All language subtitles for 2 - 1982

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Original subtitles

Este teatro, como si estuvieris en vuestra propia casa, de quiero flores aquí...

Bien, 1768.

Pero ¿qué es lo que ve?

¿Queréis salir de ahí?

Señor Mosa, cuando tengáis vuestro propio teatro... difícilmente.

Si vos tendréis un teatro.

Desconfiar de las mujeres de las limpiezas son la plaga del teatro.

Una vez encontré una balleta allí en el palco imperial.

Señor Mosa, lo que me pedís con respecto a vuestro hijo es sin audito, inaudito.

Confiarle la composición de una ópera a un niño de 12 años.

13, tiene 13 años.

Una locura.

Tengo que velar por la reputación de mi teatro.

Una reputación mundial.

Pero el empleador.

Yo tengo muy en cuenta las recomendaciones del emperador.

Ah, Joseph, no olvides las doce botellas de tocai para nuestra diva.

Y se las bebe?

No, pero necesitas saber que las tiene.

Son los caprichos de las grandes divas, amigo mío.

Otro drama, otra manía, nuestro tenor.

Que exige una costilla de huey.

Un día nos olvidamos y por poco no levantamos el telón.

13 años, un niño de 13 años dirigiendo una ópera.

Ah, y estoy viendo los carteles.

Casi tan singular como mi espectáculo en Londres.

En el avión, no, su jabalí, un digre, y un toros salvaje, con petartos en las orejas.

Acá yo era un espectáculo.

Recuerdo que en el cartel.

Pero aquí se trata de música.

De música, naturalmente, de música de altura.

Pero es un impide que en el cartel.

Wolfgang Mosar.

Señora, sí caballeros.

Retened este nombre.

Wolfgang Mosar.

No sé de lo que encorra el peligro de olvidar.

Sí, es verdad.

El entusiasmo.

Cuando soy presa de la entusiasmo, ya no sé lo que me digo.

Señor Mosar, vuestro hijo tiene un inmenso talento.

Si aún no le habéis oído.

Pero me he informado.

Un director debe informarse tan tear al público.

¿Sabéis a quién suelo consultar primero?

Señor Mosar.

A mi peluquero.

Y en este caso está de acuerdo, sentados.

Sentados.

Hablemos poco, pero hablemos bien.

Entrojentes como nosotros, el dinero.

Os ofrezco 75 tucados.

No.

No.

Tenéis razón.

Tenéis mucha razón.

Saltre perdiendo, pero no importa 100 tucados.

Pero... El libreto.

El libreto claro.

Ya tengo uno.

Una ópera bufa.

Bufa.

Pero... y el duelo.

El duelo?

¿Qué duelo?

Sí, el duelo.

El duelo ya habrá terminado.

Trabajamos para el futuro.

La finta semepliche.

Qué bonito título.

Solo el título ya me pone de buen humor.

Es la historia de dos vejetes.

Dos papeles de oro.

Tazandro y polidoro.

Tienen una hermana ya sin tabella.

Muy bella encantadora.

Llevo un oficial.

En fin.

Imaginaos.

¿De quién es el libreto?

mío, naturalmente.

Con un poquito de coltonis.

Yo...

Quizás haría falta el creo que es la costumbre.

Una garantía.

Gartía.

Sí, muy bien.

Bravo.

Ya veo que no estoy hablando con un novato.

Tomate.

Mira esto.

Mirarlo.

Es mi contrato de asociación con el señor glúque.

Sí, señor Mozart.

El señor glúque tiene la cuarta parte.

Levantaos.

Señor Mozart.

Levantaos.

Mirate, ese señor.

Ayer el señor glúque estuvo sentado en él.

No es eso mejor que una garantía.

Un contrato es solo papel.

La palabra de la flichio es solo.

¿Qué ocurre ahora?

Las flores, señor Contín.

Las flores que habéis encargado.

Bien, distribuirlas.

Esta también.

Entregártela al cajero.

El cajero no está, señor.

Tienos.

He olvidado mi bolsa.

Estimado, amigos.

Es una cuenta de... Con mucho gusto.

¿Cuánto es?

17 flores.

17 flores.

17 flores.

17 flores.

Ah,

ya que estáis en ello.

Dale tres florines más al muchacho.

Qué divertido.

¿Qué?

Tu invitación del perro con el primer violín.

¿Esto?

¿Te gusta?

Eh, te gusta.

Mucho se te ha ocurrido a ti.

No, papá.

Pero es una buena idea, ¿no?

¿Qué te pasa?

Nada.

Pero si no puedes disimularlo, golfja.

Dímelo qué te pasa.

No habrás hecho alguna tontería.

No puedo hacerlo, Naneel.

No me veo capaz.

¿Estás loco?

¿Y esto qué es?

Es música.

Y muy buena.

Sí, pero...

Y el libre.

¿Tú entiendes algo de esto?

Eso con su cáncelo, papá.

Yo no.

No, siempre tengo que consultar a papá.

Para esto, para aquello.

Si me ayuda, me corrige, pero... Además, está tan nervioso.

Nunca le había visto así.

Tú le había visto antes así.

Siempre hay que volver a empezar a hacer trozos.

¿Le pregunto por qué?

Y ni me ponte esta.

Oye, ¿no le dirás esto, papá?

¿Lo prometes?

Sí.

Es posible que...

Él tampoco lo sepa.

¿Qué?

Quiero decir que tal vez él tampoco sepa el por qué.

¿Estás loco, no?

¿Qué está estremando vosotros dos?

Ah, va todo bien.

