All language subtitles for La Strega In Amore

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Original subtitles

LA BRUJA ENAMORADA (Las diabólicas del amor)

Sergio, date prisa... Tienes que llevarme a la oficina.

- Marta... - Sí, querido.

- Aún sigue ahí. - ¿Quién?

La vieja...

¿Quién es?

Ni idea... Pero de un tiempo a esta parte me la encuentro constantemente.

- Será una coincidencia. - No, no... Me sigue.

¿Por qué iba a seguirte?

- ¿Y quién lo sabe? - Venga. Vístete, Sergio, que es tarde.

¿Te importa hacer la cama?

- ¿Cómo...? ¿Yo? - Sí. Hoy la asistenta no puede venir.

Pues sí que estamos bien... ¿Así me ayudas?

Anda, quita... Que voy a hacerla yo.

¿Qué pasa? ¿La vieja te ha puesto de mal humor?

Ha cambiado de sitio.

Ahí está.

¿Por qué no vas y le preguntas qué quiere?

¿Qué más da...?

Sergio... ¿Por qué no nos casamos?

- Lo pensaré. - Claro... Sólo ha sido una idea...

Tú piénsatelo... Adiós.

¿Con quién estás viviendo ahora? ¿Con Dorothy?

Non... Je suis seule...

Cualquier día me mudo a tu piso. Odio las pensiones.

- ¿Y Marta...? - Me ha dejado.

Sí, te lo juro... Hemos terminado. Se ha hartado de mí y me ha echado.

Llevo todas mis cosas en el coche.

Perdona... Vuelvo ahora.

- ¿Conoces a esa señora? - No.

- ¿Qué te ha dicho? - Me ha preguntado...

dónde había un kiosco de prensa.

Usted perdone... ¿Conoce a la señora que acaba de marcharse?

- ¿Una con una estola blanca? - Sí...

- Una tipa extraña, ¿verdad? - Yo más bien diría una pelmaza.

- ¿Por qué? ¿Qué es lo que ha hecho? - Viene... Me revuelve los periódicos

buscando un anuncio y al final no compra nada.

- ¿Qué anuncio? - ¿Y qué sé yo...?

Creo que una oferta de trabajo en la última página.

Lorna... ¿Me das una hora de permiso?

Como si quieres cogerte dos.

No... Con una me basta.

Quiero satisfacer una curiosidad.

Entonces te veo luego... Ve preparando el almuerzo.

Ça va...

- ¿No hay nadie...? - A la izquierda.

Aún tiene que subir otro tramo.

¿Me equivoco, o ya nos hemos visto en alguna otra parte?

Suba, señor Logan.

Ah... Hasta sabe mi nombre...

Bueno... Pues aquí estamos... Cara a cara.

- ¿Le disgusta? - Depende...

Pase, por favor.

Me llamo Consuelo Llorente.

Lo tengo todo cerrado. La luz del sol me molesta.

- Por favor, siéntese. - No, no... Estoy bien de pie.

- ¿Quiere beber algo? - Gracias, no.

Una casa tranquila... ¿Vive sola?

- Soy viuda. - ¿Y aún no se ha consolado?

¿Por qué usa usted ese tono?

¿Y usted por qué andaba espiándome?

Si no recuerdo mal, la primera vez que me di cuenta

fue hace un mes, en un restaurante cerca del Panteón.

Desde entonces no pasa un día sin que tenga el placer de encontrármela.

Se tratará de coincidencias.

Entonces... ¿También este anuncio es una coincidencia?

"Busco, para ordenar manuscritos en biblioteca privada...

joven licenciado en la Universidad de Salamanca.

Con dominio del español, inglés y árabe.

Con preferencia, natural de Roma y con padre inglés."

- ¿Cuántos han respondido? - Hasta hoy sólo usted.

Y le garantizo que nadie más lo hará.

- Porque este anuncio me describe a mí. - Es verdad... He estado observándolo.

A primera vista, parecía el tipo adecuado pero antes debía cerciorarme.

Conocerlo mejor...

¿Y soy su tipo?

Su aspecto no tiene importancia. No es necesario que usted me guste.

- Sólo está aquí para trabajar. - ¿Y en qué trabajo?

- Lo pone en el anuncio. - ¿Y nada más?

Si no pensaba aceptar... ¿Por qué se ha presentado?

Digamos que legítima curiosidad...

Dado que soy objeto de tanta atención.

Se le pagará muy bien.

- ¿Cuánto? - Trescientos mil mensuales.

- Una oferta modesta. - La aumentaremos un poco...

Se alojará usted en la habitación más hermosa del palacio.

- ¿Tendría que vivir aquí? - Desde luego. El trabajo lo exige.

Entonces digamos... Cuatrocientos mil al mes...

Y alojamiento completo.

No... No haría este trabajo ni por el doble ni por el triple de eso.

- Ni por el triple del triple... - Me ofende usted. ¿Qué se ha creído?

Aquí no hay ningún manuscrito. Ni ninguna biblioteca que ordenar.

Lo único que hay que ordenar es usted.

- Pero yo no valgo para ese trabajo. - Es usted muy vanidoso.

Mucho más vanidoso de lo que imaginaba.

Si una mujer se interesa en usted es sólo porque quiere...

devorarlo.

Si me ha estado siguiendo, ya debe saberlo.

Hasta ahora siempre lo he visto "devorado" por jóvenes hermosas.

- Y no pienso cambiar. - Ya... Sí...

Pues siento herir su vanidad...

Yo no busco un amante sino alguien que ordene mis manuscritos. La biblioteca...

- ... existe. Venga, voy a mostrársela. - Si sólo necesita un bibliotecario

y nada más que eso, seguro que tarde o temprano

se presenta alguien que reúne todos los requisitos que pide en su anuncio.

No le insisto más... Pero venga al menos a ver la biblioteca.

Y, después, cuando se vaya, piense de mí lo que quiera.

Pero no que soy una mentirosa.

Valor... Su nueva amiguita no lo dejará

porque se retrase usted cinco minutos.

El ascensor lo mandó poner mi marido.

Sus últimos años se sentía ya viejo.

Un hombre extraordinario... Sus manuscritos son lo más precioso que me queda de él.

Son las memorias de nuestra vida.

La mía y la suya.

¿Lo ve...? ¿Ve en qué condiciones está?

- Hay que ordenarla urgentemente. - ¿Y por qué se ha decidido justo ahora?

¿Cree que es usted el primero? Ha sido un calvario.

Nadie es capaz de realizar el trabajo. Y menos aún con lo que hay ahora.

- ¿Tienen un bibliotecario? - Un inútil bueno para nada.

Un vago sin nervio que sólo consigue hacérseme odioso.

¿Y por qué no lo despide?

No es fácil echarlo... No es fácil.

De hecho, esperaba que usted me ayudase a librarme de él.

- Me pide usted demasiado... - Si usted se queda aquí, él...

no soportará dejar de ser el que manda aquí adentro.

