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Los árboles, libres, libres, saludos a los árboles.
Somos así.
Me das miedo, hijo.
Y en aos vulgo trata de causar buena impresión.
Tu tío es un hombre serio.
Más serio que mi padre.
El no es artista, es impresor.
Y la hija del hermano de mi padre es tan
seria como mi padre y en hermano de mi padre.
¿Tú primita?
¿Tú es del ruego que sí?
Buenas noches, primo.
Buenas noches, prima.
¿Parecías aburrirte tanto esta noche?
¿Qué pensaba que podría consolarte un poco?
Pero si quieres, me voy.
No, no, quédate.
¿Sabes?
El pie que tocaba el tuyo bajo la mesa era el mío.
¿Pero dónde te cabe todo esto, Wolfgang?
¿Tenía un hombre terrible, de lobo, de oso, de elefante?
Y aquí todo lo encuentro bueno.
Todo me gusta.
¿Sí?
¿Es verdad, tío?
Si supiera ese efecto, que siento por vosotros, es algo increíble.
¿Sales?
Voy a casa de Stein.
¿A casa de quién?
De maese Stein, el fabricante de pianos.
Papá insistió en que le hiciera una visita.
Son los mejores pianos del mundo.
De verdad, dicen que tienen media octava más que los otros.
Te das cuenta media octava más.
¿Vienes va a ser?
Bueno, con vuestro permiso, tío.
Sin mí, me encontrarán un tal sitio.
Bien, vamos a ver este.
Hoy es.
Lo hoy es.
Es un verdadero milagro.
Todo es perfecto.
Te da la impresión de que puede tocar solo.
¿Qué es eso?
Me gustaría verlo.
¿Tocáis muy bien?
Oh, maese, Stein.
Es increíble.
¿Cuándo pienso en nuestros trastos de Salzburg?
Dios mío, parece que mis instrumentos os gustan, señor Mozart.
Me gustan.
Gustarme, no es la palabra.
Son joyas, milagros, violines, harpas.
Son no, señor.
No son más que pianos.
Perdón, disculpa.
Tocar algo para mí.
Sí, y ven.
¿No estás un poco triste o volve?
Eh, triste, ¿por qué?
¿Por qué tenimos que dejar a Osburgo?
Osburgo.
Sin yestra ciudad.
Y el tío Franz vaya a un fantasma.
Magín me es otra cosa.
Allí está el príncipe elector que adora la música.
En tíceny que gastan 200.000 florines solo en su orquesta.
Y...
Es probablemente la mejor orquesta del mundo.
¿No te parece estupenda?
Y a tu primita.
¿No vas a echarla de menos?
Es graciosa.
Graciosa?
¿Solo es?
No.
Es pova.
Barça, huero.
Y el minuto tarde, uno de estos días os veréis en el voletín de sanciones.
Y todavía os preguntaréis por qué.
Buenos días.
¿Qué vamos a ensayar hoy?
La sinfonía de estámit, segundo y tercer movimiento.
Pero empezaremos por el concierto a demozar.
Para Gueling?
Naturalmente para Gueling.
Siempre lo mismo.
En esta orquesta solo cuentan los lautistas.
No os quejeis.
Soy doce de onas.
Nombradme otra orquesta en Europa que tenga doce de onas.
Sí, sí, conforme, pero debemos dividir nuestro mérito entre doce.
Y mi nombre no ha parecido jamás en la gaceta.
Ahora me voy a enseñar.
Ahora me voy a enseñar.
Y sí.
Bueno, os diais, papá.
Ahora os dedicáis a divertir a mi hija.
Bien.
Bien.
Papá, ¿cuál me acaba de hacerme un retrato musical?
Mira.
Es un pequeño agajío de Sonata.
Y si os parece.
Bien, voy a enseñar.
No, ahora no.
Tengo salidor que está.
Ya lo parezta noche y anda a vuelva a casa.
Señor Esa, trabajar.
¿Qué haces, vos aquí, señor Mozart?
Es magnífico.
La música debería escucharse siempre desde aquí.
Pero para colocar al público, se iba bastante incomodo.
El sonido subí hasta aquí comprendes.
Se oye todo en la perfección.
Escucha ese sonido.
Escucha.
Este es una pureza de una transparencia.
Como se conjuntan los primeros violines.
Y esos ataques.
Y las violas.
Escucha.
Las violas.
Que suabilidad.
Casi se las puede acariciar.
Recudado con lo que haces.
Si os caís abajo, nos quedamos sin orquesta.
Mamá, deberías hacer que encendieran el fuego.
¿Sabes cuánto piden aquí por un poco de ella?
Sí, pero no es razón suficiente, pero no es un poco.
No merece la pena, ya que vas a salir.
Pero ahorita...
No, yo no tengo fría.
Ya hemos gastado 800 florines desde que salimos de Salzburg.
Tu padre está disgustado y tiene razón.
Oye, mamá.
No creo que privándonos del fuego.
Podamos resistir aquí.
Sí, sí, ya sé que tú lo deseas irte.
El mismo príncipe hablado de darte un empleo.
Sí, habló, pero después ni una palabra.
Nada.
Y ha habido oportunidad para que una alma
caritativa le recordara que eso sería una frente.
A su eminencia el príncipe arzavispo colorado que nunca se lo perdonaría.
Esos principes lo manejan todos entre ellos.
Sí, pero te hace dar clases a sus hijos.
Y cuando le pido que me las pague, me contesta
que sólo con el honor ya debe bastarme.
Y como todos esos hijos son ilegítimos, encima me pide discreción.
¿Qué honor hay en todo eso?
Oye, mamá, a partir de hoy voy a concederme ocho días, ni uno más.
Y si no consigo nada positivo, una respuesta clara, partimos hacia Paris.
Sí, pero... y tus discípulos y los encargos, el concierto para el señor de Jean.
Pobre, mamá, ¿quieres saber la verdad?
Esa señor me había prometido 200 golden.
