

Es tranquilo y cómodo, como cuando estoy con mi marido.

¿Cómo está John?

Está prosperando. Ahora lo verás.

- Llegará a casa enseguida. - ¿Y Paul?

Se encuentra bien. Me llegó una carta suya hoy.

Parece que le gusta mucho el colegio.

Cuando mataron a Martin, dijiste que no te volverías a casar.

- ¿Te acuerdas? - Sí que me acuerdo.

Y lo decía en serio.

Pero me alegró que John me hiciera cambiar de opinión.

- ¿Y bien? - Él no quiere saber nada.

¿Qué?

La policía está al tanto

y no quiere entrometerse.

No está muerto, ¿no? El periódico dijo…

Está crítico, suficiente para asustar a Sheldon.

¿Ves lo que has hecho?

Tuve que disparar, iba a darle a la alarma.

Y lo consiguió.

Ahora tenemos muchos diamantes.

Sheldon no es el único obstáculo.

- ¿Y Ernie Gordon? - Compruébalo tú mismo.

No me gustó cómo actuó Sheldon.

Yo parecía un leproso. Me echó de la tienda

y eso que yo no hice nada.

Maldito Sheldon y el joyero.

Alguien los comprará.

- Encuéntralo, yo no. - ¿Qué hay de Bob y Alf?

- ¿Dónde están? - ¿Los que te llevaste?

- Sí. - Desaparecieron.

Ahora estás solo.

Bueno, si ese joyero muriera,

la cosa se pondría interesante.

Aquí viene John.

- Hola, cariño. - Hola.

Mira quién ha venido.

La rosa de Yorkshire. Qué alegría.

- ¿Qué te trae por el sur? - Henry expone un cuadro.

- Ahora está en Burlington House. - Cuánto me alegro.

Iremos a la inauguración.

Sí, por supuesto. ¿Quieres un té, John?

No, gracias.

Caray. Qué preciosidad.

Debo probarlo en el estanque.

Lo he comprado para Paul.

¿Cómo?

No te importa que lo vea, ¿no?

Por eso lo traje a casa,

para que lo vieses antes de enviarlo.

¿Enviarlo? ¿No lo mandarás a la escuela?

No, no, no.

- Mejor para las vacaciones. - Sí.

Podría romperlo y no podrías jugar con él.

Voy a cambiarme.

Odio ponerme el traje de noche a la hora del té.

¿A dónde vas esta noche?

Ser editor implica

contentar a tus autores de éxito.

He de conducir 80 km

en el medio de la nada y llegar a las siete en punto.

Tomaremos algo antes de que me vaya.

Si Charles Wayne llega, retenlo hasta que baje.

¿Le estás esperando?

Dijo que me traería el libro.

- Si es trabajo, mejor me voy. - Tonterías.

Debes conocer a Charles.

Es un inspector de verdad, de Scotland Yard.

Parece seguro de que son ellos, señor.

Su marca estaba por todas partes.

Aunque admito que nunca han disparado antes.

Como siempre, tienen unas preciosas coartadas.

Esta vez las desmontaremos.

Acabarán entre rejas…

Cuidado.

…si es lo último que…

Inspector Wayne.

- Soy yo. - ¿Esto es lo que quería?

Anda, gracias.

Del calibre 45, niquelada.

- ¿Cómo está el paciente? - Ahí va.

¿Podría hacer alguna declaración?

Me temo que no. No en este momento, al menos.

Lleva esto a Yard, Peter.

Williams, te quedarás aquí por si se recupera y habla.

Iré a Yard en breve, pero antes he de hacer una llamada.

- Iré a casa de los Evertons. - Entendido.

Ese debe de ser Charles.

Ten, tía Laura, el especial de la casa.

- Uno para ti. - Gracias.

Justo a tiempo.

- Hola. - Hola.

- Hola, John. - Tía Laura, él es Charles Wayne.

- Sra. Wescott. - ¿Qué tal?

¿Cómo está?

- ¿Güisqui escocés? - Uno suave, aún estoy trabajando.

- ¿Cómo está Paul, Barbara? - Bien, gracias.

Te enseñaré su última epístola.

Su ortografía es pésima.

- Lee la posdata. - Creo que es bueno.

Mira.

"Si no puedes…"

Ya lo entiendo.

"… un misil teledirijido, me gustaría un…"

Un yate.

¿Conseguiste algún misil teledirigido?

No. Tendrá que conformarse con un "yate".

- ¿Has podido leer esto? - Sí.

No hay errores técnicos.

Pero espero que no lo publiques, John.

- ¿Por qué no? Es un superventas. - Lo sé.

Es una de sus tramas más ingeniosas.

Puede que sea ingeniosa, pero también venenosa.

¿A qué te refieres con eso?

Simpatizas con el que no debes, el asesino se convierte en héroe.

Pero el hombre al que asesina es un canalla que ha evitado la ley.

El héroe hace justicia.

Es un asesino a sangre fría que se sale con la suya.

La censura nunca aprobaría una película así.

¿Por qué incluirlo en un libro que leerían miles?

- Incluso la juventud. - Ya se ha hecho antes.

Eso no es una excusa, John.

Si alabas el asesinato,

los matones de Londres se creerán héroes.

