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¡1764!
¡Vuelas noches!
¡Vuelas noches!
¡Vamos, vamos!
¡Sí, sí!
¡Es un honor para mí volver a veros, señor!
La habitación cuatro, como de costumbre, y un vino caliente...
¡Sí, sí, la cuatro!
¡Vamos, vamos!
¡Ya va, ya va!
¡Vamos a vuestra disposición, señora!
¡Bueno, viene a alguien a ayudarme, ¿o qué?
La habitación dos, si os parecerían, tiene Edredom Doble.
¿Y un vino caliente tal vez?
¡No, nada de vino caliente!
¡Atención!
¡Sí, sí!
¡Ah, los soldados!
¡Al fondo!
¡Al fondo a la derecha!
¡Sí!
¡Oh, perdón, señor!
¿Qué es?
¿Qué es este zafarancho?
¡Solo usar el rojo, señor!
Me hacen el honor de dormir en mi casa.
Bonita gente, la... Mi posado aseprecio de ser la mejor de muerte, más, señor.
Somos cuatro.
Os daré las habitaciones seis y siete, se comunican.
No, no, basta una sola.
De todas formas, se comunican.
Cuidado, tenés cuidado, es un clavizémbalo, no un barril de vino.
¿Serán brutos?
¡Oh, es horrible, papá!
¿Está enfermo el pequeño?
No, no, es la quinta del clarín, que suena desafinada.
¿Qué es un clavizémbalo?
No sé lo que puede ser, pero pesa, como un boí.
Por aquí.
Cuidado con ese escalón.
Esas.
¿Puedo preguntaros por vuestra gracia?
Vice maestro de capilla, Leopold, Mozart y familia.
Música?
Sí, al servicio de monseñor, se gizmón de fones ratenbaj.
Príncipe al cevismo de Salzburg.
La habitación son tres florines.
Conforme.
La comida a pensión son 25 croissers.
Hemos tenido por el camino.
Voy por una vela.
No se aguardan en el palacio de su alteza, en Stuttgart.
Eso sí que lo poco en duda.
¿Por qué?
El príncipe ha partido hacia Leopold.
¿Estáis seguro?
Un correo me dijo que se iba por un mes.
Cuando se alquilan soldados en toda Europa y que ocuparse de ellos.
Nuestro príncipe está siempre metido en cuarteles.
No irás a cambiarles las hábanas a esos autimánquis, ¿verdad?
El cliente de Ayer tenía la fibrecuartana.
¿Y qué?
¿Tú?
¿Cuál da todo eso?
¿Y tú?
Adormir.
¿Qué pienso hacer ahora?
Píralo Vincuro.
Dejaremos la diligencia y el claremos un carboaje.
¿Y tú qué quieres?
El orinal está detrás de la manpada.
Escuchan, María.
Es para la gaceta de Frankfurt.
El 15 de este mes, el señor Leopold Mozart, llegará con sus dos milagrosos
hijos antes de partir hacia Francia y la Terra.
El público de Frankfurt tendrá el placer de apreciar las prodigiosas dotas de su
hija de 12 años, así como las de un niño de 8 años su hijo, que es el más grande
músico de todos los tiempos con el violín y el clavice en balón.
¿Qué te parece?
Exageras un poco, ¿no crees?
No, nunca es suficiente.
Hay que despertar al público.
A nuestros alemánes, sobre todo, que son sordosco.
Bien, ahora vamos a trabajar un poco antes de costarnos.
Volgan, la sonata duro, vamos.
¿Qué?
Después de tan largo día de viaje, tienen que dormir.
No, mamá, quiero tocar.
No estoy nada cansado.
Lo ves, Ana María.
No está nada cansado.
Ana,
Ana María, ¿tú ataqué con la mano derecha?
Papá, se burla de mí.
Deja la empaza, volgan.
Bien, hace un escalenzón.
Presta atención al cambio del pulgar, te
equivocas porque haces mal el cambio del pulgar.
¿Tú ataqué?
Bien, ves cuando quieres.
Levantate, escúchanos.
Escúchanos a tu hermano.
¿Preparado volgan?
Vamos.
Está bien.
Está bien, volgan.
Pero...
¿Qué te pasa?
Papá, tengo una sorpresa para ti.
Una sorpresa?
Nane, dame tu silla rápido.
Me ha venido la cabeza esta tarde.
Lo vas a escribir, papá.
Te ha gustado, papá.
Tienes dos posiciones equivocadas.
Mira, tu dedo e indice no puede tocar el fa.
Tienes que hacerlo con el medio así.
Por Dios, vais a acabar con este escándalo.
Estamos en una posada.
Y en una posada la gente paga para dormir.
Pero, señor.
Los militares por lo menos comen.
¿Cómo os permitís?
¿No sabéis con quién estáis hablando?
No sabéis.
No, papá.
No, papá.
No, no, no.
¿No os da vergüenza?
No tengas miedo, hijo.
Callados, alma perdida.