Sí, 200 golden.
96.
96.
Y según parece eso será todo.
Escucha, escribele esto a papá veras cómo me comprenderá.
Bueno, voy a casa del copista.
Y por favor, no te preocupes.
Canavich, me ha encontrado uno que no es caro.
¿Muelve a cenar fuera esta noche?
Sí, se lo he prometido a Wengling.
No, volveré a cenar contigo.
Pero, por favor, mamá, prepara algo bueno, como en casa, ¿eh?
No, señor, vos no molesta, es hácete el favor.
Voy a pisar a mi marido, acaba de volver del teatro, está agobiado de trabajo.
Andad, síntate.
Josefa!
Ah, el disculpan, ¿eh?
Sí.
El pochero dentro de 15 minutos a punto de servir.
Sí.
Oh, no, con las niñas, no, vení.
Aquí, sentados aquí.
Gracias.
Mi marido vendrán seguida, ¿eh?
¿Sabes?
Mi papá siempre llega tarde.
Callate sofía, eso son cosas nuestras, molestas al señor.
Nada de eso, señorita.
La sofía es una niña encantadora.
¿Eh?
Ah, eh.
Buenas tardes, señor.
¿Qué deseáis?
Buenas tardes.
El señor Canavich, me he hablado de vos.
Ah, trabajáis rápido, me ha dicho.
No sé si te estas partituras para el que estás dentro de cuatro días.
No sé, y cuatro días.
A ver.
Papá.
Oh, cuatro días.
¿Qué decís?
Hacen falta cuatro días y cuatro noches para copiar.
Muy bien, buscaré a todos los días.
Esperad.
Esperad.
¿Con quién tengo el honor de... ¿Y cuál fue el Mozart?
El señor Mozart?
Sí.
El famoso...
Señor Mozart, señora bebe.
Señor bebe.
¿Sabes a quién tenemos en casa?
Al señor Mozart, el famoso, el el ilustre, señor Mozart.
Me honrais, maestro.
Me honrais.
¿Aceptáis el trabajo si yo no?
Ese lo es un trabajo, es un placer.
Y por el precio no os preocupéis, está tranquilo.
No sé le yo, que no se envíen los algoaciles.
Ese es mi hija.
Es Luisa.
Es la segunda.
Todas están dotadas para la música.
Sobre todo está.
No, no os parece.
Lo hizo.
Mamá quiere que vengas enseguida.
Oh, no.
Porque la habéis interrumpido.
¿Qué ocurre, mamá?
Oh, hija.
El Luisa, ven.
Quiero presentarte al señor Mozart.
Buenas tardes, señor Mozart.
Buenas tardes, señorita.
Vuestra voz.
Tenéis una voz que...
Señor Mozart, no sacéis el honor de quedaros a cenar con nosotros.
Si os conformáis con lo que hay, claro.
Ya sabéis, cuando entra un invitado en casa, Dios entra con él.
Oh, no, lo siento.
Con mucho gusto, señora.
Bofant, coge la bufantana.
No vas abrigado como este vio.
Mamá, voy a caer de la princesa de Oranche.
Ah, del favor.
Conozco a esas princesas.
Manten bien caliente su salón.
Y te hacen esperar en una antigamara sin chimenea.
Esto me queda ridículo.
Durante el viaje, no necesitas estar elegante.
Adiós.
Vamos a llegar tarde, Bofant.
Ah, aún nos queda mucho tiempo antes de la misa.
Y yo que estaba tan contento de poder estar por fin, a solas con vos.
Cuando me habéis propuesto venir aquí, me ha atrevido a pensar.
Pero Wolfgang, para mí Dios no es un pretexto.
Yo lo necesito comprendéis.
Me hace falta encontrar su paz.
Antes del concierto de mañana.
Pero ¿qué ocurre?
¿Qué os pasa, Eloisa?
Os haré que dar mal.
¿Qué me haréis que dar mal?
Sí, habéis demasiado bien de mí a todo el mundo.
Y toda esa gente, ante la que tengo cantar, espera maravillas de mí.
Yo no tengo una voz bonita, Wolfgang.
Voy a decepcionarles y también a vos.
Hay que tener confianza.
Aún no he tenido un éxito, nadie se fijaba en mi en mangén.
Jamás lo conseguire, Wolfgang.
Jamás.
Jamás.
Eloisa.
Ya os lo he explicado antes.
Lo que aún no domináis es la forma de cantar.
Tenéis una voz maravillosa.
Una voz con el don más preciado, el color.
Lo que os falta es únicamente expresión.
No se puede alcanzar la perfección en una nota, si no se le añade expresión.
Comprenéis.
Hay que ser actriz.
Yo os ayudaré.
Yo os enseñaré.
En mi casa no hay dinero.
¿Y quién habla de dinero?
Estoy dando lecciones que me aburren normalmente.
Esta vez por lo menos me compladerá.
¿Qué te dices?
¿Sí?
Sí.
Soy tan feliz, tan feliz.
Pero prometenme que seréis indulgente.
¿Qué?
Al contrario, os haré la vida imposible.
Seré terrible con vos.
Ahora he de vos la mejor prima donna de Europa.
He traído un regalo de cumpleaños.
Pero si es dentro de seis meses.
No, no he vuestro el mío.
Hoy es mi cumpleaños a tomar.
Un área.
No en so donde viene.
Es muy bello.
Pero yo nunca podré ir.
Sí.
¿Para qué ir a París, mamá?
El diablo París.
Cuando pasa la oportunidad.
Y que cogerla por el cuello.
Y está en Italia.
Hay que ir a Italia.
Allí soy conocido, apreciado.
Allí me espera, mamá.
Y con el oísa todo está ganado de antemano.
Mi querida mamá.
Tiene una voz extraordinaria, maravillosa.
Una voz como allí les gusta.
Mamá, voy a escribir una ópera para ella.
Guolfo, ¿an quieres irte a Italia con esa joven?
Ella y tú, los dos solos.