¿Arrestarías felizmente a un asesino

aunque estuviera justificado?

No felizmente, quizás. Pero sí.

¿Aunque fuese un familiar?

Sin duda. No habría diferencia.

Suponiendo que ames a esa persona.

En ese caso, seguramente dimitiría y me emborracharía.

Pero no hay nada que justifique un asesinato.

Acabo de venir del hospital,

donde intentan salvarle la vida al que dispararon esta mañana.

Tiene esposa e hijos.

¿Disfrutarían de un libro donde tratan de héroe al asesino?

¿Se refiere a este caso?

- Sí, el mismo. - ¿Y no sabe quién ha sido?

Sí que lo sé,

pero, por desgracia, aún no tengo pruebas.

Hay una banda dirigida por un tal Harry Bond.

Pero todos tienen buenas coartadas.

¿Por qué cree que fueron ellos?

La mayoría de los criminales, Sra. Wescott,

siguen el mismo patrón en cada crimen que cometen,

lo cual nos ayuda mucho.

La hora del crimen, el coche que usaron.

Varias formas de hacerlo.

¿Seguro que no quieres otra?

No, he de volver al trabajo.

Debo irme ya, querida,

o tu tío se preocupará.

¿Dónde se aloja?

- En el Imperial. - La llevaré.

- Me pilla de camino. - Es muy amable.

Mi bolso, querida.

Gracias.

¿Quieres que llame al tío Henry

y le diga que te lleva la policía?

No, dile que me he ido en coche con un hombre apuesto.

- Adiós. - Adiós.

- Nos vemos. - Adiós.

Hasta luego, Charles.

Cancela la cena con el señor Digby,

prefiero cenar contigo en casa.

No me gustan los libros con cinco ediciones en siete meses.

Más te vale.

Imagina estar casado con una novelista.

Seguro que son agradables.

- Son muy competentes. - Ya veo.

¿Dices que soy incompetente?

Me casé contigo por tu dinero.

- ¡Ay! - Te lo mereces.

No seas malo conmigo.

Cariño, ¿intentarás llegar a casa pronto esta noche?

Volveré a las diez,

haré todo lo que sea posible.

- Te estaré esperando. - Cariño, debo irme ya.

- Nos vemos. - Adiós.

¿Está la Sra. Everton? El señor Arden quiere verla.

Señora Everton, ha venido un tal señor Arden.

¿El señor qué?

Arden.

¿Segura que no ha dicho señor Everton?

Estoy segura.

No conozco a nadie que se llame Arden.

Dile que pase, Betty.

Hola, Barbara.

¡Martin! Pero…

Imagino que es sorprendente, pero…

Tú… Tú estás…

No estoy muerto, si es lo que piensas.

Dijeron que la bomba los mató a todos.

Y así fue, salvo que yo no estaba allí.

Entonces… ¿Por qué…?

Pensé que sería una oportunidad

para desmovilizarme del Ejército, tener una nueva identidad,

y librarme de una esposa puritana.

¿A qué has venido?

¿No puede un hombre ver a su esposa?

- No soy tu esposa. - Me temo que sí, cariño.

Aunque este hombre te mantiene mejor que yo.

Estoy casada con John.

¿Quieres decir que sois bígamos?

¿Quieres una copa? ¿No?

¿Te importa si me tomo algo?

- ¿Cómo me has encontrado? - Pura casualidad.

Vivo aquí al lado.

Comparto piso con otro.

Me mudé hace unos meses y al día siguiente

te vi en Knightsbridge. Así que, te seguí.

Y aquí estamos. Salud.

Everton sabe lo que es un buen güisqui.

También me gustan sus mujeres.

Hubo un tiempo en el que…

Hubo un tiempo en el que una estúpida de 17 años

se casó con el que creía estar enamorada.

Tardó solo una semana en darse cuenta de quién era en realidad.

Pero tardó 12 meses en librarse de él.

Di las gracias cuando escuché lo de la bomba, Martin.

Un poco prematuro, querida.

No te has librado de mí.

¿Qué quieres decir?

Cariño, tú y yo somos uno hasta que la muerte nos separe.

Eso da que pensar, pero…

Si piensas por un momento que volvería contigo…

No he pensado en eso.

De hecho, no lo quiero.

¿Entonces qué quieres?

Dinero.

Quiero irme de Inglaterra.

Y de paso, dejarte en paz por el resto de tu vida.

Ojalá lo hubieses hecho sin saber que estabas vivo.

Me temo que eso era imposible.

Estoy sin blanca.

Los billetes se pagan en efectivo.

Necesito 500 libras.

No tengo ni un penique.

Qué bien disimulas.

Bueno, John tiene dinero, pero…

Hablaré con él pues.

No lo hagas, Martin, por favor.

¿No me dará 500 libras

para seguir como si nada con su nidito de amor?

John no debe saberlo.

Puedo darte algunas joyas.

- Prefiero dinero en efectivo. - No tengo.

Pero tengo un colgante.

No me lo he puesto en años, no lo echará en falta.

- Vale 600 libras. - ¿Cómo lo sabes?

- La compañía de seguros. - ¿Dónde está?

En la planta de arriba.

Gracias.

Sí que podría valer 600 libras.

Este hombre tiene pinta de adinerado, Barbara.