Estaba ahí, en la habitación del lado rezando, y he oído esta música.
A señores, como si Dios mismo, la voz de Dios en la noche.
Y son estos niños.
Estas almas inocentes.
Vamos, salid.
Herbuestra presencia aquí, la que ofendia el señor.
Gracias, padre.
Gracias.
Te no sé por vos.
Nos ha tratado de bribones delante de vos.
Mi esposo se lo ha enseñado todo el pequeño padre.
Sí, el clavicembalo, el violina.
A neger, a contar, a escribir.
Si, vuestro esposo es el dindo representante del señor, de nuestro señor
que ha tenido a bien colmar a vuestros hijos de todos los dones.
Cuando pienso que en viena, tocamos en todos partes para los principios,
los duques, los condes, hasta para su majestad, padre.
En Shembur?
Sí.
El emperador pasaba las páginas de la partitura del niño.
Anda bien, ¿volvan?
Sí, mamá.
Arecer tus oraciones.
Vamos, señor Mozart.
El emperador.
No me creéis.
Leopold.
Los niños te esperan.
Vé del regalo de nuestro emperador Francisco.
Y este es el de la emperatriz.
María Teresa.
Dios la vendía.
Ahora ni a Figatafal.
Figatafalévita.
Cera mica.
Cera mica.
Atica, atica, atica.
Después de Dios vene, papá.
Sí, pero Dios primero, vuelga.
Ya verás.
Estos soldados se acabarán por trasmos una guerra de siete años.
También, no, dame eso.
No, no es mía.
Ahora la tengo y me la quedo.
¿Qué ocurre?
Enséñame eso.
Pero si es la cruz.
La cruz que me dio el con de Palfi, ¿de dónde la habéis cogido?
No le cogidorán con todo el suelo.
En qué sitio?
En la habitación cerca de la puerta.
Cerca de la puerta, pero si estaba en el cofre.
El cofre.
Dame el cofre rápido.
La tabaquera de la princesa Lyslopsky.
La tabaquera de Diamante se ha volado.
¿Cómo, volado?
Volado, desaparecido, la han robado.
¿Pero quién puede?
El sacerdote no ha podido ser otro, y al salir se le debe haber caído la cruz.
¿Por qué estás ticito?
Un sacerdote.
Un impostor.
Por supuesto, un sacerdote falso.
Ahora parece que os hay por todas partes.
Escuchaba esta música.
Que acción de gracias a nuestro señor.
Continuar para purificar el aire.
Muy alerme muy pequeño.
Como una ratita en un rincor.
Una ratita pequeña con grandes orejas.
Y una patita dentro del cofre.
Abra el cofre, señor Mozart.
Fistigristi, místigri.
Cofre, abrete, que una cruz te cogeré.
Volgán.
Basta de niñerías.
Papá ya nos regalarán otras tabaqueras.
Excelencia.
¿Qué deseas?
Leopold Mossara, excelencia.
Vice maestro de capillado del Príncipe Arzobispo de Sars-Lúrgo.
Sejís un de formas ratembar.
Soy también el autor de un método de violín.
¿Sí?
¿Y qué?
Soy recomendado a su alteza por su excelencia al condefon golf.
Vede, esperamos que su alteza nos haga la gracia
de escucharnos en el momento que lo jude oportuno.
Les estaríamos muy reconocidos si pudiéramos tocar en su presencia.
Música en turno.
Sería preciso que fuerais un virtuoso excepcional para
que su altezas se interesara tan solo un poco por vos.
Y no creo que... pero excelencia al caso es que no se trata de mí.
¿Cómo?
No entiendo.
Todo está en la carta de excelencia.
En mis hijos son unos virtuosos consumados que han tocado ya delante de sus
majestades imperiales y reales en viena al año pasado y a su mayor satisfacción.
Hace ocho días.
Sí, he comprendido.
Gracias.
De modo que se trata de esto.
Mi hija, Mariana, doce años.
Mi hija, volcan, ocho años.
Abarados el desengaño.
Ya tuvimos aquí a los automatas del señor Milsau hace dos años.
Había en especial una atracción bastante sorprendente.
Un jugador de ajedrez de lo más curioso y nuestro príncipe no se interesa lo más
mínimo de modo que... Mis hijos son auténticos por dios.
Por otra parte, su altefa está en la casa del Jabel.
Hay que desearle que cobre buenas piezas.
Podría al menos ver...
Había estimado colega... el maestro de capillaje a Jomeli.
Me sorprendería mucho.
Hay misa mayor aquí en el castillo pasado mañana.
El señor Jomeli está en pleno ensayo y eso le lleva todo el día.
No creo que... Y después de la misa mayor.
En el día del señor.
¿Qué?
Jomeli os ha recibido?
¿Qué le ha parecido el pequeño?
Sí.
Cano mío, un miráculo...
increíble, increíble... que un niño alemán pueda tener...
este talento, esta pasión, este espíritu.
Resultado, se las ha reglado para que no podamos ni presentarnos...
pero por qué?
