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Original subtitles

El Condé y la Condesa de Tún.

Su emidencia serenísima, monseñor, el Príncipe Arzobis, podés asburgo.

Mi partícula de viola.

Habéis visto mi partícula para la serenata de la viola.

El viejo está aquí.

Ahora nos toca a nosotros.

Hay mucho lujo al niño de todo.

Diga lo que digan biena y es biena.

Pues podiera ver comprado más velas.

No, señor Jojan.

¿Estáis preparados?

Sí, señor Condé.

Solo que nuestro maestro de concierto no está aquí.

¿Mossas no ha llegado?

No, señor Condé.

Todavía no.

Veréis, excelencia.

Yo creo que el nuevo reinado de su graciosa majestadjo, ese segundo,

fortalecerá a nuestra relación con Rusia, en lo que significa, estoy seguro,

tranquilidad para toda Europa.

El acuerdo de los príncipes del imperio con la política de nuestra gran

emperatriz, sin duda la complacirá gratamente.

A propósito, queridos son en Fels.

Permítame vuestra alteza presentaros al señor von Sonen Fels, consejero de su

majestad, a quien el emperador ha confiado la reforma del derecho judicial.

Señor, alteza.

Es Frank Mason, me han dicho.

Así parece.

Si vuestra alteza me permiso... Sí, con eso.

Acabo de recibir una carta entusiasta de mi prima,

Reinfels, en la que me describe el éxito de Inno Veneo.

Vuestra alteza tiene suerte y te ha de descogir un

maestro de capilla tan valioso como el señor Mozart.

En efecto.

Ayer le escuché en casa de los mesmas.

Mozart te enviene a que dicha para la música.

Alteza, mañana es el concierto anual a beneficio

de las viudas y huérfanos de los músicos de Vena.

El señor Mozart nos ha prometido tocar en nuestro

concierto con el permiso de vuestra alteza.

Por desgracia mañana es imposible.

Oh, por favor, decid que si alteza el joven genio

de Mozart daría tanta brillanteza al concierto.

El señor Mozart debe ocuparse de su subligación.

Atenza.

Se trata de una obra benéfica.

Sí, es una obra benéfica.

Bien, veremos, Arco.

Rápido, rápido.

Pero Mozart no ha llegado, mon señor.

Olocaos en vuestros puestos, eso hará que tiene.

Hay que ver, ¿qué descaro?

Preso en tu aso.

Señoris, buenas noches.

Empezamos por la cerrada.

¿Estás contento de tu hazaña?

Perfecto.

Su eminencia ordena que Abandones vien a pasado mañana,

en cuanto acabe este concierto en el que te han impuesto.

Buenas noches.

Buenas noches.

Señor Mozart.

Sí.

Si no tenéis comprometida la velada, su excelencia el

Varón Fonsón en Fels estaría encantado de recibiros.

¿Qué?

¿Estás horas?

Veste luego.

No, no, no, no.

Todos los hombres son hermanos.

Fonsúiten.

¿Ser hombre es sentir compasión y ternura?

Por la especie humana.

Por toda la especie humana.

Incluidos los negros y los amarillos.

Incluso los judíos, Fonsúiten.

Hacen el favor terrelé a lesing.

Comprendo que os hayan confiado la reforma

de la justicia, vuestro espíritu caritativo.

No, no es caridad, no en absoluto.

La caridad es una idea instaurada por la Iglesia.

Yo prefiero partir de la idea de justicia o mejor aún de humanidad.

En nombre de la humanidad, aboliremos la tortura.

Europa es una... una República de Estados.

Que deben vivir según los mismos principios.

El imperio no puede quedarse atrás.

Respecto a Inglaterra y Francia.

Es un maje también a dado ánimo.

Si pienso llegar tan lejos, como me permita su apoyo.

Lo llamáis política.

Pero se trata de filosofía.

Escuchad Godlief.

No sacáis el cínico.

Vosotros la gente de Teatro siempre queréis aparentar.

¿Qué no creéis en nada?

Son en felestina razon.

El universo no puede vivir más que en un continuo progreso.

Eso es la ley de la existencia.

De modo que se hará la luz.

Si de momento el todo no es aún comprensible.

Y lo será también en la poesía.

Y en la música?

En todo.

No, en eso ya no estoy de acuerdo.

En cuanto al pensamiento, a la filosofía, a tener razón.

Pero la música metemos que de generas intesar.

A ver, ¿qué hemos producido que pueda compararse a Bach o a Genter?

Eso no es muy amable para nuestro amigo Mozart.

Sí, es cierto.

Está aquí Mozart.

¿Qué hasta ahora no ha dicho nada?

Veamos Mozart, ¿qué pensáis vos de todo esto?

Pues yo creo que habéis olvidado a Joseph Hayden.

En fin, es lo que yo creo.

No soy más que un músico.

Pero vale más un músico con talento, que un príncipe sin él.

Estáis al corriente de la misiva que su maje

está enviado a vuestro arzobispo colorido.

¿Ello?

No.

Ah, ¿no?

No.

¿Sabes que el imperio en el carrero debe ser cobernado según mis principios?

Y que los prejuicios, el panatismo, la arbitrariedad y la opresión,

será antes de ahora reprimidos.

Y a cada uno de mis súptitos, les serán restablecidas

las libertades, a las cuales tiene derecho.

La carta ha debido perderse entre bien a Islasburco, ¿no?

Sí.

Desvergonzado.

Privón, cínico.

¿Cómo habéis podido?

¿Cómo habéis podido insolente?

¿Pos ordené que partiera y se el jueves pasado?

No había sitio en la silla de posta.

Y ahora encima...

¿Ventís?

Debo entender que vuestra evidencia no estás a desfecho de mis servicios.

Sus servicios se atreve hablar de sus servicios.

Jamás he estado tan mal servido.

Y a mi jamás me ha costado tanto servir.

¿Qué habéis dicho?

Desaparece, marchos.

No quiero saber nada más de vos.

Ni yo de vuestra evidencia.

Mon señor, mañana tendré el honor de enviaros mi dimisión.

Compré a mis flores, señor.

No son caras.

Señor.

Lo he hecho.

Lo he hecho.

Pero ¿qué es lo que he hecho?

Lo he hecho.

¿Qué os pasa?

Lo he hecho.

Sólo repite eso.

Lo he hecho.

¿Qué ocurre?

¿No estáis bien, señor?

¿Estais temblando?

¿Qué os pasa?

Lo he hecho.

Lo he hecho.

Señor, os encontráis malo.

Lo he hecho.

Lo he hecho.

Lo he hecho.

Lo he hecho.