¿Y si me acerco a él?

¡Me prometiste que no lo harías!

Que si te daba el collar no te volvería a ver.

Ah, ¿sí? Bueno.

Me resulta difícil deshacerme de este encantador ambiente.

Martin, ¿por qué no te vas?

- Si John llega y te ve… - ¿Sí?

Te llevaría a la policía por chantaje.

Lo dudo.

Pedirle dinero a tu mujer no es chantaje,

pero vivir con la esposa de otro

podría estar mal visto en los círculos más respetables.

No le culpo.

Eres una mujer encantadora.

- Como tu marido… - ¿Podrías marcharte?

John volverá en breve.

Querida, John ha ido a cenar en esmoquin

en un coche caro y estará fuera unas horas.

¿Recuerdas cuando nos casamos

y yo estaba vestido con mi traje

directo del Glasshouse?

¿Eres tú aquella jovencita que prometió

amarme, honrarme y obedecerme?

No. Es la señora John Everton. Márchate de una vez.

No pienso irme.

No hasta que me beses.

Eso ha sido una estupidez, querida.

Imagino que las parejas que están casadas tienen pequeñas peleas. Au revoir.

¿Me ha llamado?

Betty, cuando estabas limpiando,

¿moviste la carta de Paul?

No, la dejé justo aquí.

¡Dios mío! ¡Señora Everton!

Betty dijo que vino alguien antes de desmayarte,

alguien llamado Arden.

- ¿Te ha molestado? - No.

- No. - ¿Quién era, cariño?

Un hombre al que solía conocer.

Fue a su mujer a quien conocí, en realidad.

¿Te desmayaste por su culpa?

Para nada.

Tranquilo, John. Estaré mejor por la mañana.

Escucha. O vamos a París o no vamos.

Iremos a París.

¿Por qué no vas y aumentas el precio?

Eso haré, pero es que…

- Pensarán que es robado. - Claro que no.

- Me lo ha dado legalmente. - ¿Y qué ocurre?

Dijiste que iríamos a París de noche,

y aquí estás con un colgante que vale 200 libras.

¿Dijiste que valía 200?

Es lo que está asegurado.

- Eso dijo mi esposa, 200. - ¡Pues entonces ve!

Pero nunca conseguiría 200.

Entonces te darán 100. Aun así iremos a París, ¿verdad?

Sí, claro que iremos.

- ¿Dónde estarás cuando vuelva? - Justo aquí, cariño.

No puedes alejar a Diana de la posibilidad de tener 100 libras.

- ¿Cuánto me darías por esto? - 50.

- No seas ridículo. - Está bien.

- Lo analizaré. - ¿El qué?

Lista de bienes robados. La policía…

Sé lo que hace la policía.

Me lo han dado.

- ¿A punta de pistola? - No.

En un día perfecto.

- ¿Cuánto vale? - No está en la lista.

Sé que no está en la lista. Quiero 400 por el collar.

Mejor devuélvelo a la tienda donde se lo vendieron.

No pondría venderlo bajo ninguna circunstancia.

Haré un esfuerzo.

Viendo que ha venido de forma honrada, le daré 55 libras.

Pero esto vale 600.

No para mí, amigo. Te diré lo qué haremos.

- Cuando roban una pieza así… - No es robada.

Bueno, vale. Cuando roban una pieza así,

los peritos ofrecen una recompensa del 10 % de su valor asegurado,

que en este caso serían 60 libras.

Eso es lo que te daré: 60 libras.

No me llevaría beneficio si tengo que devolverlo.

¿Desde cuándo devuelves las cosas a sus propietarios?

No te lo tomes a pecho, hombre.

O 60 o nada.

Es el mismísimo Sherlock Holmes. ¿Qué quiere?

Unos minutos de su tiempo, Sra. Gower.

- Vale, si es algo rápido. - ¿Ha visto a Harry últimamente?

- ¿A qué Harry? - Harry Bond.

Pues sí, lo he visto, de hecho. Vino ayer a almorzar sobre las 13:30.

- Se quedó unas horas. - ¿Lo vio alguien más?

- ¿Por qué iba a saberlo? - ¿Segura que fue ayer?

Muy segura.

Ayer, a las 13:30, durante unas horas. Qué oportuno.

¡Diana!

Un minuto.

Me estaba bañando mientras.

El viejo se ha vuelto a desmayar.

¿Y si te desvistes en el dormitorio?

- Está ocupado. - ¿Ocu… qué?

Tu amigo llegó nada más irte borracho como una cuba.

No había visto a nadie tan borracho en pie.

Entró al dormitorio y se desmayó.

Sí, está bebiendo mucho.

- Quizás le preocupa algo. - ¿Y eso?

¿Has leído los periódicos hoy?

- No. - Ed Strother ha muerto esta mañana.

¿Quién?

El joyero al que dispararon.

¿Y qué tiene eso que ver?

Nada. ¿Tienes el dinero?

- Sí, 30 libras. - ¡Treinta libras!

- Eso no vale de nada, ¿no? - Claro que no.

Pues ve a casa de tu esposa a pedirle más.

Si puedo evitarlo, mejor.

Probaré con unos primero

y recurriré a ella como último recurso.

