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Muy bien.
- ¡Lo tengo! - ¡Bien!
Berlín siempre ha sido una de las ciudades más importantes de Europa... un centro.
Y estas habitaciones están en el "centro del centro".
Los edificios oficiales están tan cerca que se puede desayunar con el Canciller.
El brillo del nuevo milenio se irradia desde estas ventanas.
Vengan por aquí.
Quitaremos el papel de las paredes y las remodelaremos.
¡Rudi, deja eso!
Rudi, ¿dónde estás?
Las fotos y la silla son mías. Podéis quemar el resto.
- ¿Tienes mis cosas? - Claro, Sra. Wust.
Vengo enseguida.
Bien.
Bonita falda.
¿Un último vistazo?
Se acostumbrará, Sra. Wust. Acomódese,
y después le presentarán a los demás. ¿Le gusta jugar a las cartas?
¿Sra. Wust? ¿Dónde está? ¿Sra. Wust?
¿Dónde va, Sra. Wust? Sea sensata.
- ¡No se vaya! - Debo irme. - ¿Adónde va?
- ¡No, no, no! - ¡Quédese! ¿Adónde cree que va?
¿Dónde va, Sra. Wust?
¿Ilse?
Pues sí, me llamo Ilse.
En noviembre del 43, fui con mi novia a oír la novena de Beethoven.
La batalla aérea de Berlín duraba ya tres semanas.
Pero la vida es contradictoria.
La guerra no me interesaba en absoluto esa noche.
En mi cabeza sólo estaba Felice y su elegante perfume.
¿Te pasa algo?
¿Ilse?
Le dije que no podía cuidar a los niños,
porque tenía que cuidar de mi padre enfermo.
- ¿Son el Sr. y la Sra. Wust? - No. - ¿No?
No es el Sr. Wust.
Bonita.
Muy bonita.
¡En mitad del movimiento no! ¡Que nadie deje la escena!
- ¿Dónde están mis gafas? - No las encontraremos.
- ¡No me iré sin ellas! - ¡Mujeres!
Al sonar la alarma, Felice pudo mirar bien a la Sra. Wust,
para la que yo trabajaba ese año. Era irresistible.
- ¿Son suyas? - Sí, muchas gracias.
¡Ernst! ¡Mira! Nunca me las pongo, pero...
- Lo entiendo. - Gracias. - Gracias. Vámonos.
Por favor, usen las salidas laterales...
No te emociones. Lo prueba con todos,
pero siempre se queda con su marido.
- Unos ojos preciosos. - Cuando marchan las juventudes.
¿Felice Schragenheim? ¿Srta. Schragenheim?
Su padre era un buen médico.
Cuídese.
Dios santo.
¡Rápido! ¡Rápido!
Toma.
Vamos.
Mandaron a los 50 mejores fotógrafos a retratar los mejores edificios.
Van a destruirlo todo.
Toma. Para tus amigos ingleses.
¿Estás loca? ¿Qué es esto?
Las últimas listas de transporte de Hungría. Que Schmidty les haga fotos.
- Hasta mañana. - Felice.
Has perdido el sentido del peligro. Eso no es bueno...
para nadie.
Nadie tenía mejor coartada que Felice.
Trabajaba para un diario nazi, escribía miles de poemas
y nunca dejaba escapar a nadie de pelo largo y brillante, como yo.
A veces pensaba que Felice era muchas personas.
Cuando me hacía con una, alguna de las otras me traicionaba.
Era difícil retenerla, y sólo con su abuela
se comportaba gentilmente.
Aaron, tienes los labios azules. Bébete esto. Te hará bien.
No puedo creerlo.
- ¡Abuela! - ¿Por qué no me escucha?
Se lo he dicho mil veces:
"Quédate en casa. No salgas a la calle. No vengas".
¡Abuela!
Medio Berlín está en llamas. ¿Y no te metiste en el refugio?
- ¡Siéntate! - ¿Estabas acostada?
- ¿Y tú en el concierto? - ¿Qué tiene eso que ver?
- Entonces no me hables de peligro. - No. Ilse y yo...
¡Y menos con la boca llena!
Lo siento, Ilse. Ya sé. Las abuelas siempre traen problemas.
De pequeña, quiso tirarse con el trineo al revés por una montaña, ¿no?
Sólo una vez. Y fue idea de mi hermana.
- Ella está en Inglaterra. ¿Y tú? - ¡En la luna! Bien a salvo.
- Ilse, ¿por qué hay gente tan loca? - No lo sé.
- ¿Y su prometido? - ¿Quién?
Su prometido. Se va a casar.
¿Cómo es? ¿Quién es?
¿Puede mantenerla? ¿Qué aspecto tiene?
Guapo, alto, moreno...
¿Se la llevará?
Pronto, abuela. Muy pronto.
Señora,
¿podría darnos las sobras de las patatas?
Ilse, tú la cuidarás, ¿no?
Esta noche he tenido un sueño precioso contigo. Daría lo que fuera...
por besar...
tus tiernas manos...
... y quizás el principio de tu cuello.
Tu cuello... y algo más.
Bueno, Srta. Schader. ¿Sigue de una pieza?
Hemos derribado 41 aviones, pero mi retrete ha desaparecido.
- ¿Cómo va mi editorial? - Lo tiene en su escritorio.
Mi querida Srta. Schrader, ¿qué haría yo sin usted?
5.000 apartamentos en una noche.
Caos total en la sede del partido. Todos tienen los nervios de punta.
Si la gente supiera lo que está pasando... Sálvese quién pueda.
- ¿Le apetece? - No, gracias.
Pero Goebbels es un genio.
Anoche dijo que los grandes dejan su marca.
Y cuando desaparecen, su marca permanece. ¿Qué opina?
Brillante.
- Manténgase alerta. - Claro.
Eres bellísima.
Esta noche he tenido un sueño precioso contigo. Daría lo que fuera...
"... por besar tus tiernas manos, y quizás también tu cuello...
como se besa una rosa." No está mal. ¿Eh, Ilse?
"Quisiera quedarme a solas contigo, abrazarte y volvértelo a decir."
¡Bernd! ¡Eberhard!
¡No fue en las montañas, tonto! ¡Fue en el zoo!
Entonces ya no juego. ¡Y te desmontaré el castillo!
¡Basta ya! Si os vuelvo a oír,
os mandaré a los comeniños...