¿Qué?
Oh, no, claro que no, mamá.
Aún estoy en misano, juicio.
Y leemos con su padre en mi copista.
Sí, él será un excelente empresario.
Y con su hermana mayor, Joséfa.
Es un estupenda cocinera.
Así economizaremos.
Y con mis conciertos, mis lecciones.
¿Ej, podremos vivir los cinco de eso?
Los cinco.
Oh, mamá.
Pero si tú estás deseando regresar al Salzburg o se franca.
Esta turné por Italia, lo hará posible.
Así está las contentas, ¿no?
Pero si apenas conoces a esas personas.
¿Cómo puedes embarcarte con ellos en esa aventura?
Mamá, no hace falta conocer a las personas 100 años para apreciarlas.
Quiero a esa familia y deseo hacerles felices.
¿Comprendes?
Deberías conocerles.
Son íntegros, honrados, cristianos y tienen principios.
Sin embargo han tenido mucho infortunio, incluso han sido perseguidos.
Pero son incapaces de entregar y el oíso.
Estás loco.
Completamente loco.
Mamá, jamás he sido más razonable.
De Manhattan ya no puedo esperar nada ni de París.
Nada.
Pero en París, Wolfgang, está el señor Grim.
Dicen que ahora es un personaje importante.
Sí, y en Italia está mi público.
Es más seguro.
Ya le he escrito una larga carta a papá.
En la que se lo explico todo.
¿Me dará la razón?
Lo aprobará, ya verás.
¿Quieres añadir algo?
No.
Ese buena hiéchala al correo.
Yo no tengo tiempo.
Tengo una cita, gente.
Con el oíso.
Qué bien, ¿me conoces?
¿Lo adivinas todo?
Mamá, te adoró.
Soy tan feliz que había olvidado mis partiduras.
Por suerte, me he dado cuenta antes de que...
¿Qué estás haciendo?
Pero, mamá, Wolfgang.
..
...se ha vuelto completamente loco.
Los beberles tienen en sus manos.
Esos beber son una familia de intrigantes.
Son bien conocidos en la ciudad.
Intentan aprovecharse de él.
He pedido informes acerca de ellos.
El padre es un minutil a quien por compasión dan trabajos de copista.
Quieren echar a su hija en los brazos.
De Wolfgang.
¿Qué significan estas mentiras, mamá?
¿Cómo te atreves a escribir esto?
Si has escrito esto, estás en contra de mí.
Sí.
Tú.
Así que les hablas mal de mí a los demás, ¿eh?
Has pedido informes, me espías a mí a tu hijo, ¿no es así?
Había que poner al corriente a tu padre.
Sí, con esta salta de mentiras.
Mentiras, todo cierto.
Todo nada de esto es cierto, todo es falso.
Pero anda, anda, anda, envía esta carta, envía la...
...nuestra carta con esa despreciable postata... ...y verás como papá me apoyará.
Se pondrá de mi parte.
Estoy seguro.
Me dará la razón a mí.
Anda, ve a correos.
Date prisa.
Mi querido, hijo.
Tu carta del día 4 me ha llenado de estupor y de temores.
Tu proyecto de emprender una tournée con el señor Weber y sus dos hijas...
...a estado apunto de provocarme un ataque.
¿Cómo puedes pensar en recorrer el mundo con unos extraños?
¿Cómo puedes olvidar tu reputación?
A tus ancianos padres.
A tu querida hermana.
Es increíble.
Tu carta es una sarta de insensateces.
¿Cómo has podido pensar siquiera en la idea de ese viaje?
¿Estás dispuesto a hacer de mí el admérder del príncipe?
Y de todo el mundo.
Además, que empresario italiano va a tomar...
...se en serio, llevando como prima donna a una joven de 17 años...
...que en su vida ha subido un escenario.
Ve a París.
Busca el apoyo de los grandes.
Allí están la gloria y el éxito.
Esa locura tuya me ha costado ya de más edas noches sin dormir.
Y quiero saber con la mayor exactitud cuánto dinero os queda.
Mi querido, hijo, tus padres son lo principal.
Si no piensas en ellos más que en títual, más está perdida.
Recuerda lo triste que me sentía la mañana de tu partida.
Había estado haciendo tu equipaje hasta las dos de la madrugada...
...y a las seis ya estaba de nuevo en pie.
Ve, pues, a París, interdanza.
Mamá te acompañará para una mejor impresión.
Tu padre que te quiere lo volto.
Constanza, sofía, hiros.
Oh, no, mamá.
Hiros!
De modo que vuestro padre ha dicho no.
Hay que comprenderle.
Ha hecho ya muchos sacrificios.
Y se ha cubierto de teudas.
Mi hermana se ve obligada a dar clases.
Sí, cuéntan conmigo.
Así que... Mi padre quisiera.
¿Qué es lo que quisiera?
¿Qué vaya primero a París?
¿Cuándo?
Mañana.
Y él lo ha reglado todo desde Salzburg hoy.
¿Y vos aceptáis?
Sí, bueno.
¿Aceptáis?
Eloisa, pienso volver.
Sí, y volveré muy pronto.
Eloisa, os lo juro.
Eloisa.
No.
La comedia ya durado bastante.
Pero mirados en un espejo.
El gran moza, el maestro.
Que iba a lanzar a nuestra Eloisa.
Papa Silva y el perrito vuelve a la perreira.
Eloisa no es suficiente para vos.
¿Qué es lo que dice vuestro papá en esa carta?
¿Qué es lo que dice?
Enseñarla.
¡Vamos!
Enseñarlas y os atreveis.
No, claro que no os atreveis.
Dios sabe qué inmunticias.
¿Sabéis lo que os digo?
Que soy un monigote.
Un monigote, señor Mozart.
Me dais pena.
Y tú no te metas en esto.
No eres mejor él.
Bueno, vos también debéis comprenderla.
No he tenido una vida fácil, cuatro hijas.