Creo que es muy amiga de la policía.

Está bien. ¿Con quién lo vas a intentar?

Hola. McDouglas al habla.

- Soy Martin Radley. - ¿Quién?

- Martin Radley. - ¿Qué quieres?

¿Podrías cobrarme un cheque de 50 libras?

Lo siento, muchacho. Estoy sin blanca y no tenemos dinero en la oficina.

- ¿No ha funcionado? - No.

Mentiroso. ¿Sin blanca un corredor de apuestas?

¿No podrías cobrar un cheque o algo?

¿Dónde podría cobrar un cheque de 200?

¿No podrías cobrar muchos pequeños?

Londres está lleno de gente que confía en mí.

Solías cobrar cheques en ese pequeño club tuyo,

- al que nunca me has llevado. - Ah, sí.

Pero no abre hasta las tres.

Tendré que merodear a ver si consigo algo.

Será mejor que te vayas.

Te llamaré si hay algo que contar.

Hola, Ernie.

¿Podemos pasar?

Está bien. Adelante, señor Wayne.

Investigo el asesinato de Ed Strother

y quería saber si algunas joyas robadas habían llegado aquí.

Si cayera muerto en este momento…

Los ladrones de Londres no sabrían dónde deshacerse de eso.

Escucha, Ernie.

No es un simple delincuente,

- sino un asesino. - Sí, señor Wayne.

- ¿Está Maria en la parte trasera? - Sí.

Vosotros dos empezad por ahí.

- Por aquí estará, ¿no? - ¿El qué?

Tu caja fuerte, donde guardas las cosas importantes.

- ¿Quién ha dicho que tengo una? - Me lo ha dicho un pajarito.

Un presidiario.

Ya sabes, si pagases más, Ernie,

tus clientes te serían más fieles.

Ya veo.

No tengo por qué abrirla.

Cierto.

Podría hacer que te pusieran una orden de registro.

Gracias.

Echemos un vistazo a esto.

¿De dónde lo has sacado?

No me diga que es robado.

No está en la lista.

- ¿Quién te lo ha traído? - Un hombre llamado Smith.

Claro, podría haberlo sabido sin preguntar.

No lo has visto antes, ¿verdad?

Así es. ¿Es robado, señor Wayne?

Lo he comprado de buena fe.

Si es lo que creo que es, debería serlo.

Porque a la dueña no le hace falta empeñar cosas.

Mantenlo bajo llave. Hablaré con ella hoy.

Cuando te pedí dinero, no me refería a ti.

Me refería a la caja. Quiero cobrar un cheque.

Quise hacerlo en un banco, pero estaban cerrados.

- ¿De cuánto? - Cincuenta libras.

Puede que haya 50 en la caja fuerte, pero no tengo la llave.

Si vuelves a última hora, quizás esté el jefe.

Muchas gracias, Gladys. Veré que puedo hacer.

- Nos vemos. - Hasta luego, querido.

¿Diga?

Lo siento, Diana. No podremos irnos esta noche.

Pero dijiste que nos iríamos,

que desayunaríamos en París mañana.

No iremos esta noche.

Está bien.

Si no se puede, no se puede.

Pero será mejor que veas a tu esposa y consigas algo de dinero mañana.

Si vienes al baile,

¿cancelamos el cóctel con los Fergusons?

No. Dejaré de estar triste

y tendré una noche agradable.

Brompton 1424.

¿Podría hablar con la Sra. Everton?

Soy yo. No te preocupes, John. Es para mí.

Quiero verte esta noche.

Pero me dijiste que…

Da igual, tengo que verte esta noche.

No puedo.

Entonces hablaré con Everton.

No puedes hacer eso.

- Tendré que hacerlo. - No.

Ahora no puedo hablar. Dame tu número y te llamaré luego.

Vale. Bronson 6243.

Vale, lo tengo.

- Más te vale. - Sí.

Sí, claro.

¿Quién era?

El hombre de mi examen de conducir.

No pedí cita,

llamaré mañana.

- Vaya, ya veo. - John, yo…

Creo que al final…

- No iré al cóctel. - ¿Te encuentras peor?

No. Pero pensándolo bien, no tiene mucho sentido.

Si descanso, tendré más ganas de bailar.

Está bien. Entonces te acostarás, ¿no?

Sí, por supuesto.

Me iré y te llamaré a las 19:30.

Estaré lista.

¿Diga?

¿Eres tú, Martin?

Barbara, necesito verte de inmediato

o hablaré con Everton.

De acuerdo. Estaré sola hasta las 19:30.

Iré enseguida.

- El joyero está muerto. - Sí, lo sé.

- Eso te convierte en asesino. - Y a ti en cómplice.

No es cierto. Yo no estuve allí.

No intentes salirte con la tuya

o descubrirás que el gobierno tendrá pruebas.

Nadie te dejaría entregar pruebas con tu historial.

Ya lo veremos.

- Buenas noches, Sr. Wayne. - Hola, Betty.

Buenas noches, Charles. John se acaba de ir.

De hecho, quería verte a ti.

No oficialmente, espero.

- En cierto modo, sí. - Dios mío. ¿Qué he hecho?

Ven al salón. Te lo contaré todo.

¿Aún llevas aquel colgante que solías ponerte?