Lo he hecho.

Lo he hecho.

Lo he hecho.

El señor Mozart, organista.

¿Qué te pasa?

Me pasa que he enviado aquí una carta de dimisión.

Y hace llamas de ocho días que espero la respuesta.

Por una buena razón he guardado esa carta para mí.

¿Cómo?

¿Con qué derecho?

Con el de la amistamosa.

¿Has cometido una estupidez?

¿Y un amigo está para impedir que cometas estupidez?

Pero se das cuenta.

¿Qué sientes deslumbrado por ciertos cumplidos?

Por mujeres de mundo dispuestas a dejarse maravillado.

Pero.

Por cualquiera.

Mañana mismo se maravillarán ante otro y te habrán olvidado.

Creé que nada como un empleo estable es sólido.

Aunque sea modesto.

Pero seguro.

Hablas como mi padre.

¿Has dado en el plavo?

En efecto, tu padre me ha escrito.

Me ha suplicado que obtenga el perdón de su eminencia.

¿Qué dices?

¿Estáis todos confabulados contra mí?

¡Todos!

¡Tú!

¡Mi padre!

¡El arzomismo!

¡Todos confabulados contra mí!

¿Eh?

Arco.

Ahora que te miro, te reconozco, eres como ellos.

¿Tienes su misma cara?

La del poder.

La de la opresión.

La del odio a la libertad.

La del viejo.

Perdido la cabeza.

Puedes decirle a mi padre que... Ah, muy bien, enviaré tu carta mañana mismo.

¿Por qué, mañana?

Porque hoy estás en pleno del idiote.

Con cedo 24... Yo no necesito 24 horas.

Vosan, hasta yo, siendo con de cómo soy.

Se encajar las afrentas, las humillaciones.

Señor Conde.

Quizá vos tengáis razones.

Para dejar a un spiso tear.

Yo no.

Vosan.

No te permite... ¿Qué se estáis hecho para doblar el espinazo?

¡Vamos a hacer órdenes!

Yo no.

Muy bien.

Hasta.

Se acabó.

Sí.

Oh, buenos días, señor Mozart.

Qué agradable sorpresa.

No se esperábamos esta mañana.

Es cierto, señora Beber, pero aquí estoy.

Entra.

Sofia.

Constanza.

Hola.

Joséfa, el señor Mozart está aquí.

De todos modos vuestra habitación, esta preparaza.

Podéis dormir en ella esta noche.

Oh.

Es Sofia.

Oh.

¿La señorita constanza?

Sí.

Buenos días.

Oh, Joséfa, estás ahí.

Qué tal?

Muy bien, gracias.

Señor Beber.

Hacenme un favor.

La mano me guolcan.

Oh.

Entre una patrona y su inquinidad.

Y no eso no suele hacer.

Ahí sube mi equipaje y no lo olvidáis.

Guolpa.

La habitación está al fondo del pasillo, señores.

Allí.

Constanza, ve abrisa la puerta.

Sí.

Qué contento habría estado mi marido.

Os quería tanto.

Entonces, es cierto víspo.

Se acabó.

Para siempre, señora Beber.

Son libre.

Mi vida empieza hoy.

¿A qué os sentireis como en familia?

Volcanca.

El lástima que lo hizo ya no viva aquí.

Está detorné con Lange.

Su marido, ¿sabéis?

Sí, sí, sí.

Lo sé.

Uno de mis juezpedes.

Me presento.

Es Terheim, consejero refrendario en la corte de los condes.

Me presento.

Mozart.

Compositor.

Trabajo por mi cuenta.

¡Trabajo!

El señor Torvarde.

Experta contable de los teatros imperiales.

Un buen amigo.

Y desde la muerte de mi esposo, tu torre de mis queridas hijas.

Constanza, ¿quieres acompañarte una vez al señor Mozart a su habitación?

Hay que repasar esto.

¿Te ocupas tu de eso aquí?

Debo hacerlo.

Mamá pudo casar a Eloísa por su voz.

Yo no canto muy bien, ni soy muy bonita.

Permite que te diga.

Que no soy de ese opinión.

¿De verdad?

Constanza.

Volcan de la mesa.

Ya vamos, mamá.

Ajo, a mí, allí, este mentuciasma.

Me encanta.

Es una obra maestra.

Pero la sala está a medio a día.

Sí, no me había fijado.

Me he querido conde.

Es alguien y dice que no habéis llenado la sala.

¿Qué te dice?

Es una reposición, aunque sea de club.

No será que esta noche una parte de público ha preferido ir a escuchar a Mozart.

¿Qué público?

¿Qué público puede asistir a esos conciertos populares al aire libre?

Porque no hay las cocinas.

La ópera es la música de la élite.

De una clase, se necesita formación tenero oído.

El emperador la autorizado.

El emperador es demasiado muelo.

Se deja influir por todos esos frangmasones.

Los son infels.

Los son bornes.

Sin ellos, Mozart no sería nada.

Soy muy sabelo con él.

Mozart vale mucho.

Vamos a Lieri.

¿No te meáis que es pase delante?

Mozart es un buen pianista, solo eso.

Un pianista que se equivoca al creerse compositor.

Por favor, salieríamos que sois un gran músico.

Si os ocurriría la idea de comporer una ópera con un libreto en alemán.

¿Cómo quiere hacer Mozart?

No tiene sentido.

La ópera solo puede ser cantada en italiano.

Con su rapto del cerrayo, vuestro Mozart.

Y perdonando la expresión, vuestro Mozart se va a dar de morros.

Y me extrañaros en ver que vos apoyéis tal empresa.

Yo no soy más que el intendente de los teatros de su majestad.

Es él quien de él.

Ahí está el autor del libreto.

¿Qué, Estefan y Seguís, con vuestro rapto?

Un lío de turcos cantado en alemán jamás había habido una idea tan ridícula.

Partiendo de que no podemos hacer la cantar en turco, no veo por qué ser más

ridículo hacerlo en alemán que en italiano.

Porque en alemán no se cantó, pero son ideas locas.

Disculpame.

Pero al menos son ideas nuevas, ¿no?

Buenas noches, Rosemarco.

Sí, después de siglos son ideas nuevos, es que no son buenas.

Permitís.

Os lo voy.

Son ideas patrióticas, señores.

Ideas progressistas.

¿Habéis oído?

Se ha traicionado.

Con ciertos populares, la opera en alemán todo eso procede de un mismo propósito.

Al agar al pueblo.

Contra nosotros.

Y aún vais a decirme que la frangmasurería no está detrás.

Yo no digo nada.

¿Por qué te rías así?