La mayor ya debería estar casada y no hay manera de casarla.
Y yo, que soy un fracasado.
Así que también quisiera deciros que Eloisa...
No hubiera sido la mujer que os hace falta.
Oh, sí sí, crede.
Os hubiera decepcionado, tiene una bonita voz, pero...
...pero nunca hubiera sido una interpreta.
Yo sé lo que le falta como interpreta y como mujer.
Le falta un poco de esto.
Sí.
Pero yo la quiero.
Si, lo sé, lo sé.
Amamos y nos equivocamos.
Esperad.
Llevamos lo de prisa.
No quisiera que mi mujer lo viera.
Es un pequeño recuerdo para vos.
Las obras de molier.
O se puesto una pequeña dedicatoria en italiano.
No creía las cosas.
Cambiarían de este modo.
¿Qué os ocurre?
París.
¿Perdón, en sensación, en sensación?
Señor aduquesa, el señor Mosa te sería veros.
Oh, no, por favor.
¿Pero insiste?
Ah, Mosa.
Sí, claro.
¿Qué espera?
Estoy en plena inspiración.
Bien, señora.
Pasad, señor.
Ah, señor Mosa.
Mi salud es más respetuoso, el señor aduquesa.
Dios mío.
¿Tenéis los dedos helados?
No hacía calor en vuestra cámara, señora
aduquesa, y he estado esperando bastante rato.
Disculpa, pero aprovechaba mi inspiración.
Mira, grim, me habla de depósco en un rociasmo que hasta me ha sorprendido.
Ahí tenéis el piano.
Este piano es un regalo de mi suegro.
O sea, escuchamos.
Dejadme pasar.
¿Y bien, señor Mosa?
Faltan notas en vuestro piano, señora aduquesa.
Supongo que es más o menos igual que el vuestro.
No creo que tenga importancia.
No puede ser mejor.
Pues es cierto.
Me parece increíble.
Por mí, ¿no?
Ya sé que parece increíble, pero ahí estaban los dos bien quincitos.
Y vos, contemplándolo todo.
Y todo el mundo no se ocultaban en pleno baile.
Él la ceña por su fuerte brazo por la cintura.
Y ella me quina tutra mequilla.
La mosquita muerta.
La innefable, señora Rambo.
Os imaginais el escándalo.
Señor Mosa.
Sois vos, quinta clases a mi primaquina.
En efecto, señora aduquesa.
¿Irea allí en cuanto salga de aquí?
Dadle mucho de recuerdos de mi parte.
Señor.
Señor.
Señor.
Señor.
Mon señor y la señorita estarán en el campo una semana.
Pero si estaba citado para mis clases de composición.
Lo siento.
Al menos podrían haberme avisado.
Mon señor no se habrá acordado.
¿Es señor?
Sí.
No ha dejado monseñor el importe de mis lecciones.
Desde luego, monseñor ha tenido a bien no olvidar eso.
Tres luises.
¿Cómo?
Pero... 24 lecciones son siete luises.
Siete luises, decís?
En ese caso no tendréis más que reclamarse la monseñor...
¿Cuándo hayas regresado?
Oh, vaya, buen link.
Buenas noches.
Buenas noches.
Mamá.
Os que vais a cenar... Mamá, se lo habrás pedido, supongo.
No, me perdonaréis, pero salgo de viaje mañana a primera hora.
Y mi equipaje aún no está listo.
Regresáis, mamá.
Soy su nombre de suerte.
¿Hay de todo bien hoy?
Me pregunta si hay de todo bien.
¿Eso me preguntas?
¿Cómo quieres que algo vaya bien en un país donde todo va al revés?
Claro, tú no sales nunca y no puedes saberlo.
Parece que todo se haya congelado, endurecido.
En la calle la gente se ha vuelto a risca, incluso mala.
Le preguntas cualquier cosa a alguien y te conteste como si fuera a morderte.
¿Recuerdas, mamá?
¿Enviene a nuestra encantadora María Antonieta?
Si pudieran tenerla aquí entre sus manos, me
imagino que la colgarían de una de sus farolas.
¿Cómo puedes decir eso?
De una arena.
Gueling, sentaros.
Vos no podéis daros cuenta, sólo habéis estado aquí seis semanas.
Y en los salones aún es peor.
Prodigioso, sublime, extraordinario.
Pero no pasa de ahí.
Es como si no fuera yo, quien está allí, como si no existiera.
¿Cómo sea un fuera del niño prodigio?
El adorable niño prodigio de siete años, Mozart, el divino, el pequeño Mozart.
No, señora, ya soy un adulto.
El compositor alemán, Wolfgang, nada más deus Mozart.
Los franceses tienen sus problemas.
Perdona, me he dejado llevar todo lo que pido y poder escapar de París.
He asistido al concierto espiritual de hoy.
He visto alegro.
Está dispuesto a hacer que toquen vuestra sinfonía.
Me lo ha dicho él.
¿Cómo acercaso de ese cínico?
Me hizo componer una sinfonía concertante y
acaso ha hecho que la interpretaran contestarme.
No, pero me lo había tramitido, jurado.
Y guarda el manuscrito en un cajón, no ha hecho copiar ni una nota.
Yo creo que es lo lamenta, sinceramente.
Deberías verle.
Para que me haga hervir la sangre con su pedantería
y con sus continuas advertencias sobre algo.
De lo que entiende menos que yo.
Gracias.
¿Sóis vos quien decidís?
Buenling, hazanme un favor antes de iros.
Toquemos juntos como hacíamos en Mangame.
¿Tenéis vuestra frota?
Sí, pero... Vamos.
Sí.
Buenling.
Buenling.
Decínme, queréis llevar a Mangame una carta y un área.
Gracias.
Si no me equivoco ambas cosas, son para el oísa.
Llegarán a su destino, descuidad.
Pero como amigo, debo deciros que no sé cómo la recibirá el oísa.
No olvidáis que el tiempo alteran las cosas.
