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Era la primera vez que en todo el verano...
...que a las tres, no hacía sol.
Sin embargo, el bochorno era tan fuerte...
...que recordaba a un cuadro de Dalí.
Donde los relojes se doblan en el paisaje marciano de Cadaqués.
Un bochorno molesto. Pero que nadie, ni siquiera Abdel,...
...que es un poco brujo,...
...interpretó como una señal de lo que iba a suceder.
Con cuidado, no os cortéis. -Si esto no corta.
-Aquí tengo mis trocitos. ¡Ay, madre!
Pártelas pequeñas, que son para tortilla, eh.
-Esto se llama enroque.
(SUSPIRA) -Ya veo que te interesa.
-A mí me gusta el parchís.
-Pero esto te va a desarrollar la mente.
-¿Podemos jugar a la oca?
-¿No quieres ser un niño prodigio? -Quiero ser el Rey de España.
-Pero para serlo, tienes que ser de la familia del Rey.
-Va a haber tormenta. Ojalá, después hace mejor.
-Sí, y salen caracoles.
-Sí, se ha ido un poco el bochorno.
-¿Qué pasa si llueve mucho, como, por ejemplo, diez años?
Pues que nos inundaríamos. -O cuando el diluvio internacional.
-Universal. ¿No habéis visto nunca una riada?
¿Eh? Yo he visto pasar vacas flotando por delante de mi casa.
Bueno, por no hablar de la leyenda de las hijas de la lluvia.
-¿Qué es?
-Es la historia del campesino que construyó esta casa.
-Cuéntala.
No, no se la cuento, que da mucho miedo.
A mí mi madre me la contaba y me moría cada vez.
-¿De miedo? Cuéntala.
Hace mucho tiempo un campesino vivía aquí con sus dos hijas.
Un día, de repente, dejó de llover...
...y comenzó una sequía que duró cinco años.
-¿Cinco años sin llover? Sí.
-Sí, se agotaron las aguas de los ríos, de los lagos,...
...de las fuentes;...
...los animales se morían, las cosechas se arruinaban.
El campesino se marchó a hablar con los dioses...
...para pedirles que volviera la lluvia.
-Y los dioses quisieron probarle. Y le preguntaron:
"¿Qué estás dispuesto a pagar a cambio de lo que quieres?"
Y el campesino le ofreció a sus hijas.
-¿Cómo va a cambiarlas por lluvia?
Pues lo hizo. -¡Qué cerdo!
Los dioses, entonces, provocaron una tormenta que duró...
...tres días y tres noches.
Toda la comarca se inundó.
Las aguas, entonces, entraron por las calles.
Iban casa por casa buscando a las hijas del campesino.
Las cogieron, las arrastraron y se las llevaron.
-Y el campesino nunca, nunca más volvió a ver a sus hijas con vida.
-¿Cómo son?
Son pequeñas, morenas, tienen el pelo largo, negro...
Y un flequillo que les tapa los ojos para no ver su tristeza.
-Y dice la leyenda que cada vez que llueve mucho,...
...como ahora va a llover, las hijas del campesino...
...se aparecen a los vivos.
Pero, bueno, tiene que llover muchísimo para que vengan.
-Además, es una leyenda. ¡Cagado!
-Ya lo sé, no me lo he creído. -Ni yo, es una tontería.
Claro, es una tontería.
Trueno muy fuerte.
-Nada.
-Han llamado de América. Tienes una beca en Hilton (Nueva York).
-¿Hilton? -El nombre no te dice nada...
...porque no es el típico sitio de estudiantes.
Pero te va a encantar.
-Sí, en verano os llevan de colonia a Boston.
Es verdad, si hemos traído fotos. -¿No te hace ilusión?
-Dijiste que te apetecía, ¿no? -Sí.
-¡Te envidio, chaval, 15 años y a América!
-Voy a por agua que tengo sed.
-¿Qué le pasa? -Pues nada, Alberto.
-Parece que le demos un disgusto.
-Va a estar un año fuera, lo tiene que digerir.
-Es que nunca dice gracias.
"Gracias, sé lo mucho que os sacrificáis".
-Tiene 15 años. A esa edad no dicen nada.
Ha llamado tu hermano Ernesto.
Están en la Abisbal. ¡Viene con Inés!
-¿Inés, qué Inés? La madre de Paula.
-¡Tu consuegra!
Sí.
-¡Papá! -¡Eh, Gustavo!
¡Leonor! ¡Dos semanas sin veros! Cuánto tiempo, eh.
-Os vais a mojar.
-¿Qué, qué tal es el avión de Zapatero?
-No es de Zapatero, es del Estado.
Cuando deje de ser presidente, ya no lo tendrá.
-¿Y dónde fuisteis? -A Rusia.
-¿Hay leones? -Donde yo estuve no.
-¿Y por qué vas con Zapatero, eres soldado?
-No. Se llevó a unos periodistas, entre ellos a tu padre.
-¿Qué es consuegra? De entrada, una palabra feísima.
-Mira, consuegra es la madre de la mujer del hijo de tu abuela.
Muy bien, dicho así, lo entiende.
-Es una señora que puede ir a los cumpleaños.
(RÍE) -Exacto.
Truenos. ¡No, no, que no llueva,...
...llevamos días contando las horas para darnos un baño!
-¿Nos vamos a la playa sin decir nada?
-¡Vale!
¿Os va a dar tiempo antes de que caiga?
-Si cae, que caiga.
-Oye, la consuegra vive ya con ellos.
Por el tono de voz al teléfono, yo diría que sí.
Te coge el baño. Es lo primero que va a pedir. ¡El baño!
Ya verás.
Abdel. Abdel, prepárame una cama en el cuarto de la plancha.
Viene Inés, mi consuegra.
-Voy a lavar las manos.
Te has puesto katiuskas. Va a caer una buena, ¿verdad?
-Demasiada calor. Tiene que llover.
Eh... ¿Qué puede ser consuegra?
Es muy complicado. Pero, resumiendo, la madre de mi nuera.
-Ajá. Entiendo.
Como suegra. Es una especie de abuela hermana.
No, no. Déjalo, ya te he dicho que era difícil.
¡Dos días que vienen mis hijos y va a llover!
-Con este tiempo, tomates y pimientos van a morir.
Tus hijos no mueren, sólo se mojan. Ahí están.
-¿La cama es para señora mayor, consuegra?
Sí.
-No es muy buena. Que se aguante o la ocupe Ernesto.
Por dos noches, Paula que duerma con su madre.
Hola.
-No pasa nada. Te tumbas cinco minutos y se te pasa todo.
-Es que viene un poco mareada. -Sí, hemos pillado caravana.
Y con este calor, la gente se pone nerviosa...
Hola, Inés, ¿no te encuentras bien?
-¡El baño! Sí.
-Anda, llévala. -Sí, voy con ella.
¡Pobre! -Sí, pobre.
Mira, le he dicho que se pusiera delante, pero no quería.
Mi coche no tiene airbag delantero.
¿Cómo lo llevas? ¿Mal, eh? -Fatal.
Me ha criticado porque voy lento, porque voy rápido,...
...a la derecha, a la izquierda...
Cuánto se va a quedar con vosotros. -¿Lo sabes?
No. ¿Sabes? Voy a preparar tila. -No le gusta.
Dice que las hierbas son para las vacas. Y le he dicho: pruébalo.
Tampoco...
Es para ti.
-Perfecto. Me hará falta. Y para mí.
-Entonces qué, ¿le preparo un arroz hervido?
Pregúntaselo a ella.
Igual lo prefiere crudo.
-Eva, que quería preguntarte que si no te importa...
...me gustaría irme un poco antes para que no me pille la tormenta.
Ay, sí, pobrecita, vete que no te pille.
La señora ha traído ropa para planchar.
-Ay, qué práctica.
Claro, mujer, es que dice que no le ha dado tiempo.
-Ah. El año pasado hizo lo mismo, ¿os acordáis? Qué casualidad.