Pues porque... Cuando soy feliz, siempre me río.

Y tú, no eres feliz.

Yo?

Sí, sí, soy feliz.

Dímelo.

Un poquito mejor.

Soy... feliz.

Soy feliz.

No tengo que irme.

He de ir a ver a este faní, tengo nacida con él.

Estoy de trabajo hasta el cuello.

Por momentos me parece que en la cabeza me va a estañar.

No puedes quedarte un poquito más.

Oh, solo un minuto.

No.

No.

Voljan.

¿Sabes?

Creo que...

Creo que... No, no lo creo.

Lo sé.

Sé que... que te quiero.

Constancia, no digas eso.

No hay que promiar con esas cosas.

¿Por qué?

Si es verdad.

Pero eso no es una razón.

Entonces, ¿qué hay que decir?

Nada.

Siempre se habla demasiado.

Además, ¿quieres explicarme cómo se te ha ocurrido

dejar tu casa para venir a instalarte aquí?

Pues porque no me llevaba bien con mamá.

Es verdad.

Y luego cuando la condesa fue un basto, tengo mi propóso venir aquí.

Así podemos vernos mejor, ¿no?

Si, no, pero esto es por la noche, no es apodente.

Tu también te ha sido de casa.

Pero... lo mío fue distinto de tu casa no podía trabajar.

No, es porque tu padre te ha escrito.

No, mi padre no tiene nada que ver.

En absoluto.

Es lo que tendrá el contra a los bebés.

Ya estuvo en contra de lo isa.

Constanza.

Constanza.

Que es sofía, vuestra hermanita.

Rápido vuelve a casa o el señor Zobor llamará la policía.

¿Qué?

La policía.

La policía en mi casa.

Vestidos, deprisa.

Y te enseguida calmarlos.

Solo faltaba la policía.

¿Yo también?

Claro que vos también.

Es que nos des cuenta.

La policía, ¿qué escándalo?

No, joven, soy yo quien va a hablar primero.

Fuisteis acogido aquí como un hijo.

La señora Veder, la excelente señora Veder, os ha tratado como un hijo más.

Y vos lo habéis aprovechado para pervertir, para engañar a su hija,

a su propia hija.

Una flor de inocencia a una menor.

Podríamos acudir a la justicia.

Mis serable.

No sólo la habéis desondrado, sino que la habéis

exhibido por todas partes en el teatro, en el práter.

Señora Veder, los paseos por el práter en los sugeristas y vos misma.

Para tomar el aire, no para tomar a mi hija.

Mi constanza, mi pobre pequeña.

Lo veis?

No habéis dudado entre herla de sonre y la

desesperación, al seno de esta familia cristiana.

¿Os dais cuenta del daño que le sabéis causado?

Eso me da derecho a preguntaros cuáles son vuestras intenciones.

¿Cuáles son mis intenciones, señor Torber?

Mis intenciones.

Siento por la señora constanza y mayor apreciar.

Supongo que existían otros medios de demostrárselo.

Y también el mayor de los afectos.

Pero en estos momentos estoy en plenos de ensayos.

El rapto del cerralo va a estrenarse muy pronto.

Y el trabajo no me deja ni un minuto libre.

En Gustavo!

No, se ha impedido llevar a mi hija casa de esa talestina.

Mi querida amiga, déjate que yo trate este asunto.

Vuestra natural indulgercia podría confundiros.

El señor Mozart nos ha hablado de sus obligaciones profesionales, las respeto,

las respeto, señor.

Pero también habéis declarado sentido por constanza tanto aprecio como afecto.

Y esos son términos que comprometen.

Si soy su nombre de honor como careo diría incluso que estoy

seguro, espero que nos negareis a confirmarlo por escrito.

Sólo tenéis que firmar esto.

Por la presente me comprometo a casarme con la señorita constanza, a ver,

en un plazo de tres años.

Sí, pero...

¿Creéis una puerta de escape?

¿La aceptamos?

¿Aperados como ojidos, pero la aceptamos?

Escribir.

Si yo cambiara de opinión, la señora Weber Madre

recibiría de mí una pensión de 300 florines anuales.

¿Vos la veis de sonrado?

Hay que repararlo.

Voy, mamá, dicho que tú no te muevas.

¿Qué es lo que estáis tramando?

Yo no necesito un contrato para confiar en el señor Mozart.

Si quiere casarse conmigo, que lo haga libremente.

Si te manquengan, fregan de verdad.

Si te desarguen los ojos.

El

señor Mozart, el señor ha salido.

Y la señora, la señora Dormeón.

¿Te dije que avisaras?

No se aparece así de repente.

No es una casa extraña, es la de mi hermana.

¿Y la señora es hermana?

¡Señora!

Es vostra hermana con su marido.

¿Vos soy su marido, no?

¿Qué?

¿Elo isa?

¡Elo isa!

¡Elo isa!

Pero si estás más guapa que nunca...

¡Ven aquí!

Déjame darte.

Déjame que te vea.

¡Qué elegante, Dios mío!

¡Qué elegante, lo isa!

¡Oh, Josef!

¡Eso se me das un beso!

¡Vamos a entrar!

¡Entrada!

¡Por favor, entrad!

¡Ven!

¡Ven!

¡Qué os parece!

Estamos bien instalados, ¿eh?

El varón Vetzlar insiste mucho en prestarnos este piso.

¡Admira muchísimo, volgan!

Pero ven a ver.

Ven a ver.

Ven a ver nuestra habitación.

¿La ves?

Oh, tendrás que perdonar el desorden, pero es que aún estaba costada.

¿A las 11?

Pues sí, claro.

Mi estado, el médico me ha recomendado.

No.

Sí.

Ya.

No has perdido en tiempo.

¿Es por eso por lo que hubo que apresurar la boda?

Oh, nada de eso.

¿Cómo puedes pensarlo?

Pero si ni siquiera os he invitado a sentaros.

Esperad.

Sentaros.

Lísel.

Lísel.

Lísel.

Quita todo eso de en medio, ¿eh?

El señor no quiere que toque sus papeles.

Ya le diré que ha sido yo.

Anda, trae unos cafés y unos pastelitos.

Pastelitos?

Ya no quedan se los comió el señor.

Pues, vea la pastelería, eh.

En rápido, ven, seguida la pastelería, corre.

Está engoloso.

Vea, vestirte.

¿Por qué?

¿Te me es por tu marido?

Tonta.

Siempre serás tonta.

Un poco fuerte, eh.

Oye, cuéntame algo de esa turne.

Oh, no hay mucho que contar.

Todo ha hizo muy bien.

El oísa ha obtenido un gran éxito.