Como una hoja de arce.

¿Por qué lo preguntas?

Porque lo he visto, a no ser que sea una copia.

- ¿Dónde? - En una tienda de empeños.

- Era tuyo, ¿verdad? - Sí.

No ha pasado nada, pero…

Le di el colgante a alguien a modo de pago de una deuda.

- No se lo dirás a John, ¿verdad? - No se lo diré.

No es nada contra él.

Es que no quiero que lo sepa, eso es todo.

Lo entiendo.

No lo entiendes.

Hay momentos en la vida matrimonial que ocurren cosas y, bueno,

no quieres herir a nadie.

No lo comprendes, Charles.

No estás casado.

Bueno, tienes toda la razón.

- Me pregunto por qué no lo estás. - ¿Acaso no lo sabes?

- ¿Cómo va el caso? - No muy bien.

Pensé que encontraría las joyas robadas,

pero no tengo nada.

Estos chicos son inteligentes.

Muchas mujeres verifican sus coartadas.

No logramos que digan la verdad.

De hecho, mi equipo está trabajando en eso ahora.

¡Vaya gentuza!

Tiene cuatro minutos exactos.

Nos dijo que Harry Bond estuvo en su casa a las 13:30.

Así es. Llegó a la una para comer,

y se quedó hasta las tres.

Pues nadie lo vio

llegar o marcharse, y eso que la manzana estaba concurrida.

Normal. Una chica tiene que pensar en su reputación.

Harry tiene cuidado cuando viene.

- Lo cual no es algo frecuente. - ¿A qué se refiere?

¿No sabe que anda con otra chica?

Lo siento, no le creo.

No puede engañarme con…

- Sra. Gower. - ¿Sí, Sr. Hubert?

El maestro quiere mostrar

Jardin des Tuileries antes que Dôme de Montparnasse.

- Date prisa, por favor. - Sí, claro.

- ¿Me estoy quedando demasiado? - No.

No sé cuánto tiempo tengo para arreglarme antes de que llegue John.

Estás preciosa tal y como estás.

Pero entiendo las indirectas.

Charles, no fue mi intención.

Claro que no, pero he de irme.

No puedo hablar con mujeres y dejar trabajando a Peter.

Tómate otra copa, Charles.

He de volver al trabajo, de veras.

Barbara, respecto al colgante,

¿estás metida en algún aprieto?

Claro que no.

Espero que sea cierto.

Sabes que haría cualquier cosa por ayudarte, ¿verdad?

Lo sé.

- Descansa. - Buenas noches.

- Adelante, señor. - Gracias.

¡Me dijiste que me dejarías en paz!

A cambio de 500 libras.

- El colgante solo costaba 60. - ¿Qué?

Mientes, Martin. Siempre has sido un mentiroso.

Ojalá estuviese mintiendo.

¿Qué hacía Wayne aquí esta noche?

- ¿Lo conoces? - Sé quién es.

¿Qué hacía aquí?

Es amigo nuestro.

- ¿Le has hablado de mí? - Para nada.

Te creo, no eres tan insensata.

Tienes que darme el resto de las 500 libras,

y en efectivo, sin joyas.

Eso es imposible.

Más te vale encontrar la forma o se lo contaré a Everton.

¿Cuánto te han dado por el colgante?

Sesenta libras. No soy una persona respetable

que pueda entrar en una joyería y poner su precio.

Dices que eres un ladrón.

Vivo gracias a los talentos que me han sido dados

y pretendo seguir así.

Me iré de Inglaterra en cuanto me des 440 libras en efectivo.

Te he dicho que no puedo.

Y si pudiera, volverías a por más.

No, te lo prometo. Me iré.

Si no pretendías volver, ¿por qué te has llevado la carta de Paul?

¿Me la he llevado?

Habrá sido un despiste.

Me pareció una carta encantadora.

No tenía ni idea

que vuestra unión fue bendecida con un hijo.

- No lo involucres. - Lo lamento.

Si la verdad saliera a la luz, su posición sería poco convencional.

Así que, si piensas bien,

conseguirás ese dinero.

Tengo algunas acciones.

No creo que valgan más de 400.

Quizás me ayude el banco.

Soluciónalo mañana y pasaré por alto los 40.

Quiero 400 en billetes pequeños.

Muy bien. ¿A qué hora llamarás?

No lo haré, querida.

No quiero que nuestro amigo aparezca

con un par de esposas cuando haga la entrega.

No. Lo traerás tú al piso.

Así no quedará rastro.

Creí que compartías piso con alguien.

Estará fuera, vente a las cuatro.

Es el 14 de Kensington Mews.

De acuerdo.

No llegues tarde.

La limpiadora llegará a las cinco.

No querría meterte en un compromiso.

¿Puedo irme ya, señor? Son más de las siete.

¿Qué? Ah, sí, yo…

No debería estar bebiendo así.

Beber en solitario no hace bien a nadie.

Tiene razón, señora Bunn.

Solo los borrachos beben solos. Siéntese y tómese algo.

No debería, pero no le diré no a un poco.

Gracias, señor. Salud y prosperidad.

- ¿Te sientes mejor? - Mucho mejor.

¿Ha venido alguien en mi ausencia?

Charles estuvo aquí un rato.