¡de Baviera!
- ¿Está claro? - Mami, ¿quién es el General?
¡Callaos!
"Quisiera encontrar estrellas. Para ti y para mí.
¿Sabes por qué?
Te amo.
Eres tan hermosa. Jaguar."
Nadie me ha... Esto es...
Nunca he recibido algo así.
¿De quién será?
¿De Ernst?
¿Qué te pasa?
¿Voy a comprar sémola?
- ¿Sémola? ¿Ahora? - Sí.
Ahora.
¿Quieres ver una cosa? Mira, acércate.
¿Por qué escribes esas cartas?
Sólo he escrito una. ¿Cómo ha reaccionado?
¿Algo que contar? ¡Venga, cuenta!
Ilse, es para divertirme. Sólo eso. Nada más.
¿Te parece "divertido" que huela a los judíos?
¿Es "divertido" culpar a los judíos de cada bomba que cae?
- ¿Eso dice? - Lo ha dicho esta mañana.
- Qué coincidencia. - ¿Por qué?
- Porque tengo una cita con ella. - ¿Qué tienes qué?
- Quizá pueda. - ¿Pueda qué? - Oler a los judíos.
Felice, ¿hay algo que te detenga?
Oh, sí. Muchas cosas.
¿Qué llevas ahí?
¡Oh no!
¿Thüringer? Mi salchicha Thüringer. ¿Es de verdad?
Sí, de la redacción.
Esto para ti.
Lo demás es para la abuela y para tus padres.
Hasta luego.
¡Señor! Ilse. Llegará en cinco minutos. ¿Dónde están mis gafas?
Ahí.
- ¿Dónde? - Ahí mismo.
Qué nervios, señor. ¡Qué nervios!
- Ilse, ¿cómo estoy? ¿Bien? - Claro. Como siempre.
- ¿Sí? - Tan atractiva como siempre.
¡Bernd! ¡Eberhard! ¿Estáis locos?
¡Limpié esta habitación hace diez minutos!
- ¡Recoge los soldados! ¿Y los zapatos? - Los llevo puestos.
¡Fuera del sofá! ¡Salid de aquí! ¡Eberhard, ponte los zapatos!
- Estábamos jugando. - ¡Fuera!
- Fuera de ahí. ¡Ilse! - ¿Sí?
- ¡Oh, no! ¿Quién ha sido? - Yo no. - Yo tampoco.
Era un regalo de Günther. ¡Nos va a matar, a todos!
No importa. ¡Poneos los abrigos y a la calle!
- ¡Al zoo otra vez no! - Sí, venga...
¡Parad! ¿De quién es esto?
Mío.
Póntelo fuera. Hasta luego, cariño.
A divertirse. Dame un beso. Tú también. Adiós.
Cuando llegaba su amado, la Sra. Wust parecía una adolescente.
Se pasaba el día limpiando, para que nada
interrumpiera su dulce encuentro.
Romántica hasta la médula, pensaba que la carta de Felice era de él.
Esperaba con ansia el momento de arrojar
su anhelante corazón a los pies de él.
¡Incomprensible! Tanto trabajo por un hombre.
Mira. Nadie lo entiende.
Sólo se habla de comida. No tenemos de esto...
- Hola. - ... no tenemos de lo otro.
¿Cómo va eso, chico? ¡Heil Hitler!
¿Me amas? Dime, ¿me amas?
Mira. Ven, mira esto.
¿A que es un árbol? ¿Eh? ¿A que es un árbol?
Princesa, ¿es un árbol o no?
¡Dios! ¿Será tu marido?
- ¡Lilly! - ¡Es mi padre!
¡Con mi madre!
¿Qué?
- ¿Dónde? ¿No tienes balcón? - ¡No! ¡No! ¡Aquí!
- ¿Qué te pasa? ¿Estás enferma? - ¿Enferma?
Sí... Digo, no. Es que iba a salir.
- ¿Dónde están los niños? - En el zoo. - ¿Otra vez?
- Ya fueron la semana pasada. - Y la anterior.
- ¿Ha llegado Günther? - No. Sí, es que se dejó sus cosas.
- No sabía que había venido. - Yo tampoco.
¡Pues qué alivio! No habla más que de armas maravillosas y de victorias,
y en realidad nadie sabe lo que pasa en el frente.
Déjalo ya. Tú eres el que no para de hablar de política.
¡8.500 toneladas de explosivos en dos semanas!
Y continuarán hasta liquidar a esa basura.
¿Habla de los soldados alemanes?
¿Quién es ése?
Pues...
Es... el Capitán Ernst Biermösl.
¿Has oído, Lilly? En el frente no tenemos
ni idea de lo que pasa.
Las respuestas están aquí.
Usted y sus amigachos sí que lo saben, ¿no es así?
De todas formas, me gustaría saber que hace Vd. en la habitación de mi hija.
La danza de Baviera.
Le voy a denunciar.
¿Y ahora qué dice?
Nada.
Ahora puede oler la muerte como su yerno.
¿Dónde está la puerta?
- Fuiste un poco excesivo, ¿no crees? - ¿Por qué?
No... ¿No hablarías en serio?
Tú y los de tu casta no vais a durar mucho.
Pero...
Tú...
Tú...
¡Vete!
¡Vete! ¡Vete!
- ¡Lilly! - ¡Es que nunca puedes callarte!
- Lilly, ¿adónde vas? - ¡Al zoo a por mis hijos!
Por lo menos serviré para algo. Heil Hitler.
Ni Hitler ni sus vampiros podían romper las costumbres de Felice.
Su punto de encuentro favorito era el "Hotel am Zoo",
donde se veían tantos uniformes que la raza no era problema.
Así era Berlín entonces: Fuera la gente moría,
y dentro bailaban al compás.
De parte del Teniente von Deeken, quisiera invitarlas a un buen vino.
¿Vino? ¿Cómo es posible?
¿Ha vendido su castillo?
Siempre hay maneras.
- ¿Qué dicen? Sin compromiso. - Vaya lástima.
Es broma.
Muchos volvemos esta noche.
En dos horas.
Digan... ¿puedo decirles que sí?
- Sólo si nos quedamos en su mesa. - Gracias. Muchas gracias.
Venga, cariño. Sólo son nervios.
No estaremos mucho.
Estoy segura.