¿Y qué otra labor hay que hacer...

aparte de no ocuparse de la biblioteca?

En realidad el trabajo más importante consiste en transcribir y ordenar

las partes apenas esbozadas de las memorias de mi marido.

- No es para mí... No me veo capaz. - No... Usted es el hombre indicado.

Por eso lo he buscado. ¿Qué se cree?

¿Que va a trabajar con unas memorias aburridas, románticas y edulcoradas?

Pruebe a leerlas... Una página, nada más...

Ha entrado usted en mi casa trayendo un montón de ideas equivocadas.

- Lea... Y verá. - Léamelas usted, si no le importa.

Aquí estábamos en Pamplona durante la "Fiesta".

Cuando sueltan los toros por las calles y los jóvenes los afrontan cara a cara.

¿Lo conoce? Es muy excitante.

Vamos... "Cerré la puerta que daba al patio y vi a Consuelo en los brazos de Luis."

"Él aún excitado tras su triunfo en la plaza y ella aturdida y feliz."

"Sus labios, que eran casi lo único que se destacaba en medio de la penumbra..."

"susurraban suavemente frases inaudibles."

"Cuando llegué sus ojos se cruzaron con los míos y se unieron en un abrazo."

¿Ve qué estilo tan colorido?

"Ella me sonrió y me mandó un beso..."

"y yo comprendí que quería decirme que, a pesar de estar en los brazos de otro..."

"...era en mí, sólo en mí, en quien pensaba."

"Aquella traición era, en realidad, una forma de sentirnos más unidos."

"En aquel momento, detrás de mí, entró Abel..."

¿Y qué hizo Abel?

Léalo y lo sabrá.

Debo deducir que el resto pertenece al mismo género... prohibido.

Ni a mi marido ni a mí nos daban miedo las cosas prohibidas.

¿Por qué? A usted quizás no le interesan... Prefiere las cosas más banales.

Las cosas más comunes. Yo pienso que no. Pero eso es asunto suyo.

Puede usted estar seguro de que estos escritos

son el mayor testimonio de amor que un hombre

- ... puede dedicarle a su mujer. - ¿Todas hablan de usted?

Comienzan con nuestro encuentro en México, cuando yo tenía 16 años.

El mundo era mío.

La juventud hace tiempo que se ha ido pero no es cuestión de lamentarse.

Asumo con serenidad mi ocaso.

Ya que estamos en confianza

le confieso que también yo soy un amante del erotismo.

Pero no exactamente en el plano literario. Bueno... Me tengo que ir.

¡Señora...!

¿Qué le ocurre...?

El doctor Romani, por favor... Soy Sergio Logan.

¿Marco...? Hay aquí una señora que está mal. ¿Puedes venir ahora mismo?

No lo sé... Quizás se haya envenenado.

No sé... Sólo he visto que ha bebido algo y se ha desmayado.

Pero, la policía, ¿para qué...? Ven inmediatamente.

Un viejo palacio... Largo del Moro.

Sí, te espero... Date prisa.

Señora Llorente... ¿Qué ha hecho?

- ¿Qué ha bebido? - Váyase... Estoy mejor. Váyase.

- Estoy mejor. ¿No lo ve? - Voy a llamar a alguien.

¡No llame a nadie!

Estoy bien. Estoy bien...

Buenas tardes.

¿Quiere saber quién soy? Me llamo Aura. Soy su hija.

¿De la señora Llorente?

Su madre no se sentía bien... Hace un momento.

- No es nada grave... - Ha bebido algo y se ha desmayado.

- Le pasa a menudo. - He llamado a un médico.

Sí... Un amigo mío.

Ésta es la taza de la que ha bebido.

¿Sabe? Desde hace un tiempo sospecho que mi madre se droga.

Es sólo una impresión pero... La entiendo.

Debe ser difícil envejecer cuando se ha sido tan hermosa.

¿Quiere ayudarme a llevarla a su habitación?

Su habitación está ahí.

Dentro de poco estará mejor.

Es la persona más dulce y cariñosa que existe.

Y aún tiene la piel tersa.

¿Sabía que hubo un tiempo en que todos los hombres se enamoraban de mi madre?

Pues yo diría que ese riesgo lo corro hoy con la hija.

Todo el mundo dice amar el riesgo de palabra...

- ¿Usted lo ama de verdad? - Póngame a prueba.

Venga... Dejémosla descansar.

¿Y ahora qué va a hacer? ¿Se va ya?

En realidad estoy buscando una excusa para quedarme.

Podría esperar a que viniese el médico, que es amigo mío.

- Mientras tanto... - Si quiere, puedo enseñarle el resto de la casa.

¿Qué puede haber más interesante que usted?

La capilla, por ejemplo... Grandes personajes han celebrado misa en ella.

Incluso un cardenal que después llegó a Papa.

- Su padre... ¿Quién era? - Fue embajador de México en Roma, hace mucho.

Mi madre siempre ha llevado un gran tren de vida.

¿Y por qué ha dejado que todo esto se arruinase?

Hace falta mucho dinero para restaurarla.

- Y no somos exactamente ricas. - Quizás ha malgastado el dinero...

Bibliotecarios, espionaje...

Cuando necesita dinero, mi madre vende algo a los anticuarios.

Se ha gastado una fortuna en clínicas de media Europa.

Sobre todo en Suiza. En Suiza son especialistas.

¿En sacarle el dinero?

No... En retrasar el envejecimiento.

- Mi madre no quiere ceder ante el tiempo. - Pues a mí me ha dicho lo contrario.

Es una mentirosa. Como todos los que no aceptan su edad.

¿No ha pensado nunca lo interesante que tiene que ser hacer de confesor?

Curiosear dentro del alma de tanta gente...

¿Quién sabe lo que habrá escuchado esta rejilla?

Tienen ustedes la misma forma graciosa de inclinar la cabeza hacia atrás.

- ¿Quiénes...? - La madre y la hija.

Tienen ustedes más gestos en común que otra cosa.

Nosotras no tenemos nada en común. Nada.

- ¿Qué quiere ver ahora? - Su habitación...

Quizás más tarde...

¿De verdad creía que mi madre quería seducirlo?

¿Cómo lo sabe...?

Estaba espiando...

¿Le gustan las cosas prohibidas?

Muchísimo... Soy una gran curiosa.

Venga... Le voy a enseñar el jardín.

¿Ha sido divertida mi escenita con su madre?

Bastante... Sobre todo cuando ha puesto esa cara de terror.

- ¿Sabe por qué estoy aquí? - Por el anuncio. Pero lo ha rechazado.

- ¿Y le disgusta? - Sí.

¿Tiene algún argumento mejor que los de su madre para convencerme?

- Quizás sí. - ¿Y cuál es?

- Buena cocina. - Estoy a régimen.

- Mucha tranquilidad y silencio. - Padezco claustrofobia.