Tendría sed. Nos ha dejado sin güisqui.

- He tomado un poco. - Ah, ¿sí?

- Pero si no te gusta. - Pensé que me ayudaría.

Y así fue. Ahora me siento mucho mejor.

Nos iremos cuando te tomes una copa, ¿vale?

Iré a por mi abrigo.

- ¿Ha vuelto? - Lo siento, querido.

Sin rastro de él todavía.

Pero tu amigo estuvo aquí.

- Te lo perdiste. - Un güisqui.

Claro, cariño.

- ¿Un chorrito? - Sí, gracias.

¡Ay! Casi me olvido.

Te dejó una nota.

500 LIBRAS PRUEBA DEL GOBIERNO

- Hola, inspector. - ¿Aún tienes el colgante, Ernie?

Vaya por Dios.

No dejan que un hombre se gane la vida estos días.

Aquí lo tiene. Sesenta libras perdidas.

- No está aún en la lista. - Tal vez no.

Conozco a su dueña

y me han autorizado comprárselo.

¿Quiere comprarlo?

Escuche, inspector.

No le tomaré el pelo. Es la verdad.

Cuando el colgante llegó a la tienda valía 600 libras.

Vale mil, se lo digo en serio.

Se lo dejo por 250 libras.

¿No dijo 60?

¿Dije yo eso?

Me habré equivocado.

Debo de tener algo de beneficio, ¿no cree, inspector?

- Se lo estoy pidiendo. - Dieciséis.

No me haga negociar, inspector. Soy supersticioso en ese aspecto.

Escucha, Ernie. Ya te he ayudado un par de veces.

No querrías estropear esta bonita amistad, ¿no?

Eso es extorsión, es indignante.

- Tenga. - No, no lo quiero.

Envíalo por correo certificado a esta dirección.

Y no te olvides.

Sí, claro y le hago un baile. Lo que usted diga, inspector.

- ¿Lo tienes? - Sí.

Adelante, querida.

Imagino que querrás contarlo.

Te aseguro que hay exactamente 400.

Me fío de ti.

Gracias.

Ha sido un placer volverte a ver, Barbara.

Adiós, Martin.

Quédate un rato. Tómate una copa.

No, gracias.

¿Me dejas irme, por favor?

Si insistes. Pero, Barbara…

- ¿Sí? - Debo decirte la verdad.

Al final iré a hablar con Everton.

- ¿Qué? - Lo siento.

Tengo que hacerlo.

Me están chantajeando.

Si no tengo 500 libras hoy,

me entregará a la policía y me arrestarán.

Has hecho lo que has podido, ahora depende de Everton.

No puedes hacer eso.

No me queda otra.

Si le soborno, podré ir a Sudáfrica.

Pero si no…

¿Irás a la cárcel?

Durante mucho tiempo.

Martin, no puedes hablar con John. Me lo prometiste.

Pero no sabía que esto iba a ocurrir.

Estás mintiendo, no te están chantajeando.

Y nunca has tenido intención de dejar el país.

Mi billete de avión.

Con destino a París.

Allí cambiaré a Air France.

Martin.

Está a nombre de Harry Bond.

¿Y por qué no? Llevo usando ese nombre años.

Creí que te hacías llamar Arden.

Eso solo fue por tu propio beneficio.

¿Recuerdas en nuestro jardín

el poema del marido que no venía a casa intencionadamente?

Creo que Everton está en su oficina.

Piccadilly 4000, ¿no es así?

¡Martin, te lo ruego!

Acabarás con John, un hombre al que no conoces.

¿Puedes darme 500 libras esta noche?

¿No? Pues muy bien.

¡Aléjate de ese teléfono!

- No seas estúpida. - ¡Quédate ahí!

John te entregará a la policía.

No cuando sepa que has estado aquí hoy.

Y si me entrega,

diré que nos hemos visto mucho.

Sabías que estaba vivo.

No sabía que se pudiera caer tan bajo.

Tendrías que haberlo sabido

gracias a nuestros años juntos.

Antes de ayer asesinaste a alguien, ¿verdad?

Tú eres Harry Bond.

Y la policía…

No tiene pruebas.

Baja el arma.

Martin, no dejaré que arruines a John o a Paul.

¡Si llamas, te dispararé!

Siempre has sido una dramática,

pero no me asustas.

No te preocupan ellos,

sino tú misma.

Qué dirán los vecinos cuando sepan

que la Sra. Everton no es la Sra. Everton,

sino la amante de Everton,

y que el pequeño Paul es solo…

¿Querida?

Barbara.

Cariño, ¿qué te ocurre?

¿Por qué?

Esto no puede seguir así.

Dime qué te preocupa.

Desde que llegó ese Arden

parece que hubieras visto un fantasma.

Un fantasma.

Sí, así fue.

¿Qué quieres decir?

No se llama Arden en realidad,

sino Martin Radley.

- ¿Qué? - No murió en el Blitz.

Vino a pedir dinero.

Cariño, ¿por qué no me lo dijiste?

¿Crees que disfruto viendo enloquecer a mi esposa?

Menos mal que me lo has dicho. Me encargaré de ello.

Es demasiado tarde.

Le he disparado.

Le has…

Con su arma.

En su piso.