Chicas,... ¡eh! Modelazo.
Oh. -Pues es mona la camisa.
Sí...
Claro, le habrá costado una pasta.
Y puede tener un accidente, ¿no? La plancha se engancha,...
...funde los botones.
No, chicas, no. No quiero bromas, ¿eh?
Es mi consuegra.
(RÍE)
-Venga, nos vamos.
-¿Tú has visto cómo está el cielo?
-Aguanta un par de horas, ¿no? -No aguanta.
-¿Qué haces? -Deshacer la bolsa.
Nosotros quedamos, tú haz lo que quieras.
-Vamos a intentarlo. -No, es una locura.
Trueno. ¿No oyes los truenos?
-Está bien, pues me llevo a Bioy.
-¿Es que quieres sacrificar a uno de nuestros hijos?
¿Es una promesa? Eres más terco que una mula.
-Venga, Ana, pero si son cuatro gotas.
-Como se te meta algo en la cabeza eres peor que los críos.
-Adiós.
-Qué manía tienen los padres con los idiomas.
-Un año fuera, en un sitio que no conoces...
-No voy a ir.
-Pero si ya han pagado la matrícula.
Y EEUU tiene que ser una pasada.
-Sí. Pero yo no se lo he pedido.
-Se lo tenías que haber dicho. -¿Tú crees que me escucha?
Dice que no le escucho, pero él...
-Son rayantes. Como se les meta algo en el coco...
-Quieren ser modernos: cumples 15 y al extranjero.
Les parece la bomba, pues que vayan ellos.
-Aquí también puedo aprender inglés.
No hay que ir al quinto pino.
-Hola, chicos, ¿qué?
¿Nos vamos a la playa, Bioy? ¿Os apuntáis?
¿Qué pasa? Os he cortado el rollo, ¿a que sí?
-Pues bastante, tío. Pero bueno, es normal.
-Venga, ¿nos vamos? -Yo me quedo.
-¿Y eso?
-¿A la playa? Está a punto de llover.
-Pero nos da tiempo de dar un bañito, ¿no?
-Que no quiero ir.
Y tampoco quiero ir a ese sitio. -¿A qué sitio?
-A Hilton.
-Si tanto te gusta... vete tú.
-¿Qué pasa, es una broma? -No.
-Pasa al baño.
-Quiero quedarme.
-Lo que quieras me da igual. Al baño.
¿Cómo es que no quieres ir a América?
-Pues que no quiero ir.
-¿Pero no ves que es una oportunidad única, eh?
-No, ya iré cuando sea mayor. -Cuando sea mayor.
¿No te gustan los retos?
-Este, no. -¿Es que piensas que en casa...
...con todas las comodidades con tu madre atendiéndote...
...día y noche vas a aprender mucho de la vida?
Trueno. -Va a llover.
-Bioy te estás volviendo una persona muy antipática.
-El colmo, ¿por decir que va a llover?
¿Tengo que decir que luce el sol porque quieres ir a la playa?
-No es lo que dices, es cómo lo dices.
-Ya, claro. -Noto que te estorbo.
Que no te gusto. Que no me quieres.
Y no sabes cómo duele, Bioy. No lo sabes.
Coged pijamas, cepillos de dientes, botas de agua y los colchones.
-¿Qué pasa? Hoy dormís arriba.
-¿Por qué?
Vuestra abuela ha llamado al servicio meteorológico.
Va a caer una buena y se puede llevar la cabaña.
En Barcelona está diluviando. Tu madre no va a poder venir.
-¿Y mi padre? No lo sé.
Los vuestros intentarán viajar mañana.
Los tuyos también, no te preocupes.
-Jo, parece que vaya a haber un tsunami.
Es que tenemos una tormenta a media hora de aquí.
En la tele han dicho... -¿Has visto la tele?
Sí. -¿Por la tarde?
Sí. -Ya sabes que no se puede.
No se puede, pero si es por una causa de fuerza mayor...
Sí se puede.
-¿Ver dibujos es una causa de fuerza mayor?
Lo siento, pero todos los planes para esta tarde...
...fuera de la casa quedan cancelados hasta nueva orden.
-¿Qué son cancelados? -Que te fastidias.
-Hay que pasar toda la tarde en la casa.
Sí. -¿Y qué hacemos?
Pues podéis adelantar deberes. -Sí, doble castigo.
Encima de no poder salir,... hala, deberes.
Podéis jugar a las prendas, a las películas, al ajedrez...
-También podemos no hacer nada.
-Tú, con tal de no mover un dedo...
Podéis ver una película.
-Sí. -Sí.
-Elijo yo. (TODOS) Yo, yo, yo.
(PITA)
¿La elegimos democráticamente, no?
-Hasta respirar tiene que hacerse democráticamente.
Si no os gusta la democracia la elijo yo.
Voy a elegir un clásico de los años 50...
(TODOS GRITAN A LA VEZ)
Venga, sin empujar, sin empujar, por favor.
¿Eh? Cuidado, con cuidado.
Venga chicas. -¿Puedes?
Trueno.
-Hola. -Hola, ¿qué tal?
-¿Se acuerda de mí? Soy el doctor Utrera.
-Sí, claro. ¿Qué tal? -¿Cómo estamos?
-Bien, qué pasa, ¿que hay alguien enfermo?
-Ah, no, no sé, creo que no. El único enfermo soy yo... de amor.
Incurable. -¿Ah, sí? Ya.
-Nada, iba a buscar setas. No he encontrado ninguna.
Pero le he encontrado a usted. Y digo... quizá el hijo...
...de la señora escritora me ayuda.
-No sé, ayudarte en qué.
-Ah, es que resulta que su madre...
Su madre... su madre sabe quién es la novia desviada de mi amante.
¿Sabe?
-¿Cómo?
-Ella lo sabe pero no lo quiere decir.
He pensado, usted, como hijo de su madre que es...
...quizá podía ayudar con un truco familiar.
-Bueno, yo lo siento mucho, pero si mi madre ha dicho que no...
Es que no. Es terca, es terca como una mula.
-Terca, ¿eh? Mucho, mucho.
Ya pero yo he pensado una cosa, ¿y si le ofrezco dinero?
Una cantidad respetable, no una minucia, yo tengo dinero.
-¿A mi madre? -Sí, sí.
-Es que su madre es como el padrino, ¿sabe?
Pero sin mofletes, claro.
-Comprar a mi madre.
Olvídalo. -¿Eh?
Olvídalo porque, mira, yo en toda mi vida...
...la única vez que he conseguido algo de ella...
...fue una vez, de pequeño, que quería ir de excursión.
Escribí un poema muy majo...
...y parece ser que la ablandó porque al final me dejó ir.
Pero bueno, es la única vez en toda mi vida, ¿eh? O sea que...
-Claro, un poema, es genial, sí.
Lo haré, un poema.
-Suerte.
Hostia, la gente está muy mal, ¿eh?
Pero que muy mal.
Voy a hacerme un poquito de tila porque...
-Oye. Ay, perdona.
-No, nada, ya está.
Creí que no había nadie.
Oye, mientras te enjabonas cierra el grifo, por favor.
Hay una sequía tremenda, tenemos que ahorrar agua.
Ya sabes, el dichoso cambio climático.
Se funden los glaciares, se evapora el agua de los océanos.
-¿No sería más práctico poner un pestillo?
¿Dónde? -En la puerta.
¿Para qué?
-Ay, para lo que se ponen los pestillos, Eva.
Para tener un poco más de intimidad.
Los niños se hacen mayores.
No sé si les resulta muy cómodo que el baño sea una zona de paso.
No me gustan las puertas cerradas.
Y los mayores tienen su cuarto de aseo en la cabaña.
-Sí, pero este es el único baño de la casa, fuera del tuyo.
Cuando vienen los padres, ¿qué?
Lo comparten con toda la naturalidad del mundo.
-Ya, resulta muy moderno.
Como todo en ti.
¿Te caigo mal?
¿O te caigo mal?