- Una hermosa habitación orientada al sur. - Mi favorita es la Estrella Polar.

Y además está al lado de la mía.

- ¿Y su puerta está cerrada? - No.

- Ni siquiera tiene cerrojo. - Ése sí es un argumento persuasivo.

Aún hay otros.

Me basta con uno definitivo. Que se parezca usted a su madre cuando era joven.

En temperamento...

Veo que mi madre le ha impresionado.

Estas plantas las trajo de México.

Con ellas hace una especie de té. Es lo que ha bebido hace un momento.

No quiere vender esta vieja casa por no renunciar al invernadero.

Tiene miedo de que, en otro sitio, las plantas no arraiguen.

No hay manera de conseguir otras.

- ¿No te ha gustado? - No... Al revés.

¡Malditas bestezuelas! ¡Ya están otra vez!

Te lo ruego... ¡Ahuyéntalos!

- ¡Échalos, deprisa! ¡Haz algo! - Bastarán unas piedras...

Invaden el jardín... El invernadero... Vienen de todo el barrio.

¿Pero a qué viene tanto miedo de los gatos?

Mi madre y yo no sabemos cómo librarnos de ellos.

Vamos a coger algunas hierbas, ¿vale? Para condimentar la comida.

- ¿Por qué no me invitas a comer? - Dame un respiro.

- Muy bien... - Mira, están ahí.

Esas bayas amarillas... Coge unas pocas, anda.

Bayas amarillas... Bayas amarillas...

¡Aura...!

¡Aura...!

Señora... Se ha levantado...

- ¿Por qué no está en la cama? - Sé que va a venir un médico.

Sí, lo he llamado yo... Pero, ¿qué hace aquí?

Sólo he venido a conectar el timbre. Si no, no podríamos oírlo.

Me las ha dado Aura. Ha pasado por aquí hace un momento.

- Perdone pero, ¿por qué parece turbado? - Porque he visto algo desagradable.

- ¿El qué? - Un gato muerto en el invernadero.

Lo torturaron antes de matarlo.

Ha podido ser cualquier bruto de la calle.

Los chiquillos del barrio saltan el muro y roban cosas o cazan a los animales.

¿Me da su brazo, por favor?

¿Qué piensa de mi hija?

Es una chica muy distinta a las demás.

¿Por qué me dijo que vivía sola?

Porque soy muy celosa de Aura.

Y temo que el primer hombrecillo que se cruce en su camino pueda quitármela.

Aura ha crecido sola...

Sin ambiciones... Sin vanidad...

Está desperdiciando su juventud.

De un modo infantil... Desconcertante...

En lugar de buscar la admiración de los hombres es ella la que los admira.

Así... Abiertamente... Y anda siempre enamorada de no se sabe quién.

De una forma abstracta, quizás.

En esas condiciones, el encuentro con un determinado tipo de hombre

puede ser peligroso.

Yo querría que encontrase un hombre...

Un hombre importante.

Bueno... Ya puedo dirigir otra vez la escena.

Así que esperaré aquí a su doctor.

¿Qué clase de tipo es? ¿Es simpático, al menos?

Muy discreto. Si tiene algo que esconder, no se preocupe.

¿Ha creído lo que le ha dicho Aura? No se preocupe. No me drogo.

Mi hija cree que tengo miedo a la muerte.

Y su exaltada fantasía imagina

que me refugio en paraísos artificiales.

¿No me cree? Está bien... Piense entonces que me drogo.

¿Y por qué no, si me gustase?

Así que se ha hecho invitar a comer...

¿Cómo? ¿Ya la han informado?

No hay secretos entre mi hija y yo.

- Ahora está en la biblioteca. - ¿Ah, sí...?

- ¿Debo ir a la biblioteca? - Vaya... Le está esperando.

Aura...

Aura...

¡Aura...!

¿Lorna...? Soy Sergio.

No... No me he olvidado.

No es cierto... No veo la hora de estar contigo.

¿Y tú...?

Tú mantenlo calentito... Incluida tú.

No sé cuándo terminaré...

Sí... Una historia divertida...

Adiós.

El hombre embalsamado es el autor de las memorias.

¿El marido de la señora? ¿Tu padre?

Un trabajo perfecto... ¿Dónde lo hicieron?

- En México. - Algo muy raro...

Según tú, mi madre es rara sólo porque ha conservado el cuerpo

del hombre que más ha amado.

Yo creo que muchas otras lo harían... Incluso yo.

¿Y tu madre viene a menudo aquí?

Sí... Pasa mucho tiempo mirándolo.

Así que has crecido aquí sola, con tu madre.

Y de pequeña te entretenías leyendo esos diarios.

- ¿Y tu madre te lo permitía? - ¿Por qué iba a prohibírmelo?

Sí, claro... Tienes razón.

Quédate a cenar aquí.

Si quieres...

Te preparo algo especial... Un menú erótico.

Lo digo en serio... Esto es un recetario.

Veamos... "Cotte a la medneau..."

¿Qué me dices de un "faisán a la Leszczynski"?

Faisán con paprika y aroma de clavel.

- ¿Con aroma de clavel...? - Sí, debe ser un plato formidable.

¿Quién sería ese Leszczynski?

Una princesa polaca que se casó con Luis XV de Francia.

- ¿Una erotómana? - Ya me dirás...

Cuando se casaron, ella tenía 22 años y él sólo 13.

Trece años... Entonces voy a hacer esta receta: "Faisán a la Leszczynski".

Pero yo no tengo trece años...

¿Y qué? ¿Te imaginas el efecto que tuvo que hacer

en ese pobre inocente una cosa así?

- Te advierto que no lo necesito. - Nunca se sabe...

Mira... También haremos esto...

"Pouss l'amour"...

¿Por qué haces eso? ¿Para excitarme?

Sí...

- ¿Quieres hacer el amor conmigo? - Ésa es mi intención, te lo aseguro.

- ¿Te apetece un poco de música? - La música nunca está de más.

Sí... Voy a hacer el amor contigo.

Pero...

Al principio no debes abrazarme.

Sí...

- No puedes tocarme. - Sin tocarse...

¿Cómo se hace?

Te lo ruego... Hazme caso... Haz lo que te digo.

Ya puedes abrazarme...

Sí... Tómame... Apriétate a mí...

Llevo tanto tiempo esperándote...

Tanto...

- ¿Quién es? ¿Tu madre? - No.

Aura... Has vuelto...

¡Qué feliz soy!

¿Cuánto tiempo hace que no te veía, eh?

- ¿Qué día es hoy? - Sábado.

Cuánto tiempo sin verte... Siempre aquí, solo...

Con tu madre... Solo... ¿Lo entiendes?

Sí, claro...

Pero aquí... Vosotros dos...

¿Qué ha pasado?

¿No lo ves? Me ha agredido. Eso es lo que ha pasado.

- Tú... Te has resistido... - Naturalmente.