Fui a darle dinero.

- Se burlo de mí y… - ¿Cuándo pasó?

Ahora mismo.

John, ¿qué podemos hacer con Paul?

Barbara, escucha.

- ¿Segura que está muerto? - Sí.

¿Te fijaste bien?

No.

Fuiste a darle dinero, ¿lo trajiste?

Está en su bolsillo.

Podrían rastrearlo por medio del banco.

- ¿Y la pistola? - La dejé allí.

¡Dios, John!

Barbara, ¿dónde está su piso? Dame su dirección.

El 14 de Kensington Mews.

- El 14 de Kensington Mews. - ¿Qué vas a hacer?

Iré a su piso. ¿No había nadie?

Su compañero de piso no estaba.

Pero luego vendrá una mujer de la limpieza.

- ¿A qué hora? - A las cinco, eso creo.

¿A las cinco? Tú quédate aquí. No te muevas de casa.

- Disculpa, Charles. - Hola.

Quería saber cómo estaba Barbara.

No se encontraba muy bien.

Está algo decaída.

Disculpa. Debo ver a un librero antes de las cinco.

- Sí, claro. - Vuelvo enseguida.

- ¿Cómo te encuentras hoy? - No tan mal, gracias.

¿Quieres tomar un té o prefieres una copa?

Imagino que es algo temprano para una copa, pero sí, por favor.

He tenido un día muy duro.

- ¿Sigues con el caso de Harry Bond? - Sí.

Intento desmentir las coartadas.

No te preocupes, lo atraparemos.

Club Mouse, buenas tardes.

Gladys, ¿Harry está por ahí?

No. ¿No está contigo?

Llevo esperándolo desde la una, pero no ha venido.

¿Lo has llamado?

Sí, he llamado a su casa pero no responden.

¿Por qué no te acercas a ver si está?

Sí, eso haré. Adiós.

¡Harry!

Por Dios. No se le ocurra gritar.

¡Lo ha matado!

No, lo encontré así.

¿Quién es usted?

Un hombre de negocios. Acabo de llegar.

¿Cómo entró?

La puerta estaba entreabierta.

¿Ha llamado a la policía?

Aún no.

Iba a hacerlo, pero la escuché entrar.

- Dirán que fui yo. - ¿Por qué?

¿Tenía un motivo?

Como cualquier mujer a la que han traicionado.

Por eso he venido. Pensé que encontraría uno de sus caprichos.

- Oh, vaya. - ¿Estaba enamorada de él?

Estaba loca por él.

- ¿Segura que no ha sido usted? - No lo he matado.

¿Va a llamar a la policía?

Es lo habitual, ¿no?

No quiero involucrarme en esto.

Llame a la policía cuando me vaya

y olvide que me ha visto.

Prometo no llamar hasta cinco minutos después de que se vaya.

No la mencionaré.

Gracias.

Los casos más simples son los más complicados de resolver.

No te entiendo.

- Apenas sabes cómo seguir. - ¿A qué te refieres?

Recuerdo un caso en el que…

- Debería irme ya. - ¿Qué hora es?

- Son las cinco en punto. - Las cinco en punto.

¡Policía!

- ¿No quieres esperar a John? - Debo irme ya.

La policía sabe que estás aquí.

Siempre se los digo.

¿Hola? Brompton 1424.

Sí, está aquí.

Es para ti, Charles.

Al habla Wayne.

Peter, hola. ¿Qué?

Llegaré en unos minutos.

- ¿Qué pasa? - Han matado a Harry Bond.

¿A quién?

El líder de la banda que disparó al joyero.

Debo irme. Nos vemos.

Te lo explicaré en el salón.

¿Harry Bond y Martin Radley eran la misma persona?

Sí.

¿Segura que puso el dinero en su bolsillo?

- Sí. - No estaba allí.

Eso es imposible.

Creo que me he encargado de todo, salvo del dinero.

¿Ha encontrado algo, señor?

Aún no, Peter.

Salvo que Bond tenía intención de escapar.

Se fue. Lo he visto irse.

¿Le han dicho algo los vecinos?

Dicen que vieron entrar a una chica aquí sobre las 16:50.

La descripción coincide con la chica que entrevisté.

¿A las 16:50? Según el doctor, lo mataron a las 16:00.

Ella tuvo que haber visto el cuerpo.

Le preguntaré por qué no lo denunció.

Adelante, Peter.

He encontrado una pista que tendré que seguir.

¿Conoces a Harry Bond?

Sí.

Sí que conozco a Harry Bond.

Fue mi primer marido.

Pero creía que…

¿Que estaba muerto?

Eso pensaba yo, hasta esa semana, cuando empezó a chantajearme.

Se hacía llamar Arden.

¿Cómo supiste que era Harry Bond?

Me mostró un billete de avión

para enseñarme que sí se iba a marchar del país.

Ponía su nombre.

Barbara, tengo que preguntarte una cosa.

¿Dónde estuviste esta tarde, desde las 15:30 hasta las 16:30?

Eso es ridículo, Charles.

¿Por qué le preguntas eso?

Lo siento, John.

El hombre que chantajeó a Barbara fue al que dispararon.

Si no pregunto yo, lo hará otro.

Estuve en su piso.

Lo maté.