Ah, sabéis.

Sabéis que toda bien se disputa ahora a mi bolván.

Tiene por lo menos, a veces tres y cuatro conciertos por semana.

Y alumnos?

Alumnos tantos como quiere.

Ahora mismo, está dando una clase.

Claro que se veo obligado a escoger.

Porque las lecciones dan mucho dinero, ¿de verdad?

Pero eso le impide trabajar.

Ah, pero si no se ha hablado del rapto del cerralo y o todos son intrigas.

El golfan dice que proceden de salir.

Pero ya van 18 representaciones y se pelean por verla.

¿Un recuerdas?

¿Qué saíra, su gran idea?

La opera en alemán.

Pues ya lo ha conseguido.

Yo en su lugar no me haría ilusiones.

Saliría tenido siempre mucha influencia y no quiere más que óperas italianas.

¿Tú crees?

Acaba de firmarlo en un contrato fabuloso para una nueva ópera en italiano.

¿Estáis mal con Salzburgo?

Con Salzburgo?

No, todo va bien.

Cuando volven que tenga tiempo, iremos por allí.

¿Sabes que el permiso de su papá llegó?

Pero el día siguiente de la boda.

Qué interesante.

Con cuidado.

Volván.

Sí.

A divina aquí, ¿está aquí?

¿Quién?

Nunca lo divinarás.

Espero que.

¿Qué esperáis para daros un beso?

Mi marido.

Buenos días.

Buenos días.

Constanza.

Constanza.

Y nuestro paseo.

Nuestro paseo.

Hace un cuarto de hora que estoy abajo.

Si lo había olvidado.

Tenía una visita y... Nuestra amigo, el señor Fonsechakien.

Un alumno de Wolfan.

Mi hermana.

Señora.

Es un marido.

Bien, le cinco minutos.

Voy a vestirme.

Andáven conmigo, Eloisa.

En disculpanme.

A ver.

Muy bien.

Gracias.

Y gracias.

Y no os olvidáis.

Mañana a las tres, como reconstruye.

La vieja también os atrapó a vos, ¿eh?

¿De qué habláis?

De nuestra suegra común.

¿Qué?

Yo también para conseguir a Eloisa, he tenido que pasar una renta vitalicia.

Tuve que llegar a los 700 florines.

Y si no me hubiera defendido, torbarme hubieras acabo el doble.

Por lo que sé, vos habéis salido mejor librado.

¿Qué queréis?

Las hijas de la vez, personas sí.

¿Crees decir que Eloisa está el corriente de todo?

Naturalmente.

Y Constanza también.

No.

No, ni hablar.

Constanza es totalmente incapaz.

Tendrías que haber visto... Yo caí antes que vos.

Lo único que lamento, es no haber podido asistir al ensayo

en familia con torbar dirigiendo la puesta en escena.

Tú esperas el momento y enfonces dentro.

Volguen, has visto mi mantilla.

La rosa, no puedo salir sin mi mantilla.

Comprendelo.

He got freed.

En busca la quieres, tiene que estar por el salón.

Lísel.

Lísel.

¿Sabes?

Querido, Wolfgang.

Sí.

Acaban de contratarme para la ópera impera.

Sí, sí.

Ya lo sé.

Solo que el estreno de Salieri no será hasta dentro de cuatro meses.

Y no puedo esperar tanto para hacer mi reaparición.

No puedo salir así.

No, no puede ser.

Sí.

Y si diramos un concierto, los dos.

Blantes posible.

Podrías escribir algo para mí, un área que te parece.

Constanza, aquí está tu mantilla.

¿Estará para el viernes?

Sí, seguro.

Solo me queda por orquestar la entrada.

Y lo haré esta noche.

¿Man bien las reservas?

Estupendamente.

960 florines a 3 días del concierto, increíble.

¿Sabéis cuánto recaudaron Fischer y Richter?

Apenas 400.

Y son dos.

Y mirad la lista.

El príncipe de ósper, el príncipe de lopcovich, el

príncipe de Lista Einstein y todos los esterjase.

Déjame ver.

Vendrá el buen fondado, Úsper.

El gran espargo.

El hombre flaco.

Y el gordo implante.

Lista está ahí.

Lista está ahí.

Y hasta el vierador.

¿Cuánto honor?

Fontránner, el editor.

Señor Fontránner es un honor.

Pero en mi humilde tienda.

Oh, vuestra modesty es excesiva, Artaria.

Vuestra tienda tiene una gran reputación en viena.

Mi mujer y yo hemos venido para el concierto de Mozart.

Perfectamente.

Inscribirlos.

Y la condesa Bleschta in Borsky.

Oh, señora condesa.

Es un honor.

Inscribirla.

Ah, ese concierto no sé si podré esperar.

Es más fuerte que yo adoro la música.

Sí, soy una loca de la música.

Y de Mozart sobre todo de Mozart.

Por favor, conseguíme un sitio en primera fila.

Quiero ver sus manos.

Me abarció una mirarlas.

Son realmente dipinas.

Se diría que tienen vida propia.

Si la señora condesa lo permite, tenemos aquí al señor Mozart.

Señor.

Oh, oh, oh, Dios mío.

Dios mío, él en persona.

O qué momento siento que voy a volverme loca.

Al fin.

Aquí.

¿Cuánto tiempo he esperado esta ocasión?

Mi esposa y yo estamos encantados de conocerle, señora.

Nos gusta mucho vuestra música.

¿Condesa?

Hasta el jueves, señor.

Podré esperar hasta el jueves.

Oh, estas manitas son divinas.

Pero si parece que tengan vida propia.

Y pretenden entender de música.

¿Compranentradas los imbéciles?

¿Esto es todo lo que le esperimos?

¿Lo sabéis oído?

Claro que sí.

Para ellos, Mozart es solo un virtuoso.

Me temo que no comprenden demasiado su música.

Tened por vuestros dos conciertos de la semana pasada.

Escuchad.

Cuando yo compongo un concierto.

Hago dos partes distintas.

Parte a la música que todos pueden comprender.

Desde el cochero hasta la condesa Blasting Brosky.

Incluso Artaria.

Parte B.

La música para los entendidos.

La que os gustaba si me gusta a mí.

Con solo la parte a... Me avergonzaría de mí y dejaría de escribir.

Y con solo la parte de acabaría durmiendo bajo un puente.

Pero con la parte a y la parte de juntas...

Se obtiene el éxito y la estimación.

A condición de guardar al equilibrio entre las dos.

Creo que ya está.

Deberías venir a mi casa el domingo próximo.

Haremos música entre amigos.