¿Quieres refrescarte un poco?
Ve con ella, Klara.
¿Estás loca? ¿Y si entra alguien?
Duermo en sofás, sillas, en cualquier sitio. Donde sea.
Pero no me gusta oler mal, ¿vale? Necesito algo limpio.
- ¿Por qué nos das esos sustos? - Toma. ¿Dónde se ha metido Felice?
- ¿Qué pasa? - Esto es para Schmidt. Sellos,
cinco pasaportes...
- ... en blanco de la Cruz Roja. - ¿Para cuándo? - Para ya.
¿Se han dado cuenta?
¡Eh!
Buenas noches.
Se te pasará enseguida. Ya verás.
¿Qué le pasa? ¿Tiene hambre?
¿No te has tomado el desayuno, chica?
No sé a qué se refiere.
Tiene aspecto de necesitar sellos para comida.
Explíquese, señora.
¿Cuánto?
Vaya, una chica simpática.
¿Qué sois? ¿Judías?
Ella es judía y tú también.
¿Nos vende algunos?
¡Serás falsa!
- ¿Cuánto? - 200.
- Eso... es demasiado. - Date prisa.
Heil Hitler.
Tiempos emocionantes, ¿verdad?
Ilse está en el hotel.
Mamá, he hecho muchos barcos.
- Qué detalle llegar tan pronto. - ¡Cállate!
Por los alemanes,
el pueblo más honesto del mundo.
Os vais a destruir.
Ilse, por favor. Siéntate.
Venga.
Por las mujeres.
Oh no. Es hora de irse.
¿Por qué? Ya que no podemos ir al teatro, disfrutemos de la Sra. Wust.
Disculpe, Sra. Wust. Estábamos en el zoo, y me encontré a unas amigas.
- No sabía que os conocierais. - Ilse nos ha hablado mucho de Vd.
¿De mí? ¿Qué hay que contar?
Por ejemplo, que tiene una Cruz a la Madre de plata.
De bronce.
- Y que a sus hijos les encanta el zoo.
Y que tiene un sentido fabuloso del olfato.
Sra. Wust, ¿me dirá a qué huelo?
Bien. Huele como a... ¿Es francés?
¡Bravo!
Debería marcharme. Siento la molestia. Me llevaré a los niños.
La acompañaremos.
- ¿A mi casa? - Sí.
- ¿Todas? - Sra. Wust.
No la molestaremos. Ilse nos ha contado cosas maravillosas y...
Klara, cariño, díselo. No tengas vergüenza con la Sra. Wust.
Mi amiga ha tenido un percance y necesita un baño urgente.
No pasa nada. Eso le pasa a cualquiera.
Sí.
¿Lo ves?
¡Camarero! La cuenta, por favor.
No sé por qué nos la encontramos en el hotel,
o por qué buscaba la Sra. Wust a sus hijos ese día.
¿Pero quién sabe qué atrae a dos personas?
Gracias.
Ya me han dicho tres veces que los envíe fuera, pero no puedo.
- ¿Dónde está su marido? - En el frente oriental.
- ¿Piensa mucho en él? - Oh sí, a todas horas, la verdad.
Todos los hombres buenos se han ido. Si tiene uno, no lo deje escapar.
- Eso dice Günther también. - Puros celos.
Sólo intenta evitar que se busque a un jovencito con excedencia militar.
Vd. lo sabe bien, ¿no?
¡Felice! ¡Sra. Wust!
¡Por aquí! Nos va a llevar.
Ahora hay que vivir, Felice. Es muy importante.
Ahora.
Vamos. Tiene Vd. frío.
- Hola, abuelo. - Hola, abuela.
- Me alegro que estéis aún aquí. Ésta es... - Lotte.
Klarita. Mucho gusto.
Esa noche me di cuenta de que la carta no era sólo una "diversión"
ni un pasatiempo.
El viejo Wust invitó a unos vecinos y tocaron el piano.
Poco después, él y Felice convencieron a Lilly para cantar.
Se puso de pie y cantó.
Pero algo más pasó. Me quito a Felice.
Más y más, a cada momento.
"Oh, tu mundo es tan hermoso,
Padre, cuando brilla como el oro,
cuando tu luz cae sobre la tierra
y pinta el polvo hasta que reluce.
Cuando el rojo de las nubes
se posa en mi silenciosa ventana."
- No puedes ir en serio. - ¿Cómo?
Cuando tonteas con ella.
Tontear siempre es algo serio. Es el amor, el que a veces...
¿Qué?
... es ridículo.
Ya está.
¡Muy dramático! ¡Impresionante! "Nosotras somos las tontas, no Vd."
- Ilse, estamos en la calle. - Estoy. Estás. No digas "estamos".
Vas a celebrar el año nuevo con ella. ¿Quieres que os haga la cama?
- Se me da bien. Es mi trabajo. - No quiero hacerte daño, Ilse.
No necesitas disculparte. Es buena para ti, Felice.
Podrás hacer con ella lo que no puedes conmigo.
Yo te escondo. Pero con ella hablas de amor.
Lo importante es que tú te sientas bien. Te odio.
¿Qué tiene ella que yo no tenga?
Nada en absoluto. No es mejor ni peor que nadie.
¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo?
¿Ha arriesgado su vida? ¿Mentiría, robaría y lucharía por ti?
¿Crees que correría los riesgos que corre mi padre?
No tiene ni idea de lo que es estar pendiente de todos los vecinos.
Pero tú sí lo sabes, Felice. ¡Me pones enferma!
Pues mándame la factura.
- Lo siento. - ¿Por qué? Tienes razón.
"Dios creó el mundo, Felice. No tú."
Mi padre siempre decía eso.
Mi madre, mi hermana, todos de acuerdo. "Felice está loca."
¿Y sabes por qué?
Porque no doy nada por hecho.
Ni Dios.
Ni el coche que me lleva, ni la Ilse que me ayuda,
ni las gracias que le tengo que dar cada día.
Tú quieres algo especial y yo no lo soy.
Soy una desagradecida que sólo busca admiración.
Di lo que quieras.
Pero no me conviertas en víctima,
porque aún tengo mi vano y mediocre derecho a ser libre.
- Mientras pueda. - Está bien.
No, no lo está.
Condenas a Wust, porque no tiene una causa. ¿Es eso un crimen?
¿Te ha hecho ella daño? Se casó a los veinte.