-Pues ni mal, ni mal.
Indiferente.
¿Y yo a ti?
Tú... pues tirando... a mal.
Pero supongo que es porque no te conozco lo suficiente.
-No, es que yo no tengo ningún interés especial en conocerte.
Ah, tienes razón, igual, si nos conociéramos más...
Nos caeríamos peor.
Trueno.
Trueno.
-¡Ayúdame, Bioy! ¡Que va a caer!
-¡Joder, qué de repente! -¡Corre, me dan miedo los rayos!
Uh. ¡Ahí va! -Menuda cortina de agua.
Menos mal que todos están ya en la casa.
Sólo nos queda preocuparnos porque no discutan...
...por qué película quieran ver. (RÍEN)
-Madre mía, qué forma de llover.
¿Has visto a Bioy y a Alberto?
-Bioy está recogiendo las sillas y las hamacas con Teresa.
-Alberto es capaz de haberse ido solo.
-Bueno, venga. Vamos a ver qué película han elegido.
-Ve, ahora voy.
Teléfono móvil.
-Sí. -Alberto, ¿dónde estás?
-Esperando que el agua me arrastre a la playa.
-¿Estás muy lejos? -Qué va. Dos o tres kilómetros.
No he podido avanzar más.
-¿No puedes volver?
-Nada. Imposible. Con el coche, imposible.
Tendría que ir marcha atrás y no veo nada.
-¿Te das cuenta de lo cabezón que eres?
-Ya lo sé, Ana. Soy un imbécil, mi hijo un borde,..
...y tú una santa y en septiembre cumplo 39 años.
-Cariño, sal del coche.
-¿Qué dices? -Vuelve. Sal de ahí.
-Me van a caer encima toneladas de agua.
-Tómatelo como una purificación.
-Mayday, mayday. Aquí sargento Badía dispuesto...
...a cruzar las líneas enemigas para llegar a la base.
Cambio. -Recibido, Badía.
Teniente Fernández le espera en base...
...con carajillo de coñac en mano. Cierro y cambio.
Trueno. -¡Ay!
-Tranquila, los truenos no hacen nada.
-Ya. ¿Y los rayos qué? -Aquí dentro tampoco.
-Pues a mi abuela la alcanzó un rayo.
-¿Qué dices? ¿Murió?
-Sí, pero de vieja.
Mi madre dice que cuando la tocabas te pasaba electricidad.
-Se lo inventó. Como lo de las hijas de la lluvia.
Son historias de pueblo. -¿En las ciudades no hay o qué?
-Sí, pero son diferentes. ¿Y a ti no te gustaría vivir en la ciudad?
-A mí me gustaría vivir sin sitio fijo.
Un día aquí y otro ahí con Roger.
¡Ay!
(RÍE) -No tiene gracia.
-Puedo sentarme a tu lado. Así tendrás menos miedo.
-Tendré el mismo miedo, pero contigo a mi lado.
Trueno. Jo. Huy. Ven.
-¿Puedo abrazarte?
Como amigos.
-¿Es verdad que te vas a Nueva York?
-Sí.
-Entonces a lo mejor este es tu último año.
¿O vendrás el verano que viene?
-No, el curso incluye unas estúpidas colonias en Boston.
-Así que igual...
...este es nuestro último verano juntos.
Eh, ¿qué te pasa?
-Nada. -¿Estás llorando?
-No. -¿Por qué lloras?
-Por ti.
Te quiero.
Trueno. -¡Ay!
¿Dónde estabas? -En la cabaña.
Mira. Anda, vete arriba y te terminas de secar.
-Me seco ¿y qué me pongo?
Espera.
-Como no amaine, me veo pasando la noche aquí.
-Por fin vamos a dormir juntos, Mercedes.
-Hey. ¿Sabes? Dormí mucho tiempo con un hombre casado y,...
...mira, aquí me tienes, solterita.
Toma. -Eso no es mío.
Es del chico este, pero te quedará bien.
-Mamá, ¿cómo voy a ponerme unos calzoncillos de Bioy?
Teresa, no hay nada seco. -Voy a casa. Son 50 m. Da igual.
-Bah. Ni lo intentes. ¡Uf!
Llueve a mares. Suerte que encontré al Dr. Utrera.
-Yo pensé que era un loco que gritaba: "¡Purificación!".
Y no era un loco, era un hijo de la señora escritora.
Seguro que se va a ir la luz.
Aquí cuando llueven cuatro gotas, se va.
-¡Ay!
-Lo que les decía. Cómo añoro Barcelona.
(NARRA) La casa tiene un valor que va más allá de lo que contiene,...
...del refugio que proporciona y de la historia que arrastra.
Una casa nos ancla en la tierra y la convierte en una patria.
Para una familia una casa es un nexo de unión.
Incluso de desunión, pero nexo al fin.
¡Ah! Oh.
-Tu hijo me ha dicho que me instale aquí.
Lo siento en el alma, pero es él quien organiza mi vida últimamente.
Es la ley de Murphy.
Si no quieres algo, la vida te la sirve en bandeja.
¿Roncas?
-Yo no. Yo sí.
-Ah.
Bueno, qué... ¿qué lado prefieres?
No, yo no tengo lado. Yo ocupo toda la cama.
-Yo también.
Desde que enviudé duermo sola. 8 años llevo.
Yo más. Yo casi 10. -¿Sí?
Sí. Desde que me separé.
-Pero ¿tú has tenido parejas luego o no? Eso tengo entendido.
Sí, pero no para dormir.
Para dormir mejor cada uno a su casa.
-Ya. Pues, tú puedes. Yo hasta sin casa me he quedado.
Pobre. -Tengo que vivir de prestado.
Y a mí me sabe tan mal como a tu hijo.
Quiero que lo sepas.
Sí, me lo imagino. -No, no te lo imaginas.
Pues no me lo imagino.
-Bueno, pues, yo te lo cuento. Mira.
Mi marido...
...era autónomo.
O sea, que cobro una pensión ridícula.
Dejó algún dinero, pero yo no he sabido invertirlo.
No entiendo yo de eso. Que sube, que baja. No.
Total, que lo que hace 8 años era una cantidad que no estaba mal,...
...ahora da risa.
Sólo tengo dos caminos.
O encontrar una residencia o encontrar un marido.
Sí. Difícil elección, ¿eh?
-Sí, ya sé.
Sé que parece un chiste, pero es lo que hay.
(BOSTEZA) El lavabo está por ahí.
No. -Ah.
-Bioy, ¿qué haces aquí solo?
(SUSPIRA)
Ya me ha dicho tu padre que os habéis enfadado.
-No, él se enfada conmigo.
-Lo hace porque te quiere, quiere que seas mejor.
-Yo quiero ser yo y no quiero ir a EE.EEUU.
Trueno.
-Tienes que tener un poco de paciencia.
-Uf, y dale. Ahora dime también lo de que estoy negativo.
-De cada 10 palabras que dices 9 son no.
-No.
-Mira, Bioy, ahora no te das cuenta;...
...pero ir a EEUU puede ser muy bueno para ti.
Además tampoco vamos a hacer de esto una cruzada, ¿vale?
Relámpagos. ¿Vamos arriba? ¿Eh?
-¿Qué pasa? ¿Qué es eso?
-Un poema que le he escrito a tu madre.
-¿Un poema? -Me he estado seis horas.
-O sea, ¿le has escrito un poema a mi madre?
-Y cuando tenga un rato de intimidad se lo leeré.
-No creo que sea una buena idea.
Lo mío funcionó, pero tenía 7 años, ¿entiendes?
Y ahora no creo que surja efecto, además tú no quieres que te deje...
...ir a una excursión, ¿entiendes?
-Todo eso es circunstancial, ¿no? -No siempre.
-¿Has mandado a mi madre a dormir con tu madre?
-Sí. -¿Van a discutir?
A mí no me gustan las discusiones.
Y no lo hagan para que me quede porque no me quedaré. Adiós.