Bien, tocamos.
¿Qué deseáis?
Estoy trabajando, ¿entendéis trabajando para hacer ruido inmediatamente?
Es horrible.
Señor, ¿por qué es?
Yo con este ruido me gano la vida.
Así que debo ensayar.
Yo toco en bailes populares, no en casas de princesas.
Si no os gusta la contradanza, tapados los oídos.
Déjalo, Pierre-Marie.
¿Cómo quieres que esas gente les lo comprentan?
Cierra la puerta.
¿Y Grim?
Grim?
Grim es como todos los pariciences.
Lo único que le interesa... Es saber si Pichini triunfará sobreglue.
O al contrario.
A mí me tienes inquidado a su disputa.
No pienso ponerme de parte de ninguno.
La carta de tu padre...
ni siquiera las ha abierto.
Ya conozco su contenido.
Los mismos consejos, sus eternas, la menta.
Puedo leerte la ojos cerrados.
Nunca me haces caso, Wolfgang.
Mis consejos son inútiles.
Te repito que veas a Grim.
Piensan el gusto de los franceses cuando compongas.
Y también en las dedas que he tenido que contraer por ti.
Mamá.
¿Quieres que lo compruebe?
Te estoy cubierto de deudas, Wolfgang.
Ni siquiera tengo para comprarme un batín nuevo.
El viejo está tan raído que tengo que esconderme cuando llaman a la puerta.
Te olvides de tu madre que lo ha abandonado todo por ti... que sufre mucho por...
Mamá.
Mamá.
Mamá.
Mamá.
Es cierto.
Pero es desgraciada conmigo.
Mamá.
Te dejo sola, muy a menudo, ¿verdad?
Mamá.
Mañana era ver alegrado, te lo juro.
Seré más complaciente y haré caso a mi padre.
Mira, pero es un buen proyecto, ¿sabes?
Mi cifuría esta escrita del gusto de los franceses.
Mamá, por favor.
Te de algo.
Te de algo, mamá.
Por favor.
Estoy tan cansada, Wolfgang.
Tan cansada.
Tú, por lo menos, pece gente.
Vas bien, vuelves cuando te place.
Yo...
Yo... Ya meces pienso que voy a perder el uso de la palabra.
Me gustaría tanto volver a perder a tu padre.
Y anander, sí, volver a perderles.
En parís, me queríamos dar.
Los primeros compases son vitales.
Se han visto fracasar óperas en los primeros compases.
Nuestro público es así, inflexible.
Nuestro primer movimiento me parece extraordinario.
Lo habéis entendido perfectamente.
Lo agrademos un éxito.
Gracias.
A lo sumo, si me permitís una pequeña observación,
el segundo movimiento está bien muy bien.
Yo diría incluso que es maravilloso.
Pero quizás sea un poco... Oh, como decirlo.
Módulo demasiado.
Exactamente.
Y además, puede que no sean lo suficiente.
¿Tantante?
Oh, eso es.
Siempre encontráis la palabra justa.
Os haré esos arreglos, señor reglo.
En una semana tendréis el nuevo andante.
De veras, podríais hacerlo.
Sí, sí.
No me atrevía a pediros lo.
Eso es muy complaciente que ídamos.
Oh, no.
Pero... Ya empiezo a acostumbrarme.
Mamá, mamá.
Mamá, ¿qué te pasa?
Mamá, mamá.
¿Qué te pasa, no?
Mamá.
Mamá.
Mamá, ¿me oyes?
Mamá, ¿me oyes?
Dime algo, por favor.
Mamá, ¿qué te pasa?
Contesta, mamá.
Mamá, te lo ruego.
Mamá.
Mamá.
Brite, abrite, por favor.
Abrite, por favor, abrite.
Ay, una enferma.
Abrite, por favor.
No hay nadie.
O, señor, os lo ruego.
Brita, ayudar a mi madre, señor.
Mi madre está inconsciente.
Oh, Diego, que no hay nadie.
Esperad.
¿Lisperad?
Señor, por favor.
Ayudad, me ha desnudarla.
Pensad, demasiado para mí.
Gracias.
No sé qué le pasa.
Viemaria a ir a buscar un médico.
Ah, sí, y gracias.
Gracias.
Ah, sois vos, mi querido Mozart.
¿Qué os trae por aquí?
Señor Grim.
Vegeis.
Mi cifuría va a ser estrenada pronto y he pensado.
Si lo sé, el agró me lo ha dicho.
Al fin lo habéis comprendido.
Bravo.
Y queréis que yo le de la resonancia de vida, ¿no?
Está tranquilo, Lore.
Solo era eso.
Tengo mucha prisa, Mozart.
Señor, mi madre ha caído en ferma.
Llevo ya seis días.
Es el tiempo, no se ha ganado a grave.
El médico dice que es un tifo intestinal.
Eso se cura, ahora se cura todo.
Os ha de una nota para mi médico personal, el doctor Mercedes.
Mi madre quiere un médico alemán.
Sí.
Señor.
Los medicamentos, ver.
Tendría que... necesito dinero.
Entiendo.
Mozart.
Mozart nunca habéis habido administraros.
Vuestro padre me escribió sobre ello.
No hace mucho afortunadamente.
Estoy aquí.
Uno, dos, tres, Luis.
Es tres, Luis, es bastante.
Llevo.
Llevo.
Querido, mi hijo.
Llevo.
Llevo.
Cogeme bien.
Cogeme.
Me caigo.
Estaba tan oscuro.
Estoy a tu lado.
Mamá.
Estoy aquí.
No puede pasarte nada.
Yo.
Quiero ser feliz con tu hijo querido.
Toda la vida.
Que guapo eres leopad.
Que guapo eres, Mús.
Esa es el yo, Wolfgang.
Soy tu hijo.
La música me da miedo.
Solo vives para la música.
Quiere mi nante como ella.
Estaba tan oscuro.
Y de descansar, yo la velaré.
Gracias por la ayuda que me habías prestado, señor Guín.