Tiene cuatro hijos. ¿Eso te molesta? ¿O son los amantes?
Él hace lo que quiere, ¿y ella debe sufrir? ¡No, Ilse!
No sabes nada sobre ella.
Quizás sabe más de lo que crees sobre la gente, la vida y la muerte.
Te di mi amistad, Ilse, y mi amor. Es todo lo que tengo.
- ¿Quién quiere a quién? - ¿Qué?
Mi padre era un comunista verdadero y tenía buena voluntad.
Pero cuando Felice le preguntó
si conocía a Safo, la miró con toda la ira del Kremlin
y la echó.
- Mira quién está aquí. - Mi padre la ha echado. - Genial.
- Se va a mudar con la Sra. Wust. - ¡Calla!
¿Por qué? Nadie sospechará de ti, si vives con una conformista.
¿Estás celosa?
¿Celosa ella? Si siempre está encima de ti.
Yo sí debería tener celos.
- ¿Y los tienes? - No.
¿Ves? No le importa. Haga lo que haga, no le importa.
- Llegas pronto, ¿no? - Lo siento.
Mi amante siempre se despide como si fuera la última vez.
- Lotte y sus hombres. - ¡No empieces con eso!
¡Hey, Schmidty!
¿Esperas que nos animemos con esa música?
Antes nunca era un problema.
Aquí tenéis. No quiero tener nada que ver. Vestíos.
- ¿Y por qué? Todo iba de maravilla. - Os doy tres minutos.
Stefan, tengo cinco personas que necesitan escapar.
Siempre os dicho que los robéis de donde sea, menos de lugares oficiales.
- ¡La Cruz Roja! - Stefan, por favor.
Cuatro semanas.
- Podríamos estar muertas en ese tiempo. - Es muy probable.
Necesito más de la gorda.
Nuestros soldados quieren algo a lo que agarrarse.
- ¿Quién es la gorda? - Pregunta tonta.
- ¿Qué significa "agarrarse"? - "Agarrarse" significa...
"agarrársela".
- ¿Qué crees que hacen con las fotos? - Mirarlas.
- Muy bien. ¿Y después? - Colgarlas en la pared.
- ¿Y después? - Mirarlas otra vez.
- ¿Está de broma? - No, es así de tonta.
Sí.
Tengo que ir a la redacción. ¿Cómo tardáis tanto?
Ya estamos.
- ¡Lotte! - Sí, ya voy.
- ¿La semana que viene? ¿Prometido? - ¡Zorra!
El sótano de la redacción es excelente.
Hay camas, sábanas y a veces hasta leche.
Diré que han bombardeado mi casa.
Entonces me incliné
y acercándome a su estúpida cara, le dije:
"Si quieres comprar un vestido por 400 marcos
es cosa tuya". ¡Le quemaron medio pueblo, en mitad de Dahlem!
Mi padre le dijo que podía bañarse en casa cuando quisiera.
- ¿Señorita? - Sí.
¿Su identificación, por favor?
- ¿Qué hacen? ¿Qué hacen? - Hablar.
- Seguro que lo tengo... - ¿De dónde viene?
Lo tenía en el bolso, me lo he dejado.
Bien, ¿cómo se llama?
- Voy a volver. - ¡Sigue! ¡No te des la vuelta!
¿Cómo se llama?
¡Deténgase!
¡Ilse, sálvala! ¡Rápido!
¡Rápido!
Ahora que la manía de los judíos de destruirlo todo ha salido a la luz
con las tropelías de esos piratas aéreos,
hasta aquéllos más débiles y cobardes entre nosotros se dan cuenta
que el Nacional-socialismo es la mayor y única esperanza de nuestro pueblo.
El mundo puede burlarse, pero temblará al ver
los grandes hitos de los que somos capaces.
Provincia del bajo Rin... Sí, eso es.
Su cabeza... Siempre me he preguntado de dónde ha salido.
Tenga.
Beba.
No, gracias.
Vamos.
Bébaselo...
Está a salvo aquí.
Mire, Srta. Schrader. Haremos un pacto.
Olvídese de su apartamento bombardeado
y yo no le diré a nadie que tiene la sonrisa más bonita del mundo.
Siempre me pregunto qué se le pasa por la cabeza.
Todavía no tengo respuesta.
Pero estoy seguro que un día de éstos, me la dará.
Diga. Aquí la Sra. Wust.
¿Diga? ¿Quién es?
¿Günther?
¿Günther?
He sido malo, Lilly. No es fácil, lo sé.
Pero ahora tengo mi casa, mi cuarto, mi mujer,
mis hijos. Estoy en casa, ¿lo ves?
¡Estoy en casa!
Deseo que tú y tus manos os poséis en el arco de la noche,
para mandarte todo el amor que llevo dentro.
Aunque me han gustado muchas otras,
siento...
que eres la única.
Quizás... Quizás en las otras...
te estaba amando sólo a ti.
Sólo a ti.
La noche llega a su fin...
A solas. A solas. A solas.
Pero pienso en tus manos
y caigo en un plácido sueño.
Encontramos esto entre sus cosas: no hay nombre, ni pistas, nada.
Que lo analicen en el Departamento 4C. Siempre aparece algo.
Berlín estaba cayendo. Muerte y destrucción por todas partes.
Aún así, queríamos celebrar el Año Nuevo como todo el mundo.
Felice se las apañó para que la Sra. Wust la invitara a ella
y al salón de belleza de Erika a su casa.
Imagina a ese pequeño teniente sudoroso y repulsivo
chupando a nuestra Marlene como a una salchicha.
- Pues es mejor que ese actor Rühmann. - ¡Rühmann!
"Rompo los corazones de las damas vanidosas
porque soy pequeño, arrogante y apasionado."
¡Felice!
Justo lo que esperaba.
No se te escapa una, ¿eh?
- ¿Te han asustado? - Oh no. Son muy...
¿Muy qué?
¿Nos vamos?
Billetes, por favor.
¿Te he decepcionado?
- ¿Quieres cancelar la fiesta? - No.
Tengo ganas de montarla. En serio.
Adelante, adelante, señoras mías. No son de Francia, ni Escocia
ni Italia. Son mis fieles rosales alemanes,
silvestres y muy efectivos.
Si Churchill cree que nos ha derrotado, se equivoca. No mientras bailemos.