Le has arañado... Le has mordido...

¿Confirma usted esta versión de los hechos?

Naturalmente.

- ¿La confirma? - Por escrito, si hace falta.

Entonces...

Tendría que tener marcas de los arañazos... De los mordiscos...

Pero no se ve nada.

Ahí lo tienes... Un hombre guapo, atractivo...

Le gustan las mujeres de los demás, ¿eh?

- ¿Quién es? - Nunca lo había visto antes.

- ¿Quién es? - No lo sabe. Estoy aquí por su madre.

Ha puesto un anuncio en el periódico buscando un nuevo bibliotecario.

Sí... Para ordenar esta biblioteca.

¿Esta biblioteca...?

¿Me equivoco o estoy en presencia del bibliotecario al que quieren despedir?

No... A mí no me ha despedido nadie.

Y nadie me va a despedir.

- ¿Quién lo ha llamado? - Yo no he sido.

Déjela... Ya le he dicho que ella no tiene nada que ver.

Qué sabrá usted...

No entiendo por qué lo has hecho venir aquí.

- ¿Ya no te valgo y quieres cambiarme? - No... Pero, ¿en qué estás pensando?

- Sabes que sólo te deseo a ti. - Eso no es verdad... Lo has llamado.

Buen mozo, seguro, tranquilo... Míralo.

Después de todo lo que he hecho por ti... Por Consuelo...

Cállate...

¿Sabe lo que he hecho por ellas? ¿No lo sabe...?

He inventariado las arañas de los muros, las hebras de las alfombras...

- Durante mucho tiempo... - Creía que sólo había que ordenar un poco.

Pero tranquilo... No he aceptado.

No es usted el que lo ha rechazado. Soy yo quien no lo quiere.

- Y tu madre, ¿qué piensa? - En cuanto se lo diga, lo mismo que yo.

Es verdad que lo ha hecho venir. Le parecía el tipo apropiado...

Pero cuando lo ha examinado de cerca ha cambiado de idea.

Pero estabais los dos juntos, aquí, en la cama.

Pido perdón con toda humildad... Soy un tipo agresivo.

- Ante una mujer guapa no sé contenerme. - No... Espere un momento.

- A ti no te gusta, ¿eh? - No.

Mi madre lo vio por la calle... Me lo comentó.

Y yo me alegré de que viniese.

Pero no vale nada. Nada comparado contigo.

Mi madre ya le ha dicho que se vaya.

Y ahora se lo digo también yo.

¿Lo ha oído? El despedido es usted.

- No reñiremos más, ¿verdad? - No, amor mío... No reñiremos más.

Pero tú no debes irte... No debes dejarme solo tanto tiempo.

Cuando estoy solo creo que voy a volverme loco.

Y siempre te vas así... Sin decirme nada. Me despierto una mañana y ya no estás.

¿Por qué? Si estamos tan bien así... Juntos...

¿Eh, amor mío...?

¿Y cuál sería el final de esta comedia?

Un bonito final.

Y ahora que se vaya.

Un momento... Me gustaría decirle dos palabras, señor...

- ¿Cómo se llama usted? - Logan.

Señor Logan, me gustaría saber si es cierto que ha sido la vieja...

la que le ha dicho que se fuese...

O ha sido usted el que no ha aceptado el trabajo.

¿Qué diferencia hay?

Para mí grandísima.

Dígamelo.

Ha sido la señora... Sí, ha cambiado de idea.

- Lo dice para dejarme contento. - Acabemos ya...

Lo sé... Conozco el percal... Pero hace mal en no decirme la verdad.

Créame.

Oiga...

Gracias... Dígame... ¿Qué le ha dicho la vieja de mí?

A decir verdad, nada bueno. Más bien todo lo contrario.

Me odia.

Pero no sabe cuánto la odio yo a ella.

Es antipática desde el principio la vieja, ¿no?

¿Y por qué no se larga? Se va con la chica y deja a la vieja y sus manuscritos.

No es tan sencillo.

Me pregunto por qué un hombre que tiene a una chica tan guapa como Aura

tiene un aspecto tan insatisfecho como el suyo.

¿Se lo pregunta? ¿Y por qué?

Es que me he hecho una idea sobre la vieja. Aunque espero estar equivocado.

- Sobre todo por usted. - Adelante... Continúe...

Diviértase un poco, ríase...

- ¿Y bien...? - Pues pienso...

Que Aura es maravillosa, pero...

si para estar con ella, el precio a pagar fuese...

ése...

Yo no lo pagaría.

No sé de qué está hablando.

Lo han echado... Así que coja la puerta y váyase.

- Hace diez minutos le envidiaba. Ahora... - ¡Váyase!

Ya me voy, ya...

Su amigo el doctor se acaba de ir ahora mismo.

Le he explicado que ha sido un malentendido.

¡Marco...! ¡Espérame!

Con los malentendidos, señora Llorente,

lo mejor que se puede hacer es cortar por lo sano. Hasta nunca.

Al menos, despídase de Aura.

Aunque al final se vaya, esperamos haber hecho un amigo.

Hace un momento le he mentido sobre ese gatito muerto en el invernadero.

Lo ha hecho Fabrizio. Así se hará una idea sobre la clase de hombre que es.

Y ahora imagine nuestra vida, señor Logan.

La vida de dos mujeres solas con un individuo así.

Nada les impide llamar a un policía y que lo ponga en la calle.

Volvería para vengarse y tenemos miedo.

No creo que todos en esta casa lo vean tan mal.

Y el anuncio no decía que buscasen un guardaespaldas.

Señor Logan, ¿podría hacerme un favor?

Complétele la línea de los ojos a Aura. Hoy le tiembla la mano.

No lo has entendido... No es lo que crees.

Por eso haces bien en irte.

Esa señora... Como diablos se llame... Me ha dicho que te habías ido.

¿Ah, sí...?

Me esperaba en la entrada... Con una sonrisa y 50.000 liras en un sobre.

- No está mal por nada. - Me debes una cena, ¿eh?

No lo he aceptado, claro. No ha querido que la examinara.

- Ha dicho que estaba perfectamente. - Cuando te llamé parecía medio muerta.

- Pero, ¿quién es? - No sé... Acabo de conocerla.

- ¿Crees que está loca? - No creo.

En estos casos casi siempre es lo mismo...

- Juraría que se droga. - Eso piensa su hija.

- ¿Y no hace nada para impedirlo? - Para mí que ella también lo hace.

Haz tú algo, entonces. Si la vieja te importa, claro.

Es asunto suyo.

¿Y la hija cómo es? ¿Guapa?

- Es mi tipo ideal. - ¿En serio?

- Mentirosa y viciosa. - Y tú le has tirado los tejos...

No.

¿Cómo? ¿Un hombre como tú...?

No habrás entrado ya en decadencia, ¿verdad?

Venga... Para consolarte te invito a comer.

No, no... Otro día... Ya te llamaré.