Teme que yo le quita el puesto.
Imagínate, un sueldo de cuatro mil tales...
casan la ciudad, casan el campo, la leña, el carbón.
Y el otro, ¿qué hace?
Está de casa.
Creen que estos versalles... un día nosotros sí que estaremos en versalles.
Andan a neros, andan a neros.
Esos italianos, que nos quitan...
todos los cargos charlatanes, que quieren hogar la música alemana.
¿Qué te han hecho, papá?
No me escuches ahí, está el misterio.
¿Qué misterio?
Que la música italiana puede ser tan bella... cuando está hecha por italianos.
Y el príncipe es malo contigo, papá.
Entonces lo detesto.
Volcan.
No.
Los príncipes no son malos.
Son el sol que no se lumbra.
Los regentes del altísimo en la tierra.
Debes respetarlos, sin ellos no eres nada comprendes.
Son la mano que te alimenta.
También el príncipe.
Claro que sí.
Bien.
Nos marcheremos mañana.
Afortunadamente en Frankfurt tenemos dos conciertos seguros.
Y los burgueses pagan con buen dinero.
No, anda bien.
Volcan.
Nanel.
Nanel.
Nanel.
Aguardadme aquí.
Pero Nanel, ¿qué es lo que te pasa?
¿A quién se lo ocurre desaparecerá así?
¿Qué te pasa?
¿Qué te pasa?
Es que no vas a hablar.
Tú no me quieres.
Todos para volcan.
Y para mi nada.
¿Estás loca?
Solo se habla de él.
Quiero marchar, me quiero irme.
Por favor, Nanel.
Tú ya eres toda una jovencita.
Debes comprenderlo.
¿Eh?
Tu hermano es tan pequeño.
Por eso tiene éxito.
Bueno, compone un poco, toca bien, pero tú eres ya una auténtica virtuosa.
Mira, a partir de Frankfurt, tu alegro de concierto lo tocarás sola.
Y en Paris lo pondremos siempre en el programa.
Conforme?
En Paris.
Anda, vamos.
Tengo los pisos en tu mecidos de tanto andada.
Pesida.
¿Estás segura de que hay un secreto de alemanía en esta parroquia?
Sí, es el Padre Conare que la ordene de los capuchinos.
La señora Fanei me va a recomendar.
¿Dónde están los niños?
Wolfen ha cogido frío.
Tenía que pasar con esas camas que no tienen ni Adon.
Y la cocina francesa no le sienta bien, igual que ti.
Está en casa de la señora Fanei.
Tomándose muy caldo caliente.
Inanera?
Está con él ensayando.
¿Y tú?
He podido arreglar un concierto en casa de la princesa de Conti.
Una gran reunión, pero adentro de nueve días.
De aquí, entonces, nada.
Y las cartas de presentación que tenías.
Un buen concierto es mejor que nada, ¿no?
No es suficiente.
Y es todo, ¿no has visto el dimas?
Esta ciudad es demasiado grande.
Una sola gestión y ha transcurrido todo el día.
Tantragente, tanta gente.
Y todo es comprisa o compadre.
¿Tienes miedo de que nos salga bien por los niños?
Ahora falta que él no se llude.
Me gusta esta ilésia.
Me recuerda un poco la nuestra desalzgar.
Sí, está bien.
Pero... La nuestra es más bonita.
Bien y más gente.
Los franceses son católicos, pero te diré una cosa.
Carecen de virtud.
Mira a esa.
Incluso aquí, en un iglesia, las mujeres van empolvadas.
Se nota el olor a Rod.
Musica mala.
Y mala vida.
Así son los franceses.
Entonces, ¿por qué hemos venido aquí?
Porque aquí los niños pueden empezar una verdadera carrera sin paris nada es posible.
Bueno, voy allí.
¿Tú te confiesas hoy?
Después de ti, el leopold.
Un beso de fe.
Un beso de fe.
Un beso de fe.
Un beso de fe.
No sabéis que sería incapaz de los niños.
Corre
las notas falsas.
Lo hago a propósito.
Ni siquiera se dan cuenta.
Que el gente son estas.
No les guste la música.
Por mí volvamos por tu padre.
¿Qué gente?
Los de texto.
¿No sabéis la última de mi rojo a propósito?
No, no, no.
Desde esta mañana ya me lo habéis contado tres veces.
No hay nada más exaspirante que esa manía de contar las oporencias de los otros.
No tenéis ninguna vuestra.
Buenas notas y a todos.
Buenas notas.
¿Qué?
¿Cómo se porta nuestro querido Edmond?
Sigue con la pasión en clor.
¿Cómo es Posos?
Ah.
¿Es a mí?
Sí, vení.
¿Tiene?
¿Cómo?
Pero sí es un maravilloso mar.
¿Les pagó?
Sí.
Traeme un poco de champagne.
¿Nuestra querida tesesta?
Esta radiante esta noche, no la buena, amigo mío.
Es covencita.
¿Tocas de una forma?
Que llega el corazón.