¿Vas avanzando?

Sí.

Ya está.

He visto a Oluk.

Está dispuesto a ayudarnos.

Y he pedido audiencia al Príncipe Cownich.

El ministro?

Claro, no hay que olvidar nada.

Y me tastas yo, ¿qué?

El martes por la mañana.

En Viena, Cristo haría un milagro delante de la catedral

y aún habría que pagar a la gente para que fuera a verlo.

¿Tienes un segundo en la María?

Claro que sí.

240 fluorines.

Por el reloj cronómetro de doble corona con tres diamantes.

Cuando te digo en la María...

que Viena...

los joyeros se aprovechen de la miseria de la gente.

Y el reloj que nos regaló el rey de Francia.

¿También lo has vendido?

No había más remedio.

Y más ahora que el arzobispo me retira el sueldo cada vez que me ausento.

No canar por lo por los niños.

Papá.

Papá.

Esto no lo entiendo.

Casandro dice.

Cuando estoy cerca de ella, me hierve la sangre.

¿Por qué le hierve la sangre?

¿Es que está herido?

Claro que no.

Tu estive la música, no te preocupes de eso.

Y mira, también dice, todo yo enrojezco.

¿Es que es sangre?

¿Cómo voy a saberlo?

Llegas a cansarme.

Me cansas.

Pero yo tengo que saberlo para escribir.

Si está herido será otra música.

Déjale volgan.

Hoy tu padre está cansada.

Ah, Nanerla.

Terminame las dos áreas para los que hasta la tía.

La deluno y la del tres.

He concertado una audición con dafficio para mañana.

Así tal vez acabará por firmarnos el contrato.

El otro aquí.

Un amigo suyo, médico y te guiano.

El señor Diberma, un hombre importante.

¿Crees que hemos hecho miedo organizar de esta audición?

No era necesario.

¿Cartel?

Sí, señor Conte.

Y ahora?

¡Papén!

¡Penísimo!

Y no tiene nada de fácil.

Es una ópera grandiosa.

Y el pequeño amo el totalento.

Puesto, pero hay una verdadera maravilla.

He dragado de música, un gran músico.

Hace ya seis meses que nos dais largas.

Seis meses que nuestra ópera está terminada y todavía nada.

Promesas, promesas.

Escuchadme.

¿Vos nos jurasteis que actuaremos por Pascua?

Resultado lo que hiciste representar fue la caschina.

Y luego por Pentecoster fue la buena filió.

Yo tengo mis compromisos.

¿Qué compromisos?

¿Los te faltar a vuestra palabra?

Ay, gente, escuchando.

Mejor.

Así todo el mundo sabrá que case de personajes hoy.

No olvidéis que estáis en mi teatro.

Un teatro dirigido por un embustero, por un estafa hora.

Retirad esa palabra, señor.

Retirad la inmediatamente.

Tenemos un contacto y lo anulo.

Me quejaré al emperador.

Y diré a verle antes que vos.

Le diré que mi orquesta no quiere ser dirigida por un crio.

Y que los temas son tan difíciles que no se pueden cantar.

Eso no es verdad.

Pero mis artistas lo dirán.

Y añadiré que vuestra finta se impliche no vale nada.

No tiene humor, ni fantasía, nada.

Lijo un vuestro hijo.

Pero si a vuestro hijo lo prostituéis.

Pequeño Wolfgang.

Pequeña música.

En Apoles, señor, decimos.

De un limón verde no se saca jugo, buenos días.

Salzburgo.

Un poco de vino a Moses.

Pero ¿qué os pasa?

Deberí estar satisfecho, la finta se impliche, tuvo un gran éxito ayer, ¿no?

Sí, aquí en Salzburgo.

Vuestra esposa canto muy bien.

Gracias.

Ya que no pudo ser empiona.

Sí, hay que conformarse con una sola representación delante del Príncipe Arzovismo.

Siempre igual.

Pero lo que más me duele, Hayin.

No es precisamente eso.

Tener que soportar una intriga, un complot, un verdadero complot.

Ya es duro.

Pero que esté organizado por alemanes.

Y contra un alemán.

Esos grandes señores de bien a los Luke.

Los jase tuvieron miedo de un niño.

Por ganes para ellos ahora el enemigo, el peligro.

Por otra parte.

Que se puede esperar de un país en el que la música se confiada flichio.

Un ladrón.

No me ha pagado ni siquiera un florín.

¿Sabéis qué se atrevié a decirme?

Que a mi hijo lo prostitúcho.

Tiene razón.

¿Qué habéis dicho?

La finta se impliche, no es buena, Mozart.

Esa es la verdad.

Y ninguna otra.

No es buena.

¿Estáis borracho como de costumbre?

Sí, estoy borracho.

Quizá haga falta estar borracho para decir lo que uno siente.

¿Quieréis hacer responsable al mundo entero de vuestro fracaso?

Y sólo bastaba con escuchar ayer.

Aquello era una ópera bufa, fragmentos reiterativos sin conjuntar.

Temas de ópera seria y lúgubre.

Lúgubre eso es lúgubre.

De vez en cuando cinco, seis compases.

Ya gritaréis más tarde.

Yo quiero mucho al pequeño.

Tenéis razón.

Él tiene más talento en un solo dedo que todos esos hasnos de biena.

Pero le habéis empujado a cosas que están por encima

de su edad con el riesgo de romper el resorte.

Bien, bien, de acuerdo.

¿Creéis hacerle un favor removiendo cielo y tierra, escribiendo al emperador,

recorriendo toda Austria con vuestras úplicas

y no hacéis más que ponerle en ridículo?