- Buenos días. - Buenos días.

Busco una pareja de ángeles.

La señora Llorente me ha dado su dirección. ¿Puedo echar una ojeada?

Por favor, pase usted...

- ¿Lo manda la señora Llorente? - ¿No es su cliente?

Sí... Es mi cliente.

O, mejor dicho... Usted es su cliente. Dice que le ha vaciado la casa.

¿Ah, sí? ¿Y qué más le ha dicho?

Que tiene la mala costumbre de aprovecharse de ella.

¿Eso le ha dicho? En otras palabras: que soy una usurera.

No... No ha dicho exactamente eso.

Pero lo piensa... Lo sé... Sé que lo piensa.

Desde mi punto de vista, no está tan equivocada.

Vender todos los muebles y no conseguir siquiera lo suficiente...

Lo suficiente, ¿para qué?

- Para vivir, supongo. - ¡Qué va!

Hace años que compro todo lo que vende la señora Consuelo.

¿Y sabe en qué se ha gastado el dinero que le he pagado?

Millones... ¿Sabe usted? ¡Millones!

- ¿En amantes? - Todo gastado en rehacerse...

la cara.

¿Y qué hay de malo? A todas las mujeres les gusta envejecer lo más tarde posible.

¿Pero qué dice? Ella ya es vieja. Es mucho más vieja que yo.

- ¿De verdad? Nadie lo diría. - Ah, ¿nadie lo diría...?

Claro, porque tiene la cara sin arrugas. Pero es toda falsa. Sí... Reconstruida.

- Entonces, ¿cuántos años puede tener? - Por lo menos, veinte más que yo.

- No... No es posible. - ¿Cómo que no?

Yo ya tenía este negocio cuando ella se mudó aquí.

Y entonces ya era vieja.

- Pero tiene una hija muy joven. - ¿Qué hija?

- Aura... - Que yo sepa no tiene hijos.

Pero... Pero...

- Hay una chica que vive con ella. - Yo nunca la he visto.

Pero usted, ¿ha venido a comprar o a cotillear?

"Domine, non sunt dignus"...

"Domine, non sunt dignus"...

Dios, dame fuerzas...

Dame fuerza para...

Dios, dame fuerzas...

"Libera nos a malo"...

Amén.

¿Qué haces...?

Tú...

Me vas a escuchar en confesión.

Sí... Tú me escucharás en confesión y me absolverás.

¿De qué pecado?

Vivo en el infierno...

Y lo amo.

- Amo al diablo. - Ah... La vieja...

- No... No es lo que crees. - Me lo imagino...

- No te puedes imaginar nada. - Pues explícate mejor.

¿Sabes...?

De noche...

Es como si hubiese alguien junto a mí.

Una especie de marioneta...

Que me quiere tocar...

Y me atormenta... Sé que no es verdad, que no es real.

Que es sólo un repugnante producto de mi imaginación.

- ¿Me escuchas...? - Sí... ¿Y qué más?

Yo amo a esa marioneta...

Dame la absolución.

Creo que no se puede dar la absolución si la confesión no es completa.

Me da vergüenza.

Entonces no hay nada que hacer.

Tienes que darme la absolución... Ven aquí.

¿Es que no ves que tienes que darme la absolución? Necesito...

- ... una palabra que me libre del pecado. - ¡Razona! ¡No soy cura, señor Fabrizio!

Ya sé quién es usted... Lo conozco.

- Usted es el señor Logan. - Ya veo que vuelves a razonar.

¿Por qué ha vuelto? No, no me lo diga...

Si ya sabía que iba a volver... Si lo sabía ya...

¿Qué le pasa, amigo? ¿De qué va esto?

Oiga...

Nosotros deberíamos ser amigos...

No deberíamos entrar en ese juego suyo.

Porque esas dos lo que quieren es enfrentarnos... ¿Entiende?

- Usted es un hombre honrado, supongo... - Nunca he estado en prisión...

Y haría todo lo posible para impedir un delito...

- ¿Qué delito? - Un delito...

No querrá ser cómplice, ¿verdad?

- No, no... Desde luego. - Entonces, váyase de una vez.

No... Escuche...

Permítame darle un consejo de amigo.

¿Sabe lo que tiene que hacer?

Largarse... Irse de aquí.

Salga... Es libre... Pasee, siéntese en un café...

Vuelva a vivir en medio de la gente.

Olvídese de Aura. Hay más mujeres en el mundo.

- Usted no me cree, ¿verdad? - Sí... Claro que le creo, pero...

Pienso que toda esta historia...

le ha alterado un poco los nervios.

Esa chica no merece que se la tome en serio.

Sí, sí... Ahora lo entiendo... Usted...

Usted quiere confundirme aún más...

Ahora quiere hacerme creer que Aura...

- Estaba con usted, ¿eh? - Yo no he dicho eso, no...

Nunca he dicho tal cosa.

Es usted muy listo... Pero no se descuide...

A mí me pasó lo mismo al principio... Comencé tomándomelo a risa.

Y cuando me di cuenta ya no podía hacer nada.

Ahora, mantener la cabeza lúcida...

es un problema.

Por eso busca ahora a otros hombres como usted.

Oiga...

Hagamos un trato.

Pero lo cumplirá... ¿Me lo promete?

Primero dígame de qué se trata.

Si yo convenzo a Aura...

Una sola vez... Con usted...

Después se irá para siempre, ¿eh?

¿En serio?

¿De verdad quiere hacerme creer que Aura le obedece?

- Fabrizio, el baño está preparado. - Aura, ¿has visto quién ha vuelto?

- ¿Por qué...? - No sé... Que te lo diga él.

¿Por qué ha vuelto?

Tengo la sensación de que nuestra conversación se quedó a medias.

Adelante... Salúdalo como es debido. Venga, bésalo.

- ¿Y por qué debo darle un beso? - Ah, no sé...

Ha tenido la amabilidad de volver... Hay que ser amable con él, ¿no?

Gracias...

Vea... Éste es mi rinconcito...

Cuando vine aquí no tenía nada. Era un pobretón...

Ni un techo tenía... Ni un céntimo...

Todo se lo debo a la vieja.

¿Recuerdas cuando llegué aquí, Aura?

Aura... ¿Te acuerdas?

¿No nos ofreces algo de beber?

Qué buena pareja hacéis...

Oye, ¿por qué no pruebas a ofrecérselo...?

No como me lo has ofrecido a mí...

Sino como si fuese... No sé...

Quiere decir como si te ofrecieses a ti misma...

Sí. Eso es.

- Las sales están junto a la bañera. - Muy bien.

El traje de esgrima está sobre la cama.

- ¿Lo usa como pijama? - ¿Eh...? Ah, no...

Es para hacer ejercicio...

Uno tiene que estar en forma, si no...

Si uno no mantiene el cuerpo en forma la mente termina...

momificada.

Creo que ha llegado el momento de dejarlos solos.