-¿Y por qué la has mandado a dormir con tu madre?
-Porque había una gotera. ¿No le lo ha dicho?
-Me ha dicho que la mandabas a dormir con la otra vieja.
Que no la querías ni en tu casa, ni en esta.
-Qué amable, lo he hecho porque había una gotera...
...encima de la cama. Ellas estarán bien juntas.
-No me las imagino durmiendo juntas.
-¿De qué te ríes? -A lo mejor se hacen íntimas...
...y esta noche hay una fiesta de pijamas...
...en el cuarto de las abuelas.
-Son muy distintas, Paula. -¿Y qué?
Tú y yo somos muy diferentes.
-Ya, pero ellas son distintas en otro sentido.
O sea, mi madre es un poco más moderna que la tuya.
Y aunque sean de generaciones idénticas, son diferentes.
-Mi madre fue la primera mujer que se puso minifalda...
...en Paterna que lo sepas. -¿Pero ¿qué haces?
¿Dónde vas? ¡Paula!
¡Paula, no te lleves la luz, por favor!
-Perdón. -De perdón nada.
Pasa y dúchate, si quieres. -Sólo quiero una toalla.
-¿Qué? ¿Me sigues odiando?
-Yo no te odio. -Yo te digo cinco cosas...
...que no soporto de ti y tú otras cinco de mí.
-Empieza tú.
-Pasas de tu familia, no das un palo al agua,...
...te llevas horas en el messenger.
-Organizas la vida de los demás, dices que no estudio,...
pero no tienes idea porque no estás en casa,...
...tratas a mamá como a una secretaria.
-A lo mejor no es buena idea esto del concurso, ¿no?
-No lo es.
-Oye, Bioy, me lo curro, te lo juro.
Lo único que quiero es que las cosa vuelvan a ser...
...como antes. -Como antes no puede ser.
He crecido.
(SUSPIRA)
Relámpagos.
Truenos.
Truenos.
Bueno. Los mayores dormiréis en el cuarto de estudios.
Los pequeños en vuestra habitación.
Los padres y el doctor... aquí...
...en colchonetas, en lo que sea, ¿vale?
-Con la pasta que ganas, ya podrías arreglar las goteras.
No sabía que tenía goteras y no tengo tanta pasta,...
...no te ilusiones.
-La pasta no es tan importante, donde haya un buen poema.
Si llueve normal no pasa nada, pero esto no lo he visto nunca.
¿Y tú? -No sé, porque entre la tele...
...y la realidad, me hago un lío.
-Eso es por el cambio climático. -Dentro de 50 años...
...todo el mundo sufrirá una glaciación,...
...la humanidad tal y como la entendemos...
...se extinguirá.
¡Que es broma! (RÍEN)
No hay que asustarse, todos los años hay tormentas.
-Sí, pero nunca duran tanto. En la India duran meses,...
...se llaman monzón.
-Pero allí no están las hijas de la lluvia.
¿Y eso qué es?
-Son unas niñas que murieron ahogadas.
Las hijas del campesino. A ver, pelo largo,...
...sin ojos, dedos como palillos. -Se parecen a los vivos...
...cuando llueve mucho.
Está rico el melocotón, ¿verdad? -Sí.
¿De dónde habéis sacado esa historia?
¿Ah, sí?
Bueno...
-Es una historia de aquí, me la explicaba mi madre.
Pero es una leyenda, no es real.
La cuenta todo el mundo.
-Tengo pacientes que dicen que las han visto,...
...aunque están loquitos. (LOS NIÑOS RÍEN)
-Carmen, no sabía que tenías ese punto sádico.
Ni yo. -Todas las madres tienen...
...un punto sádico.
¿Lo dices por mí o...?
Truenos.
Miguel, ¿qué pasa?
¿Sabes que si se habla de las cosas que dan miedo...
...se pasa el miedo? -¿Sí?
Claro, porque las palabras sirven para muchas cosas.
Las palabras curan, solucionan y quitan los miedos.
-¿De verdad? De verdad, de verdad.
¿Qué os da miedo?
Gustavo, por ejemplo. -¿Yo? ¿Qué me da miedo?
Suspender Mates hasta los 60 años.
-Pues yo tengo un sueño horrible, o sea, una pesadilla,...
...que cumplo 50 años y me llaman para hacer la mili.
-Pero si no has hecho la mili. -Por eso me da miedo.
-Pues yo pensaba que tu miedo mayor era que yo me instalara...
...en vuestra casa definitivamente.
-Pues mi mayor pesadilla es que llego al ministerio...
...y no me he puesto las bragas. -Eso es un sueño erótico.
-A mí me da miedo... el fin del mundo.
-Pues a mí las ratas. -A mí los marcianos.
¿Y a ti, Bioy? -Yo lo sé.
Su miedo es que se va a América y cuando vuelve sus amigos...
...no se acuerdan de él. -Esto no pasará.
-Sé que los grandes miedos no llegan a suceder;...
...pero yo no montaría un avión aunque me empujen.
-A mí no me ha preguntado; pero yo quería explicar mis miedos.
Que son las agujas, los gatitos, las castraciones,...
...el aire acondicionado y las gasolineras cerradas.
A casi todo, ¿eh?
Eh, ¿y a ti, Miguel?
-Que vengan las hijas de la lluvia...
...y nos intenten comer y acabemos gritando como locos.
-Miguel, eso no pasará.
-Mientras haya hombres en esta casa,...
Risas. ...aquí no va a gritar nadie.
Muy bien, después de esta demostración...
...de hombría,...
...todos a la cama. Mañana ya saldrá el sol.
-Perdone, una pregunta, todos serán los niños, ¿no?
Es que yo sueño no tengo.
¿No? Pues a contar ovejas...
...o le canto una nana, ¿eso no le da miedo?
Ronquidos.
Ronquidos.
-Joder, uh...
-Oye, Alberto.
Tú y Bioy estáis mosqueados, ¿no?
-No, más o menos es lo mismo que tú y la madre de Paula.
-Pero tú has visto cómo me mira, me mira como si fuera un asesino.
Y todo el día tiene que estar llevándome la contraria por todo.
Es que esa mujer no me tiene respeto.
-Ya. Pero a ti es tu suegra; pero a mí es mi hijo...
...el que me ha faltado al respeto.
(SUSPIRA) -Abdel.
¡Abdel! (ABDEL RONCA)
-Abdel...
Oye, ¿tú qué haces cuando tus hijos se te suben...
...a la chepa? -Mis chicas no suben a la chepa.
Pero cuando le faltaba respeto a mi padre,...
...me daba con el cinturón.
Así es que... no le faltaba al respeto nunca.
-El nuestro era más listo.
Cuando había un poco de algo, se iba y punto.
-Alguna solución tiene que haber entre pasar...
...y darle con el cinturón.
-Hablar. Dicen que dan resultado.
-Ya, ya.
Lo que pasa es que Bioy no habla.
Bioy ladra.
-¿Qué haces? -Voy a fumar.
-¿Cómo que fumar? ¡Si lo dejaste antes que yo!
-Pues he vuelto, Ernesto. -Has vuelto.
Si no paraste hasta que me convenciste.
No sabes lo que fue aquello.
Cada vez que le veía, venía con radiografías de enfisemas.
-Ya, fui muy pesado, lo reconozco.
-¿Cuánto hace que has vuelto?
-Unos 20 días. Lo que llevan los niños aquí.
-¿Ana lo sabe?
-No, no. -No lo sabe.
¿Tú sabes el disgusto que le darás cuando se entere?
-Son mis pulmones, Ernesto.
-No lo hagas, por favor. Te lo pido.
-Déjame, Ernesto. -¡Que no te dejo, joder!
¡Que no se fuma!
Que desde que tengo a mi suegra en casa no pienso en otra cosa.
-¿En qué? -En fumar.
-¿Y qué? -Que cada vez que iba a caer....
Te imaginaba con la radiografías de enfisemas y no fumaba.
-Te voy a partir la cara. Déjame.