Bastra.

¿Estáis en mi casa, Gai?

No soy más que un músico vulgarle o polmosar un músico muy vulgar.

Y lo que pretendí es con la finta semplichera,

en gran deceros a través de bolgan en biena.

Sólo eso.

¿Queréis pegarme?

¿De qué puede serviros pegar a un borracho?

Sin embargo, después de la finta semplichera, antes de partir de bien al

pequeño escribió Bastiana y Bastiana, y ha sido bien acogida.

Bastiana y Bastiana es graciosa.

En eso no... no podéis hacerle daño, pero en el resto.

Creo que debería llevarle a Italia.

Sí, esa es... esa es una buena idea.

En Bolonia está el padre Martini.

Es decir, que sabe que música.

Sí, allí el pequeño... no perdería el tiempo, ¿no?

No era posible y de los cuatro.

A mí también me apena, pero es un viaje muy largo.

Y de los cuatro empiezos.

Es...

Es necesario que Ana el continúe dando clases lo

necesitamos y tu madre no podía dejar la sola.

Aquí estamos, los dos.

Un gran viaje para nosotros dos, ¿no te gusta?

Este viaje hace falta.

Por ti volgan, por tu por venir.

Yo ya te enseñado todo lo que podía enseñarte, ahora hay que mirar más lejos.

Y para ello no hay nada como Italia.

La música está por todas partes, y a los músicos se les respeta, se les quiere.

Se les quiere, de verdad.

Puede que tengamos encargos.

Tal vez está una obra.

¿Crees que sería posible?

En Italia todo es posible.

En Bolonia iremos saber al padre Martini.

Martini y volgan, Martini.

Es la música hecha hombre.

En pocas lecciones te enseñará cosas que recordarás toda la vida.

Y yo también para seguir ayudándote tengo que aprender.

Yo también.

Contigo.

Te parece bien.

Espera.

Espera que consulte mi guía.

¿Robereto?

No.

¿Qué es eso?

Una cosa.

¿Se cazan por la tardenita, Adia?

Guarda.

Tocca.

Tocca, hijo.

Volgan.

Tocca.

Toda esta gente está aquí por ti.

Tocca.

Yo soy el padre.

Doctori, diberma.

Recuerda en bien.

En casa de daflichio.

Habéis ido por él.

Sí.

Yo he dado la voz.

He tocado delante de todos los reyes de la tierra.

¿Cómo?

Tan pequeña.

Pero todo esto es muy normal.

El nombre de Mozart ha llegado hace tiempo a Italia.

Hasta la gente más humilde.

Me ha bastado con decir Mozart y...

Y en Milano.

En Milano, ya veréis.

Tengo cartas de piscentación.

Baja.

Son inúdiles.

No.

El jueves estáis invitados a una fiesta.

En casa del Cón de Firmiano.

Gobernador de la Lombardía.

Asistirá San Martini.

El padre Martini.

Máqué, padre Martini.

San Martini.

San Martini.

Nuestro águila de la música.

Por cierto que ya me ha hablado de ti.

Es tu sí asumo.

Y esta noche si llegamos a tiempo.

Porque... Oh, sí, llegaremos.

Es la premier de Cesare Inegito.

Del gran Pichimi.

El palco está reservado.

Toda Italia os espera.

En Roma su santidad.

En Napoli su majestad.

Volonia entera.

Toda Florencia.

Normal.

Normal para un genio como él.

Milán.

Sublime.

Realmente sublime.

Y esa maravilla flúñe de sus dedos.

Tos y fuera agua.

¡Vamos!

Credo de morir.

Sonos tanto delice, señor.

Leí que coción.

Que veis que coción.

Esa bona con solira.

Esa poline.

Esa es la palabra.

¡A polineo!

Yo soy el padre.

El padre de quién?

Tengo escrito un método paránelino.

Así.

Te traigo, Jara, bebior chapa.

Debes de estar muerto de ser.

Gracias, señora.

Mañana la 7 iglesias ambabila.

¿Para qué?

Ya está.

Ya lo tengo.

¿Qué, papá?

El encargo.

Una ópera aquí en Milán para la próxima temporada.

Mi trida te es rey del punto.

El conde firmía lo ha reglado todo.

¿De verdad?

Mira este contrato, hongan.

100 igliátis por adelantado y bien asegurados, criados y todos los gastos pagados.

Claro que lo he firmado.

El conde ha añadido un regalo.

Una tabaquena.

Vena verla, rebeteada en oro y con 20 igliátis dentro.

Sí, papá.

¿Vienes hacer el equipaje?

Sí, sí.

¿Qué te he dicho firmía mientras yo firmaba?

He visto como te llevaba aparte.

Me he hablado de ese tenor que piensa contratar para nosotros.

¿Quién?

¿Quién te ha hablado?

Pues de Manzuel y creo.

Manzuel.

Pero si es el mejor tenor de Italia, volgan.

Tienes que explicarme lo todo.

Para dirigir tu carrera, si empiezas a ocultarme cosas, no conseguiremos nada.

No te oculto nada, papá.

¿Y ahora qué haces sueñas?

No, no.

Estaba pensando en el último movimiento de mi sonata.

He encontrado una bonita.

Coda muy difícil.

Volonia.

¿Habéis visto a Mosa?

Sí.

Y su sortija en la manizquierda es la sortija del diablo.

El engaste doble con el rubí.

No puedes explicarse de otro modo.

Desde que el mundo es mundo, no he visto nadie

que pueda tocar así con la mano izquierda.