Tengo algo realmente nuevo que enseñaros.

¿Realmente nuevo?

¿Dónde lo habéis encontrado?

Seguro que nunca ha sido impreso.

Me la hice copiar en leísik.

Allí están todas las partiduras de abajo.

Agnirable.

¿Cómo veis?

Nada más nuevo que lo viejo.

¿Tenéis alguna más?

Podéis prestarme las exigas copiarlas.

Aquí hay mucho para aprender.

Lo prodigioso es el desarrollo de las voces.

Es el equilibrio que hay.

¿Es el equilibrio que habla?

No, no.

Paje escribió esto para él.

Solo.

Para él, sí.

Él no necesita público.

Él no.

Léndidíais.

No lo sé.

No importa.

Por favor, ¿cuántas preguntas quedan a un corazón?

Tres, tres.

Creéis, que eran cuatro.

Y en de acuerdo a un tenéis derecho a dos preguntas.

Pero ni una más.

Dos.

Y si fuera un animal.

Un animal.

Baron, son tranners.

Sería una daña.

Un ormizo.

Un... un lince.

No, no lo veo, no.

Y si fuera un mueble.

Un mueble?

Un armario.

Eso.

Mejor.

Un paqueño.

Y es el señor Vetzlar.

Qué bonito retrato me han hecho.

Un armario, un barqueño.

No, nada de eso.

Con banqueño.

Bien, ¿a quién le toca ahora?

Sí, a ti, gofrí, te toca a ti.

Ahí.

La puerta.

Ahora... ¿Quién?

¿A quién tiene que descubrir?

A mí.

A mí.

Por favor, lo hizo.

Pues, a jugar.

Gofrid.

Gofrid.

Vuelve.

Vuelve, por favor.

Bien.

Si fuera... Una flor.

O le rosa.

Una orquidea.

Ah, es una mujer.

Bravo.

Y muy bella.

¿De qué vas?

Si fuera un animal.

Un cisne.

Una gacela.

Una perviz.

Una zorra.

Acaban de decir una gacela.

Una zorra blanca con su pelaje de invierno.

¿Sóis vos, señora?

Según parece.

Atención, van a dar las doce.

¡Adiós!

¿Sóis vos, señora?

Escucha, escucha, escucha.

¡Feliz año nuevo!

¡Feliz año!

¡Feliz año!

¡Pagarrito!

¡Feliz año vuelve!

¡Feliz año vuelven!

¡Feliz año y lo hizo!

¿Dónde estaba este buscado por todas partes?

¿Veves demasiado el oísa?

Noble concurrencia.

O sea, anuncio que para este rebellón nuestro gran y querido Mozart ha compuesto

seis danzas alemanas que voy a tener el honor de interpretar.

¡Gracias!

¡Gracias!

Pero bailar, bailar, por favor.

¡Gracias!

Tengo un rego que acero, señor Mozart.

Ah, sí.

De un bien esposa jamás hubiera atrevido a deciroslo,

pero le haría tan feliz que la tomarais como discípula.

Creo que es una excelente pianista.

Permitís que os quite a mi coñada, salgo por un baile.

Pero ¿qué te pasa?

¿Te has vuelto loca?

El oísa, te lo rueró.

¿Tú me sigues quediéndolo, sé?

Por favor.

Y si que están comparte como siempre, pero de quién tienes miedo.

De su padre, está muy lejos de aquí.

Te constanta de mi marido.

Tranquilizate el pobre, Joseph.

No es capaz de... ¡El oísa!

¡Una!

Lens, por favor.

No, metáis en lo que no se importa.

¡Almas, por favor!

Lens, que estáis loco.

Lens, tranquilizados.

¿Has habéis burrado de mí?

¿Vais demasiado de prisa en el teatro?

Hay que dosificar los efectos.

En el teatro?

¿En qué teatro?

¿Quién soy?

Me presentaré.

¿Daponte?

Lo lento de aponte.

Poeta de la corte.

Libretista de la corte.

La situación es buena, excelente, rápida.

En la ópera bufa hay que ir de prisa.

Pero no tanto.

Deja que la pasión se deslice a través de la acción.

Oh, besos perdidos, besos robados.

Pero si no ha habido besos, no ha habido besos.

Amantes sorprendidos, maridos celosos.

Pero no hay amantes.

Mal entendidos.

Apariencias, laramas y nocentes públicos no saben.

Pero el marido no.

El efecto es seguro.

Pero sobre todo jamás escribir una escena sin haber previsto la siguiente.

Ahí entra el juego, el talento del libertista.

El libertista debe ver en su cometido.

Debe ver en la escena precedente la escena que va a seguir.

Y yo, señor Mozart, veo que vuestra esposa se va a desmayar.

Le llamaremos, Raymond.

Hay que ponerle el nombre del padrino.

Entre nosotros es la costumbre.

Franchamente.

Papa podía haber esperado.

Esperar que, ya tu esposa se le ocurra por fin volver de su paseo?

Hasta que ahora habría tenido que esperar.

Ayer ya llegó tarde.

Él no ha de presentarse hasta las tres.

Le sobraba tiempo, ¿no?

Pero es sus alumnos.

Es su almacén de pianos.

Se mata trabajando para salir adelante.

Con lo que tú le envías, no tendrían ni para pagar nuestra idea.

Le envío lo que puedo y dejemos eso.

Vuestro piso, por lo que dicen, es un piso muy confortable, ¿no?

Lo siento, pero te equivocas.

El baron Betless nos aloja gratuitamente.

Puede, pero... y los vestidos que lleva a tu mujer?

Bien, de acuerdo.

Ya que tú has empezado, hablemos de ello.

Pero claramente... Es cierto que no os envío mucho dinero, ¿pero por qué?

¿Crees que vuestro recibimiento me anima a hacer más?

A ver, y signorada constanza que tenía ilusión por conoceros que deseaba, quereros.

Querernos, Volvo.

Tan ciego te has vuelto.

No te has dado cuenta de que nos desprecia.

De cómo nos detesta.

¡Cállate!

Siempre estuvimos en contra de esa bota.

Ya ya lo sabe.

Es completamente absurdo.

Pues si tanto nos quiere tu mujer.

Quieres decirme entonces, ¿por qué se ha negado a ponerle el nombre de papás su hijo?

No te estás diciendo, ella no se ha negado a nada.

No?

Y cómo se llama su hijo?

Raimón.

No, perdón, a Raimón leopor.

El disgusto.

Que se llevó papá a lentearse.

Estuvo a punto de llorar.

Es posible, pero constanza no tuvo nada que ver.

Fue a besle en el que le puso ese nombre.