-Se acabó. No me da la gana.
-Déjame en paz.
Golpes.
-¿Queréis?
-Joder.
Anoche soñé...
Que volvía a Manderley.
¡Ah!
¡Ay!
-Hola. Qué susto, por Dios.
-Perdone.
Un médico en pijama. -Hay cosas peores en la vida.
Sí, una escritora en pijama. (RÍE) -Qué bueno.
Perdón, es que la estaba esperando porque quería intimidad...
...con usted esta noche.
¿Ah, sí? En estas escaleras no ocurrirá.
-Ya lo sé, pero tengo que enseñarle una cosita...
Espere...
Aquí, es una cosita que he escrito.
Tire, que el cirio es corto. -Ah, vale.
(LEE) Poema para Eva. Es para usted.
Es el título. Eh...
No sé amar mucho, no sé hacer mucho.
Sólo sé que... Eh...
Quiero a la veterinaria.
Sólo sé que no tengo ni un trocito de su alma.
Esto está mejor, pero lo he copiado de otro.
(RÍE)
-Dígame usted quién es el verdadero amor.
Que aunque sé quién es el verdadero amor...
Dígamelo, por favor. Dígamelo, por favor.
Fin.
Ya... Eh... Mire, Utrera...
-Sí. Escuche, escúcheme. Eh...
Perdóneme la crudeza... -Ajá.
No se lo diré jamás.
Métaselo en la cabeza.
Tengamos la fiesta en paz. Fin.
-Ya, eso es un poema, pero... ¿Eso es un no?
Sí. -Sí.
Y un consejo:
siga escribiendo recetas, porque la poesía no es lo suyo.
¿Eh? -Vale.
¿Puedo...? -Sí.
Bueno, buenas noches. -Buenas noches.
Gracias.
(SUSPIRA) Le tenía que haber ofrecido dinero, estaba claro.
Bueno... (SUSPIRA)
(SUSPIRA)
Truenos.
(SUSPIRA)
-Y ahora se me ha parado el reloj.
Eso que le cambié la pila.
A ver si le doy un poquito... Es monísimo este reloj.
¿Has visto?
Mira, no son brillantes, son circonitas.
¿Pero verdad que dan el pego?
Sí. -Me encanta.
-Gracias por dejarme usar el baño.
-Hola, estáis aquí todas. ¿Puedo pasar al baño, no, Eva?
Sí, sí. -Sabes he pensado que mira...
Quizá esto nos ayude a dormir.
¿Tienes vasos por ahí? No, en la habitación no.
Además yo soy de trago largo.
-Mamá, ¿siempre llevas una botella de güisqui en la maleta?
-No, siempre no, sólo cuando creo que voy a ponerme muy nerviosa.
En el baño hay dos vasos.
-¿Sí? Pues voy a por ellos.
Venga.
-Mi madre es alcohólica. (RÍEN)
No, sólo cuando cree que se va a poner muy nerviosa.
Eso ha dicho.
-Sí, bueno..
-¿Puedo jugar? -Claro que sí, venga.
Pasa por aquí, sentaos.
¿No te importa, verdad, Eva?
No, qué me va a importar.
-Si a ella le gusta, venga, tomad.
Coged los vasos, sólo ha dos. Tenéis que pasarlos.
-Vamos a brindar por la lluvia.
Venga, ¡por la lluvia que todo lo limpia!
(TODAS) Por la lluvia.
-Y por el novio que voy a echarme en el viaje a Jordania.
-Mamá, ¿qué dices?
-Estoy harta de ser la viuda negra, quiero ser la viuda alegre.
-Mamá, sólo necesitas un sitio para vivir, no te líes.
-Necesito un novio.
-¡Qué lista, y yo!
-Tener un novio es fantástico.
Un marido es otra cosa.
-Bueno, me lo vas a decir a mí. ¡Que no he tenido de nada!
Nada de nada.
De poco, muy poco.
-Mujer, cuéntanos un poco más...
-Mujer... -Venga...
Bueno, si vais a hablar de hombres...
Yo me voy a por mi trago largo.
(IMITÁNDOLA) -Trago largo...
Esta conversación le resulta demasiado ordinaria para ella.
(TOSE) ¡Mamá!
-Te lo dije, ¿cuántas veces te lo dije?
-Ya lo sé, le tenía que haber escrito una canción.
Se me da mejor cantar...
Las canciones las entienden todos. Los poemas, algunos.
-¿Jugamos a algo? ¿Una partida de póquer?
-Sí, está muy bien, mira:
tíos, póquer, cervezas y tabaco.
Así, si viene Inés, se pondría histérica.
¿Y tú, Abdel, te animas a jugar una partidita?
¿O tu religión te lo prohíbe?
-La religión prohíbe.
Pero Abdel decide.
Todo sí, cerveza no.
-Pues te pierdes la mejor cosa de las cuatro, ¿eh?
La cerveza no tiene ni grasa, ni colesterol...
...y aporta vitaminas y minerales.
Así que a vitalizarse y mineralizarse.
-Doctor, ¿se apunta? -Bueno, por qué no.
Al fin y al cabo:
desafortunado en amores, afortunado en el juego.
Si os parece bien jugaremos con póquer cubierto,...
...dos cambios y siguiendo las reglas internacionales...
...de los casinos de las Vegas.
¿Os parece bien? Muy bien.
¿A cuánto se apuesta?
-¿Tú crees que es necesario?
-Claro, seguro que las malditas tienen hambre...
...después de estar tantos años bajo el agua.
-Sed no tendrán, eso seguro. -Es mejor que les demos de comer.
Así no nos comerán.
-¿Y por qué todas son de aceitunas rellenas?
-Es lo único que he encontrado, pero seguro que les gusta.
Tienen unas cuantas aceitunas rellenas.
-Venga, vamos.
(RÍEN)
-Eh... Mira, una cosa.
Tú que conoces a mucha gente por aquí.
-Ajá.
-¿No sabrías de algún hombre así guapo, simpático...
...atractivo y disponible?
(RÍE) -Bueno, el médico.
Si te van los fenómenos paranormales...
(RÍEN)
-Pa ti, pa ti. Ponme un poquito más.
Es que yo mira, eh... Yo es que...
Si pienso con la parte derecha de mi cerebro...
Digo que va a ser muy poco probable...
...que encuentre un hombre que me quiera.
Pero, si pienso con la parte izquierda...
(RÍEN) -¿Qué?
Pues me digo que igual que hay muchas mujeres solas y tristes...
...en el mundo, debe de haber la misma cantidad de hombres.
(RÍEN)
-Pero será en otra comunidad autónoma, ¿no?
(RÍEN)
-¡Pues me voy para allá!
(RÍEN)
Truenos.
-¿Has visto moverse a alguien? -Deben de ser ellas...
Que tienen hambre.
-Tengo miedo, ¿volvemos? -Espera.
¡Malditas, estas aceitunas son como ningunas!
¡Tenéis que levantar la tapa! ¿vale?
¡Buenas noches!
-Pues...
Yo voy con 20 euros.
-Yo iría con menos, sobre todo teniendo un trío, ¿no?
-¡Pero cómo lo sabe! A ver, yo no tengo un trío, ¿vale?
Pero si lo tuviera, ¿cómo lo sabrías?
-Bueno, es que es instinto de médico.
Tienes así como la boca seca y estás como sudando...
...y tienes cara de trío.
Es que de ver tantos enfermitos pues estas cosas ya se saben.
-Pues no tengo un trío, ¿vale? Y mira, ahí va mi resto.
Truenos y relámpagos. Bueno...
Veo tus 30.
-Huy, huy, esa voz destensada. Va a mentir, señora escritora, eh.
Yo no miento nunca.
-Que no miente nunca dice, la mentirosa.
-Esto es un farol, se ha notado por el espasmo muscular. Con perdón.
Venga, ya sabe que los diagnósticos no son lo suyo.
-Bueno, ¿y usted, señor Abdel?