¿Estáis seguro?

Sí, seguro.

No es posible si va a todos los días a tomar lecciones de música al comento.

Pues ya veis, juega con nuestros bandos.

Esa segunda variación está muy bien, ¿eh?

¿Has visto?

Todo lo que has ensayado, hoy ha gustado mucho.

Me lo ha dicho el joven conde.

El joven conde.

Bueno, cuando ha tocado después de ti, no lo ha hecho tan mal.

¿Quieres que te ayude en los recitativos de mitridad?

No, ya lo haré.

Estarán terminados para el 15 de octubre.

Sí, sí.

Ah, nunca habíamos estado también alojados, ¿eh?

Realmente nos mieman.

Se lo escrito a tu madre.

Los nobles.

Los nobles, cuando son como palavichini, que diferencia con los alemanes.

Esta mañana, en su despacho, se ha dado cuenta de que yo estaba cansado.

Pues bien, casi inmediatamente me he hecho sentar, ¿eh?

Sí, pero lo que no entiendo es por qué has tenido que ir.

Es verdad, estoy cansado.

Mañana irás sin mí haber al padre martini.

Por una vez.

Has hecho el contrapunto.

Claro.

No vas a costarte.

No, todavía tengo para un rato.

Vete a dormir, papá.

En el contrapunto, a cuatro voces, igual escarido ni niños, la dificultad,

está en evitar que el tratamiento haga que el

conjunto de la música sea demasiado compacto.

¿Has comprendido lo que he dicho?

Sí, reberiendo, padre y maestro.

Entonces, yo junto demasiado a las voces.

Sí, pero no solo eso.

Mira aquí.

Y aquí?

Estas melodías acompañadas en terceras por un movimiento paralelo.

Demasiado fácil.

Es indigno de ti.

La poliforía es un juego libre.

En el que la armonía deben hacer de la evolución de las melodías opuestas.

De las melodías opuestas.

Pero reberiendo, padre y maestro, mi padre dice que...

Y en este momento eres como el camaleón.

¿Qué toma el color de la materia sobre la que se posa?

¿Buscas a agradar?

Lo que es una forma de tranquilizarte.

Pero también es tu fallo.

Hoy tu concierto en casa de los palavichini.

Y tu búsqueda era mundana, era una pompa de jabón.

Nada.

Está bien, si lo tomas.

Como debe ser tomado, como una recreación, pero está mal.

Si lo confundes con lo que debe ser, tú creación.

Pero...

Reberiendo, padre y maestro, mi padre siempre dice que el público...

Todos los demás tienen que decirte.

Ya lo has oído, lo suficiente.

No escuches a nadie más que a ti mismo.

No son los aplausos de los temas, lo que nos ayuda.

Si no, el silencio de nuestra alma.

Me dita esto.

Un reloj parado marca la hora exacta dos veces al tía.

Se es el reloj parado.

Parado en lo que eres tú mismo.

Eso es lo que tienes, te único, de irreemplazable.

No corras detrás de la moda.

Es el modo de no alcanzar la nunca.

Deja que te alcance ella.

Cuando el señor ha concedido a alguien unos dones tan brillantes...

...como los tuyos...

...es para que sean aplicados a su mayor gloria.

Dijo mi yo no escuches a nadie.

¿Tampoco a mi padre?

Para nadie.

Vergonzoso.

Es vergonzoso.

Papá, te juro que... ¿Cómo?

¿Cómo mi influencia?

Cuando te hago corregir algo no es influencia, es experiencia.

Pero, papá... Es eso.

Lo que los curas enseñan ahora... ...el odio de los hijos hacia los padres.

Pero si yo no te odio, papá.

Es peor.

Es peor.

Es ingatitude.

Si yo te estoy agradecido.

Romper al vínculo entre nosotros.

Eso es...

Eso es lo que pretende, Martín.

Un vínculo que Dios ha querido.

Dios... ...volga.

Además, cuando te dice no escuches los consejos...

...no te está dando a casa otro consejo.

Permíteme que te diga... ...que Martín es tan ticado.

Esa contrapunto está muy bien como ejercicio escolar... ...pero ya nadie escribe así.

Lo que la gente quiere ahora.

Es melodía.

Pero, papá, él dice... Sí, sí, ya lo sé.

Lo sé mejor que él.

De cada 100 personas que nos escuchan... ...no hay ni 10 que aprecien lo que hacemos.

Las demás.

Las demás son unos sásnos.

Con grandes orejas, pero son esas grandes orejas...

...las que forman el público y por lo tanto... ...las que hay que alagar y para ello.

Tu música debe seguir siendo agradable...

...agrazarle boca.

Tienes que gustar.

Si no, uno termina en la miseria.

Es eso lo que quieres.

Oh, no, papá.

Bien, agradecemos.

Vamos a trabajar en nuestra ópera.

Nos quedan sólo dos meses.

Pienso... ...que el archiduque farbina... ...el hijo de nuestra emperatriz...

...estará en el ensayo general.

Y nuestro permanirse depende de él.

No se ciere a tu contigo o lo suine.

Si soco falou a tu amor.

Es verles el cómigo.

¡Que no se me parece!

¡Que no me parece!

¡No lo hay a tu piano!

¡Geneo al cielo!

¡Dépe, prendamón!

Tengo el perro sin ponerlo en el perto.

Tengo en el perto en el perto en el perto en el perto.

Te ruego y jovino que no te dejes engañar por

todos esos pícaros que corren por el mundo.

Y los consejos de la empratriz siempre han resultado excelente.