Y encima el nombre de un extraño.

Es su padrino.

Este es la nutrida.

Nuestro hijo.

Amuerto.

Bien.

Excelente.

Y siquiera me habéis escuchado.

Ah, sí, sí.

Naturalmente que he escuchado.

¿Qué es lo que va mal, Mosa?

Todo va bien.

No os aseguro que... ¿por qué se ha preguntado?

Es puesta a esposa, ¿verdad?

No logra superar su pena.

¿Es eso?

¿Es eso?

Sí.

Desde que hemos vuelto... llora, sin parar.

No deja a te llorar.

El doctor Varichani ha tenido que recetarle calmante de cetrojas.

A mí también me cuesta acostumbrarme.

No, no es nada, gracias.

Disculpame.

Gracias.

Gracias, gusta.

Puesa no puede continuar viviendo en esa casa.

Les despierta demasiado recuerdos.

Nosotros tenemos en el primer piso una instancia vacía.

¿Por qué no venicios instaláis en ella?

No podemos así de repente.

Mi marido, yo ya lo hemos hablado.

¿El estado de acuerdo?

Por el alquiler no habrá problemas.

Llegaremos a un arreglo.

Gracias.

Y, sobre todo, si necesitas cualquier cosa, nos molestéis.

Os enviaremos a gusta, fele, los atenderá.

No, muchas gracias.

Me las arreglarí, yo solo.

¿Estás enamorada de él, verdad?

No, no es eso.

¿Qué no es eso?

¿Y qué es?

Es tan débil, tan desvalido.

El débil, yo le veo con una vitalidad asombrosa.

Es su forma de superarlo.

El otro día, le encontré en la calle y corría como un aliebre.

Me costó hacer que se sentara para tomar una taza

de café y me contó todo lo que hacía en un día.

Está en pie desde las seis de la mañana hasta más de media noche.

No sabe estar inactivo.

Te aseguro que yo ni siquiera a su edad habría

hecho la cuarta parte de lo que él hace.

Y no has comprendido qué huye.

¿De qué huye?

De su angustia.

Querida, le veo en una pendiente peligrosa.

La mujer que descubre que un hombre está angustiado.

Está predispuesta a quererle.

Predispuesta a ayudarle.

¿Qué más su vida?

Desperdicia su tiempo, su talento, su dinero.

¿Y tú quieres poner en orden sus finanzas?

Darle un sentido práctico.

¿Sí?

Esa también.

Hacer si he entendido bien lo que su mujer no hace.

Su mujer no es digna de él.

Otra frase de mal augurio, querida.

En fin, tú sabrás lo que haces.

Y no olvides que soy tu amigo.

El más seguro de todos tus amigos.

Pero si esto fuera llegar más lejos... Te lo diría.

Te lo prometo.

Mozart!

Mozart!

Mozart!

Bueno, sias.

Tengo mucha prisa.

Igual que yo.

Todo el mundo la tiene.

Sí, pero allí te espera una bella mujer.

Fíjate si es urgente.

Pero Lorenzo.

Lorenzo.

Vende una vez.

Aquí está.

Mi muy querido amigo Mozart.

La señorita Estoreis Inglisa, que acaba de llegar a Viena, contratada por la okla.

Una voz de oro, pero que digo de diamante.

Oh, la ponte, vos no soy mi empresario.

Encantado.

Sí,éntate.

Sí.

No, no, lo siento mucho, pero tengo que acudir a una cita.

Espera.

Y si te digo que tengo un argumento para ti.

Nuevo?

De lo más nuevo.

Un tema excelente.

Lo esposo del uso.

He hecho amérida.

Se trata de una historia.

¿Qué empiezas?

No, no empiezes.

Con tantos ademanes no acabaría esta mañana.

Pero me interesa.

¿Quieres venir el jueves a las cuatro a mi casa?

¿Te va bien?

Nadie te molestará.

Muy bien.

No lamento mucho, señorita, pero los días solo tienen 24 horas.

Y nuestros oficios son los peores pagados de Viena.

Para vivir como un príncipe hay que trabajar como un perro.

Bueno, correcte, señor Mozart.

Es divertido, vuestra amigo.

Lísel, ¿has plenchado ya el mantel grande?

No lo he encontrado, señora.

¡Juidado con la nabla y yachta!

Un poco nympho, poco nympho, con nympho.

Volhan, mira con qué gracia inclina la cabezita.

Buenas tardes, vengo a la hora convenida.

Péntro de dos.

Dos minutos estoy contigo.

Estás en tu casa.

Sobra la recomendación.

Ya me siento como en casa.

Bollón, perdón al ambiente.

¿Te pete?

Tomar café.

¿Por qué no?

Con mucha crema.

La crema es la suiza del café.

¿No está mal?

Ya está.

Es un concierto para una luna.

¿Pavete?

Lo hayé.

Va, la conozco.

Un dime.

Esa pileza con la que estabas el otro día.

¿Cómo se llama?

¿Nan si esto leís?

Tu última conquista.

Una inglesa.

Jamás.

No te conocía esos prejuicios.

No son prejuicios, es prudencia.

Está casada con un bruto.

Un violinista que solo es amable con su violín.

A ella le pega.

No quisiera que hiciera otro tanto conmigo.

Bueno, volviendo a lo nuestro.

En cuanto al liberto de que te hablé...

Yo creo que es bueno.

¿Qué?

Un momento, ordenarlo desde la primera página.

¿Qué ocurre?

Gracias.

Nada, no es más que un registro.

Con todo lo que compongo.

Voy un poco perdido y ya no tomis composiciones con la fecha y los primeros compases.

Es una sabia de decisión.

A propósito de eso.

Bueno, la acción transcurre en Roma... Es mucha.

Cuando la primera pareja a Nibali Emili... No es eso, todos, sabes.

Tenemos otro libro para ingresos y gastos.

Todo está notado.

Hemos decidido poner un poco de orden en nuestras finanzas.

No, fuiste tú.

Se le ocurrió a Wolfen y me parece muy buena idea.

El dinero se nos va de las manos.

A veces creemos que aún nos queda.

Resulta que lo hemos gastado.

No sabemos en qué.

Espera.

Comida en el restaurante, un Florín y 40 Croices.

Yo me das arreglo con 50 Croices.

Me gusta comer.

Compra de un estornino.

Gracias.

25 Croices.

Comida para el estornino, medio.

No, por favor.

No, no iréis a hacerme creer que os sirve de algo y saber que habéis gastado medio

Croices en la comida del estornino, por favor.

Son los pequeños gastos los que desequilibran un presupuesto.