-Esta paso, no tengo buenas cartas.
-Bueno, un poco de sinceridad en la mesa se agradece para variar.
Bueno, pues yo si que voy.
Y tengo un fabuloso full.
¿Vosotros?
-Yo... yo tengo un trío. (RÍEN)
-Doble pareja.
Una escalera.
-¿Dónde?
Ahí y una aquí, de color.
-Hay que enseñar las cartas, mamá. ¿Yo, por qué?
¿No os fiáis de mí?
(TODOS) No.
Bueno, venga, va. Allá va.
Tatarán, tararán...
Una pareja. Era un farol.
-Bueno, yo lo dejo, porque el doctor ya me la ha pelado.
-Sí, a mí igual. Genial. Mi hijo me odia.
Y los vecinos de mi madre me despluman.
-La gente sin amor tenemos esto, que ganamos.
Lo que no sé es por qué no gana Abdel.
-Yo tengo amor y sé jugar.
Mejor saber jugar que no tener amor.
Y no tener tabaco...
¿Tenéis? -No. No fumamos nosotros.
Ah...
Penas. Ha sido un placer.
Voy a ver qué pasa en el mundo femenino.
Los vicios hay que asumirlos, todo se sabe.
-Bueno, vamos fuera a fumar. -Venga, vamos.
-Vámonos que no tengo ganas de ver cómo se pavonean estos dos.
-Oye, ¿es el último, eh? -Sí, sí, el último, claro.
-Bueno... tengo buenas cartas.
La última jugada, a por todas.
Oiga, Sr. Abdel, esto que dice usted...
¿Usted tiene amor entonces?
-Sí. -¿Y se acuerda cuándo consiguió...
...a esa mujer, el momento en que le dijo que sí?
-Claro, una cena.
Voy con todo.
Fuimos a cenar.
Dije que la quería.
Ella dudaba entre mí u otro.
Pero yo aquella noche convencí.
-Oh, qué buena idea una cena. No lo había pensado.
Y del otro, del enemigo, ¿qué se supo?
-El otro era quien la perdió.
No supe quién era.
No importa.
Sólo importa que estamos juntos.
Uno es el peor enemigo de sí mismo.
-Oh, qué frases más sabias. Usted es un sabio.
Gracias, eh, gracias. -De nada.
Póquer.
Gano.
-Joder, esto no ha tenido gracia, me ha dejado pelado.
-Tú pierdes.
Yo gano.
Quizá es que vuelvas a tener suerte... en el amor.
Golpes. -Chis.
¿Has oído eso?
-Serán los niños.
Truenos y relámpagos.
-¡Uuuh!
(LOS DOS) ¡Aaaah!
-No están. ¿Dónde están? -Se han ido.
-Estaban aquí.
-¿Qué pasa? -¡Eh!
-¡Hostia, qué susto!
-Las he... las hemos visto.
-Sí. -¿A quién?
-Joder, a las hijas de la lluvia, estaban aquí.
-Aquí no hay nadie.
-Claro que sí, como en las películas.
-¿Qué? -Joder, en las películas de miedo.
Que alguien dice que ha visto algo y cuando vienen...
...los otros no hay nada.
¡Alberto!
-La chancla.
-Huy, qué miedo han encontrado una chancla.
La noche que hay de lluvia y van con chanclas.
-¡Uuuuh!
-Oye, no, no. -En serio, eh.
Una cosa, eh. Una cosa no, dos cosas.
Eh... Todo esto que ha pasado aquí ni una palabra a los niños.
-No, claro.
-Se cachondearían. Mi hijo ya lo hace, sólo me faltan mis sobrinos.
-Seremos unas tumbas. -Sí, sí, unas tumbas.
Además, ¿los machotes no gritan, no?
Risas. ¡La chancla!
-Hola, buenos días. ¿Qué tal la noche?
-Bien. -Huy, habéis hecho tostadas...
...para todos, incluidas las malditas.
Creo que le gustan muy hechas.
-¿Y a ti quién te lo ha contado eso?
-Utrera.
-Joder, voy a darle un toque.
-Ha dejado de llover. -Sí.
Y ha vuelto la luz. -Menos mal.
Has fumado. -¡Quién yo!
Y tú has bebido.
-Esto es lo que tiene las noches de campamento.
¿Y tú madre qué? -Arriba, durmiendo la mona.
-¿Os habéis puesto ciegas, no?
Podíais haber invitado. -Era sólo para chicas.
Tenías que oír a mi madre contando intimidades de mi padre.
¡Que en paz descanse! -Lo tuyo no estuvo tampoco mal.
-Dice que nada de contarlo a los mayores, que sólo a los niños.
-¿Dije muchas tonterías?
-Tonterías no, intimidades. -Ah.
-¿Sobre mí? -Eh.
-No tenía ni idea de que fueras tan especial.
-¿Qué les has contado? -No me acuerdo.
-Mejor. -No se las puede dejar solas, ¿eh?
-¿Has fumado? -No.
Alberto, hueles a tabaco.
¿Dónde vas?
-A ver si está la furgoneta donde la dejé.
¿Habéis visto a Abdel? -Está fuera.
¿Ha fumado? -No sé, yo...
-Han fumado los dos.
(BOSTEZA)
-Oh, creo que no bebía tanto desde el concierto...
...de los Rolling Stones en el 82.
Ah, sí, en Madrid, en el estadio. -Sí.
¿Tú también fuiste?
-Con una barriga así, embarazada de la pequeña.
Fíjate que estuvimos a punto de llamarle Angie.
Pobrecita.
Es que a mí los Rolling Stones no me gustan.
-¡No! Pues a mí sí, a mi me encantan.
Sobre todo Mick Jagger. Hmmm...
Debió besar de maravilla.
Ay, a ti eso de los besos y los maridos te...
Te motiva, ¿eh?
-Sí, yo es que he sido muy sexual. ¿Tú, no?
No, yo no he sido muy...
Nada. Nunca.
-Yo... es que todavía hecho en falta... lo que tú ya sabes.
La regla. -¡No! Ay, el sexo.
¿Tú, no?
Uh, no, yo no. Yo no hecho de menos nada.
Yo no miro hacia atrás porque me da tortícolis.
O sea, que siempre miro... hacia delante.
-Claro, tú tienes trabajo, tienes dinero, tienes casa...
Puedes mirar hacia donde te dé la gana.
Yo todo lo que tengo, me lo he ganado.
Y me lo he ganado, precisamente... mirando.
-¿Todavía... te caigo mal?
No.
No, no, no. -Ah.
A mí no me caes mal.
Pero no me iría contigo de vacaciones a...
-Jordania. Eso.
-Ay... ¿Tienes un poquito de crema hidratante?
En el baño.
-Era un río ayer, bajaba por aquí un río de agua.
Yo iba corriendo y gritando: "¡Purificación, purificación!"...
...cuando encontré al doctor.
-Mira, ahí la tenemos.
-Suerte que sigue aquí.
Oye, esto está abierto.
Esto no estaba aquí cuando dejé la furgoneta.
-Mira, ¿y esto?
-Oye, Abdel...
Las hijas de la lluvia no pueden haber dormido aquí.
-Pues... ¡Ay, ay, ay, ay!
-Menudo tsunami, ¿eh?
-Hola. -¿Qué tal?
-¿Vas para la casa? -Sí.
-¿Nos puedes ayudar? -Claro.
-La dejé tirada ayer por el temporal y alguien la usó.
-Pues a lo mejor, han sido las chicas de la redada.
-¿Qué redada? -Ayer por la noche, la policía...
...hizo una redada en un prostíbulo.
Detuvieron a dos chavales que tenían nueve chicas...
...secuestradas. -¿Qué?
-Se ve que con el follón, dos se fugaron.
-¿Orientales, con el pelo largo?
-Pues... Pues sí, creo que sí.
-Luego te cuento. Anda, ayúdanos.
-¿Pero qué os pasa?
-Cuando se lo contemos...
...a Ernesto va a flipar...