Mirarle.

El genio no necesita estudios.

Basta con que aparezca, que estalle, que comúa.

Mi pequeño Zeus.

De rodillas, ante ti.

De rodillas.

La poesía se arrodilla ante la música.

La poesía y la música se complementan.

Son hermanas.

Tu música pequeño me hago el peado el alma.

Mañana, o esta noche.

Sí, esta misma noche.

La profundidad de las tinieblas escribiré una oda para ti.

Solo para ti.

Una oda.

Con una oda de corrilla, podéis estar seguros de pasar a la posterida.

Eso es lo que yo os decía.

Sabía que entre estos dos jovencitos saltaría la chispa.

Amadeus.

Ya que eres amado por los dioses.

Y aquí el joven dios que te amará.

Se llama Tomas Lilley.

Es violinista, alumno de Nardini.

Mirarlos.

Tienen el juventud.

Tienen talento.

Me parece estar viendo a los dioses de Grecia.

Volgan.

Nos vamos ya.

¿Cómo?

Tengo una hermana, Amadeus.

Una hermana a la que quiero mucho.

Si la conocieras, nos parece tanto que a menudo nos toman por gemelos.

Entonces debe ser muy bella.

¿Y tú?

Oh.

No, mi hermana no se me parece.

No, en absoluto.

Esta bonita, tan bonita, tu música.

Cada vez que la escucho, me entran ganas de llorar.

Con la grimas de verdad, tienes tanto talento.

Mucho más que yo.

Y si siguieramos juntos.

Si siguieramos una gira sería estar dinario, ¿no?

Solo pediré mi padre y seguro que dirá que sí.

La gran gira de Tomas Lindley igual va a Amadeus Mozart.

Ah, no, tú delante.

Volga a Amadeus Mozart y Tomas Lindley.

Adiós.

Hasta pronto.

¿Pienses volver a verle?

Sí, la semana próxima en venecia.

Irá al mismo tiempo que nosotros.

Al mismo tiempo que nosotros, espero que no será para dar conciertos.

No, él va a actuar en Bolzano.

Ah, ya.

Bolzano es un pozo.

Su padre es compositor y maestro de música como tú.

En va acerca de Londres.

Andadilla, que es mejor que yo.

Eso me era feliz.

Papá, yo no quería que...

Bien, espero que tenga terminado el último movimiento del cuarteto para venecia.

Si no, apenas te quedé la tiempo.

¡Muy dado, Borba!

¡Muy dado!

Buenos días, Abad.

Buenos días, Dinardo.

Sufrís mucho todavía, señor Mozart.

Mucho.

He dormido muy mal.

Pero ante todo el deber, de modo que mañana tocaré en el concierto de mi hijo.

Has copiado todas las partes vulgar.

Sí, si te parece bien empezar por el lado.

Yo es el único trozo un poco difícil.

Parece que tienes prisa.

Bueno, es que...

Tengo una cita con Tomas Lindley.

Está aquí solo por un día.

¿Enseguimos?

¿Qué significa esto?

¿Qué es esta música de salvajes?

La gente no aguantará ni cinco minutos.

Se levantará ni huirán.

¿Qué has vuelto loco?

Pero, Papá.

Veréis, señor Mozart.

Es cierto.

Hay algunos pasajes sorprendentes, pero...

Sorprendentes?

Sí, sí.

¿Llamáis a esto sorprendente?

Demostréis vuestra calidad cristiana avada.

Es toma hulla, rechina, hacha, ría, molesta.

Las relaciones de tonalidad son aberrantes, sin comprensibles.

Y, para esto, he satificado mi vida.

Para que mi hijo se deje llenar la cabeza por padres Martini y por poetisas,

por un pillastre, como Tomas Lindley.

Sin mí no es nadie.

Volgan, nadie.

Entiendes, lo que es escrito sin ejecutable.

Si acabamos de tocarlo, es que es posible.

Te han enseñado a responder.

Ya lo veo.

Vas a escribir mi otra edad yo inmediatamente.

Otro?

Para mañana?

Aunque no duermas en toda la noche.

Que hago al esfuerzo de tocar en tu cocierto, ¿verdad?

A pesar de mi pierna.

Sube a tu habitación.

Bueno, pero de todos modos veré a Tomas.

No puedo esperarte más.

Recuerdas el sonneto que Corila escribió para nosotros.

Desde que el destino te has separado de mí, ya solo sé seguirte con el pensamiento.

La risa y la alegría se truecan en pena.

Pero en mi desespero te aguardo todavía.

Te quiere, Tomas.

¿Ha dejado de dolerte la pierna?

Sí.

De pronto.

De repente, he tenido una mejoría.

Me alegro mucho.

Has visto al inglés?

Hemos podido pasear durante tres horas.

Tres horas maravillosas.

Hemos paseado por todo venecia.

Es un chico extraordinario.

¿Se queda a un tres semanas en Italia?

¿Podremos vernos?

Me sorprendería.

Mañana por la noche después del concierto salimos para mestre.

Donde cogermos la diligencia de Islúcar, ya ha reservado las plazas.

Mientras tú te paseabas en Gondola, he recibido una carta de Salzburgo.

Nuestro príncipe arzobispo fones ratenbaja.

Amuelto, debemos regresar para presentarnos ante nuestro nuevo superior.

Salzburgo, 1777.

Tres, el día te dije que esa clase de su prestición hoy en día está prohibida,

prohibida.

La Santa Virgen.

La madre de Dios prohibida.

La Santa Virgen, madía.

No, la Santa Virgen, no.