A mí ahora me apetece darme un baño.

Disculpadme.

- Esta vez voy a usar las manos. - No... Él me da miedo...

Venga... Si es como un niño...

No está loco... Está fingiendo.

Es muy astuto.

Hay una cosa que no entiendo.

Vivís juntos en esta casa...

¿Por qué ha dicho que hacía mucho tiempo que no te veía?

No... Cuidado... Está observándonos.

No... Está jugando con barquitos en el agua.

Te ha traído aquí a propósito...

A propósito para...

Sé que está ahí...

Por favor...

Con él ahí no puedo hacerlo.

No puedo...

He hecho todo lo posible, ¿eh? Se lo he dicho... Le he insistido...

Pero como si nada... No quiere.

Así que resignación...

Y adiós.

Adiós.

Adiós.

Adelante... Adelante...

Con decisión...

Eso es... La posición, la posición...

La posición... ¡No!

No, aquí no... ¡Aquí!

Aquí.

La pierna más derecha...

En guardia.

Así... Así... Así... Así...

Tocada.

¿Qué hace ahí? ¿De público?

Sí, de público.

En guardia.

Tocado.

- ¡Bastardo! - No se haga el héroe, señor Logan.

No es en absoluto conveniente.

Míralo... Míralo...

Está suplicando como si fuese un mendigo, el señorito.

Así que deberíamos darle su premio.

¿Por qué me pides que haga una cosa que no me gusta?

Entonces, ¿qué hacemos con él?

Por mí, haz lo que quieras.

- ¿Puedo ir a cambiarme? - Sí, querida. Ve, ve...

Y bien, señor Logan...

- ¿Lo ha visto? ¿Ya está todo claro? - Sí, desde luego. Clarísimo.

Es usted un loco peligroso.

Ha convertido la vida de esa chica en una pesadilla. La tiene aterrorizada.

¡Qué apropiado que todo suceda en un viejo palacio!

No me venga a dar lecciones de moral precisamente usted... No...

Es todo mucho más simple: Aura está bien conmigo.

No, al contrario. Aura te odia porque le das miedo.

- Dabas miedo aquí mismo, hace nada... - ¿Yo...? No...

- Has dado miedo aquí mismo... - ¿Yo...? No...

- Si no soy capaz de matar una mosca. - No creo ni una palabra de lo que dices.

De hecho, he cambiado de idea...

- Aceptaré el empleo. - El puesto es mío.

- ¿Ha oído lo que ha dicho Aura? - Yo sólo hablo con la señora Llorente.

¿Qué pasa?

¿Me buscaba, señor Logan?

Buenos días, señora. ¿Cómo está?

Aura está muy satisfecha de mí y espero que usted también.

- ¿Qué quería? - He reflexionado sobre su oferta.

No. Demasiado tarde.

- Dígaselo, señora... Es demasiado tarde. - ¿Demasiado tarde para qué?

Para el puesto... Mi puesto... Dígale que se vaya... Que no lo necesita.

Dígale que nosotros dos... Nosotros tres... estamos bien así.

¿Por qué no contesta?

¿En qué está pensando?

- Aura ya ha... - ¡Basta!

Soy yo la que decide.

¿Está de acuerdo con el sueldo?

Dígame... ¿Está dispuesto a venir a vivir aquí?

- Recuerdo sus condiciones. - Bien. De acuerdo.

¡Lo primero que ha de hacer es echar a patadas a este individuo!

Tú espera en la puerta... La maleta te la preparo y te la bajo.

- Escucha... Escucha bien lo que... - No... No te preocupes.

- No caigas en la trampa... - Tranquilo... Tú tranquilo, ¿vale?

¡Aura!

- ¡Deténgalo! - Aura...

¡Alto ahí!

¡Deprisa!

¡Sálvela!

Mire... Me lo ha roto...

Todo...

Amor mío...

Ahora tiene que deshacerse del cuerpo.

¿Deshacerme...?

- Pero, ¿qué dice? ¿Habla en serio? - Sí, Sergio.

Pero...

¿Por qué iba a esconderlo?

Ha sido un accidente. Yo sólo estaba defendiéndote de él.

- ¿Por qué no íbamos a decirlo? - No queremos que gente extraña...

- ...hurgue en nuestra vida. - ¡Pero yo no tengo la culpa!

- ¡No soy un asesino! - Y yo no testificaré a su favor...

Le repito que no queremos extraños aquí adentro.

Imagine las memorias de mi difunto marido en manos de los periódicos.

Y la relación entre este miserable y Aura...

en boca de todos... ¡No!

No cuente conmigo.

¿Y tú?

No, Sergio.

- Pero lo he hecho por ti. - Entonces, ¿por qué complicarme?

¿Por qué arruinarlo todo? Haz lo que te ha dicho Consuelo.

Y seremos felices.

No, no... Voy a decir la verdad.

¡Y vosotras también! ¡Vendréis a testificar os guste o no!

No se engañe pensando que testificaremos a su favor.

En lugar de eso, diremos que usted entró aquí

asaltando a una pareja que vivía tranquilamente.

- En plena armonía. - Me obligarás a decir

que has intentado violarme.

Y que has matado a Fabrizio porque él quería impedírtelo.

Vosotras dos...

Estabais de acuerdo...

Queríais deshaceros de él. Yo sólo he sido vuestro instrumento.

¿Por qué no contestáis? ¡No he sido más que un instrumento! ¿Verdad?

Si fuese así, las dos estaríamos de acuerdo en avisar a gente extraña.

Sería la mejor forma de librarnos también de usted.

¿No ves que nos preocupamos por ti?

Que no queremos que nadie más aparezca por aquí.

No os creo.

No creo ni una palabra...

Digáis lo que digáis...

Pobrecillo...

Ni siquiera lo conocía...

NI siquiera sabía quién era...

He llegado aquí esta mañana y...

Por la tarde lo he matado.

Así, por casualidad...

- Sin querer... - ¿Cómo puedes decir que ha sido por casualidad?

Yo estaba cerca... Y he visto tus ojos.

¿Podrías jurar que no querías matarlo en ese preciso momento?

Debí haberte dejado de lado desde el principio.

Usted ya tendrá una idea de lo que hay que hacer, ¿verdad?

Ciertamente.

Su maletero es demasiado pequeño. Métalo aquí, en el de mi coche.

Y si alguien...

- Me detiene, me para... - Todos corremos el mismo riesgo.

Pero nadie podrá identificar el cuerpo

si hace usted exactamente lo que le he dicho que haga.

¿Qué te ha pasado en la mano? ¿Estás herido?

¿Estaban muy afiladas las piedras de la vía?

- Puede ser... - Te he esperado aquí todo el rato.

Ansiosa...

Aquí fuera, ¿eh?

¿Estabas preocupada por mí...?

¿O por vosotras dos...?

También.

Ha habido suerte... Todo ha salido bien...

Todo según los planes de tu madre.