¿Cómo te llamas, covencita?
Mozal, señora.
Golden Mozal para serviros es mi hijo.
Y Mariana, mi hijo.
Es un alemán.
Y de salgurgo, sí, señora.
La señora princesa de continuos ha hecho lo enordinbitarnos.
Mis hijos han tocado ya para sus majestades imperiales y reales.
Sigue tocando, jovencita.
Sigue tocando.
¿Conoces o clas de la lina?
¿La conoce?
Sí, señor.
¿El tenido que luchar para conseguirlo?
¡Oh, no!
Calla, ocha la banda.
¿No veis que aquí está ocurriendo algo asombroso?
¡Oh, señorita de Leclerc!
Antuan, armán, venit, venit.
Es un milagro, un milagro.
Daman si caballeros.
Si vuestras señorías lo tienen a bien.
Mi hijo, que os recuerdo que sólo tiene ocho años.
Vamos a ofreceros otra variación sobre el mismo tema.
Pero esta vez... Esta vez con el teclado cubierto.
Buenas noches.
Andé sin me gris.
Señor, atendré al fin la dicha de pesados.
¿Estáis ansioso de noticias?
De eso, ¿cómo?
Tengo algo importante para vuestra gaseta.
Ay, hay un verdadero prodigio.
Ni viene de vuestro país.
Venita a verlo.
Vamos.
Si vuestro genio.
No, no, no.
Perdón.
Perdón.
Señor.
Señor.
Por favor, señor.
Mozart de creo.
Señor Mozart.
Voy a hacer una proposición, queridos amigos.
Prestad mucha atención.
Escuchad.
Escuchad.
Veamos.
A este jovencito que nos asombra a todos, le voy a lanzar un reto.
Jovencito.
Voy a cantarte una dieta.
La compuesto para mí, el señor Getri.
Sí, sí, sí, para mí sola.
Aceptas ponerle acompañamiento.
Improvizándonos sin conocerla.
Yo la canto.
Tú me acompañas.
¿Qué dice?
Señora, dice que sólo necesita que le canteis
los dos primeros compases para coger el tono.
Pero yo creo que sí.
Enseguida.
Enseguida.
¡Dóngela!
¡Vemos!
Síntate, Nane.
¡Dóngela!
Señor Mozart.
Señor Muria.
Como en parís desde hace más de 15 días y yo Grim no sabía nada.
Con ese talento, y yo no sabía nada, es increíble.
Su majestad tendría que darle oído ya.
Debeis darle a conocer, amigo mío.
Bueno, tengo aquí unas cartas de presentación.
Que no se habrán servido de nada, estoy seguro.
Efectivamente.
Hasta ahora no... Yo soy alemán.
Aha, vosotros.
Sí, pero francés de vocación.
Melisior Grim secretario Solteza, el duque de Orléans.
Lo que necesitas es son artículos, amigos mío.
Artículos, artículos y más artículos.
Dejalo de mi mano.
Dentro de tres semanas vuestro pequeño prodigio.
Habrá sido lanzado.
Versalles.
¿Qué estás haciendo?
Despierto todavía estas horas.
He intentado acostar, pero no ha querido hacerme caso.
Por una vez que podía acostarse temprano o como los otros niños.
¿Cómo ha ido el concierto?
Como su música francés, agua clara.
Nada digno de comentario.
He visto un tal señor Carmontel que quiera hacer el retrato del pequeño.
¿Azque se acueste y bento después también por favor es mitad?
Sí.
Vamos, volván.
Hay que acostarse ya.
¿Dónde estás?
¿Qué haces ahí?
Papa, quieres escribir sonatas para la señora de Tese.
Está amable.
Y está bonita de más.
Y canta bien.
Sonatas.
Solo eso.
Es difícil, volván.
Hay que saber.
Si te empeñas mañana empezaré a enseñarte.
Tú tratarás de encontrar ideas y yo te las escribí.
Toma, papa.
Es para ti.
Es escrito ya un movimiento.
Un movimiento entero en tu papel.
Te arriba abajo.
¿Cómo tú sabes hacerlo?
No es difícil, sabes.
Es como la del señor Chober, que oímos en el concierto.
¿Has escrito esto esta noche?
Sí, desde que hemos entrado del jardín.
Es divertido, sabes, papa.
Tenía todo ese en la cabeza mientras paseábamos.
Quieto como el río que pasa por casa en Salzburgo cuando está helado.
Y después lo he escrito todo en el papel y se ha puesto a correr.
¿No lo has tocado al clavicén, malo?
No.
No quería despertarlas.
Andadime, estás contento.
Tocalo.
¿No duermes?
No.
Escucha.
Tengo que decir de algo muy importante.
Está enfermal, niño.
No, no, claro que no.
Calmate.
¿Te acuerdas de la emoción que nos produjo hace tres años?
Cuando el niño tocó la parte del segundo violín con Chandler.
Y que la tocó casi exacta cuando nunca había tomado una lección de violinte.