Esa clase de prácticas.

Todavía es peor.

Hace 60 años que hago esto.

Y no estoy dispuesta a cambiar mis costumbres.

Por culpa de un nuevo arzobispo que lo creen nada.

¿Y mamá está bien?

Sí, sí.

Parece contenta.

Su cura va bien.

Regresará el domingo.

Tres, el.

Tres, el.

Buenos días, Padre.

¿Has dormido bien?

Dios te bendiga mi reina incomparable.

Pudo presentar a la sultana de trivisón de mi respetuosa reverencia matinal antes de

que esta porquería gamella en nuestras reales

entrañas, ¿podéis decirme dónde está Teresa?

En misa.

¿Qué quieres de ella?

Necesito mi camisa de batista y en esta casa uno nunca encuentra nada.

¿Dónde bastante prisa, tan pronto y tan elegante?

A casa de la concesa del odrón.

Tenemos ensayo de mi concierto para tres teclados.

No olvides que esta noche me acompañas a casa de la señora Robínik von Rottenfeld.

Hoy tiene su velada de tarot.

Una velada de tarot preparada por la señora

Robínik von Rottenfeld es algo que no hace olvidar.

¿Tres él?

¿Ya era hora?

Hay que verlo para creerlo.

La Santa Virgen está prohibida.

Es terzo vispo.

Desporda todos los límites.

Nada de pesebre por Navidad.

No, está prohibido.

Por ramos, los asnos y la procesión también están prohibidos.

Y eso no es todo.

Aún hay más.

Quiero obligar a los capuchinos a llevar tapatos como todo el mundo.

Está claro que nuestro arzobismo tiene ideas modernas.

¿No sabéis lo que se dice en la ciudad?

Parece ser que en su despacho tiene los retratos de dos diáblos malos.

Volter y rosó.

De donde has sacado se me hajante tontería.

No, no.

¿Quién es razón?

Está aliado con el diablo.

Convolter y rosó.

Trésenlo un segundo.

¿Dónde está mi camisa de batista?

Hoy tendréis que pasar o sin ella.

¿Cómo?

Está para la vaca.

Para haceros el presumido tenéis que cambiaros de camisa cada día.

A este ritmo no podré seguiros.

Ese es un mal pretexto.

Sí, padre.

Ven.

Mira esto.

Demangé.

Noticias.

Hay esperanzas.

Esperanzas?

¿De qué?

Lo sabes muy bien.

El vice maestro de cabilla está enfermo hace meses.

Tiene 72 años.

El príncipe elector tendrá que reemplazarle.

Y va a pensar en mí.

Precisamente en mí.

El Mozart.

Papa.

Es muy bueno.

Pero te hace siluciones.

Y todas tus cartas no servirán de nada.

Pienso que en mangé y me el viejo se va a cerrar.

Y yo dentro de 20 años seré un... el maestro de concierto del príncipe arzobispo.

Déjame pues con mis herenatas y mis musiquillas al burguesa.

Gusto.

Y eso es lo principal.

Las grandes orejas están contentas, ¿no?

Pues eso seguiré haciendo.

Mi musiquilla en casa de las contesas.

Y consumo placer.

Sí, lo haré consumo placer.

Padre, el príncipe arzobispo jamás me dejaré a partir.

Tú lo sabes.

¿Te ha reusado ya dos turnes?

Métete esto en la cabeza.

Al gran múfti no le gustó.

Y nada, bueno, hay que esperar de él.

¿Has escrito la antifona?

La necesito para el servicio de hoy.

No, no he tenido tiempo.

No tienes más que retocarla del año pasado.

El gran múfti no se enterará.

No entiende nada de nada.

Señor Mozart.

Sí?

El pasaje en tercera sados manos no me sale.

Me cuesta mucho.

Tocca una voz con cada mano.

Es más fácil.

Quedan a me sale bien.

Pues toca solo con la derecha, Sophie.

Tu mano derecha va muy bien.

Señor Mozart, él te está servido.

Sí, ya voy.

¿Qué me querido, Wolfgang?

Gracias.

¿Hace progressos?

Oh, considerable, señora Condesa.

¿Considerables?

Menticia como un marquisito.

Pero ya veo que con esa idiota me he hecho falsas ilusiones.

Reconocelo.

La pobre Sophie es incapaz de tocar vuestro concierto.

Y si reducís los tres claves a dos.

Marika Rolín y yo, creo que podemos sacarlo a pesar de que no es fácil.

¿Y como mi querido primo colorido no sobre carga de trabajo?

A vuestras órdenes, señora Condesa.

¿El concierto estará listo?

¿Cuánto de seis?

Soy la cortesía en persona.

Mi querido Wolfgang.

Madre?

¿Conoceis el distico que le han hecho a nuestro asobismo?

Nuestro plícipe colorido no cree en la gloria ni en el credo.

¡Divertido!

Deberías hacer una canción.

Oh, sí.

En seguida, señora Condesa, el tema menspira particularmente.

Su eminencia colorido.

No cree en la gloria ni en el credo.

No es que lo han mufticado.

No tiene la gloria ni en el credo.

No tiene la gloria ni en el credo.

No tiene la gloria ni en el credo.

No tiene la gloria ni en el credo.

No tiene la gloria ni en el credo.

Sofín... Doye una recepción esta noche.

¿Por qué no asistís?

Habrá una pequeña orquesta.

¿Podrías interpretarnos vuestra encantadora serenata nocturna?

He prometido acompañar a mi hermana a su

velada de tarot en casa de la señora Robínic.

Robínic?