No se les presta atención y de pronto acaban por formar sumas enormes.

Bueno, ¿qué?

¿Pasa contarme tu libreto o sí o no?

Oh, el libreto.

No busques un pretexto para cambiar de conversación, Mozart.

¿Qué tontería?

Tú contándonos Croices.

Nunca lo hubiera imaginado.

Anotar los gastos de un estornino.

Lysel.

Si le pedimos al señor de aponte que se quede a cenar, nos queda algo.

Un buen trozo de ternera.

Un trozo de ternera.

Lo haremos con salsa, ¿eh?

Anda, ven, será mi triunfo.

Le preguntaremos si está de acuerdo.

¿Vienes?

No, no, no, no.

No lo creo, no.

Esa idea no es tuya.

Pondría la mano en el fuego, ni hablar.

Tú un presupuesto, pero porque un un empleadillo todavía.

Pero no, no, no, no, me niego a querer eso.

Dejá que te explica.

Explícame lo que quieras.

No te voy a querer.

No, no, no, no.

Detrás de esto hay una mujer.

Y no es constanza de eso.

Estoy seguro.

Así, ¿qué quién?

Eh, alguna belleza, me imagino.

Solo las mujeres bellas inspiran semejantes ideas.

Pajarito, mío.

Tengo que irme.

Ya llegó tarde.

¿Qué?

¿Se ha movido hoy el pequeño Mozart?

¿A dónde vas?

Por favor, no empieces a pedirme cuentas de cómo empleo el tiempo.

Adiós.

Pero soy tu mujer.

Y tengo derecho a saberlo.

Wolfgang.

Wolfgang.

¿Vais a reuniros con él?

¿Cómo?

No pongáis esa cara.

¿Crees que no veo claras vuestras artimañas?

Tenéis una cita con él, ¿dónde?

¿En qué bordel?

Ah, dejas.

¿No es que vuestra casa no resultaba como dejas?

¿Qué ocurre, señora Mozart?

¿Estáis contrariada?

¿Necesitáis algo?

¿Puedo enviaros a Gustaf si queréis?

¿Vienes?

¿Vienes?

Puedo jorarte que no ibas, ¿un cuento?

No te he preguntado absolutamente nada.

Ni siquiera si dónde está.

No.

Yo creía que él te lo decía todo.

Me gusta este vino blanco.

Cuando uno lo bebe, siente como un escalofrío en la piel.

Péis, Mozart, a veces hay que saber detelerse.

Saber tomarse un tiempo.

Si no el tiempo acaba con uno.

Incluso en la guerra, cuando el ejército avanza marchas

forzadas, hay que concederle un descanso de vez en cuanto.

Bueno, si tomáis vuestros ejemplos de los militares

y por qué no, todo forma parte de la vida.

De esa vida de la que se alimenta vuestra música.

Debéis dejar que esa vida llegue a vos sin precipitar las cosas.

¿Os parece que corro demasiado?

Habráis de marchas forzadas.

Es verdad, yo manté con una especie de guerra.

No sé contra quién, quizá contra el público.

Yo soy así.

Debo estar hecho para luchar, supongo.

Pero la cuestión es saber si sé luchar.

Nuestras comidas en Grinsing...

Os ponen melanchólico.

A quién, a mí?

A la auténtico animador de las veladas bienesas?

Vuestra música me dice todo lo contrario.

Aunque divirtáis a vuestro público con un cierto

estilo risoño, siempre aflora una parte de verdad.

El latido te vueste corazón.

Quizá el problema esté ahí.

A los bienes les gusta que se les distraiga.

Pero sobre todo, sienten horror a que se les conmueva.

Les conozco.

Y lo que habéis escrito aquí es con movedor.

Demasiado con movedor.

No es lo que ellos esperan.

Pues parece bueno ese cuarteto.

Es de las cosas más grandes que se han escrito.

Gracias, señor J.

Me gusta esa tonalidad en mi bemol.

Hay tanta claridad, tanta luz en ese cuarteto.

Y además, la manera de hacer cantar a cada una de esas cuatro voces.

Es la perfección.

Os lo debo a vos.

Sin vuestro cuarteto al duque pol, no hubiera encontrado el camino.

Pero no ha sido nada fácil.

Los sudores que me han costado.

Confidencia por confidencia.

A mí también.

Me habéis hecho el honor de leer tres cuartetos.

Y tengo que si os vaya a agotar la paciencia, soportando tres más.

Que vais a componer naturalmente.

Si, y que quisiera dedicaros como nosotros

tres, a menos que tengáis algún inconveniente.

No, Mozart.

En absoluto.

Bien.

Creo que ya es hora de irme.

El príncipe esterejase y parte mañana y yo debo volver con él la ungría.

Os lo ruego, no la juro es mal.

Es mejor que vuestro coloreto y yo le debo mucho.

Volveré pronto.

Señor Hiding, ¿sí?

Vos, me habéis dicho hace un momento.

¿Qué hay que saber tomarse?

De vez en cuando una pausa.

Creo que hay un lugar en el que yo lo consigo.

¿Le verás?

¿Y qué lugar es ese?

Hablaremos en el coche, si os parecerían.

Con Hiding.

Hiding, me canso de repetirte que estaba con Hiding.

Si, no me crees, me da igual.

No es verdad.

Ya estoy más quieto.

Estaba con Hiding como todos los cuales desde que volvió.

Si, por cierto, me lo habrías dicho.

Estabas con otra mujer.

Yo que sé, interesa o alguna otra.

No te he salido y clases de piano y solo clases de piano.

Y las lecturas, cuando lees para ella, me has leído algo a mí alguna vez.

No te interesa, te ríes.

Ahora todos para ella, tus secretos, tus comunidades.

Deja la teresa fuera de esto.

¿Y por qué?

¿Es sagrada, quizá?

¿Qué tiene ella que no tenga yo?

¿Quieres decirme, no?

¿Es más inteligente?

Lleva mejor su casa con media docena de criados.

Es muy fácil.

Ten, por qué tienes tu libro de gastos?

¡Tómame!

Lleva, sáelo a ella.

Perferiría que me engañaras con la criada.

Yo no te engaño con nadie, ni con la criada, ni con Teresa.

Me niego a seguir viviendo bajo su mismo techo.

No quiero que mi hijo nazca en la casa de esa mujer.

Entiendes, foljan.

Escúchame.

Quiero.

Exijo.

Te exijo que nos mutemos.

Mudarnos, pero esta es loca.

No.

No puedo más.

No puedo más.

No cederé a tus caprichos embarazada.

Métete lo en la cabeza.

De una vez por todas.