- ¿Por qué no corres a decírselo? - Sergio...

- No me hables así - ¿Qué debo hacer? ¿Saltar de alegría?

Deberías estar contento de estar aquí, conmigo.

Pero, ¿qué más queréis tú y tu madre de mí?

Os he librado de ése... ¿No os basta con eso?

Ahora te quiero a ti.

Déjame... Yo me voy de aquí.

Por mi parte puedes estar tranquila... No habrá ningún escándalo.

El asunto está cerrado.

Yo no... No te quería a un precio tan alto.

Valgo más que eso... Mucho más.

Ya estamos juntos.

Ven...

Ahora debe olvidar. Queremos verle feliz.

- Sé amable con ella. - Tiene usted toda nuestra confianza.

Y quiero que sepa que Aura...

no es mi hija.

- Entonces, ¿qué haces aquí? - No hagas preguntas, por favor.

Ven...

Tengo frío. Debes de haberte dejado una ventana abierta, Aura.

- No me parece que haga frío. - Aura, ve a ver...

Yo tengo frío.

¿Por qué bebe eso si le sienta mal?

¿A dónde ha mandado a Aura?

- ¿A dónde ha mandado a Aura? - Espera... Espera...

Espera...

Le pregunto que dónde está Aura. ¡Conteste!

Mírela...

¿No la ve?

¡Basta, basta...! ¡Basta!

¿En esta habitación? ¿Donde vivía él?

- ¿Prefieres la de Consuelo? - No, prefiero la tuya.

- Tu cama. - Ésta es mi habitación. Y ésa mi cama.

No pienses que he estado aquí con Fabrizio.

En lugar de eso, piensa que aquí seremos felices tú y yo.

Mientras quieras.

No quiero que tengas remordimientos.

De ti depende que no tenga remordimientos.

Y de ti que yo olvide mis recuerdos.

Escúchame... Comenzamos desde cero. A partir de ahora.

- Los dos... - De acuerdo.

Será una promesa. Tuya y mía.

Recuérdalo.

Espérame.

No me sorprende que se dedique a espiar por el ojo de la cerradura.

¡Pero váyase con su cara grotesca lejos de aquí! ¿Está claro?

- ¿No prefieres la otra? - No... Mejor así.

Ven...

Aura... ¿Estás ahí?

Aura no está.

Yo me ocuparé de usted esta mañana.

Aquí está... Éste es su desayuno.

Y su baño ya está listo.

Aura no es una buena camarera, ¿sabe?

Le he traído aquí su maleta. ¿Éste le va bien para hoy?

Aura estaba muy feliz cuando la he visto.

¿Y usted...? ¿Es feliz?

Sí, muy feliz, señora.

Pero, como todos los que son felices temo que algo venga a turbar mi felicidad.

De esas cosas ya me preocupo yo.

De hecho, esta mañana he tenido el cuidado de leer todos los periódicos.

Nada nuevo...

Todo va bien.

Ayer pasaron muchas cosas.

Y quién sabe qué ideas le pasaron por la cabeza.

También... sobre mí.

Pero no voy a preguntarle nada. Sólo quiero verlo feliz.

- ¿Se queda más tranquilo? - Muchísimo más.

Ahora trabaje tranquilamente en la biblioteca...

Y dedíquese a Aura.

Me he despertado y no estabas junto a mí...

¿Sabes por qué? Estaba menos cansada que tú.

Y por eso me he levantado.

- Hoy te vendrás conmigo. - Pero yo vivo aquí.

Ésta es la casa de Consuelo... Tú te vienes conmigo.

Yo me quedo aquí.

¿Por qué no quieres?

¿Por qué? ¿Es para estar cerca de ella?

No quiero que me digas lo que debo o no debo hacer.

Estás yendo por un camino equivocado.

Muy bien. No volveré a mencionarlo.

- Me has puesto de mal humor. - Lo siento.

Empiezo a echar en falta a Fabrizio.

Sin él va a serme difícil seguir practicando.

Necesito un oponente.

¿Por qué no pruebas tú?

Adelante...

A ver cómo se te da...

A ver si eres mejor que él.

Cógela.

¿Intentas asustarme?

¡Aura...!

¡Aura, escúchame...!

Yo te acepto así... Así como eres. Así me gustas.

Pero no vuelvas a hablarme nunca de Fabrizio. ¡Jamás!

Pero, ¿qué te crees? ¿Que ha pasado por esta casa...?

- ¿Que ha vivido aquí sin dejar huella? - ¡No vuelvas a pronunciar su nombre!

- ¿Y por qué? ¿Es quieres que lo olvide? - ¡No quiero volver a oír su nombre!

Él no me pidió nunca que dejase a Consuelo.

Le bastaba con estar aquí conmigo... Nada más.

¡Era sólo un pobre loco! ¡Y como un loco murió!

No te creas que eres mucho mejor que él, ¿sabes?

Aparte del hecho de que, como hombre, no tenía nada que reprocharle.

Eso es lo que te fastidia, ¿eh?

Que pueda compararos...

Pero, ¿qué te crees? ¿Que puedes tratarme como a él?

¿A mí? ¡Estás muy equivocada!

¡Y te lo voy a demostrar!

¡Te sacaré de aquí, te guste o no!

¡No, no me vas a llevar a ningún sitio!

Pero, ¿por qué quieres vivir con esa loca imprevisible...

que es mucho más peligrosa que Fabrizio?

- ¡Yo no la voy a dejar! - ¡Ten por seguro que sí!

¡Y tú también estarás con ella aunque sea sin mí!

¿Qué es de eso de "aunque sea sin ti"? ¿Qué quieres decir?

Quiero decir que a veces tengo que irme.

Y tendrás que quedarte aquí con ella...

Solo.

Voy a cerrar la puerta. Y no saldrás hasta que me cuentes toda la verdad.

- ¡No cierres! - ¿Por qué?

- ¡No quiero! - ¿Por qué? ¿Por qué no?

Porque... me siento mal. Me siento...

¡Eres una mentirosa! ¡Y no vas a salir de aquí hasta que no me digas quién eres!

- Soy Aura... - ¿Quién es Aura?

- Tu amante. - ¿Y qué te pasa al estar encerrada?

- ¿Qué te importa? ¡No tienes derecho...! - ¡Tengo derecho a saber!

¡He matado a un hombre por ti!

- ¡Déjame salir! - ¡Te quedas aquí...!

¡Déjame...!

- Aura... - ¡Quiero salir!

- Aura... ¿Qué pasa? - ¡Te odio! ¡Te odio!

- Por favor... Cálmate. - ¡Tengo que salir!

Pero, ¿qué te pasa?

¡Señora! ¡Señora Consuelo!

¡Vete de aquí...!

¡Vete de aquí...!

Sal de ahí... ¡Déjame verte!

¿Por qué has hecho esto?

Sé que un día u otro lo habrías terminado descubriéndolo pero...

al menos habría encontrado la manera de...