¿Quién es Robínic?

La conoces, mamá.

La de los hierros y metales.

Ah, sí.

Ya recuerdo.

Querido Wolfgang, vos siempre me sorprendéis.

Entre una velada en mi casa y el tarot de

Robínic, al solo vos en Salzburg o podéis dudar.

Bien, entraeta vuestra hermana.

Estaremos encantadas.

¿Qué da tiene?

24 años, señora Condesa.

¿Tenéis una hermana de 24 años y no lo decís?

Con Benzel, a lo que no le van a faltar son pretendientes.

Y seguro que están educadas como vos, mi querido Wolfgang.

No es así.

No es así.

Naneel, ¿qué te pasa?

¿Qué te pasa?

Es Wolfgang.

Wolfgang, ¿qué ocurre con él?

Sí, sí.

Si se pierdas, lo que me ha dicho.

Si se pierdas, lo más que se importa conmigo.

¿Qué le has hecho a tu hermana?

No hace más que llorar desconsolladamente.

¿Ah sí?

He querido alertarla, solo eso.

Que vea las cosas como son.

Ha perdido la cabeza porque...

en casa de los ladrón el sóplino de la Condesa la ha cortejado.

Y había que ver cómo.

Se burlaba de ella hasta un ciego lo habría visto.

Estos son los placeres a los que se dedican esos jóvenes nombres.

Se ducen a las burguecitas demasiado credulas y luego

se reúnen para contarse sus miserables aventuras.

Y ella cae en la trampa.

Sí, sí.

¿A quién se le ocurre enamorarse de esa manera?

Padre, deberías hacerla razonar.

Pero... eso es lo dron.

Yo creía que te encontrabas a gusto en su casa

que te consideraban casi como uno de ellos.

Ah.

Casi.

Casi esa es la palabra casi.

Para nosotros era siempre casi, pero nada más.

Nos necesitan para distraerse.

Hacen nada en todo el día.

Y claro, se aburren mucho esos jóvenes, señores.

Y nosotros estamos aquí para divertirles un poco.

Pero en realidad nos desparecían.

Si hubieras visto esta noche como destrozaban mis herenatas.

Y eso que no es difícil.

Sí, pero... este es alzborgo.

Este es alzborgo.

Cuando pienso en la época de raten bajinos que jábamos.

Este coloredo es... cien veces peor.

Sí, cien veces peor.

¿Le oiste el mes pasado?

Señor Maestro de Concierto es realmente música.

¿Vuestro concierto para oboe?

Volve de Italia a tomar algunas lecciones.

Ellos, al menos, saben escribir.

Sí, pobre idiota.

Volguen.

Esto es seguro de lo que digo.

Hay que marcharse.

En todas partes estuvimos mejor que aquí.

Marcharnos.

Los dos.

¿Qué perdemos pidiendo alguna vez más?

Voy a escribir otra carta coloredo.

Si quieres.

Señor dice Maestro de Capillán.

Sabéis que vuestro hijo empieza a cansarme.

Le encuentro arrogante, indisciplinado.

Negligante en su trabajo.

Le nombré Maestro de Concierto para que escriba la música tal como yo la entiendo.

Y no esas cosas al alemán.

Que me desagradan.

Y basta.

Si por lo menos trabajara seriamente.

Creéis que no me di cuenta el otro día de que me

entregaste y es una música que ya se había utilizado.

Y vos lo sabieris.

Soy escomplice.

Me tomáis por un imbécil.

Pero eminencia... No os he dado permiso para hablar.

Es ese joven tonto.

Creo que porque tiene algunas amistades puede desafiarme.

Esos medios nobles que existen sólo gracias a mí.

¡Solo!

Gracias a mí.

Creéis que yo no sé todo lo que pasa en la ciudad, todo lo que se dice contra mí.

Todas las burlas que se permite...

ese pillastre.

Y con tales referencias tenéis al descaro de perírme permiso.

¿Por quién me tomáis?

En su extremad deberé volencia.

Mi predecesor os autorizó...

a osentaros de Salzburgo por un total de seis años y ocho meses.

Lo he hecho comprobar.

Parte de ese tiempo sin sueldo.

¿De veras?

Una observación muy interesante.

En cuanto a mí me dejé sorprender una vez y me sorprendisteis...

con una instancia en Múnic, donde mi maestro de concierto...

¿qué hizo?

Una ópera bufa.

El lugar de consagrarse al servicio de mi capilla.

Una vez basta.

Señor vice maestro de capilla, no os retengo.

Pero eminencia... ¿qué más?

Mi petición.

Señores, la comida ha terminado.

He oído decir que nuestro buen maestro quiere partir...

con el fin de ir a visitar...

a sus muy queridos amigos... el rey de Inglaterra y el rey de Francia.

Y tal vez también alzar...

y al rey de España, ¿no?

Este es celoso.

Simplemente es celoso.

Mi hijo, no necesitan ir a ver a reyes y emperadores.

Ya lo sabéis, toadre.

Que yo lo que no lograráis nunca vos.

Vos os quedaréis aquí.

Toda vuestra vida.

En este mísero Salzburgo, donde nadie comprende nada.

Padre, por favor.

Os los regos, señores.

Somos gente senzata.

No iréis a pelearos.

Naturalmente que no.

Padre, voy a presentar mi dimisión.

¿Cómo?

Sí, ha soído bien mi dimisión.

Esto ya no es posible.

Pero, Wolfgang, te das cuenta.

Sé lo que sientes, pero... que será de nosotros.

No puede ser peor.

Vamos a casa y les escribiré.