- Para de decir tonterías y siéntate. - Hilde, estás muy borracha.
¿Qué pasa aquí?
¿Quién... ¿Quién es esta gente?
Amigas... Son unas amigas.
- ¡Mira qué soldado más valiente! - Feliz Año Nuevo.
Fíjate. Dime, mi amor. ¿Es éste tu maridito?
Feliz Año Nuevo, cariño.
Jesús, Lilly. ¡Esto sí es una Nochevieja!
¡Feliz Año Nuevo! Soy vuestro anfitrión.
¿Me permite, Sra. Jäger?
Hola, guapo.
Tu vida es hermosa, Felice.
Eres libre.
¿Dónde están tus padres?
- Muertos. - Lo siento.
¡Dios mío! Disculpa. Lo siento muchísimo.
Lo siento. Discúlpame, por favor.
¿Quieres ver a alguien que siempre mete la pata?
Aquí me tienes.
¿Felice?
¿Sí?
¿Por qué me importas tanto?
Ilse y Günther se están besando. Qué gracioso.
¡Ilse y Günther!
¿A qué jugáis? ¿A qué jugáis todos?
Felice...
¿Quieres verme?
¡Se va a llevar a los niños! El primero, segundo y tercero
intentan escapar, pero no pueden.
- ¿Dónde estabas? - Dando un paseo.
¡Bien, basta! ¡Atención! ¡Vista al frente!
¡Marchen! ¡Y a vestirse! El primero que termine
puede ver las fotos de mi batallón.
Buenos días.
Ven a la cocina.
¡Café del bueno! Sólo para nosotros.
¡Esa Ilse!
Feliz Año Nuevo.
¿Sabes lo que no entiendo? Por qué los hombres son tan susceptibles.
Tienes mujer e hijos. Todo va genial.
De repente una Ilse o una Käthe
o otra cualquiera llega y te mira.
Sólo te mira. Y piensas: "¡Manos quietas! ¡Tabú!"
Pero ella sigue ahí. Vosotras no lo entendéis.
Necesitáis un hombre que os guíe,
un hombre responsable.
Pero no sabes lo difícil que es, Lilly.
¡Mierda! Sabes que no significa nada para mí,
pero me cuesta decir "no".
No tiene nada que ver contigo.
¿Qué? ¿No es por mí?
¿No estás celosa? ¿Ni enfadada?
Lilly, ¿sabes por qué volví ayer?
Quería decir antes del Año Nuevo que eres maravillosa
y que daría lo que fuera por no perderte.
Mira, mi batallón.
Desde que todo se fue al infierno, sé de lo que soy capaz.
¿De qué?
Soy de los que vuelve.
Miro a mis compañeros y sé quién no lo conseguirá.
Justo antes de volver, a uno le volaron los sesos.
Me miró y dijo: "Dios, Wust. Qué corto ha sido, ¿no?"
Hay que agacharse rápido, Lilly. Ése es el secreto.
Manda a los mayores al oeste.
- Quién sabe lo que va a pasar. - ¡Papi!
Venga, no llores, que eres el mayor.
Cuando no esté aquí, tú serás el jefe, ¿vale?
Vamos, acuéstate. Todo irá bien.
A dormir.
Que duermas bien.
Los rusos cantan todas las noches.
Vamos a ganar, Lilly.
¡Vamos a ganar!
... los alemanes pueden superar obstáculos físicos y mentales.
El pueblo alemán ha demostrado su valentía en los últimos años.
Sin duda, se alzarán de esta tremenda guerra
como el pueblo más glorioso de todos los tiempos.
Sin duda, nuestras victorias en los primeros años de batalla fueron más gloriosas.
Pero este año tenemos que demostrar lo que valemos.
Tenemos que demostrarnos a nosotros y a la historia
que tenemos la fuerza para superar los mayores obstáculos
y no fallaremos.
Nuestro valor y resistencia crecerán.
Lo conseguiremos.
¿Puedo pasar?
Felice...
Por favor, no me hagas daño.
- Será mejor que me vaya. - Me moriré.
Tú eres Aimée...
y yo soy Jaguar.
Mi dulce, dulce dama.
Cálmate.
Eres preciosa.
Preciosa.
Es todo culpa mía.
¿Te sientes cómoda?
¿Quieres que pare?
Es demasiado, Felice. Es demasiado.
No puedo dejar de temblar.
Yo tampoco.
Las dos temblamos...
Es un concurso de temblores.
Schragenheim!
¡Cuidado!
- ¡Súbase, abuela! - ¡Manos fuera! Ya puedo sola.
Sra. Schragenheim... súbase por la derecha.
La Srta. Felice Schragenheim estuvo aquí hace tres días.
¿Cómo se hace llamar?
- No lo sé. - ¿Qué aspecto tiene?
Es rubia... Rubia teñida.
¿Adónde va esta puerta?
- A la casa de al lado. - ¡Id allí!
Tranquila, tranquila.
Todo irá bien. Ven aquí.
Pronto amanecerá.
Estás aquí.
Estás aquí.
Dilo otra vez.
Te quiero.
Muy bien, osito. Vamos a arreglarte.
Muy bien. Eso es.
Dios mío. Coge esto.
¿Doy vueltas, no? Ni muy rápido, ni muy lento. Ya.
- Estoy muy orgullosa. - ¿De qué?
De ti, de los niños, de mí.
No sé por qué, Felice, pero desde que estás, todo tiene sentido.
No lo digas mucho o me escaparé.
Sé que volverías.
¿Ah sí? ¿Y por qué?
Porque te observo por las noches.
Das vueltas y vueltas, hasta que cojo la mano y te calmas.
- Preferiría que durmieras. - ¿Por qué?
Antes nunca dormía porque estaba sola.
Ahora porque estás tú.
- Cógelo y mira por aquí. - Vale.
- ¿Ves algo? - Sí.
- Ahora haz la foto... Bien. - Yo también.
- ¿Ves algo? - Sí.
- ¿A tu mami? - Sí.
¡Sonríe! Dispara... Bien.
Mi querida Felice,
mi amada gata, aunque sé que te me escapas
y eso me preocupa, debo decirte lo que te amo.
Desde que empezaste
a dejar tus huellas por todo el apartamento, he sido feliz.
Mi amada, toda mi vida he pensado
que no valía para nada. Pero ahora sé que sólo valía
para conocerte.