Pesos, pocos Luis'es.
Quince, según creo, no le dais importancia a mi querido, Wolfgang.
¿Qué leís un consejo?
Vos no estáis hecho para París.
Aquí hay que ser, astuto, adular, insinuarse.
No ponerse a nadie en contra.
Os hubiera preferido, con la mitad de talento,
o el doble de... de saber hacer de hipocresía.
Os hablo como amigo.
Volvetas al burbo, allí está vuestro sitio.
Wolfgang.
Al fin ha regresado.
Está resentida contigo.
Hay que comprenderlo.
Recentida conmigo.
Por lo de mamá ese viaje a París fue lo que la mató.
Si no se hubiera visto obligada y el contigo, no quiero aumentar tu pena,
pero tú eres un poco responsable de la muerte de tu pobre madre.
Espera.
Padre, he viajado todo el día.
Tengo que... Espera.
Tres, él ya recogerás la vez más tarde.
Me gusta poner las cosas en orden.
He hecho nuestras cuentas todo hasta aquí.
Te fuiste con tres cientos florines que me prestó a Venezuela.
Más dos cientos florines para cubrir tus gastos en Mangén.
Pero Padre, callate.
Y se frente a tus gastos en París, mediante una
letra de cambio de cientos de diez florines.
Más ocho luices de oro que son 88 florines.
Más...
El mes pasado, 165 florines.
165 florines del mes pasado.
Quince luices de oro al cambio actual que le pediste al
señor Grim y que tendré que devolverle y ya me has cripto.
¿Acaso creías que iba a regalártelos?
Después de 14 mesos de ausencia, vuelves con 165 florines y 12 croices.
Resumiendo para permitirte correr tras tus quimeras, me he endeudado en 863 florines.
De perdón, o los croices.
Padre... ¿Fuiste tu quien quiso ese viaje a París?
Para ganar dinero.
No para pedir lo prestado.
No para arruinarnos.
Por tu culpa, tu hermana no tiene duty.
Si se presentara un pretendiente, ¿qué podría decirlo?
Cuando pienso que a mi edad después de haber servido en la
corte, he tenido que recurrir a abrir un almacén de pianos.
No quiero morir dejando deudas.
Y a tu hermana en la miseria, habrá que esforzarse hijo para devolverlo todo.
Entre los tres podemos lograrlo a condición de trabajar.
Nunca he dejado de trabajar.
Cuando digo trabajar, digo buscar un empleo.
El arzobispo está dispuesto a perdonarte.
El arzobispo.
Javas.
Vasta.
Vasta.
Me oyes.
Deberías darme las gracias de rodillas.
Tenemos una oportunidad.
Nuestro viejo amigo al gáser acaba de morir.
Escribirás inmediatamente solicitando su puesto de organista en la corte.
Yo te dictaré.
Salzburgo, 1780.
Ay, eres tú.
¿Quieres beber algo?
Vájamos, Michel.
No tenemos tiempo.
Prometimos a Chicaneter que esta noche iríamos a su última representación.
Chicaneter.
Chicaneter se burla de mí.
Todo el mundo se burla de mí.
Hasta mi mujer.
Tú también te burla de mí.
Claro, señor Hayden, claro que sí.
Ah, muero oracio.
El veneno se apodera de mi espíritu.
Pero profetizo la elección de Fortinbras.
Dale a conocer los acontecimientos transcurridos.
El resto es silencio.
Buenas noches de frígnios.
El canto de las cortes de ángeles te acompaña hasta el reposo.
Que Hamlet, como un soldado, se ha llevado sobre un escudo por cuatro capitanes.
Tan sólo la ocasión le faltó para demostrar sus cualidades de verdadero rey.
Que las alvas guerreras y la música militar resuenen a su mar.
Me la soporto.
Hace que me dolan la cabeza.
Vamos, vamos, vamos, vamos, Prisa.
De pasar el vestuario.
A ver los trajes aquí.
Vamos, vamos.
Que suplicio.
Esos cerdos están difíciles esta noche.
Solo un telón.
En fin, eso no es nada.
La semana pasada me silvaron.
Silvara y espirra.
Hola, Wolfgang.
¿Qué tal estáis?
Salud, Hayden.
Buenas noches, señor.
Daos Prisa, dentro de media hora nos vamos.
Mañana las dos ensayamos en Tronstein.
Ay, no hace esta noche.
No has estado bien.
Haciendo el aspecto.
Que no?
No, que no esta.
No has estado bien, movías a la risa.
Y yo le por si es una estela peligrosa.
Estoy pensando en cortarla.
Señor Chicaneza, su traje.
Ah, sí.
¿Cortar a Shakespeare?
En el teatro no se hace otra cosa.
Ah, propósito.
He leído el texto que me dejasteis.
De la ópera alemana que habéis escrito.
¿Cómo la tituláis?
Ah, sí, de eso es.
Recogélo, está sobre la mesa.
Decidme.
¿Quién nos ha hecho esa chapuzza?
Un viejo amigo mío.
¿Por qué?
No tiene talento demasiado largo.
En el teatro regla número 1, acción sin presión.
Regla número 2, cortar, cortar siempre.
No cortado.
Nunca es silbaro.
¿Qué?
¿Estamos todos?
Muy bien.
Ay, Luna.
Podremos viajar toda la noche.
Vamos allá.
No falta nadie, Manuel.
Bien.
Nos hemos olvidado la ciza de los hombreros.
Bueno, gracias a los dos.
Me habéis facilitado muchas cosas en Salzburgo.
Ah, Salzburgo, capital de los placeres.
Nos echaremos.
Nada de emociones inútiles.
Ya volveremos a encontrarnos en cualquier caso vuestra música.
Es excelente.
Es el libreto lo que no vale nada.
¿De verdad?
Bueno, vámonos.
Soñáis con ellos con ellos.
Decesionado por vuestra feina.
No.
Chicanecer tiene razón.