Acuerdas.
Aságnas les saltaban las lágrimas y volvían sólo tenía cinco años.
Sí, pero... La sensación que tuve entonces.
La sensación de que iba muy de pisa más de lo que nos podíamos imaginar.
Era inconcebible, era incomprensible, pero estaban atentes.
Bien, ni qué.
El pequeño es compositor.
¡Más quedótado!
Esta noche directamente en el papel mientras dormía y
se ha compuesto un andante de sonata perfecto, redondo.
Con el relativo en lado minante, la modulación donde es demido,
el acompañamiento.
Y lo he escrito sin un error increíble en la María inimaginable.
¡A su edad!
Otros a los quince años serían incapaces.
Ah, no María.
Creo que nuestro hijo Bozan tiene algo más que talento.
¿Y por qué estás tan nervioso, Leopold?
Comprendelo, es mejor que yo.
No es simplemente un buen músico.
Puede llegar a ser quien sabe, puede llegar a ser algo muy grande.
No, no es verdad que tu sea simplemente un buen músico.
¿Por qué tienes que me nos perciarte siempre?
Tu método de violín es el mejor que hay.
Leopold, yo no necesito tanta grandeza.
Sí, Ana María.
Pero el señor nos ha concedido un don.
Nosotros no podemos decir, no hemos recibido ese don.
Nosotros no podemos decir, no lo hemos hecho fructificar.
Sería un insulto a los ojos de Dios.
Ana María.
Salzburgo.
Andréas, ven a escuchar esto.
El 10 y 9.
Silencia, por favor silencio.
El 10 y 9 hemos vuelto al hondre, seguido al palacio del rey La reina.
De seis de la tarde a diez de la noche.
Al partir hemos recibido una vez más 25 guineas.
El rey ha hecho tocar a Wolfham piezas de baje de Gendel, que la interpretado al
órgano a primera vista y de tal manera, que aquí se
le considera mejor organista que clavicen valista.
En una palabra, lo que les sabía el salir de Salzburgo,
no puede compararse a sus conocimientos de hoy.
Hay escrito su primera sinfonía con todas sus
partes, lo que sobrepasa todo lo imaginable.
Habla siempre de sus amigos y de Salzburgo.
Os saludamos.
Leopold.
Bien.
No olvidemos que esta noche hay que tocar.
Si todo eso fuera verdad.
¿Cómo que si fuera verdad?
Cuando se trata de Wolfham, el bueno de Leopold siempre exajera.
Hoy, en una carta me escribe que Johann Christian Bach.
El hijo del viejo Bach.
El mismo el Bach que es profesor de la reina.
Parece ser que se ha hecho amigo de Wolfham, que le
considera como un igual y que le enseña todo lo que él sabe.
Ya, todo lo que ha aprendido de los italianos.
Si no os conociera como osconozco, aseguraría que estáis celoso.
Celoso?
Yo.
¿Quién esperáis que crea todo esto?
Una sinfonía a los ocho años con todo lo que ello comporta.
Seguro que su padre le habrá ayudado.
Eso está claro.
Y queda por ver si no la compuesto al mis
mil padre ni el hijo son capaces de engañar.
Pero, Gerger, ¿qué tienes contra ellos?
Tengo que yo no me las doy, genio.
Que no me ofrezco como espectáculo ante el rey por 24 guineas la velada.
Yo hago mi trabajo en rádamente y no acosta de mis propios hijos.
Retira de su inmediatamente.
Señor Shadner, queréis acercaros?
¿Es sabido que manteles correspondencia con nuestro vice maestro de capilla,
el señor Mozart?
Sí, eminencia.
Está en el Inglaterra.
Y me han dicho que han sido muy bien acogidos.
En efecto, eminencia, el rey, ya sé.
Lo venoso es que con todos esos viajes hace ya
dos años que no tengo vice maestro de capilla.
Y sigo pagándole, señor Shadner.
En la primera ocasión, en que escribáis al señor Mozart.
Oye, mañana, por ejemplo.
Sería muy acertado por vuestra parte sugerido de que regrese sin tardar.
De lo contrario, beberé obligado a disponer de supuesto.
No lo olvidéis, señor Shadner.
Lo tendré en cuenta, eminencia.
Gracias.
Londres.
Wolfgang, ven a tocar.
He encontrado las fugas de género.
Andarden.
Yo, Juan Cristiano.
¿Qué Wolfgang?
Yo, Juan Sebastián Vustropábre, era también un gran músico.
Sí, un gran músico.
Os enseñó el todo como mi papá me enseñan mí.
Claro que sí.
Él me enseñó mucho.
Mi papá no es nada severo.
Ayer, después del concierto de Chelsea... Si te veras, disto un concierto en Chelsea.
Sí, en un café con Nannel.
Había mucha gente y pagaban por entrar.
Fue divertido, pues él me enseñó.
Me hizo entender todo el cartel del concierto.
Y eso que estaba en inglés, pero lo aprendí, mirad.