Las hijas de la lluvia.
-Qué bonito día, ¿verdad, señora?
-¿Bonito?
¿Todas mis plantas medio muertas?
Desde el incidente con el avestruz, no ocurría nada tan grave.
-Los avestruces sí que dieron miedo.
Oiga, ¿está María Antonia por aquí?
-No. Ha tenido que ir a varias granjas.
Con la tempestad, muchos animales han sufrido percances.
-Bueno, no pasa nada, otro día será, otro día será.
-Le veo cambiado, no sé, más positivo.
-Es que estoy más positivo.
¿Sabe qué ha pasado esta noche? Descubrí 2 cosas.
Primera, que el enemigo yo, aquí donde me ve.
La segunda e importante, una cena es básica...
...para cualquier relación.
(SILBA) -Claro.
Está visto que los cambios de tiempo afectan a la gente.
¡Mis petunias!
Inés, ¿entonces dices en serio lo de venirte a vivir a esta zona?
-Claro. Puedo hacer muchas cosas.
Por ejemplo, sé idiomas. -¿Qué idiomas?
-Portugués, por mi abuela. Puedo dar clases particulares.
-El portugués es muy bonito, pero no sé si habrá mucha demanda.
-Pues no sé, el turismo rural.
Me gusta la gente, cocinar...
Cojo una masía, la pongo bonita y a vivir del turismo.
Es una buena idea, pero hay que comprarla.
-La puedo alquilar.
Para poner un negocio no.
-Para alquilar una masía, depende de quién y para qué.
Es que somos muy nuestros. ¡Uh, sí!
Yo llevo casi viviendo 10 años aquí y soy forastera.
-Sí. Además, a los de la hostelería los fríen a impuestos.
-O sea, que según vosotras, no tengo nada que hacer aquí.
(AMBAS) Nada.
Lo del novio en la excursión sí es una buena idea.
-Pues me he informado y en el grupo, hay dos viudos.
¿Cómo que te has informado? -Sí, la chica de la agencia...
...ha hecho de detective por mí.
El problema es que, en contrapartida, vamos 7 viudas.
Bueno, mujer, pero eso no es nada. -Nada.
-Yo no sé ellas, pero yo voy muy mentalizada.
Todo menos seguir viendo la cara de mi yerno cuando me ve.
-Hola. Me acerco un momento al pueblo. ¿Queréis algo?
-No, gracias. Luego, voy al mercado.
-Te acompaño. -No, no hace falta.
-Ay, prometo estar callada, Ernesto, tranquilo.
Puedes poner la radio muy alta, no me importa.
-Inés, por favor, no empieces. -Ah, ¿empiezo yo?
-Mira, Inés, ya te lo dije el primer día. Quiero paz.
Te dije que lo mejor sería que nos tratásemos poco.
-Pero es que a mí no me funciona, ¿sabes?
Yo no puedo estar viviendo en casa de una persona...
...y hacer como que no existe, soy una mujer extrovertida.
-Pero yo no, yo soy muy raro, siempre lo dices.
Nunca subo a un ascensor, no llevo ropa interior...
...y además no me gusta discutir. -Te digo que estaré callada.
-Pero yo quiero ir solo al pueblo.
-Entonces qué enredas viniendo a preguntar si necesitamos...
...o no necesitamos.
-Yo sólo intentaba ser amable,...
...¿entiendes? Incluso contigo. Pero es que no hay manera.
Es que siempre tienes que hacer de todo un mundo...
...como, por ejemplo, que yo tenga la necesidad...
...de irme solo al pueblo.
-Es que es así y me voy a ir solo, ¿entiendes?
O sea, que ya me he ido.
-Decidme vosotras si no tengo que irme corriendo de esa casa.
(AMBAS) Sí.
-Esto ya está, ¿no? Tampoco hace falta que brille.
-Ya verás hasta que se sequen esas cortinas.
-Os dije que cerrarais las ventanas.
-Ya las cerramos. -Mal cerradas entonces.
-Pareces una madre.
-¿Yo? Si no pienso tener hijos.
-Esto lo dices ahora porque eres una niña.
-Tampoco pienso casarme.
-Entonces podremos vivir juntos, ¿no?
No me importa. -A un tipo como tú...
...no lo soportaría ni un fin de semana.
-¿Qué tengo de malo aparte de ser simpático,...
...guapo y muy cariñoso?
Campanadas. -El desayuno.
-Vamos anda.
Campanadas.
-¿Qué hacías esta mañana que has desaparecido?
-Nada, que...
He ido a coger esto.
-Qué bonitas, muchas gracias.
-¿Quién te ha dicho que son para ti?
-Idiota...
-Son para pedirte perdón.
Por... lo del intento del beso.
Lo siento. -Peor fue lo mío...
...que me asusté por un rayo y salí corriendo.
-No pasa nada.
Aún estás a tiempo.
-No, aquí tampoco están.
Puede que estén arriba en la casa, te acompaño.
-Sí, mujer, porque quiere hacer turismo rural.
-¡Carmen, Mercedes! ¿Qué?
-Miguel se ha metido en una cañería.
¿Una cañería? -Se ha metido dentro.
¡Corre! -Vamos.
-Te has enganchado con Ernesto y estás disgustada.
-Se ha chivado. -Me ha llamado desde el coche.
-Y la culpa será mía, como de todo.
-Es muy complicado estar entre los dos.
-Pues ponte en un lado.
-Si tengo que elegir, no me queda más remedio...
...que elegirlo a él y lo sabes. -Es tu marido.
-Más raro que un perro verde; pero le quiero.
-Te imaginaba con otro tipo de hombre.
-Y yo, pero...
-Será que tiene virtudes ocultas. -Pues las tiene.
-Mira por dónde. -La vida es una caja de bombones.
-Mejor para ti. Tu padre en el terreno...
...de las virtudes ocultas era muy soso.
-No tienes por qué contármelo. Mira...
Te he encontrado un piso para compartir con dos señoras.
Está muy céntrico, tiene el metro al lado,...
...terraza, son 300 euros al mes, yo te pago el primer año.
-¿Y qué tendré que hacer? ¿Cuidar de las viejas?
-No son viejas, una es más joven que tú.
-¿Viudas? -Una sí, la otra era monja.
No te preocupes que podrás discutir con ellas.
Los viernes puedes venir a casa y quedarte el fin de semana.
-Pero tengo que trabajar. -No sé en qué, mamá.
-Tenéis una señora que va cada día a vuestra casa...
...a limpiar y a planchar, ¿por qué no lo hago yo...
...y me pagáis lo que a ella? -Pero cómo voy a tenerte...
...de señora de la limpieza. -Es un trabajo decente.
-¿Estás discutiendo porque quieres discutir...?
Motor de un coche.
-Vaya movida. -¿Qué?
-Igual le han detenido por no llevar calzoncillos.
-Están buscando a dos chicas y como les he contado...
...que anoche entraron, vienen a ver si encuentran algo.
-Unos intrusos que os hicieron morir de miedo.
-Con permiso. Buenos días. -Buenos días.
-¿Ocurre algo?
-Perdone. Perdone, no se lo tome a mal pero...
No sabía que había mossos tan maduros.
-Me jubilo en agosto, señora. -Oh. Su esposa lo estará deseando.
-Mi esposa hace tiempo que se fue.
-¿Viudo? -Se fue con otro compañero.
¿Podemos entrar?
-Sí, adelante.
-Mamá, has ido a saco.
-¿Tú habías visto alguna vez un mosso d'escuadra tan mayor?
-¡Aquí! -¿A ver?
No veo nada. ¡Miguel, sal de ahí!
-No contesta, pero está. Se ha metido a jugar con un coche.
-¡Chivata! ¡No me haga enfadar!
Voy a contar hasta tres.
Una, dos... -Es que no puedo.
Me he enganchado con algo.
-Carmen, déjalo, vamos a pedir ayuda a los demás.
¡Miguel, intenta darme la mano!
-¡Es que no puedo moverme y me duele el hombro!