Esperé y llegaste. Te lo agradezco.
Mi inteligente chica de pelo negro. ¿Sabes lo hermosa que estás?
Estaremos juntas mucho tiempo. Nuestra felicidad acaba de empezar.
Te sienta bien.
Está bien, está bien.
Las 12 en punto, Felice.
Deja de babosear a la gente. La cumpleañera te espera.
¡Lilly! ¡Lilly!
Feliz cumpleaños, cariño.
Por la señora más dulce de Berlín.
¡Te deseo lo mejor, Lilly!
Felicidades, Lilly.
¡Por Lilly! ¡Por Lilly!
No te asustes, mi niña. Estoy a tu lado.
No hay enemigos aquí... Estamos solas.
¿Me quieres?
Mucho.
¿Más que a tu vida?
¿En este momento? ¿Ahora? ¿Ahora mismo?
Sí.
¡Lilly!
¡No!
¡No!
El Consejo Superior del Wehrmacht informa que anoche
el enemigo inició la ya esperada invasión de Europa.
Comenzó con invasiones en la costa...
Vuelvo para tu cumpleaños en mitad de la guerra.
¿Qué me has hecho?
Mi mujer es lesbiana.
Estoy en el infierno. Todo se desmorona. ¡Vosotras no sabéis nada!
No me lo puedes quitar todo, zorra perversa.
¿Por qué crees que luchamos?
¿En qué estás pensando?
Tú y los niños sois todo lo que tengo.
Y nadie me lo va a quitar. Ni siquiera tú.
Uno se puede acostumbrar a todo: a la muerte, a todo.
Pero lo que he visto arriba en el apartamento es...
¡lo peor de todo!
Sube y enséñales lo que es una mujer y una madre.
¡Sube! Y olvidaré lo que he visto.
Günther, nunca te he querido.
Vaya noticia.
Quiero el divorcio.
No sabes lo que dices. Nunca has sabido lo que querías.
Siempre estabas buscando, y yo te guié.
Ahora puedes demostrar quién eres.
Günther... Vamos a hablarlo.
Necesito una mujer de verdad. O un abogado.
Podrás destruir mi hogar, pero no a mis hijos, ¿está claro?
Le he pedido el divorcio.
¿Qué? ¿Qué dices?
- ¿Estás loca, Lilly? Tienes 4 hijos. - ¿Y qué?
He vuelto a nacer.
Me dijo que me decidiera y lo he hecho.
Ahora soy una de vosotras.
Es lo que querías, ¿no?
Si lo lleva a juicio, estamos todas perdidas.
Yo... pensé que te alegrarías.
- ¿Y los niños? - Lo quiere todo.
Niños, apartamento, una confesión, pero no habla en serio.
¿Estás segura?
¿Ves lo que te decía? Debemos huir. Lo sabes.
- ¡Mira lo que he hecho, Felice! - Qué bonito.
¿Te hago uno a ti?
- Oh, sí. - Vale.
No te arrepientes, ¿verdad?
Contesta. ¿Te arrepientes?
- ¿De qué exactamente? - De... De haber...
De que seamos una.
¿Eres feliz?
Mucho.
Entonces todo irá bien.
No te preocupes. Aprenderé mecanografía.
¿Mecanografía? ¿Tú? ¿Para qué?
Para ti, para los niños, para nuestra familia.
Me gustas cuando te ríes.
Me iré unos días.
- ¿Por qué? - Negocios.
Bien.
- Esa vaca idiota. - Déjala en paz.
Yo me cansé de la vida una vez. Ahora te toca.
Probemos en Suiza. Lo que quieras, pero juntas.
Heil Hitler.
Vd. viene mucho. Dígale a la Sra. Wust que se entregue.
- Van a llevarse a sus hijos. - Disculpe.
¿Sabia que el General Paulus y los suyos se han unido a los rusos?
Cada vez se acercan más a los puestos alemanes.
Se merecen morir.
Tenga un buen día.
¡Atención! ¡Atención!
Felice, ¿dónde estás?
Habla la 1ª División de Berlín.
¿Dónde?
Los bombarderos se encuentran en la zona de Hanover y Braunschweig.
Volveremos.
Felice...
Dice que su marido murió en combate y que ser secretaria le ayuda a olvidar.
Caballeros, la alegría de mi oficina. Se excusó cinco veces,
pero cuando vienen Siemens y el Deutsche Bank aparece enseguida.
Adelante.
Hemos oído mucho de Vd., señorita.
Mucho, créame.
- ¿Bueno o malo? - Sólo lo mejor.
Entonces es verdad.
En Berlín, las mujeres son vagas. Sólo se preocupan de pasearse.
Mientras haya hombres que las esperen, eso no cambiará.
¿Qué desea beber?
Acompáñeme.
- ¿Qué ha pasado? - El Führer ha muerto.
¡Srta. Schrader!
Es todo lo que sabemos.
¡Quita de en medio!
El Diario Nacional debería poder averiguar lo que ha pasado.
El pueblo alemán lo espera.
¿No hay línea? Soy Keller, del Diario Nacional.
Tiene que haber alguna línea libre en el Ministerio de Propaganda.
¿Silencio editorial? ¿Quién lo ordena?
El Wehrmacht... Estado de emergencia. Sí, esperaré.
Por supuesto que espero.
El Capitán von Witzleben ha tomado el poder.
El Jefe de Estado es el General Beck.
Las SS, SA y la Gestapo están bajo el mando directo del ejército.
Ni una palabra de Goebbels. Nada.
¡Lilly!
Hoy se ha producido...
¡Lilly!
... un intento de asesinato contra mí.
Felice.
Os hablo ahora...
Está vivo.
... para que sepáis que salí indemne. Sigo vivo.
Quiero que sepáis lo que pasó.
Ha sido el peor crimen que ha visto Alemania.
Un pequeño grupo de oficiales...
Tantos días...
¿Dónde estabas?
¿Dónde estabas?
La bomba colocada por el Coronel von Stauffenberg
estalló 2 metros a mi derecha.
¿Quién eres?
¿Felice?
¿Qué me estás haciendo?
- ¿Cuándo llegaremos, mami? - No lo sé.
¿Por qué has tardado tanto? El tren no espera. Sube a los niños.
- Es mejor para ti y los niños. - ¡Mami!