Edward Shibon, historiote de cline, anfal, odderroman, empire.
La historia de la... No lo sé, un tendría que preguntárselo, papá.
Sabéis, me gustan los números, el cálculo.
En los viajes él me pone problemas.
Y en Francia aprendí en seguir a Frances.
Y su historia ahí... Y su música también.
Sí, claro.
Mi padre, Wolfgang, era muy severo.
Sí, muy severo.
Pero muy bueno también.
Y un gran hombre.
Me grande que vos.
Me grande que papá.
Oh, Mozart.
Buenos días.
Wolfgang, voy a jugar por ahí.
Tengo que hablar con el señor Baja.
Me han escrito de Salzorgón.
Nuestro píncipe arzobisco no atiende a razones.
Quiere que regresé.
Sí.
Parece ser que mi talento hace falta en las fiestas de Salzorgón.
¿Y por qué no hacerle caso?
¿Cómo?
¿Sí?
¿Por qué quedarse aquí?
Pero... pero ir la carrera de Wolfgang.
Precisamente.
Es que nos dais cuenta.
Mozart, el pequeño está agotado.
Necesita descanso.
Desde hace unos años no ha hecho otra cosa que estudiar y estudiar.
Habéis obtenido todos los éxitos.
Los sonores de la Royal Socie, del British Museum, él
ha podido trabajar con los italianos después conmigo.
Habéis aprovechado todas las posibilidades que estaban a vuestro alcance.
¿Qué más queréis?
Yo creo que Salzorgón le iría bien al pequeño, ¿no?
Vos veis muy claro lo de Salzorgón.
No sabéis lo que es aquello.
No hay vida alguna.
Aquí tengo que acción de dar a conocer a mi hijo.
Puede dar todos los conciertos que quiera.
Incluso en los cafés.
Sí, el pequeño me lo ha contado.
No me guardáis rencor, pero ni vos, ni él, ni vuestra hija mereceis eso.
Una taza de té.
Bien.
No regresaremos.
Pero tengo compromiso en Holanda.
Invitaciones del mismo Príncipe de Orange, que
es preferible al Príncipe Arzobispo de Salzorgón.
Den Agra, la Alla.
Ya le ha ocurrido otras veces.
No es nada.
Los nervios.
Tenemos un medicamento en casa.
Rápida, un coche.
Hay que ir a buscar un sacerdote.
He intentado una última sangria pero la sangre sigue corrompida.
Estas fiebres del cerebro son rebeldesis.
Se necesita una constitución de adulto para poder salvarse.
Pero la semana pasada, doctor, me dijiste que...
Sí, creí en el restablecimiento de los humores, pero
su naturaleza no ha respondido como yo esperaba.
No, no dejéis receta alguna.
En Alemania tenemos unos polvos antiestras módicos.
Encontraréis una iglesia católica en la esquina de Zonderstrad con Meri Benstrad.
El Curecono se llama Fambévere, en el señor Cura Fambévere.
Es culpa tuya.
Todo es culpa tuya.
No has dejado de abusar del pequeño.
Has desafiado al señor por tu mal entendido, orgullo.
Todo para ti, todo por tu gloria.
Y mira lo va a morir.
¿Estás contento ahora?
¿Estás contento?
Estás loca.
Todo lo que he hecho ha sido por él.
Por su por venir.
Todo ha sido para ti.
Solamente para ti.
Hemos tenido que dejar salgurgo sin ninguna razón.
Alguien lo teníamos todo, pero tú les has arrastrado por todos los caminos,
por todas las posadas de Europa.
Por todas las salas de concierto y los salones.
Igual que Nanel, que hace dos meses, también estuvo a punto de morir.
Mamá, por favor, por favor, callate.
Nanel está aquí.
Está aquí.
Porque el señor una vez se dejó con móvil.
Una sola vez.
Pero tú te has endurecido más y más con tu orgullo.
No has querido ir a nadie.
Y ahora él va a morir.
Papá, por favor, el sacerdote.
Ves, Wodgan.
Para tu melodía en terceras, entre el violín
y el cabicémbalo hay que invertirlo todo.
Todo invertido, que cante el violín por encima y bajar el clave a la octava inferior.
El clavicémbalo no canta.
No puede estar nunca por encima del violín, ¿entendido?
Eso no se hace nunca.
Vamos, reemprenden la octava inferior.
Sí, papá.
Esta sonata ya está punto.
Dentro de un mes la tocaré ante nuestro príncipe.
Entonces regresamos.
Les has prevenido.
¿Lo saben ya?
Sí, sí, sí.
Entonces podremos enseñárselo todo.
Se lo contaremos todo, eh.
La cebra del hondres que corría.
Y el rey George que cogeaba.
Y las procesas inversales...
Sí, está bien.
Sí, está bien.
¿Qué, papá?
En Salzburg, las cosas...
Hace tiempo que salimos del país, vulgan.
Has olvidado cómo era.
¿Por qué?
No sigue lo mismo.
No, el río ha cambiado de sitio.