No hay que continuar lo que ha empezado mal.
Lo dejo.
Además, no tengo ganas de trabajar.
Es ver, Gonzalo, solo que veo.
¿No?
Me estoy matando.
Bueno, pues me mato.
¿Qué más se puede hacer en este infierno?
Vos, al menos, soy músico.
Un gran músico, Michel.
Vasta, ya está bien.
Un gran músico, vulga.
No sé cómo lo haces.
Vuestras harmonías, vuestros temas, son casi iguales a los míos.
Pero ahora, cuando escribís, se me agarra aquí.
Y ya no me deja.
No, no estoy borracho.
No, claro que no.
Ni tampoco estoy celoso.
De mi hermano sí, estuve celoso.
Pero de vos no.
Vuestra sinfonía, concertante, es la música más bella del mundo.
Marchaos de aquí, vulga.
Hay momentos en que las fuertes acaban y uno ya no puede seguir.
Marchaos.
Un disculpadme.
¿Sabes dónde esté tu hermano?
No.
Creo que le ha dicho a Teresa el que volvería para almortar.
Bueno.
Perdóname un momento.
¿Qué ocurre, papá?
Disculpadme, señorita Sifel.
Ocurre que el arzouíspo quiere ver sin falta, vulga, en esta tarde, en palacio.
Está fuyoso.
¿Qué otra cosa puede haber hecho tu hermano?
Nunca podría estar tranquilo.
No habrá hecho nada malo.
Desde que llegó ha cambiado totalmente.
Es puntual, doci, hace todo lo que le dice.
Ahora le defiendes?
Solo digo la verdad.
Y es cierto, te preocupas demasiado por él.
Y eso no te conviene.
Con el retraso, como siempre, si creéis que tengo tiempo para esperaros,
estaba trabajando para vuestra experiencia.
Bien.
Os concedo seis semanas, ni un día, ni una hora más.
Estoy enteramente a las órdenes de vuestra evidencia,
pero seis semanas para que la corte de Baviera os reclama.
Allí se os aprecia, me pregunto por qué.
El abate, Clint Mayeros, dará los detalles.
Se trata de una ópera.
¿Cuál es el argumento?
Y domenero, rey decleta.
Lo conozco, eminencia a lo conozco.
Trata de un rey que, por escapar de una terrible tempestad, promete aneptuno que
sacrificará al primer hombre que encuentre en la orilla.
Y se encuentra con que ese hombre es su hijo.
Sí, ya veo, una necesidad.
Tenéis suerte de que estoy de bueno humor y de
que necesito estar bien con la corte de Baviera.
Ah, por supuesto, confío en que dejéis emolluar mi capilla.
El abate, Varezco, también lo procurará.
Él escribirá el libreto.
Pero creéis que el abate, Varezco, podrá.
Tú te en el corpi, sento, furie del crudo aberno.
Lungu así, gran tormento.
Amor, Mercé, Pietá.
Aquí, mi rubo, quel core.
¿Cuál que ha tradito el mío?
Provin dal mío, furore.
Bendeta, e crudelta.
Y ahora, señor Mozart, vuestra opinión, por favor.
¿Entonces es muy malo?
No, no, no, no es muy malo.
Es bastante malo, eso sí.
Cañate, puede huirnos.
No, está en el campo.
¿Así?
El parecer está mejor allí para recogerse y trabajar.
Para lo que sirve podría trabajar en la ciudad.
Es de una pesadilla.
Hay que cortar, cortar, cortar.
Cortar.
El texto de Varezco.
Por supuesto.
¿Se lo has dicho?
Naturalmente.
¿Y él ha sentado?
Hasta ahora sí.
Incluso ha vuelto a repetir todo un fragmento.
Solo que...
Mañana salgo para Monique.
Así que si ha de hacerse algún cambio más
en el libreto, será tú quien se lo explique.
Yo.
¿A Varezco?
Sí.
No sé.
Dile que lo cortado nunca es silbado.
Pero... A parte de ti, ¿quién quieres que lo haga?
¿Nanel?
Sí.
Ah, no, no.
Pero cómo se atreva a pedirme eso.
Hay frases que son más brillantes que otras y las cortas.
¿No queda nada?
Quiere modificaciones, pero... ¿Quién se cree que es?
Y además, además... esa manía... esa manía de suprimir los
apartes con la excusa de que la acción se hace más lenta.
Hacete el favor, señora.
Al señor no le gustan los apartes.
El señor suprime los apartes, ¿eh?
Pero cómo?
En una ópera.
Los apartes en una ópera son lo mejor.
¿Cómo dice el gran metastasio?
Pero es posible que vuestro señor hermano...
se crea más grande que el gran metastasio, ¿eh?
Decidme antes que nada.
¿Dónde está vuestro padre?
Quiero hablar con él.
Creo que está en el almacén.
Bien, muy bien.
Pues voy ahora mismo.
Yo no puedo continuar así.
De Wolfgang.
Una carta.
En la que sea repiente.
¿Es eso lo que os ha escrito?
¿Eh?
No, exactamente.
No he esperado vuestro respuesta.
Los cortes ya están hechos.
Pero sin mi consentimiento...
esta vez, señor, me niego.
Me opongo.
Me temo.
Me temo que esto ya es definitivo.
Los ensayos con lo que está ya han empezado.
La emperatriz.
Ah, muerto.
Todo el imperio está de duolo.
El arzopismo salida hacia viena.
Van a cerrar los teatros.
Y domené o no se estrenará.
En mí con Dani.
En mí con Dani.
El horro y cremío.
Se tuybra mi amor y mujer.
Apriro mi encuesto, sero.
Cuesta sero.
Estáis aquí.
¿Habéis tenido buen viaje?
Estáis bien aljados.
Lo que es padre.
Está más equivocado al preocuparte.
Mañana será el estreno.
La corte levantó el duelo hace dos días.
Perdóname.
Amigos míos, me veo obligado a volver a empezar.