-A ver, ¿no será mejor que lo intente alguien más pequeño?
¡Que no cabes!
Un niño, ¿no? ¿Para que se quede atascado también?
-Oye, esta tubería es del regadío del campo de al lado.
Sí, es verdad. A qué hora riegan. -Creo que por la mañana.
¡Miguel, Miguel!
-¿Bioy con Teresa, estás seguro? -Sólo te cuento lo que he visto.
Pero los chicos se enamoran de las chicas mayores.
-¿Pero has notado algo raro estos días?
Bueno... algo he notado.
Pero Teresa sale con Roger. Bioy no tiene ninguna posibilidad.
-Pero es que enamora. Me enamora hasta mí.
Tú eres su madre. Todas las madres se enamoran de sus hijos.
Yo estoy enamorada de este, ¿no es para echarse a correr?
-Mamá, esto es serio.
¿Qué va a ser serio? Es un amor de verano.
Bueno, háblalo con él.
-No puedo hablar nada con él, me odia.
-Te adora. -Pues tiene una manera muy extraña.
¿Qué quiere decir extraña? -¡Ta, ta, ta!
¡La pequeña ametralladora! ¿Qué pasa?
(GRITAN)
(HABLA EN SU LENGUA)
-¡Ay, Miguel, cariño!
-¿Os gustaron las aceitunas?
(TODOS HABLAN Y DISCUTEN)
A ver...
Todos bien. Utrera dice que sólo es cansancio y el susto.
Por una vez ha acertado.
Carmen y Teresa están arriba. -Con tu permiso, me voy arriba.
-Miguel está muy mojadito. Pero ha sido sólo el susto.
-Y a las malditas qué les pasará. -Nada, cariño.
Se las han llevado, pero las devolverán a su país...
...y las van a cuidar muy bien.
-¿Tú cómo lo sabes? -El agente Sauleda me lo prometió.
Truenos. Y la tormenta parece que vuelve.
-¿Nos podemos ir a bañar antes de que llueva?
Sí, pero deprisa.
-Bioy, espera, quiero hablar contigo.
Estaba pensando en estas pobres chicas que han salvado a Miguel.
No podemos hacer nada por ellas. Las van a devolver a su país...
...y las van a tratar muy bien.
-Chicas, una noticia bomba.
Sauleda se va de vacaciones en septiembre.
¡Sauleda, el mosso! ¿A que no sabéis dónde?
¿A Jordania? -¡A Jordania!
¡Ay, ay, ay, ay!
-Mi madre es ninfómana, ¿verdad? No, no, no.
Sólo cuando se pone muy nerviosa.
-¿Qué? -Bioy, es sólo una pregunta.
-Somos tus padres. Si te pasa algo, por qué no lo compartes.
-Porque no me entendéis. Nadie.
-Bioy, ¿estás enamorado de Teresa? -¡Que no! ¿Vale? ¡No!
Me voy a bañar. -Oye, Bioy...
Este se va a Hilton como me llamo Alberto, Ana.
Tanto si le gusta como si no.
Estoy hasta las narices de hablarle como si me disculpara.
-Todos hemos sido adolescentes. Te vuelves egoísta...
-Me da igual. Mientras esté con nosotros, obedecerá.
-Ten un poco de paciencia. -Pues que tenga compasión, ¡joder!
-¡Ay, Alberto, cariño, no llores! -No lloro.
-¿Qué? ¿Volviendo a los 17?
Fumando a escondidas y con las gallinas.
-Sí, me has pillado. Ahora se lo dirás a Paula, ¿verdad?
-No, qué va. Dame uno. -Ah, ¿tú fumas?
-A veces. -¡Hostia!
-Bueno, supongo que estarás contento, ¿no?
Me has mandado a vivir con la monja y con la viuda.
-Pero por qué me dices esas cosas.
No entiendo por qué te caigo tan mal.
-No, no me caes mal, me caes bien.
-¿Sí? ¿Entonces, por qué siempre andas conmigo...
...como el perro y el gato?
-Pues, mira, te lo voy a contar.
pero si se lo explicas a alguien lo negaré.
Resulta que, con mi marido, discutíamos mucho. Y me gustaba.
Sí, discutía muy bien. Y claro, ahora me siento sola si no discuto.
Ya ves, echo de menos ese discutir.
Y cuando te veo a ti, pues me gusta discutir.
Eso hace que me acuerde de él. -¡Vaya! No sé qué decir.
-Pues no digas nada.
(PAULA) ¿Estáis ahí?
-¿Qué hacéis? -Nada.
Aquí, tu marido, fumando como un crío.
¡Ay, Ernesto, me das pena! ¡Supéralo!
¡Y enfréntate a tu mujer, calzonazos!
-Mamá, para un poco, eh.
¿Qué?
-¡Ay!
Llaman a la puerta.
Servicio de habitaciones.
¿Cómo estás, Lara Croft? ¿Quién es esa?
Una heroína.
Espero que se le den mejor los rescates.
Teresa está rara. ¿Sí?
¿Tú qué piensas de lo de Bioy, Roger y Teresa?
Pues que son amores de verano, están en la edad y...
Oye, cuando Teresa te diga: "Adiós, muy buenas".
Que te lo dirá algún día.
Tienes que irte a Madrid. ¿A Madrid a qué?
A vivir. Yo soy de pueblo, mujer.
Bueno, pues Madrid es un pueblo grande.
No me gusta ver llorar a mi hija. Ya, bueno.
¿Tú no lloras?
Cuando estoy sola. Eso no vale.
Yo no lloro, ¿sabes por qué? Porque no tengo tiempo.
Bueno, ¿arrancamos con la comida o qué?
A ver, qué remedio.
¡Eva! De lo de Madrid... Lo pensaré.
Muy bien.
Truenos. ¡Ay, Dios mío!
Va a llover otra vez, eh. Sí.
Truenos.
¡Mira que si aparecen las hijas de la lluvia!
Carmen y Eva ríen.
Truenos.
-Yo pienso mucho, por eso no soy valiente.
-Pero te gustaría serlo.
-Roger, que vamos con más gymkhana.
-Quiero quedar contigo para saber quién eres, quién soy,...
...lo que nos podemos ofrecer...
-Me acabo de dar cuenta de todo. ¿De todo? ¿De qué?
-Soy el nuevo Utrera, nada que ver con el antiguo.
Ahora soy serio y contesto preguntas y lo que sea.
-Y tenía rabia de Gustavo, que todo lo hace bien y nunca teme.
-¡Sí!
¿Cuántas gymkhanas de estas has organizado?
-Ninguna. Ahora ya me quedo más tranquila.
-Si levantas la fiesta, te enteras.
-Me parece que no estoy bien.
-Ta. ¿Sí?
-También tengo que ir al baño. ¿Sí?
Leonor también.
Y sin agua.
-Yo no odio a Roger. Ni me cae mal. Sé que es buen tío.
-Pero soy de pueblo y los niñatos pijos me sacan de quicio.
¿Pasa algo que yo no sé?
-Sí. Bioy nos quiere destrozar la gymkhana que preparó Roger.
-Eso es mentira. -Es verdad.
-Tengo que proponerte algo.
Mira, mañana a esa cena le digo que no.
No, no, no, no, Fernando, yo no te había confirmado nada.
-Gracias.
Nunca se aprende lo suficiente a decir no.
-Ten, campeón.
-¡Niño! ¡Tenemos otra gallina!
-¡Iñaki tiene novia!
Los chicos ríen y gritan.
-¿Pero ¿sabes qué? Una raya.
Y te ocupas de tus animales y sus problemas...
...y yo de los seres humanos; de sus mierdas y miserias.
¡Ay, yo qué sé!
-Conozco un sitio que hacen un churrasco con...
-Cantamos música sacra.
La música sacra y el chimichurri combinan muy mal.
-Lo tengo que hacer y lo haré.
Y lo harás muy bien.
¡Qué nietos más raros tienes, Eva!
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