De prepararte... Como hice con los otros.

¡No me mires así! ¡Para tus ojos yo tendría que seguir siendo Aura!

¡Es sólo a ella a la que abrazas!

Dame tiempo para hacer que regrese.

Siempre puedo...

hacer ese milagro.

Para ti.

Sergio...

Sergio...

Sergio...

Ven...

Sergio...

Ven...

Sergio... Ven...

¡Vete! ¡Vete!

Sergio... ¡Sergio!

Estoy aquí.

Sergio, ven.

He vuelto.

Pero, ¿qué es lo que he visto?

Nada... No lo pienses más... Será algo que has imaginado.

No debe encerrar a Aura...

No lo vuelva a hacer jamás.

- Debo ser libre para irme cuando quiera. - Y para volver cuando quiera.

Sergio, estás desaliñado y sucio. Tienes que bañarte.

Venga... Venga a casa a cambiarse.

No debes odiarla.

Piensa que si puedes verme y tocarme

es porque ella lo quiere.

Abrázame.

Dios... Dios... Dios...

¿A qué viene esta letanía?

Levántate... Estás ridículo.

¿Por qué no te largas, eh? Búscate otro trabajo.

Éste me gusta.

Te debo ya tres meses de sueldo y creo...

que ya no puedo pagarte.

No tiene importancia.

¿Recuerdas la última página que escribió tu marido?

No sé... ¿Qué hace ese cuaderno fuera de su sitio?

Escucha cómo termina...

el diario.

"Consuelo insiste en cultivar esas plantas en nuestro invernadero."

"Le he dicho que debe resignarse a la vejez."

"Y que no debe tentar a Dios."

"Una mañana la sorprendí delirando... Encerrada en su habitación."

"Sí, sí, gritaba..."

"He renacido... ¡Por fin!"

"¡Me he reencarnado!"

"Puedo hacerla vivir".

¿Las recuerdas? Son sus últimas palabras.

Las últimas palabras de tu marido...

¿Quién eres, Consuelo? ¿En qué te has convertido?

¡Me das miedo! ¿Qué tengo que hacer?

¿Qué le hiciste a él?

Se mató.

Yo... No tengo miedo.

De nada. Voy a quedarme aquí para siempre.

Ya verás... Llegará un día...

... en el que te cansarás. Llegará un día en el que...

- ... te sentirás solo. - No. No cuentes con eso.

Claro que cuento con eso... Y no sabes cómo.

Ayúdame.

¿Por qué? ¿Por qué me dices eso?

¿Qué tienes contra mí? ¿Qué...?

- ¿Qué he hecho mal? - Ay, si pudieses verte...

¡Cuánto has cambiado!

Llévale esta estatuilla a la anticuaria.

¿Cuándo va a volver Aura?

¿No me has oído que tienes que llevar esta estatuilla a la anticuaria?

- ¿Yo...? - No hay nadie más a quien pueda mandar.

Y necesito dinero urgentemente.

Venga... Haz algo útil por una vez.

Espabila...

Venga...

¡Muévete!

¿Cuándo va a volver Aura?

No lo sé.

¡Hace más de un mes que contestas lo mismo!

Si Aura no vuelve, quiere decir que no está contenta contigo.

Te lo ruego... Te lo suplico...

Hazla volver. Sólo una vez. Tengo que hablar con ella.

Ella no quiere verte más.

Y no tiene nada que decirte.

¡Bebe...! ¡Bebe...!

- ¡Déjame! ¡Déjame! - ¡Bebe!

¡Bebe! ¡Bebe!

¡Eres insoportable! ¿No entiendes que así agravas la situación?

¡Y yo te odio! ¡Eres una vieja podrida e indecente!

¡Pero ten cuidado! ¿Me entiendes? ¡Ten cuidado!

¿Y de qué tengo que tener cuidado?

¿Qué ibas a ganar tú? ¿No ves que sólo yo puedo hacer que Aura vuelva?

¿Y cuándo...?

¿Hoy...?

Quizás. Pero antes lleva la estatuilla a la anticuaria.

Ya he ajustado el precio por teléfono.

- Pero, ¿qué haces? - Espera un momento...

- ¿Quién es? - Uno que conozco.

Sergio.

Adiós...

¡Espera!

Sergio... ¿De qué escapas? ¿Qué te ha pasado?

¿Qué quieres? ¿Quién te ha dicho que estaba aquí?

Nadie. He venido a ver a amigo que es anticuario y decorador.

Yo estoy bien... Muy bien. Adiós.

Pero ésa... Ésa...

¿No es aquella amiguita que tenías?

- ¿O me equivoco? - Yo...

Ya no tengo amigos.

Haces mal.

¿Por qué no vuelves con ella, eh?

- Parece que aún te quiere. - ¿Vas a salir ahora?

- Voy a que me dé un poco el sol. - Pero vuelve pronto.

No lo sé.

¡No, Sergio! ¡No cierres!

Así...

Yo no quería... ¡Ha sido culpa suya!

Usted...

Quizás está aquí por un anuncio en un periódico...

- ¿Es así? - Así es.

Estoy aquí por un empleo.

Y tú no sabías nada... ¿Verdad?

No. Te lo juro. No es culpa mía.

El puesto es tuyo. Es tuyo.

Soy yo el que se va.

Por fuerza...

Soy un inútil... Lo tengo todo...

hecho un desorden, una confusión.

Me voy.

¡Sergio...! ¡No te vayas!

Sergio, yo no quiero al otro. Es ella la que lo quiere.

Las mismas palabras... Lo mismo que le dijiste a Fabrizio.

Sí, las palabras son las mismas.

Todo parece igual que entonces, pero no es así.

Yo he cambiado... ¿No lo ves?

No quiero morir.

Quiero vivir... ¡Quiero vivir!

¿Aunque sea sin mí?

No, no hay vida si tú y yo no estamos juntos.

¿No estás contento de volver a verme después de tanto tiempo?

Éramos tan felices los dos...

No creas a Consuelo. Yo no estoy cansada de ti.

Quédate... No me arrojes a los brazos de otro.

Échalo de aquí. Aunque Consuelo no quiera.

¡Échalo de aquí!

No tenemos que hacer siempre lo que ella quiera.

Sí... Tienes razón.

No tenemos que hacerlo.

- ¿Me amas? - Sí, te lo juro.

Entonces, espera...

Espera...

- ¿Me dejas? - No, no...

Espera... Espera.

Aura...

No... ¿Por qué...?

¿Por qué...? ¡No! ¡No!

¡Déjame! ¡No! ¡Déjame!

Aura...

¡No! ¡Déjame! ¡No! ¡No...!

¡Déjame...! ¿Dónde me llevas? ¡No!

¡Déjame! ¡Déjame!

¿Qué haces?

¡Detente! ¡Detente!

¡Aura...! ¡Aura...!

¡Aura!

¡Socorro!

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