A mí tampoco me había dicho nada.

Bueno, Teresa, en fin.

Y esas entrevistas eran muy importantes para vos.

¿Por qué me la sabía y socultado?

Ya sabéis, yo se he dicho.

Lo que habéis dicho está muy claro.

Creía que entre nosotros había una confianza total.

Una comunicación sincera.

Habéis traicionado esa confianza.

Habéis cerrado la reja de vuestro jardín secreto.

Constanza, nos mudamos.

Ya sabía, yo que no podías ser tan malo.

Volcan.

Volcan.

Mi volcan.

Constanza.

Cuidado con el niño.

Vamos y caballeros.

Noble concurrencia, acercados.

Vamos, señores.

Vamos.

El mono no muerde.

Acercados.

Sin miedo.

La pontuí.

Ya está.

Tu esposa ha dado luz.

No, pero que digo.

Sí, ha dado luz.

Naturalmente.

Un niño realizo y precioso.

Carl tomas.

Mi anora buena.

Pero si no he entendido mal, no era esa la gran noticia.

La ponte.

Ya he encontrado el tema para nuestra obra.

Un tema, pero si el libratista soy yo.

Naturalmente.

Camarero, otro puente, por favor.

Bien, bien.

Curioso.

Este curiosidad, ¿eh?

Lo sucede a Ardo.

Ardo un poco.

Escuchad.

Las bodas de...

Figaro.

Estás loco, ¿no?

¿Por qué?

La obra es excelente.

El parís es un verdadero éxito.

Todo bien ha devorado ya la traducción, gracias.

Olvidas un detalle.

Menúsculo insignificante.

Una sutileza.

El emperador ha prohibido la representación.

País hielo ha hecho el barbello de Sevilla una obra.

Y que ellos se país una obra de Bob Marshall.

Pero al lado de las bodas el barbello es un cuento de adas.

Sí, también danza sus dartos.

Pero en las bodas no hay dartos sino cañonazos.

La nobleza.

La religión, los privilegios, la censura.

Se ataca todo.

Es puro fuego.

Es un motina en escena.

Pero se ha acabado por representarla.

Emparís.

Emparís.

Pero en parís, cuando se tiene la élite, el lado uno puede permitirse lo todo.

Además, en parís, todos son respalones y un resbarón más o menos.

Pero aquí no.

Las instituciones, la censura.

Tienes que enfrentarte a personas serias.

¿Cuánto tiempo ha tardado Bob Marshall lograr representarla?

Tres años para perder.

Y yo no.

El emperador es un defensor del progreso.

Voy a confiarte un secreto a Mozart.

Aunque sean defensores del progreso.

A los emperadores no les gusta que se les ataque.

Ve hablar con él y verás lo que te dice.

Taponte.

Tenpeñas en pensar solo en la obra teatral.

No es la obra teatral, lo que hay que presentarle.

No, es ya la ópera.

¿Qué?

¿Quieres trabajar escondidas?

Aquí.

En Viena.

¿Tonde le confías un secreto a la almohada y

a la mañana siguiente lo sabe todo el mundo?

Además, hay otra cosa.

Tú no arriesgas nada, Josie.

Soy un extranjero al que se puede expulsar en cualquier momento.

Una bate que colgó los hábitos.

Y un poco judío, además.

Pero a pesar de eso, el emperador en su inmensa bonda ha querido darme un empleo.

Entonces, lo ves.

Veo sobre todos los 50 cocodrillos que envidian mi empleo.

Dispuesto a aprovechar mi más mínima influencia.

Taponte.

Admitemos que en lo que respecta el emperador tiene razón.

Pero no solo existe hiriana.

He hablado con Vetzlar y le parece bien.

Esta dispuesto a montar nuestra ópera en Paris, en Londres o donde sea.

¿Qué ha dicho eso?

¿El banquero?

Sí.

Me ha dicho eso.

¿Habiendo leído la obra teatral?

Habiendo leído la obra.

Eso, por supuesto, lo cambia todo.

Camareo, otro ponche.

Escúsate, mi cuando cambio de opinión siempre veo algo.

¿Entonces has cambiado de opinión?

Un momento, un momento.

Déjame beber.

Salute.

Bien, pongámoslos a trabajar.

Taponte, taponte, bravo.

Estaba seguro.

Vamos a escribir la ópera de sí.

No tan fuerte.

No tan fuerte, sino todo bien a los habrá mañana, piano.

Pero yo no recuncio a bien.

¿Ya verás cómo encontramos apoyos?

Sí, apoyos serios.

¿Fansuiten sonenfels?

Dine una cosa, Mozart.

Fansuiten sonenfels.

No serás un poco fratma, son, por casualidad.

Al orden, hermanos.

¿Puráis ayudar a vuestros hermanos hombres?

Ser caritativo.

Con todos los que sufren.

Pero juro.

¿Puráis respetar las leyes del Estado y del orden, toda vuestra vida?

No despelar jamás los secretos de los frangmasones a un extraño?

Sí, lo juro.

Y ahora la última y más dura prueba que os queda por hacer.

Debéis sellar con vuestra sangre las obligaciones

que ante nosotros habéis jurado cumplir.

¿Estáis preparado?

Sí, lo estoy.

A la gloria del gran arquitecto del universo

en el nombre sagrado del orden.

En virtud de los poderes que me han sido conferidos

os acepto como frangmasón y aprendiz de esta lógia.

A partir de este momento os llamamos hermano.

Pero no olvidéis nunca como habéis recibido ese nombre.

Desgracia a aquel que traición en nuestros secretos.

El bicio precipita el hombre en la oscuridad.

Solo la virtud le confiere la verdad de la luz.

Solo la virtud es inmortal.

Acabáis de ver las espadas de vuestros hermanos dirigidas contra vos.

Ahora las veis dispuestas a defenderos.

Si vuestros hermanos nunca os abandonarán si el honor

y la virtud os acompañan en todos vuestros caminos.

El trabajo de la lógia de la verdadera concordia ha terminado.

Partí de en paz.

Hermano, me alegro por toda nuestra lógia.

Os lo agradezco sinceramente.

Dejadme decir querido hermano el inmenso placer que

siento al ver entre nosotros a un gran músico como vos.

Muchas gracias, excelencia.

Pero todo el mérito le corresponde a aquel que gracias

a su convicción ha sabido hacer de mí un prosedito.

¿Qué victoria?

Los dos mejores músicos alemanes hermanos de la lógia.

No se había dicho que existía un lugar en viena

en el que podíamos hallar la verdadera concordia.

Y es también el único lugar en el que yo soy el maestro y vos se la aprendizan.

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