Por vuestro compañero no solo interpreta mal, sino que, además, inte esa fina.
Por lo tanto hoy no podremos ensayar vuestro quinteto.
Pero... Pero calmaos, todo va bien.
Eso de que va bien.
Lo decís vos.
Yo me quedaría mucho más tranquilo si suprimiera y todo el fragmento no sale bien.
Claro que sí.
¿Qué cosas tenéis?
No, no, no.
No conseguí.
Amigo, raf.
No os preocupéis.
Lo disculpa.
¿Qué tal va todo?
Muy bien.
El principio está contento.
Viene a casi todos los ensayos.
¿Y los cantantes?
¿La soprano?
¿La mujer de Wellington?
No hubieras preferido a Eloís a beber.
Sabes que Eloís ya no podía aceptar.
Tenía un contrato de biena.
Podemos hablar de otra cosa, padre.
Permítipo presentaros a mi padre y a mi hermana.
La señora Dusche, prima dona de la ópera imperial de...
Señor, vuestro hijo es un genio.
Pero al menos es un genio alegre.
Oh, padre, este demasiado bonito.
Todo llega el mismo día.
El triunfo de mí opera a mi cumpleaños y el carnaval.
Todos los dioses me son propicios.
No bebas demasiado.
Esto es una fiesta, padre.
Una fiesta.
Tu mismo.
El príncipe me ha dado un montón de dinero.
Así que puedo permitirme lo.
Sí.
Sí, sí.
Ya voy.
Ya voy.
El teniamos a nuestro gran maestro.
Señores, queridos amigos actores, prima dona, espectadores a todos, gracias.
Amigos míos, ¿sabéis lo que ha dicho su alteza a propósito de nuestra ópera?
Ha dicho que era... Ya me acordaré.
¿Mi genial?
No, nueva extraordinaria.
No, no, eso lo han dicho los demás.
Hay cosas inmensamente grandes en vuestra pequeña cabeza.
Y una agua así es un gran placer.
¡No!
¿Quién es ese fonipol del que habla papá?
Uno.
Uno que te hace la corte, quizá?
Sí.
¿Y tú le quiero?
Sí.
Pero a papá no le gusta.
¿Por qué?
No es nadie ni tiene nada.
Oh, Nanel.
¿Se trata de ti?
¿Te tu propia vida?
No hagas como yo.
Me he dejado llevar demasiadas veces como un cordelito.
Defiendete.
¿Cremen?
Defiendete tu felicidad.
¡Sí!
Si, se haciéndote me baño, en algo, la cabaré por ahorrarme.
Oh, mi padre, voy a hablarle un momento.
Padre, ¿sabéis una cosa?
Los duches me invitan a Praga.
Es una buena idea, ¿no?
Puede montar allí.
Y doveneo, ¿eh?
Espero un segundo.
No he querido hablarte de hilo esta esta noche, pero ¿qué?
Has hecho lo que has querido durante tu permiso.
Las seis semanas han pasado de sobra.
Pero ha habido un duelo.
El arzobispo me ha encargado que te transmita la orden de regresar a Vienna.
Para las fiestas de la coronación de José II.
La capillantera estará allí.
Debes partir mañana.
Mañana.
Piensas en Praga únicamente por esa mujer.
Intenta al menos conseguir la autorización del arzobispo.
Sabes a quien acaba de nombrar maestre de cocina, ¿so sea como superior tuyo?
Sí, es cierto.
Olvida para que en Salzburg o tendré como superior a un maestre de cocinas.
No te quejes, es el joven condedar con amigo tuyo, ¿no?
Condráis niños jugabéis juntos.
Por lo que es desperar que tendrás en él a un buen aliado.
Muy bien, iré a viera.
Pero te juro que esta vez tendré una explicación con el arzobispo.
Una explicación.
Señor maestro de concierto.
¿Cómo estás?
Y todo.
Ante todo debo felicitarte por tan alto caldo.
Bueno, algo hay que hacer.
En cierto modo, tú eres ahora mi superior jerárquico.
¿Eso me anuncias recriminaciones?
Sí, pero justificadas.
¿Quieres ver la habitación que se han dignado a signarme para mi estancia en viena?
Está en el mismo palacio de su eninencia.
Bajo el tejado.
Un cuchitril.
En el que la cama lo ocupa todo.
¿Cómo quieres que trabajes?
Pues haz como yo.
No trabajes.
Otra cosa.
No quiero seguir comiendo en la mesa de los criados.
Me niego.
En cuanto a llevar libre.
Llevar libre está previsto en el contrato.
En todas las cortes alemanas.
Incluso el gran Joseph Hayden.
Yo no soy Hayden.
En eso tiene razón.
Respecto a las comidas te recuerdo que puedes hacerlas fuera.
Hay una dieta prevista.
Sí, y de 30 croissers.
Ya.
Como todos los miembros de la capilla.
Y con eso, ¿dónde cómo?
En un tuburio para cocheros.
¿Sabes qué voy a hacer?
Recomendar tu dirección a mis viejos amigos.
La condesa de tú no viene el conte que véns.
Ya sabemos que tienes muy buenas relaciones.
En tu lugar no hablaría de ellas.
Debo recordarte algunos de tus deberes.
Uno la librera.
Dos la prohibición de tocar por tu propia cuenta.
Ayer mismo tocaste en una fiesta en esta ciudad.
Y añado un tercer artículo.
Al que no das importancia.
La prohibición de burglarte del arzobispo y llamarle
el gran múlti como haces en tus momentos alegres.
Ser razonable, ¿eh?
El arzobispo ya está bastante harto de ti.
Esta noche tiene su ocasión de con graciarte.
Ah, sí.
¿Por qué?
¿Qué hay de especial esta noche?
Su eminencia da una vela de especial en casa de Galichín, en bajador de Rusia.
En el programa se incluyen algunas obras de...
...demosar, ¿sabes?
Bien, entonces, puedes contar conmigo, manseñor.
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