Bien, bien.

Pero tu carta de dimisión se deyó quien la redacte.

Son cosas que ignoras.

Te conozco y lo estrepiarías todo.

Pero es que esperas a un salvar algo.

Escucha a Andamaría.

Que vuestra eminencia me permita presentarle muy respetuosamente mi dimisión.

Confío en que vuestra eminencia no tomará mal mi humilde ruego ya que os dignasteis

declarar hace tres años cuando solicite permiso para ir a viena que no debía

esperar nada de vos y que mejoraría ni probar fortuna otra parte.

¿Qué te parece?

¿Crees que Wolfgang puede escribir eso?

¿Por qué?

Es que parece que le haga reproches al príncipe arzobispo y...

no sé si...

¿Tú crees?

No, no, no.

Al contrario, es muy abil.

Fue el arzobispo el primero en hablar de dimisión.

Creerá que la idea partió de él.

Tú sabes más que yo de esas cosas.

Que me habrá colido para ponerme tan frioso.

No he podido contenerme, me hago viejo.

¿Qué es su sonaría?

¿Qué pasará ahora?

Leo.

Leo polo.

Leo.

¿Es mi carta de dimisión?

Exactamente.

De vuelta por color dedo con una pequeña nota de su punio y letra.

¿Qué ocurre?

La rechaza.

Leo tú mismo.

A autorizamos al padre y al hijo, según las palabras

del Evangelio, a probar fortuna en otra parte.

¿Qué quiere decir?

No te das el tonto.

Lo entiendes perfectamente en los han puesto en la calle.

No sólo titan bien a mí.

Color dedos, nos hecha los dos.

Dios mío.

Despedidos, expulsados, hecha dos en la calle.

Deshonrados.

A esto, a esto nos han llevado tus caprichos.

Pero padre, yo no.

¿Qué?

¿Cómo te atreves a hablarme?

No sunde sea un contestas.

Tiene razón, color dedo.

Tiene todo la razón.

Un joven tonto que os ha discutido.

Con un píncipe tan bueno como el nuestro.

Hay que doblegarse.

¿Entendido?

Doblegarse.

Pero el señor se permita criticar.

Y burlarse.

Y a voz en grito, además.

Todo lo que yo he construido durante 30 años he echado por tierra.

En un instante por culpa tuya 30 años rompiendo el espinazo, aguantando,

sufiendo, para asegurar la beja de tu madre y la mía.

Y ahora todo barrido.

Han equilado.

Querías nuestra muerte.

Pues bien ya la tienes.

¿Estás contento?

A donde vas, Leo?

A ver a la arzobispo.

A intentar salvar lo que puedas salvar.

Se arrojarme a sus pies.

Padre.

Padre.

Tiene todo lo que quieras, pero te lo ruego.

No te humillas.

Suplico a vuestra eminencia en consideración a los 30 años de leales servicios.

Suplico a vuestra eminencia que consideréis que en todos

esos años yo no he merecido ninguna censura ni reproche.

Salvo vuestras ausencias.

Si solicite...

Si humildemente solicite un permiso fue para demostrar hasta qué punto me

declaraba su miso a la voluntad de vuestra eminencia.

Y esas turnes no eran sino el modo de llevar a todas partes la gloria de vuestra

eminencia de hacer más patente el renombre de la capilla musical de Salzurgo.

De un salz burgo donde nadie comprende nada de nada.

Suplico a vuestra eminencia serenísima que tenga bien perdonarme.

Bien, toma nota de vuestras excusas.

Quedados.

Pero vuestro hijo le despido.

Su carta era de lo más insolente.

En mi extremada bondaje quisiera considerar que no

la recibí, que nunca fue escrita, pero... A la calle.

Estando a mis servicios, hay más que dos soluciones.

O se obedece o se es despedido.

Quiero tres cartas por semana.

Con todos los detalles, me oyes, todos.

Hay te puesto el itinerario y las direcciones de la gente a quien puedes recurrir.

El dinero y las letras de cambio, naturalmente, no gastes demasiado.

Si queréis ir a Paris, no tenéis por qué preocuparos.

Game no se espera.

Leopold.

¿Qué quieres?

¡Vamos, Tresel!

¡Vamos!

¿Qué pasa?

Tengo miedo, Leopold.

¿Crees de verdad que esta es la mejor solución?

Volga no puede quedarse.

Y yo no me puedo ir.

No podemos dejar que volgan se vaya solo.

Ya sabes cómo es.

Por eso, me hará caso.

Claro, naturalmente que sí.

Nos vamos tan lejos.

Y esa primera vez que te lleno separamos.

Es por nuestro hijo.

Vamos, vamos, vamos.

Bien, podemos partir ya.

Cuando queráis.

Ahora.

Y sobre todo.

Sobre todo, no pierdas el tiempo.

Por favor, padre, ella me conoces.

Sí, sí, te conozco, te conozco demasiado.

Siempre dispuesto a confiar en cualquier.

Te lo ruego.

Te lo ruego, no confies en las buenas palabras.

Los hechos son los que cuentan.

Sí, los hechos.

Y sobre todo, se viene educado.

Una buena educación, unas reglas las cosas.

En cuanto llegues a Magin, pide audiencia al

principalector para la plaza de la que te he hablado.

Y tenme al corriente.

Escribe, escribe muy a menudo.

Y a ti también, mi sultana de trevizondo.

Y nos tranquila, no, sin quietéis, velaré por todo, no te mai, señora.

Y yo velaré por mamá.

Esperad, esperad.

No les edad mi bendición.

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