No, está, dito de mío.
Pero... nuestro arzobismo es un gran hombre.
Se respetuoso, es un perlado de nuestra iglesia.
Hay que ver al señor Dios a la vez de él.
Lo entiendes, verdad.
Acercaos, herbice maestro de capilla.
Estáis de regreso.
Habéis tardado, pero al fin estáis aquí.
Me complace.
Vuestras satisfacciones, mi mejor recompensa.
Esto y al corriente, de todo.
Según me han dicho...
Habéis llevado por toda Europa el buen nombre
de nuestro principado y de su capilla musical.
Eso hará que os perdone vuestra ausencia y los
inconvenientes que ha supuesto en el servicio.
Me comprendéis, herbice maestro de capilla.
Me atrevo a esperar eminencia que no habré desmerecido en vuestra confianza.
Ya lo veremos.
¿Qué se hace adelante?
Y aquí al joven autor de las proezas que nos han relatado.
Todo un ejemplo del niño alemán educado en la religión.
Cumple al menos con todos sus deberes, hablo de los deberes para con nuestro señor.
Sí, mon señor.
¿Qué da tienes?
8 años, mon señor.
Es el pequeño Mozart.
Su madre es a la María Bertel de San Guilden.
Ya sabéis.
Seguro que será un buen confirmado.
Bien, volveremos a hablar.
¿No lo retengo más?
¿Ya está?
Su eminencia me ha encargado que os diga que desde
esta tarde volváis a vuestro trabajo en bebre.
Confía mucho en voz y espera que te volveréis los
coros al estado que corresponde a su reputación.
A la reputación de Salzburgo y de mon señor.
Sí, excelencia.
Os autoriza también a que vuestro hijo se quede con vos para la cena en el castillo.
Gracias, excelencia.
Tendría que haberlo visto.
Yo lo vi sin querer.
Estaba feitándome junto a la ventana.
Y en el patio...
Gustav apiéndose el galan.
¿Lendía un beso a la gorda lisa?
Ya sabéis, la verá la encería.
Y al mismo tiempo, pone el pie sobre un temfano de hielo.
Y allá que te va a patas arriba.
Os imaginais que revelen.
¡Pobre, Gustav!
Esquecido, realmente esquecido, ¿no os parece?
Algo fuerte, para mi gusto.
Mi estamago no está exceso.
Lo que ya no me ha hecho tanta gracia.
Es que he tenido que buscar otro mozo de tablo.
Y al pobre Gustav, desde que está lastimado, le
han puesto a cuidar del órgano del señor Hiding.
Ah, Mozart.
El señor Hiding, nuestro nuevo maestro de concierto.
No se trata de aferos la competencia.
Solo tiene contrato por este año.
Encantado, señor.
¿No os haréis pariente de Joseph Hiding?
Es mi hermano, señor Mozart.
Me llamo Michel.
Michel Hiding.
Muy bien.
Y vuestro hermano.
No se ve más de él que vos.
No nos vemos desde hace tiempo.
¿Quién es?
¿Ese?
Es el peluquero de un señor.
El señor vive dentro.
No está bien.
Sí.
No me gusta que lleves esa ropa.
¿Qué ropa?
Está.
Salzburgo, 1768.
Buongaín, está te quieto.
Fíjate.
¿Habéis pensado lo que os dije?
¿Cómo en la cuestión de los arrendamientos?
Creo que ya es hora de que me dais una respuesta.
¿Por qué tendría que tener esos arrendamientos?
Y a ese precio.
Sería a todas luces una bala operativa.
¿Estáis equivocado, Philson, ver creerme a ese precio?
Es un buen negocio, en fin, dejémoslo.
Seguid, por favor.
Lástima que Philson persé asondo.
Hoy hemos tocado para nada.
¿Habéis visto la cara de nuestro vice maestro de capilla mientras dirigía?
No, no me he fijado.
No parecía estar muy agusto.
Y hasta puedo deciros por qué.
El estaba seguro de que se había invitado a Viena con
su hijo para las bodas de la hija de María Teresa.
¿Y qué?
Pues que ha sido el cáser quien ha recibido la invitación.
¿Y lo encuentras justo?
Después de la serenata que el pequeño nos ha compuesto.
¿Y qué acabamos de tocar?
Una serenata que es la perfección misma a sus 13 años.
13 años, 13 años.
13 no son más que 16 menos 3.
Y a los 16 años Teleman había escrito ya 11 conciertos.
Sí, y pergoles y tres óperas no hay que olvidarlo.
Franchamente esta serenata no creo que merezca tanto al Boroto.
Es una música graciosilla, nada más.
Esta es mi opinión y os lo digo como lo pienso, señor Mozart.
Señor Gerhard.
Como maestro de capilla vuestro.
Debo deciros lo siguiente.
El oboe.
Es un instrumento difícil.
Cuando se tiene el honor de dar en una orquesta.
Hay que intentar dar lo exacto.
Por otra parte.
Mi hijo y yo.