Dos cartillas del Ministerio de Armas. Viajaréis en vagones separados.
Si descubren a alguien, las demás tendrán una oportunidad.
Eres una futura pediatra.
¿Qué te pasa, Felice?
- Felice. - Si nos deportan, se acabó.
¿Y aquí? Están rastreando todos los rincones de Berlín.
Ya lo sé.
¿Por qué no te la llevas?
¡No puedes callarte nunca!
Cuartel general del Führer:
Aviones alemanes han interceptado al enemigo, que intentaba cruzar el Sena.
Varios puentes y barcazas han sido destruidos.
Al norte de Le Havre se hundieron varios barcos.
En la isla cercana a San Malo, una unidad naval continúa resistiendo
el ataque de un grupo de destructores enemigos.
Estás aquí.
Ha llegado. Mi gatita ha llegado.
Estás helada.
Queda algo de té. Un momento.
- ¿Por qué no estás en el sótano? - No podía bajar. Estaba paralizada.
¿Estabas qué? ¿Paralizada?
- ¿Y los niños? - Los pequeños están en el sótano.
Los mayores no están,
han sido evacuados.
Yo soy la única.
Siempre estoy aquí.
¿Cómo están Ilse y Klara?
No lo sé.
Siéntate, Felice.
Alguien dijo en el sótano ayer:
"La vida es justa. Primero las bombas y luego el Bonka."
Típico de Berlín, ¿no?
¿Dónde has estado?
Con amigos.
- ¿Los conozco? - No.
¿Quién demonios te crees que eres? ¡Te he esperado cada minuto!
¡No sabía ni si estabas viva!
Pero ahora estás aquí.
No me mires así.
Me he hecho miles de preguntas.
Y ahora lo entiendo.
¡Entiendo que siempre habrá algo que no puedo saber!
Felice, ¿te crees que soy idiota?
Un trofeo por aquí, una aventurita por allá.
¿Crees que no vi cómo me miraban?
¡Esa miradas de odio a mis libros!
Sé muy bien quién soy.
Y me alegraría de poder decir que no te quiero.
Y ahora te vas. Siembras la desgracia...
¿y luego te vas?
Haría lo que fuera por ti. ¡Pero no dejaré que te rías de mí!
Soy una tonta, Felice.
Igual que con Günther y Ernst y todos los demás.
Siempre pensé que si creía en ello con fuerza
y luchaba, se haría realidad.
Mis esfuerzos merecen compensación.
Pero no les sentía dentro, a ninguno de ellos.
Siempre pensé que Günther ganaría
y todo tendría sentido.
Podía mirarle y decir:
"El amor es para esto".
Pero no pasaba nada.
Nada.
Y entonces llegaste tú, Felice. Mi respuesta, la respuesta.
Lo siento, Felice. No quería que pasara.
Lo siento. Perdóname.
Perdóname.
Soy judía, Lilly.
¿Que eres qué?
Lo peor fue cuando murió mi madre.
Ya hace mucho.
Pero nunca me he vuelto a sentir segura. Sólo contigo.
¿Cómo puedes quererme?
He intentado no hacerlo.
Felice.
No me dejes.
No va a venir. No va a venir.
Nunca llega a tiempo.
- Pero hoy debería, ¿no? - Una vez perdió un barco.
No el mío. ¡Y no perderá mi tren!
¡Señor! ¿Vas a viajar así?
Vengo de la redacción. Acabará todo en 5 semanas.
¡Maldita idiota! ¿Por qué? ¿Por qué?
Llevadla a la estación. ¡Marchaos!
- ¡Klara! ¡Fritz! ¡El tren! Venga. - Vamos.
Debemos irnos.
Fue todo en vano, Felice. Todo en vano.
Deprisa. Daos prisa.
En el nombre de todos los dioses santos y mascotas,
me consagro a los próximos diez puntos
y espero que todos los dioses, santos y mascotas se apiaden de mí.
Te amaré sin límites.
- Judía. - Y lesbiana.
Eso es... Es muy...
Felice Schragenheim, ¿eh? Tu marido un Nazi.
Y tu amante una judía.
Esto es...
Una catástrofe.
Nunca te dejaré sola.
Siempre te seré fiel.
¿Cómo vais a manteneros? ¿Cómo os ganaréis la vida?
- Con taquigrafía y mecanografía. - ¿Taquigrafía y mecanografía?
- ¿Y tú? - Yo...
Primero seré periodista. Luego fotógrafa,
después actriz, y al final escribiré libros.
¿Libros? Muy bien. Mucho de una vez, ¿no te parece?
Nunca miraré a otras chicas.
Lesbiana...
No sabían ni que existían. Ven aquí.
Debes escapar, Felice. Sin mí. Debes salir de aquí.
¿Sin ti?
Qué tonta eres, cariño.
Qué tonta.
- ¿Cómo va todo en Normandía? - Los americanos han tomado Rennes.
¿Cómo lo sabe?
- Lo he leído esta mañana. - No sólo esta mañana.
Todas las mañanas. ¿Por qué?
- Porque me interesa. - ¿Por qué?
Porque quiero que termine.
¿Usted no?
¿Qué haría yo sin Vd., Srta. Schrader?
No, Sr. Lause. ¡No tan exagerado!
Dulce y suave... así.
Cuidado con las caderas, como la Sra. Jäger.
Nada para comer, sólo rumba. Eso sí es cultura.
Bien. En unos días tendrá su propio espectáculo en el Adlon:
"La bailarina de Schmargendorf".
Señoritas, la Sra. Jäger y yo las hemos invitado hoy porque...
¿Cómo decirlo? De pequeño, quería unirme al ejército del Káiser.
Al grano.
Resumiendo, ya somos algo viejos...
- Pero con la situación militar... - Que crezca el amor, allí donde caiga.
Nos hemos prometido.
Y sólo usted, querida Lilly, y usted, querida Felice, lo saben.
¿Verdad que somos tontos? Es gracioso.
"Dormid ahora. Que el cielo otorgue, y hasta el fin de vuestras vidas,
vivirá el amor." Salud.
¡Venga!
- ¡Las piernas no, Felice! ¡No! - ¿Por qué no?
¡No me gusta!
- ¡No, Felice! ¡Para! - ¿Qué pasa, pequeña Aimée? Son preciosas.
- Tu culo si que es plano. - ¡Serás...!