No sabes lo que dices.

Si supieras lo aliviada que me siento al decirlo.

No puedo creérmelo.

Sabes lo que implica eso.

No fue un asesinato, Charles. Fue solo un impulso.

Ojalá pudiera creerlo.

La gente que tiene impulsos no limpia sus huellas de las pistolas.

- Pero eso no fue… - John… Bueno, Charles.

Solo puedo hacer una cosa.

Dejar mi trabajo.

Adelante.

- ¿Qué quiere? - ¿Se va a alguna parte?

Iba a irme unos días al país donde vive mi hermana.

Su hermana está cumpliendo seis meses, y lo sabe de sobra.

¿Qué hacía en el piso de Harry esta tarde?

Así que me ha delatado.

¿A quién se refiere?

¿Cómo sabe que estuve ahí?

¿Por qué le disparó, Evelyn?

Estaba muerto cuando llegué.

El asesino sigue libre.

Espere. ¿Quién es el asesino?

No lo había visto antes.

Era alto, con el pelo rubio y canoso.

Llevaba un traje marrón. Tendría unos 40 años, creo.

Sí. Es curioso que nadie más lo viera.

¡Estaba ahí!

Dijo que él no lo mató y le creí.

Pensé que me mataría, dijo que llamaría a la policía.

¿Lo hizo?

No, la limpiadora fue quien llamó.

No se vaya de la ciudad.

O también pasará unos días junto a su hermana.

Vuelo 421 destino Zúrich, operado por European Airways.

Pasajeros con el número de tarjeta 52…

Imagino que habrá un vuelo a París hoy.

Así es. Vuelo 247. El bus sale en 20 minutos.

Gracias.

¿Qué tal, Smitty?

Tengo la bala con la que dispararon a Harry Bond.

Un momento.

Sí, aquí está.

La que mató a Harry Bond.

Gracias.

Es de la misma pistola que disparó al joyero.

Eso es imposible.

Si crees que no sé

cuando dos balas provienen de la misma arma…

Perdona, Smitty. A ver qué dice el señor cuando se entere.

Una pinta, por favor, señora. Aquí está, señor.

Le estaba buscando.

Vengo de balística.

La bala que tenía Harry Bond.

Dásela al señor Carstairs.

Le estoy entregando las pruebas.

- Lo dejo. - ¿Lo deja?

¿Y eso por qué?

Calibre 45, niquelado.

La que encontramos era del 38.

Exacto.

¿Te dijo algo la novia de Harry?

Dijo que había un extraño en la casa cuando llegó.

Un hombre alto, ancho, pelo rubio y canoso, de unos 45 años.

¿Cree que fue él?

No lo creo.

Pero fue el que borró las huellas

y me dio una versión completamente diferente.

Peter, lo tengo.

No había billetes de avión en el piso, ¿verdad?

- No, señor. - Qué curioso.

Hace nada le dije a alguien

que los criminales repetían sus pasos.

Venga, es nuestra oportunidad.

SALIDAS

Pasajeros con el número

126 con destino a Viena, ocupen sus asientos en el bus

que está esperando en la cuarta salida.

Pasajeros destino a Madrid con el vuelo número 123

ocupen sus asientos en el bus que espera en la tercera salida.

Llame a Scotland Yard

y dígale que envíen una patrulla.

No viajarán dos pasajeros.

De parte del inspector Wayne.

Si fuera usted, me iría a casa.

Hablaré luego con usted.

No es la primera vez que finge estar muerto, Radley.

La otra vez culpaste a Hitler, no a tu mujer.

¿A su mujer, señor?

No estás al tanto, Peter.

Radley le dijo que fuera a su casa

y dejó el arma de Harry Bond con balas de fogueo a la vista.

La provocó hasta sacarla de sus casillas para que le disparara.

Pero en cuanto se fue, resucitó

y trajo el cuerpo de Harry Bond, a quien había disparado hace unos minutos.

Pero olvidaste cambiar las armas, Radley.

Si no, te habrías salido con la tuya.

No quedaba tiempo, ¿verdad?

Tenía intención de cambiar las pistolas.

Pensaste que no pasaría nada.

No pensaste que sabríamos distinguir una 45 de una 38.

Incluso los policías son listos.

No. Fue puro sentimiento.

No quería involucrar a Barbara.

Dale saludos, Wayne.

Atención, por favor.

Ahí está el coche. Vamos.

Vuelo operado por British European

número 427 con destino a París.

Pasajeros con la tarjeta número 45,

por favor, vayan a las puertas A y B.

Lo cogimos 10 minutos antes de que se fuera.

- No puedo creerlo. - Pues deberías, así ocurrió.

Martin Radley no era Harry Bond.

Él mató a Harry porque lo estaba chantajeando.

Disparaste un arma de fogueo.

- ¿Entiendes? - No.

Creo que esto podría interesarte.

Es el certificado de matrimonio de Radley de 1938.

Su mujer sigue viva.

Barbara nunca estuvo casada con él.

Eso es.

Solo has tenido un marido en tu vida.

Te dejaré con él. Buenas noches.

Deberíamos darle esto a Paul.

Seguro que prefiere un yate.

Tómate una copa con tu marido.

FIN

Subtítulos: Ángela Pérez

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