Os desperdiamos.
Está claro.
Señor Gerhard.
Ni siquiera te han invitado reflexionar, Leopold.
Vamos a ir y se acabó.
Yo no quiero ir de verdad.
Tú hablarás cuando se te pregunse.
¿Eh?
Habrá un sinfín de fiestas, imagínate.
El matrimonio de una archiduquesa con el rey de nápolis.
Ahora o nunca.
Con un poco de suerte podremos ir recibidos el sombrón.
Pero Leopold, fraude Dr. Varysán.
Y me ha dicho que le ha elegido para Salburgo.
El señor organista Algaser le han invitado a él.
Tres el nadie te ha preguntado.
Tengo derecho a hablar con mi mujer sin que todo el mundo interrumpa.
Vamos.
Intenta comprenderan, María.
Pronto, Wolfgang.
Ya no se estenderá a nadie.
Empiezan a olvidarnos la prueba.
Es que no nos han invitado a bien.
Pero, Leopold.
Espera.
Espera.
Ahora, Wolfgang, se oga aquí.
En Viena puede tener una oportunidad.
Aquí también hay personas de talento, Leopold.
Mira, Michelle Hiding.
Bonito ejemplo.
Un borracho.
Y otra vez a recorrer los caminos.
Adormir en las posadas.
Viena esta tres días.
Sí, pero tú no ha sido invitado.
Pero todo.
Y Wolfgang es aún tan pequeño.
Y pequeño?
Tú como todas las madres estás completamente ciega.
Volgan.
Volgan.
Venga aquí.
Venga aquí enseguida.
Ahora verás.
¿Qué pasa?
Ponte aquí.
4 pies y 6 pulgadas.
No, 6 no.
4.
6.
Volvidas los tacones.
No, María, no tengas mala fe.
6.
4.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
4.
6.
Viena.
Viena, en él, en él.
Por favor, ya estas mejor tienes que comer.
Wolfgang, te fatigas demasiado.
Apenas que tienes en pie.
Me gusta cuidar la mamá.
¿Quieres que te haga también un caldo?
Sí.
Y dile a papá que cuando en él duerma, tocaré un poco el clavice en balón.
Eso ha ido, quiere tocar.
Ya está mucho mejor.
Creo que se lo haremos en nuestros dos hijos.
Ah, no María.
Pero ¿qué te he dicho?
Me han dicho que los mes nervios se han ido al campo.
Y los vecinos de abajo también.
Allí había dos muertos en la calle.
Condenada viro en la quefa, talidad.
Que mala suerte.
¿Oyes?
Sí.
¿Qué significa?
¿Por qué tocan las tampanas?
¿Qué daos aquí?
Voy a ver.
¿Qué ocurre, señor Alesner?
Nuestra querida princesa, María Josefa.
La joven prometida a muertos de mañana, señor Moso.
Ya veis, querida.
Esta gran mansión.
Esta hora vacía.
Y triste.
Pobre, señora.
Pobre María Josefa.
Tan joven.
Y en la víspera de su boda.
Y pobres reidenapoles es para compadecerle.
Sinfonías.
Sinfonías, sonatas, misas.
Sin contar sus cualidades de virtuoso.
Al clavicembalo, al violín, al órgano.
Que hemos podido desarrollar desde nuestra última instancia aquí.
Y vuestros hijos no han sufrido contagio.
O sí sí, los dos.
Pasamos tanto miedo.
Pero gracias, adiós.
Sí, claro.
Gracias, adiós.
Y en cuanto a nuestro pobre rey de napoles, le daré a otra de mis hijas por esposa.
En su infinita bondaje, señora querido, darnos abundante descendencia.
Son los designeos bien aventurados de la providencia.
Fue hace cuatro años, creo.
Su majestad es muy bondado solo recordarlo.
Me atrevo decir que mi hijo ahora...
puede rivalizar con los mejores músicos de biena.
Señor Mozart, mis arcas están vacías.
A usted ya está rolnada por las guerras.
Y antes que nada, debo preocuparme de los intereses de mis súptitos.
Los puestos están ocupados.
Y no puedo crear otros.
Si su majestad se dinase escucharle,
suplico a su majestad que tenga bien perdonarme.
Tal vez haya un medio.
No quisiera dejaros marchar con la sensación de
que vuestra familia no me interesa, señor Mozart.
Si me interesa.
Pequeño.
Si, majestad.
Sabríos escribir una ópera para biena.
Sí, claro que sí.
Sí, papá, sí, sí.
Su majestad podrá ver que... dejarle hablar.
Dí, Pequeño.
Pues... hace años que lo deseaba.
Es algo que me haría tanta ilusión.
Sabré majestad, sabré hacerla.
Gracias, gracias, gracias.
Si quieres conservar la amistad de la emperatriz, modera tu entusiasmo jovencito.
Bien, tendréis que ir a ver al Condé a Flesio, necesito mis teatros imperiales en
arriendo, pero creo que una recomendación de mi parte un tiene alguna importancia.
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