¡Pero me encanta! ¡Me encanta!
Atención.
Espera.
Espera.
¡Felice!
Vale, estoy lista.
No esté usted tan seria.
- Sé natural y sonríe. - No me sienta bien.
Venga, Felice, sonríe.
No puedo.
¿Por qué no piensas en mi hermoso culo plano en tus bragas negras?
- Dios, Lilly. No sé si puedo con ello. - ¿Con qué?
La felicidad.
¡Oh no!
Hacen "Tristán" a las 8.
- ¿Tomaremos té inglés y pastel? - Disculpe, señora mía. Lo olvidé.
- ¡Pues muy mal, guarra! - ¿Sabes lo que dijo el juez?
"¿No le da vergüenza? En plena guerra ha destrozado la felicidad de su marido."
Así que reuní todo mi valor y dije: "Señoría,
sólo me arrepiento de no habérsela dado nunca."
"Está loca", gritó.
Y contesté: "Quizás, pero estoy mejorando."
¿Crees que te voy a dejar verme con lo que me has dicho? ¿Verme el culo?
- Desde luego. - ¡Nunca! ¡No lo mereces!
Entonces te cogeré... por la fuerza.
- ¡Tristán! ¿Qué pasa con Tristán? - Llegamos tarde.
Sigan. Otro beso...
Sólo uno, el último.
Schragenheim.
¿Quién es ésa?
No era rubia. ¡Haga las maletas!
Vd. sabía que era judía.
- ¿Cuántos hijos tiene? - Cuatro.
¿Dónde está?
¡Levántese!
¡Paren! ¡Paren, por Dios!
¡Sabía que era judía! ¿Lo sabía?
¿Era amiga suya?
¡Levántate! ¡Vamos!
¡No!
Terezin.
¿Han vuelto los niños?
Günther ha muerto.
Lo siento, Lilly.
Mientras esté en Terezin, queda esperanza.
La transferirán.
- ¿Cómo lo sabes? - Estuve allí. Fui a visitarla.
¿Qué?
¿Fuiste a visitarla?
¿Fuiste a verla al campo de concentración?
El capitán gritó como un animal.
Ella ni se enteró.
La mandarán fuera.
¿Sabes lo que has hecho, Lilly? ¿Lo sabes?
¡Lilly!
Ella me pertenece, más a que ti.
Me quiere a mí.
¡No!
Debes decírmelo. ¡Por favor!
¿Volvió a acostarse contigo?
¡Lilly!
- ¿Qué le pasa a tu pierna? - Me la rompí dos veces. Tengo hierros.
El médico dice que fue un trabajo excelente.
- ¿Crees que es una coincidencia? - ¿Encontrarnos aquí?
Tener que revivirlo todo.
No te preocupes. Sólo nos quedan dos comidas al día.
¿Llevas esa bufanda porque te gusta o para taparte las arrugas?
¿Cómo te fue?
- Sólo pensaba en ella. - ¿Qué? ¿Nada de aventuras?
¿Nada de nada?
- ¿Y tú? - Al principio muchas. Luego menos.
Y ahora menos todavía.
Sabes, creo que me traicionó el destino.
Vaya, antes era el Führer. Ahora es el destino.
Siempre hay una excusa. Grande, a ser posible.
Lo siento, Lilly. Soy muy vieja para ese chiste.
Te traicionaste sola. Tú y nadie más.
La quería mucho, Ilse.
- Yo también. - Pero no como yo.
Si te hace feliz...
- ¿En serio estuviste con tantas? - Oh, sí. Me gustaban muchas.
La gente es diferente, Lilly. Con suerte, siempre queda algo.
- Sería platónico. - Qué va.
Soy un pequeña cerdita.
Pero da igual.
50 años, Ilse.
50 años.
Y un solo pensamiento.
Una cara.
Un nombre.
Cariño, el uno es un número tonto. Nunca basta. Ése es el problema.
¡Vuelva a la casa! ¡El almuerzo está listo!
¿Fue culpa mía, Ilse?
No lo sé, Lilly. Siempre estuve segura. Demasiado.
Felice se quedó, porque te quería.
Y tú fuiste a verla, porque la querías.
No puedo decirte más.
Queridas damas. Las esperamos.
Sí, cariño. No tienes la más mínima idea. Vamos, Lilly.
"Un amor que dura para siempre." ¿Sabes qué decía Felice?
"Esa tacaña de la Sra. Wust nunca tiene bastante.
Me ha hecho firmar un contrato: 'Para siempre'. Parece un obituario."
- No, no diría "obituario". - Pues sí.
Vamos, Lilly.
Con esto giras la película, y con esto enfocas.
- Bonitas cartas. ¿De quién son? - Del Capitán Biermösl. Dios lo guarde.
- ¿Has visto que he cambiado la llave? - No sabía que hubieras encontrado una.
¿No es horrible?... "Por siempre jamás." Parece un epitafio.
- A mí me gusta. - ¿Y tú, ratoncita? ¿Qué dices?
- ¿De qué? - Del amor único y verdadero.
- Puedes buscarlo. - ¡Un amor y encima hay que buscarlo!
Déjala ya.
La vida no es así. Te quema y te araña,
- y luego te las tienes que apañar. - No es así.
Mírala. Qué romántica.
"Otra vez enamorada, sin quererlo.
¿Qué puede hacer?"
- ¿Y tú? - "No lo puede evitar."
- ¿Qué buscas, Felice? - ¿Yo? A vosotras, a todas, a todos.
¡Todo! Pero me contentaría con un solo momento,
- tan perfecto que durara una vida. - Eso es fácil.
- ¿Dónde encuentras eso? - Por ejemplo, aquí mismo.
No quiero un "siempre". ¡Quiero el "ahora"!
¡Ahora! ¡Ahora! ¡Ahora!
Quiero muchos "ahoras". Y los quiero hasta que sea vieja y gris.
Y además, quiero más tarta.
Otra vez.
Tras la guerra, Lilly esperó a Felice en vano durante años.
Las circunstancias exactas de la muerte de Felice no son conocidas.
Posiblemente murió en alguna de las tristemente famosas ejecuciones masivas.
Ahora, en la primavera de 1999, Lilly Wust, de 85 años, vive en Berlín.
Subtítulos originales: Gerhard Lehmann
Traducción al español: ambrosia_berza [DXC]
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